Muere el escritor ourensano José María Pérez Álvarez, Chesi

Isaac

Escritor ourensano fallecido

El escritor ourensano José María Pérez Álvarez, conocido literariamente como Chesi, ha muerto en Ourense a los 73 años, dejando tras de sí una obra tan abundante como exigente que lo situó, sin hacer apenas ruido mediático, entre los narradores más singulares en lengua castellana de las últimas décadas.

Nacido en 1952 en O Barco de Valdeorras, Pérez Álvarez cultivó una trayectoria deliberadamente discreta, alejada de los focos, pero respaldada por la crítica, los premios y el respeto de colegas de primer orden. Para él, el verdadero centro de su vida fue siempre la escritura, un oficio al que se entregó con una mezcla de juego, obsesión y disciplina artesanal.

Una madrugada silenciosa para un autor que huía de los focos

La muerte de Chesi se produjo en la madrugada de este miércoles en la ciudad de Ourense, donde residía desde hacía años. Jubilado de su empleo como funcionario de Hacienda —trabajo con el que aseguraba que alimentaba el cuerpo—, llevaba un tiempo dedicado casi por completo a “enredar” con las palabras, como le gustaba decir, disfrutando del tiempo ganado para leer y escribir.

En más de una ocasión confesó que su relación con la literatura era una especie de superstición inevitable: nunca sería del todo feliz escribiendo, pero estaba convencido de que, si se dedicaba a otra cosa, lo sería todavía menos. Esa entrega sin concesiones explica en buena medida que se mantuviera al margen de campañas promocionales y modas editoriales, caminando por los márgenes del sistema literario.

En entrevistas y conversaciones públicas, Chesi insistía en que no escribía para gustar a todo el mundo. Aceptaba, incluso con un punto de ironía, que su obra fuese minoritaria: prefería, decía, “correr el riesgo de ser un peñazo” antes que simplificar sus textos para ampliar el público. Se declaraba “felizmente resignado” a tener pocos lectores, siempre que fueran fieles y exigentes.

Ese carácter reservado se trasladó también a su relación con los reconocimientos. Aunque acumuló galardones relevantes y elogios muy sonados, se mantuvo en una zona intermedia, a medio camino entre el autor de culto y el escritor secreto, más citado por críticos, escritores y lectores muy atentos que por el gran público.

Los primeros pasos: un novelista que nace con un premio bajo el brazo

Escritor gallego y su obra

La entrada de Pérez Álvarez en el panorama literario llegó en 1987, cuando obtuvo el Premio Constitución, convocado por la Junta de Extremadura, con su primera novela, Las estaciones de la muerte. Tenía entonces 35 años, y la prensa ourensana tituló aquella irrupción como el “nacimiento” de un novelista, subrayando el impacto de una ópera prima que abordaba la vejez en más de doscientas páginas.

Este debut ya lo colocó en el radar de críticos y jurados, y marcó varias de las constantes de su obra posterior: novelas extensas, de estructura cuidada y lenguaje muy trabajado, que exigían del lector una implicación activa. No eran libros concebidos para el consumo rápido, sino para la relectura, el subrayado y la reflexión pausada.

Unos años más tarde, en 1996, publicó En perigo de extinción, uno de los pocos títulos que escribió en gallego. Aunque la mayor parte de su producción literaria fue en castellano, esta novela supuso una excepción significativa y reforzó su presencia en el contexto literario gallego, ampliando a la vez la proyección de su nombre en el ámbito estatal.

Desde aquella primera etapa, Chesi se movió siempre con una mezcla de humildad y ambición literaria. “Con ser el mejor escritor de mi casa, me conformo”, había dicho en sus inicios, una frase que condensaba su sentido del humor y su desconfianza ante la vanidad que a veces rodea al oficio de escribir.

«Nembrot»: la novela que cambió su lugar en la literatura

Entre la docena larga de novelas que firmó, hubo una que se convirtió en punto de inflexión: Nembrot, publicada en 2003. Se trataba de un proyecto en el que trabajó durante años con meticulosidad extrema: cuatro años de escritura, dos más de reescritura y un periodo adicional de poda paciente para eliminar lo que consideraba superfluo.

La recompensa a esa labor silenciosa llegó de forma inesperada en la Feria del Libro de Madrid de ese mismo año. Preguntado por las mejores publicaciones del momento, Juan Goytisolo citó únicamente Nembrot. Aquel gesto fue el inicio de una amistad y de una relación literaria intensa: el autor ourensano empezó a ser invitado a entidades como el Instituto Cervantes de París y fue incluido en antologías coordinadas por el propio Goytisolo.

El reconocimiento no se quedó en el ámbito español. Desde publicaciones como Times Literary Supplement también se destacó la novela de Pérez Álvarez, reforzando la idea, compartida por críticos y colegas, de que estábamos ante una obra radical y muy personal, levantada desde los márgenes. Años más tarde, en 2016, Chesi decidió revisar y ampliar el libro, publicando una nueva edición de Nembrot con unas doscientas páginas adicionales y un prólogo firmado por Goytisolo.

El propio autor reconocía que tenía una relación especial con esta novela. No ocultaba que consideraba Nembrot su trabajo más logrado y, en alguna ocasión, llegó a decir que no esperaba escribir nada mejor. Entre lecturas, música y digresiones, fue sedimentando un texto que muchos lectores y escritores han situado entre lo más singular de la narrativa española reciente.

Una obra extensa, premios y una escritura de alto voltaje

Aunque Nembrot acaparó muchos de los focos que solían esquivarle, el conjunto de la obra de Pérez Álvarez es amplio y diverso. Junto a Las estaciones de la muerte o En perigo de extinción, destacan títulos como La soledad de las vocales —con la que obtuvo el Premio Bruguera de Novela en 2008—, Tela de araña, Predicciones catastróficas o Examen final, además de Cabo de Hornos, con la que se quedó a las puertas del Premio Nacional de Narrativa.

Su último libro, La última patria, publicado en 2023, reunía textos que orbitaban alrededor de Ourense, ciudad que convirtió en escenario sentimental y literario. Plazas, callejones y espacios como Canella Cega, la plaza de San Martiño o el parque Lonia pasaban del mapa urbano al territorio emocional gracias a su prosa, que mezclaba memoria, observación y una sensibilidad muy particular hacia los lugares.

Además de novelas, Chesi dejó cuentos, artículos, ensayos y colaboraciones en prensa. Sus textos aparecieron en revistas y medios como Jano, Galipress o Faro de Vigo. En 2014 reunió parte de su producción periodística en Dos por uno, una antología de artículos que reflejaba su mirada incisiva y su gusto por el detalle.

Su trayectoria fue reconocida con numerosos premios: Constitución de novela larga, Felipe Trigo y Ramón Sijé de novela corta, así como el Hucha de Plata, el Gabriel Miró, el Mor de Fuentes o El Golpe en el ámbito del cuento. Letras Libres lo consideró uno de los grandes autores contemporáneos en castellano, elogio que fue acompañado por el respaldo de voces tan influyentes como la del cineasta José Luis Cuerda, que se declaró abiertamente admirador de su literatura.

Uno de los episodios más singulares de su carrera fue el plagio cometido por el escritor peruano Alfredo Bryce Echenique, Premio Planeta, quien reprodujo como propio el artículo Las esquinas habitadas, que Chesi había publicado en Jano y Galipress. El texto apareció en un medio de Lima bajo el título La tierra prometida, un incidente que puso en evidencia hasta qué punto su escritura llamaba la atención incluso fuera de su entorno más inmediato.

Ourense como escenario vital y literario

Ourense fue mucho más que el lugar donde falleció; fue, en gran medida, el territorio simbólico de la obra de Pérez Álvarez. Sus calles, plazas y rincones conformaron un mapa íntimo que reaparece una y otra vez en sus libros, ya sea de forma explícita o como telón de fondo sugerido.

Los callejones de Canella Cega y el Olvido, las plazas de San Marcial y do Ferro, la calle Lamas Carvajal o el parque Lonia eran espacios que relacionaba con otras ciudades que amaba, como París. En su literatura, estos lugares se transformaban en escenarios cargados de memoria, donde la geografía se mezclaba con recuerdos, lecturas y sensaciones.

Durante años, combinó su trabajo en la Administración con columnas en Faro de Vigo. Compañeros del periódico recuerdan su obsesión por la precisión del lenguaje. El periodista y escritor Xosé Manuel del Caño, uno de sus grandes amigos en los medios, contaba que Chesi enviaba siempre los textos sin una sola errata, hasta el punto de que encontrar un pequeño fallo en una de sus novelas fue casi un alivio para quien se consideraba un autor “imperfecto”.

Otros periodistas y escritores ourensanos, como Paco Sarria, no han dudado en situarlo entre los mejores novelistas contemporáneos no solo de Ourense, sino de toda España. Con él compartían bromas, complicidades y una manera algo canalla de mirar el mundo, que también se filtraba en algunos de sus personajes.

Ese arraigo local no le impidió dialogar con tradiciones literarias muy amplias. Admiraba a autores como Stendhal, Flaubert, Borges, Onetti, Joyce, Beckett, Cortázar o Cunqueiro, y veneraba la buena música —en especial el jazz— y deportes de estética y carácter, como el tenis. Todo ello conformaba un universo cultural que alimentaba su escritura y su conversación.

El artesano de las palabras: su idea de la literatura

Si algo repetía Chesi era que cada palabra tiene su textura, su olor y su sabor. Esa concepción casi física del lenguaje explicaba su lentitud al escribir y reescribir, su tendencia a revisar una y otra vez los textos hasta que encajaran como un puzle perfecto, al que precisamente dedicó uno de sus libros y de sus proyectos más queridos, El arte del puzle.

En sus novelas, el estilo estaba siempre en primer plano. Cuidaba la forma con un nivel de exigencia poco habitual, convencido de que la literatura no puede renunciar a la complejidad sin perder algo esencial. Se veía a sí mismo como un arquitecto de la frase, alguien que levanta estructuras a base de ritmo, precisión y matices.

Su relación con el lector era, por ello, particular. Reconocía que podía ser “cruel” con quien se acercaba a sus libros, porque los obligaba a jugar, estar atentos y aceptar un cierto grado de dificultad. Frente a la tendencia a simplificar, apostaba por textos que suscitasen dudas, relecturas y reflexión profunda, lo que hoy, en tiempos de consumo cultural acelerado, resulta casi un acto de resistencia.

Definía la literatura como su “religión” personal. En ese imaginario íntimo, Cervantes ocupaba el lugar de dios o figura central, y los autores que más admiraba serían una suerte de apóstoles, aunque bromeaba con que le resultaba imposible reducirlos a solo doce nombres. Repetía también la idea, tomada de José Ángel Valente, de que cuando se apaga ese juego infinito con las palabras, algo esencial de nosotros se acaba.

Para Pérez Álvarez, escribir era, a la vez, un juego y una tarea muy seria. Decía que la literatura era su juego favorito, aunque exigiese una entrega absoluta. Esa mezcla de rigor y disfrute se percibe en unos libros densos, llenos de referencias, digresiones y capas de sentido, pero también atravesados por humor, ternura y una cierta melancolía.

Divulgador, articulista y maestro de muchas voces

Más allá de la ficción, Chesi desarrolló una intensa labor como divulgador y comentarista literario. Entre 1994 y 2004 dirigió en la Cadena SER el programa El libro de la semana, espacio desde el que recomendaba lecturas y conversaba sobre novedades y clásicos, siempre con la mirada exigente del escritor que no se conforma con lo superficial.

A través de su blog, también titulado El arte del puzle, trasladó a internet su forma de ver el mundo y la escritura. En este espacio, y en sus artículos para prensa, trataba temas muy variados, siempre con un estilo reconocible y una fina combinación de ironía, lucidez y sensibilidad. Parte de esos textos terminaron recogidos en volumen, como muestra de una faceta menos conocida, pero muy querida por sus lectores.

Su influencia en generaciones posteriores de escritores gallegos y españoles ha sido subrayada por autores como Juan Tallón o Manuel de Lorenzo. El primero destacaba que levantó desde los márgenes una obra radical, coherente y tozudamente exigente, más admirada fuera de su entorno inmediato que en su propia tierra, algo que consideraba casi una costumbre triste en el panorama cultural.

De Lorenzo, por su parte, apuntaba que, aunque Chesi afirmase que todo autor está al servicio de la literatura y no al revés, en su caso casi ocurría lo contrario: era la propia literatura la que parecía ponerse a su servicio, dada la intensidad y la personalidad de su voz narrativa.

El adiós a un intelectual cercano y heterodoxo

Quienes lo trataron de cerca lo describen como un intelectual de izquierdas, afable y con un gran sentido del humor. En las distancias cortas combinaba la conversación culta con la broma rápida, y esa mezcla se trasladaba también a sus textos, capaces de pasar de la reflexión profunda al guiño irónico en apenas unas líneas.

Su fallecimiento deja un hueco notable en el panorama literario gallego y español, pero también en su círculo familiar y de amistades. Sembró admiración a través de sus libros y afecto en su entorno más próximo. Su familia —su esposa Pilar, sus hijas Beatriz y Elena, su yerno Rubén y su nieta Nora, entre otros allegados— ha recibido numerosas muestras de cariño en estas horas.

El velatorio se celebra en el tanatorio de As Burgas, en Ourense, entre los días 24 y 25 de diciembre, hasta las 16:30 horas. A lo largo de la jornada se llevan a cabo distintos actos litúrgicos de despedida, en los que amigos, lectores y colegas se acercan a decirle adiós.

Chesi sentía una especial fascinación por algunos lugares significativos de la ciudad, como el cementerio de San Francisco en Ourense, al que consideraba un espacio de memoria y patrimonio cultural digno de ser visitado. Allí descansa, por ejemplo, el intelectual Ben-Cho-Shey, cuyo epitafio —crítico con las homenajes póstumos que llegan tarde— encajaba muy bien con la forma de estar en el mundo de Pérez Álvarez.

Al evocarlo, muchos recuerdan una frase suya que resume un modo de entender la vida y la pérdida: “se conoce qué es la felicidad cuando se termina”. Una idea que hoy resuena con especial fuerza para quienes han seguido de cerca su trayectoria y su manera de habitar la literatura.

Con la muerte de José María Pérez Álvarez, la literatura gallega y española pierde a uno de sus autores más singulares, un novelista que escribió siempre de espaldas a las modas, fiel a una pasión literaria austera y radical. Sus libros, sus artículos y su magisterio silencioso quedan como testimonio de una vida volcada en ese juego muy serio de las palabras, que convirtió a un funcionario de Hacienda en un referente imprescindible para quienes creen que la buena literatura sigue siendo uno de los mejores refugios frente al paso del tiempo.


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Gabriela Mistral: homenajes globales y nuevas lecturas a 80 años del Nobel

Isaac

Gabriela Mistral

Instituciones académicas, ministerios de cultura y centros culturales han puesto en marcha una programación masiva de homenajes, exposiciones y entregas de libros que buscan acercar su obra a públicos muy diversos. Desde Berlín hasta Santiago de Chile, pasando por espacios de referencia del mundo hispánico como Casa América o el Instituto Cervantes, se multiplican los actos que leen a Mistral con ojos nuevos y la conectan con lectores del siglo XXI.

Una vida entre Chile, España y Europa: la Gabriela Mistral más cosmopolita

Poeta Gabriela Mistral

Detrás del nombre artístico Gabriela Mistral se encuentra Lucila de María Godoy Alcayaga, nacida en 1889 en Vicuña, en el norte de Chile. Su seudónimo surge de la combinación de dos autores que admiraba profundamente, Gabriele D’Annunzio y Frédéric Mistral, una elección que ya anticipaba su vocación cosmopolita y su diálogo con la tradición literaria europea.

Su biografía temprana estuvo marcada por la ausencia del padre, que abandonó el hogar cuando ella tenía apenas tres años, y por el papel clave de su madre y de su media hermana, quienes la introdujeron en la lectura y la escritura. A los 16 años inició una intensa carrera como docente, una vocación que nunca abandonaría y que la llevaría a trabajar en distintos lugares de América Latina, impulsando la educación pública y la creación de bibliotecas populares.

En 1922 viajó a México para colaborar en una amplia reforma educativa y, en paralelo, vio aparecer en Nueva York su primer libro, Desolación, avalado por el crítico español Federico de Onís. El volumen la situó de inmediato en el mapa internacional y supuso el inicio de una trayectoria poética profundamente ligada al mundo hispano y a la diáspora latinoamericana.

Durante los años treinta, Mistral vivió en Madrid y tejió una red de amistades con intelectuales españoles como Juan Ramón Jiménez, Enrique Díez o la jurista Victoria Kent. Participó en tertulias del Lyceum Club Femenino, fundado por María de Maeztu, y se integró en los circuitos culturales que, desde España, pensaban el papel de la lengua y la literatura en un contexto de cambios políticos acelerados.

La Guerra Civil española supuso para ella un punto de inflexión. Desde su experiencia como cónsul y su red de contactos, se implicó en gestiones para ayudar a exiliarse a artistas e intelectuales en riesgo. Colaboró, por ejemplo, en la salida de la pintora surrealista Maruja Mallo hacia Argentina y trató de intervenir para facilitar el exilio del poeta Antonio Machado, una gestión que no pudo concretarse pero que muestra la dimensión ética de su compromiso.

Poeta, «india vasca» y americanista: una autora de múltiples identidades

Gabriela Mistral homenaje

La obra de Mistral se alimenta de dolores íntimos, exilios y duelos que atraviesan su biografía. Desolación, como su propio título sugiere, reúne poemas donde la distancia geográfica, la soledad espiritual y las pérdidas sentimentales se convierten en materia poética. La propia autora llegó a escribir al final del libro: «Dios me perdone este libro amargo y los hombres que sienten la vida como dulzura me lo perdonen también», una frase que condensa el tono sombrío de aquel volumen inicial.

En los años siguientes su trayectoria diplomática la llevó a desempeñarse como cónsul en distintos destinos de América y Europa, mientras seguía publicando. En 1938 vio la luz Tala, una de sus obras capitales, cuyos derechos cedió íntegramente a los niños vascos dispersos por el mundo a raíz de la Guerra Civil. En el prólogo se definió como «mestiza de vasco» y llegó a presentarse cariñosamente como una «india vasca», reivindicando su ascendencia guipuzcoana por la rama Alcayaga.

Ese gesto solidario con la infancia desplazada y la comunidad vasca no fue aislado. En Tala se despliega una mirada americanista que entrelaza mitologías indígenas, cristianismo y tragedias históricas del continente. La poeta reescribe América desde dentro, acudiendo a sus raíces ancestrales y a sus paisajes rurales, y anticipa debates que hoy se leen en clave decolonial.

La década de 1940 resultó particularmente dura en el plano personal. Mientras vivía en Brasil, Mistral recibió la noticia del suicidio de sus amigos Stefan Zweig y Lotte Altmann, y poco después afrontó la muerte de Juan Miguel Godoy Mendoza, conocido como Yin-Yin, su sobrino e hijo adoptivo. El joven, de solo 18 años, se quitó la vida y dejó una carta de despedida que revelaba su incapacidad para «vencer» en la existencia. Años más tarde, la albacea y pareja de Mistral, Doris Dana, sugeriría que Yin-Yin podría haber sido en realidad hijo biológico de la poeta, fruto de una relación fugaz con un italiano, un extremo nunca aclarado del todo.

En medio de ese torbellino emocional, en 1945 llegó el gran reconocimiento: el Premio Nobel de Literatura, que la convirtió en la primera persona latinoamericana en recibirlo en esa categoría y en la única escritora en lengua castellana distinguida con este galardón. En el discurso de entrega, el secretario de la Academia Sueca, Hjalmar Gullberg, la presentó como «la gran cantadora de la misericordia y la maternidad», subrayando la dimensión ética de su obra más allá del puro lirismo.

Tras el Nobel publicó Lagar en 1954, considerado por muchos como el punto culminante de su poesía. En esos años, ya consolidada como autora de referencia, se instaló en Nueva York, donde vivió junto a Doris Dana hasta su fallecimiento en 1957 por un cáncer de páncreas. El vínculo entre ambas, silenciado durante décadas, salió a la luz de forma más nítida en 2009 con la edición de Niña errante, una selección de cartas que muestran una relación sentimental intensa y compleja. Pasajes como «quiero morirme en tus brazos» han impulsado nuevas lecturas sobre la sexualidad de Mistral y su lugar en la historia de las disidencias afectivas en América Latina.

Un 80 aniversario con acento europeo: Berlín y el mundo hispano miran a Mistral

La conmemoración de los 80 años del Nobel ha tenido un eco especial en Europa, donde las instituciones culturales hispánicas y las embajadas latinoamericanas han situado a Mistral en el centro de sus agendas. En Berlín, la Embajada de Chile en Alemania y el Instituto Cervantes organizaron un acto que reunió a diplomáticos, académicos y lectores interesados en repensar el legado de la poeta.

El encuentro se abrió con unas palabras del director del Instituto Cervantes de Berlín, Ignacio Martínez Castignani, quien destacó la relevancia de celebrar a Mistral en una institución dedicada a la proyección global del español. A continuación, la embajadora de Suecia en Alemania, Veronika Wand-Danielsson, recordó el impacto histórico del Nobel de 1945 y su influencia en la visibilidad internacional de la literatura en lengua castellana.

Por parte de Chile intervino la embajadora María Magdalena Atria Barros, que subrayó las múltiples facetas de la autora: poeta, maestra y diplomática, además de su compromiso con la infancia y la educación. Esta mirada amplia encaja con la línea que están siguiendo también instituciones europeas y latinoamericanas que prefieren recordar a Mistral como figura integral, no solo como autora de manual.

El programa incluyó un componente artístico y emocional particularmente cuidado. Se proyectaron imágenes históricas de Gabriela Mistral y una niña chilena, Ignacia Fuenzalida Salvatierra, recitó el poema «Dame la mano y danzaremos», gesto que simbolizó el diálogo intergeneracional. La música corrió a cargo del guitarrista chileno Rodrigo Santa María y de la soprano alemana Marie Luise Bestehorn, quien estrenó una pieza basada en el poema «País de Ausencia», tendiendo puentes entre la lírica mistraliana y la creación musical contemporánea.

La parte académica del acto reunió a especialistas como Marília Jöhnk (Goethe-Universität Frankfurt) y el investigador Benjamin Loy, que analizaron la vigencia de Mistral como pensadora cosmopolita, feminista, decolonial y mística. Sus intervenciones se acompañaron de lecturas de poemas emblemáticos, insistiendo en la idea de que la autora sigue siendo una voz útil para pensar los desafíos del presente, desde la educación hasta los derechos humanos.

Exposiciones inmersivas y tecnología: Mistral en la Universidad de Chile

En paralelo a los homenajes europeos, en Santiago se ha inaugurado una de las muestras más ambiciosas dedicadas a Gabriela Mistral. Bajo el título «Gabriela Mistral: Maestra de América, voz en el mundo», la Plataforma Cultural del campus Juan Gómez Millas, de la Universidad de Chile, presenta una exposición que combina documentos patrimoniales, arte contemporáneo e innovación tecnológica.

La iniciativa reúne el trabajo del Museo de Arte Popular Latinoamericano Tomás Lago (MAPA), el Archivo Central Andrés Bello y el laboratorio de realidad virtual XR-Labs. La muestra, abierta hasta el 30 de junio de 2026, ofrece al público manuscritos, primeras ediciones, fotografías, material audiovisual, instalaciones sensoriales y obras artísticas que dialogan con los grandes ejes de la vida mistraliana: la escritura, la educación, la naturaleza, los viajes y el pensamiento político-social.

Durante la inauguración, la vicerrectora de Extensión y Comunicaciones, Pilar Barba, remarcó que este proyecto expresa la vocación de universidad pública compleja, plural y crítica, capaz de articular investigación, patrimonio y creación contemporánea. Subrayó además que el llamado «año mistraliano» estuvo atravesado por decenas de actividades que permitieron reconectar con la autora desde enfoques muy diversos.

La directora del MAPA, Paulina Faba, insistió en el vínculo histórico y afectivo entre Mistral y la Universidad de Chile, institución que la distinguió como Doctora Honoris Causa en 1954. Recordó la importancia que la poeta concedía al arte popular, a los oficios y a los saberes situados, cuestionando jerarquías culturales todavía muy presentes en los debates sobre educación y justicia social.

En la misma línea, la directora del Archivo Central Andrés Bello, Fernanda Vera, definió la muestra como uno de los hitos de la agenda institucional por el aniversario del Nobel y destacó la proyección de Mistral como embajadora cultural de Chile y América Latina. Su voz, señaló, sigue dialogando con sensibilidades contemporáneas que cuestionan el centralismo cultural y reivindican la pluralidad de experiencias latinoamericanas.

La apuesta por la realidad virtual y las nuevas tecnologías

Uno de los rasgos más llamativos de la exposición es el uso de tecnologías inmersivas basadas en inteligencia artificial para reconstruir momentos clave de la vida de la poeta. El director de XR-Labs, Víctor Fajnzylber, presentó una pieza audiovisual que recrea el discurso de Mistral cuando recibió el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Chile, en el Salón de Honor de la Casa Central, en 1954.

El equipo trabajó a partir de la única fotografía conocida de aquel acto y de diversas fuentes documentales para reconstruir el espacio y la atmósfera de la ceremonia. Según explicó Fajnzylber, fue necesario identificar el aspecto exacto del salón en esa época, recrear al público asistente uno a uno e incorporar, como anfitrión, al entonces rector Juan Gómez Millas.

La instalación, conocida como «Mistral XR», invita a los visitantes a experimentar lo que el equipo denomina «un momento histórico perdido», planteando preguntas sobre la memoria, el patrimonio y los límites éticos del uso de la inteligencia artificial en la recreación de acontecimientos pasados. Esta aproximación, que combina rigor documental y experimentación tecnológica, pretende atraer a nuevas generaciones que se acercan a la historia a través de lenguajes interactivos.

La muestra se complementa con piezas como el Árbol de la vida, una estructura de mimbre creada por Pablo García, Macarena González, Catalina Mateluna y Paola Santander, que rinde homenaje al pensamiento y la sensibilidad mistralianos vinculados a la naturaleza. Otra obra destacada es la Materioteca tintórea y pigmentaria, que reúne tierras, arcillas y especies vegetales relacionadas con el imaginario rural y los paisajes que habitaron la autora.

Los visitantes también pueden acceder a primeras ediciones de libros fundamentales como Desolación, Ternura, Tala y Lagar, presentadas en un formato interactivo que acerca los textos originales a un público acostumbrado a lo digital. La combinación de soportes tradicionales y herramientas tecnológicas refuerza la idea de que el legado de Mistral no pertenece solo al pasado.

Un «año mistraliano» con más de 250 actividades

La magnitud de la conmemoración no se limita a una sola institución. El Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio de Chile ha impulsado una agenda nacional e internacional de más de 250 actividades, coordinadas con el apoyo de una Comisión Asesora Ministerial en la que participan académicos y representantes de diversas universidades.

Entre quienes integran esta comisión se encuentra la Dra. Yenny Ariz, académica de la Facultad de Educación de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), designada por el Consejo de Rectores junto a otras autoridades universitarias. Su labor ha incluido la elaboración de materiales pedagógicos para centros escolares, la transcripción de manuscritos como los Sonetos de la muerte, la participación en coloquios internacionales, la organización de jornadas mistralianas y la preparación de exposiciones patrimoniales sobre los manuscritos de la autora.

Durante una sesión celebrada en el Salón O’Higgins del Palacio de La Moneda, presidida por la ministra de las Culturas, Carolina Arredondo, se dieron a conocer hitos inéditos de esta programación. Entre ellos, la tramitación de una ley para institucionalizar la celebración del natalicio de Gabriela Mistral, la proyección de la pregunta «¿Qué será de Chile en el cielo?» en edificios públicos, lecturas de su obra en Bibliolanchas, tarjetas de transporte conmemorativas en Coquimbo, sellos postales dedicados a la poeta y la reedición de su Obra reunida.

La propia ministra Arredondo ha enfatizado en varias ocasiones que el objetivo es ir más allá de un simple aniversario. Según ha señalado, no se trata solo de recordar un hito, sino de volver a escuchar una voz comprometida con la educación pública, la justicia social y la dignidad de los pueblos. La agenda de actividades, que se prolongará hasta enero de 2026, busca precisamente mantener esa conversación abierta en el tiempo.

Por su parte, la Dra. Ariz ha subrayado que participar en esta comisión ha supuesto un honor y una oportunidad para articular el trabajo académico con políticas culturales de alcance nacional. La continuidad de los proyectos, incluso después de que la comisión diera por concluido formalmente su mandato el 10 de diciembre, indica que el llamado «año mistraliano» se proyecta más allá de las efemérides oficiales.

La mayor entrega gratuita de libros de Gabriela Mistral

Uno de los proyectos más comentados en el marco de la conmemoración es la distribución gratuita de 100.000 ejemplares de un libro antológico de Gabriela Mistral, considerada por sus impulsores como la mayor entrega de libros sin coste en la historia de Chile. La iniciativa nace de una alianza entre el Ministerio de las Culturas, el Metro de Santiago y el Banco Itaú.

El libro, titulado La primera de TODAS, recoge una selección de textos de Mistral editada por el escritor Matías Rivas e ilustrada por niños, niñas y jóvenes ganadores del concurso de dibujo «Imaginando a Gabriela Mistral». La propuesta combina así promoción de la lectura, participación infantil y difusión del patrimonio literario en espacios cotidianos.

La entrega principal se ha programado en la Región Metropolitana, entre las 9:30 y las 10:30 horas de un miércoles de diciembre, con repartos en 23 estaciones del Metro de Santiago. Los ejemplares se distribuyen tanto en la línea 1 (paradas como San Pablo, Universidad de Chile, Baquedano o Los Dominicos), como en las líneas 3, 4 y 5, acercando la obra mistraliana a miles de usuarios del transporte público en sus trayectos diarios.

A partir de la semana siguiente, la campaña se extiende a todas las capitales regionales del país, además de la ciudad de Curicó, mediante entregas en plazas de armas y espacios públicos. De este modo, el proyecto busca evitar concentrarse solo en la capital y reforzar el carácter nacional de la celebración, con especial atención a regiones históricamente alejadas de los grandes circuitos culturales.

Como parte del mismo programa, se realizó un primer hito de distribución de tres mil ejemplares en la estación Universidad de Chile del Metro, que sirvió de anticipo a la entrega masiva. Paralelamente, módulos del programa Bibliometro, que cuenta con 22 puntos de préstamo gratuito de libros dentro de la red de transporte, también incorporan ejemplares de la antología, consolidándose como una de las bibliotecas públicas más grandes del país.

Cultura, banca y metro: una alianza para el fomento lector

La iniciativa de La primera de TODAS está acogida a la Ley de Donaciones Culturales a través de la Fundación Inversión Cultural (FINC) y se presenta como un ejemplo de colaboración público-privada en torno al fomento lector. La Gerente de Sustentabilidad y Asuntos Corporativos de Itaú Chile, Claudia Labbé, ha señalado que el proyecto simboliza el compromiso del banco con el desarrollo cultural y al mismo tiempo rinde homenaje a los lazos históricos entre Chile y Brasil, país donde Mistral recibió la noticia del Nobel en 1945.

Desde Metro de Santiago, Paulina del Campo, gerente de Comunicaciones y Sostenibilidad, ha destacado que esta acción se suma a otras iniciativas de largo recorrido como Bibliometro, reforzando el rol del transporte público como espacio de acceso democrático al libro. Las estaciones, habitualmente asociadas al tránsito apresurado, se convierten así en puntos de encuentro con la poesía y la memoria cultural.

Para el Ministerio de las Culturas, la entrega de libros posee un valor simbólico que va más allá de los números. La ministra Carolina Arredondo ha remarcado que, cuando se piensa en Gabriela Mistral, a menudo se reduce su figura a su faceta de poeta, pero su legado se extiende a la diplomacia, la educación, la reflexión sobre la naturaleza y las infancias. La antología busca precisamente mostrar esa diversidad de registros y acercarla a públicos que quizá nunca han leído un poema suyo completo.

El proyecto también refuerza el mensaje de que la literatura puede y debe circular fuera de los espacios convencionales, como librerías o universidades. Al situar la obra mistraliana en andénes, vagones y plazas, la campaña reivindica la poesía como un bien común, disponible sin coste económico y sin requisitos de pertenencia a élites culturales.

Esta lógica dialoga con el propio pensamiento de Mistral, que concibió la educación como un derecho y trabajó activamente en la bibliotecas populares. Que su obra circule ahora gratuitamente por todo Chile, a través de esta alianza, puede leerse como una actualización de esa apuesta pedagógica en clave contemporánea.

Nuevas lecturas y debates sobre la figura de Mistral

Más allá de los actos oficiales y las cifras de ejemplares repartidos, la conmemoración ha reactivado debates en torno a la manera de leer a Gabriela Mistral hoy. En los últimos años, su imagen ha transitado de la figura de «maestra dolorida» y madre simbólica de la nación a la de una autora adelantada a su tiempo, etiquetada en ocasiones como feminista, «loca» o lesbiana, términos que reflejan tanto admiración como resistencia.

Las cartas con Doris Dana, compiladas en Niña errante, y las cartas privadas a otras amistades han abierto preguntas sobre su vida afectiva y su relación con la disidencia sexual, en un contexto en el que la homosexualidad femenina estaba fuertemente silenciada. Aunque Mistral nunca se definió públicamente como lesbiana, muchas lectoras y lectores actuales encuentran en su biografía y en su obra claves para pensar la diversidad de deseos y afectos en la historia latinoamericana.

En paralelo, su trabajo como diplomática y su intervención en momentos políticos críticos, como la Guerra Civil española, han alimentado una lectura de Mistral como pensadora política y figura de referencia para los debates decoloniales. Su interés por las culturas indígenas, su defensa de la ruralidad y su preocupación por la infancia pobre se reinterpretan hoy en clave de justicia social y crítica al colonialismo.

Los paneles organizados por universidades y centros culturales, tanto en Chile como en Europa, se han detenido en estas dimensiones, analizando su obra desde perspectivas feministas, ecológicas, místicas y cosmopolitas. Esta pluralidad de enfoques ha contribuido a que nuevas generaciones de lectoras y lectores se acerquen a Mistral sin el peso de los tópicos escolares que durante décadas la encasillaron.

En este contexto, espacios como la sección «Mujeres hispanas» del Círculo de Orellana, difundida en programas de radio y actividades en Casa América, han dedicado sesiones específicas a la figura de la poeta. Voces como la de Leticia Espinosa de los Monteros, presidenta del Círculo, y del escritor y agregado cultural Diego del Pozo, han ayudado a subrayar los vínculos históricos entre Mistral y España, tanto en su estancia en Madrid en los años treinta como en la red de amistades intelectuales que mantuvo a lo largo de su vida.

Todo este entramado de homenajes, exposiciones, paneles académicos y entregas masivas de libros muestra hasta qué punto la figura de Gabriela Mistral sigue en plena conversación con nuestro tiempo. Desde los salones del Instituto Cervantes en Berlín hasta los andenes del Metro de Santiago, pasando por las salas de realidad virtual de la Universidad de Chile y las iniciativas de la Comisión Asesora Ministerial, se perfila a una autora que ya no se mira solo como reliquia, sino como una voz viva, compleja y en constante relectura, capaz de tender puentes entre Chile, Europa y el resto del mundo hispano.


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Juan Gutiérrez gana el Primer Certamen Hilos Black de CordoBlack

Isaac

Certamen Hilos Black en CordoBlack

La tercera edición de CordoBlack, Festival de Novela Negra del Sur, ha echado el cierre con un protagonista claro: el gaditano Juan Jesús Gutiérrez, que se ha alzado con la victoria en el Primer Certamen Hilos Black gracias a un relato publicado en la red social X. El certamen, planteado como una apuesta por las nuevas narrativas digitales, ha sido uno de los ejes de un programa que ha llenado de noir distintos rincones de Córdoba.

Al mismo tiempo, el festival ha confirmado su crecimiento como cita de referencia del género negro en España, tanto por cifras de público como por la nómina de autores invitados. Más de seiscientas personas han pasado por las actividades programadas, consolidando una comunidad fiel que vuelve cada año y que ha convertido a CordoBlack en una parada obligatoria para lectores, curiosos y profesionales del sector.

Un hilo negro y social que convence al jurado

El Primer Certamen Hilos Black se diseñó como un concurso abierto a cualquier autor que escribiera en castellano y quisiera experimentar con el formato hilo en la red social X. A partir del jueves 18 de diciembre comenzaron a publicarse las historias participantes, hasta reunir un total de 8 hilos que entraron en la fase de valoración por parte del jurado.

Tras una lectura minuciosa de cada una de las propuestas, el comité decidió por unanimidad que el ganador debía ser Juan Jesús Gutiérrez (@guangle84), autor del hilo titulado Optimización de Recursos. Se trata de una historia de corte social narrada en clave negra, donde la Inteligencia Artificial y los algoritmos de las redes se convierten en piezas fundamentales de la trama, planteando interrogantes sobre cómo la tecnología condiciona la vida cotidiana.

La mirada de Gutiérrez combina elementos propios de la novela negra clásica —tensión, sospecha, crítica social— con un escenario profundamente digital, lo que encaja con la voluntad del festival de explorar nuevos soportes y formatos narrativos. Todos los hilos que participaron en el certamen pueden leerse en la cuenta oficial del festival en X, @CordoBlackFest, donde han ido ganando lectores durante los días de celebración.

El jurado estuvo formado por perfiles muy vinculados a la creación y la divulgación: el escritor y arquitecto @Pedro_Torrijos, el narrador y colaborador del Grupo Joly @gutisolis (Salvador Gutiérrez Solís), el guionista y escritor @Yosoycorra (Jorge Corrales), el novelista @israeldiaz_r (Israel Díaz Reinado) y el experto en música y redes @HistorietaLa (Jesús Báez Alcaide). Su fallo conjunto ha reforzado la apuesta por el hilo como formato narrativo válido dentro del género negro.

El perfil del ganador: de las historias virales a la novela

Tras el nombre de Juan Jesús Gutiérrez hay un autor con una trayectoria ya asentada en el ámbito digital. Nacido en Cádiz en 1984, es ingeniero informático de formación y, casi en paralelo, narrador vocacional que ha hecho de los hilos una herramienta habitual para contar historias.

En los últimos años, sus relatos han captado la atención de millones de lectores en internet, gracias a tramas que mezclan ciencia ficción, misterio y acción con giros inesperados y teorías poco convencionales. Esta combinación le ha permitido consolidar una comunidad de seguidores que espera cada nuevo hilo como si se tratara de un episodio de serie.

Ese recorrido en redes desembocó en la publicación de su primera novela, Arrebol, editada por La Esfera de los Libros. Con ella dio el salto del formato breve y fragmentado al territorio de la narrativa larga, manteniendo muchos de los ingredientes que le habían funcionado en X: ritmo ágil, personajes en tensión constante y escenarios donde la tecnología no es solo decorado, sino motor de conflicto.

El reconocimiento obtenido en CordoBlack refuerza la idea de que las historias nacidas en plataformas digitales pueden convivir con naturalidad con la tradición editorial. Para el festival, premiar a un autor que se mueve con soltura entre hilos virales y novela supone un guiño claro a esa doble vía de creación.

CordoBlack 2025: cifras que avalan su crecimiento

Más allá del certamen de hilos, la tercera edición de CordoBlack ha destacado por sus cifras de participación. A lo largo de los días de programación, el festival reunió a más de 600 asistentes y participantes, una cantidad que consolida una tendencia al alza respecto a años anteriores y que confirma el interés por el género negro en la ciudad y en el conjunto del país.

En el plano creativo, la cita contó con la presencia de 26 autores procedentes de distintos puntos de España, lo que se ha traducido en una amplia diversidad de voces, estilos y enfoques sobre el noir contemporáneo. Desde propuestas más clásicas hasta experimentos formales, la programación ha buscado dar cabida a todo el abanico que hoy convive bajo la etiqueta de novela negra.

El programa de CordoBlack incluyó 18 actividades repartidas por varios espacios de Córdoba, con un papel destacado para las bibliotecas públicas Grupo Cántico y Antonio Gala. Estos centros se convirtieron en puntos neurálgicos de encuentros, presentaciones, mesas redondas y conversaciones con el público, reforzando la idea de las bibliotecas como espacios vivos de cultura.

La respuesta del público, tanto en asistencia como en participación activa, ha sido uno de los aspectos que más ha subrayado la organización. La fidelidad de quienes repiten cada año, unida a la llegada de nuevos asistentes, ha situado al festival entre las referencias nacionales del género negro, especialmente en el sur de España.

Una ciudad volcada con el género negro

La estructura del festival no se limitó a un único escenario, sino que se extendió por diferentes puntos de la ciudad, reforzando la idea de que Córdoba se convierte durante unos días en un auténtico mapa negro. Las bibliotecas Grupo Cántico y Antonio Gala actuaron como sedes principales, pero otras localizaciones se sumaron para completar una oferta variada y dinámica.

El inicio oficial de esta tercera edición tuvo lugar el 18 de diciembre, con un acto de inauguración a cargo del escritor César Pérez Gellida, uno de los nombres reconocidos del género. Su participación sirvió para abrir el festival con una conversación en torno al estado actual de la novela negra y su evolución reciente en España.

Desde ese arranque, el calendario fue encadenando encuentros con autores, charlas temáticas, presentaciones de libros y actividades dirigidas a distintos perfiles de público, desde lectores habituales del noir hasta personas que se acercaban por primera vez al género. El ambiente, según la organización, ha sido marcado por la cercanía entre escritores y asistentes, con tiempo para preguntas, firmas y diálogo distendido.

La fecha de cierre llegó el domingo 21 de diciembre, cuando se hizo público el fallo del Primer Certamen Hilos Black. Ese anuncio puso el broche final a varios días de actividad intensa y sirvió también para dejar planteado el reto de seguir creciendo en futuras ediciones, tanto en repercusión como en ambición de contenidos.

Un certamen que apuesta por nuevos lenguajes

El lanzamiento del Certamen Hilos Black ha sido una de las grandes novedades de este año. La iniciativa nació con la idea de explorar los hilos en redes sociales como una forma legítima de narrativa, en este caso vinculada al género negro y abierta a temáticas actuales, como la relación entre tecnología, vigilancia y poder.

Que el relato premiado, Optimización de Recursos, gire en torno a la Inteligencia Artificial y los algoritmos que gobiernan las plataformas digitales encaja con esa mirada hacia los desafíos contemporáneos. El certamen ha permitido comprobar cómo autores de distintos orígenes son capaces de construir tramas complejas y con tensión dentro de un formato pensado originalmente para mensajes breves.

La mecánica del concurso, con la publicación de los hilos directamente en X, ha facilitado además que el público pudiera leer las propuestas casi en tiempo real, comentarlas y compartirlas. Esta dimensión interactiva ha aportado un componente adicional de dinamismo, que la organización valora como un punto a reforzar en futuras ediciones.

El hecho de que un jurado especializado haya dedicado tiempo a la lectura y al análisis de cada hilo ha contribuido a dar legitimidad al formato dentro del entorno literario. No se trata solo de mensajes encadenados, sino de historias con estructura, tono y personajes, capaces de sostener una atmósfera negra de principio a fin.

Impulso institucional y apoyo del sector cultural

La celebración de CordoBlack 2025 ha sido posible gracias a una red de apoyos institucionales y culturales que respalda el proyecto desde sus inicios. El festival está organizado por Verbo Servicios Culturales y cuenta con la dirección literaria de Salvador Gutiérrez Solís, escritor y figura clave en la consolidación de la cita.

En el plano institucional, el evento ha recibido una subvención del Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura. También ha contado con el respaldo de la Delegación de Cultura y Patrimonio Histórico del Ayuntamiento de Córdoba, que ha facilitado la utilización de espacios y recursos para el desarrollo de las actividades.

La Junta de Andalucía, mediante su Delegación Territorial, se ha sumado igualmente como colaboradora, reforzando la dimensión regional de un festival que aspira a consolidarse como referente del noir en el sur de Europa. A este entramado se unen aliados del sector privado, como la Librería Luque y Banana Coffee, que han aportado presencia, recursos y puntos de encuentro informales para autores y lectores.

La organización ha señalado su intención de mantener y ampliar estas alianzas en las próximas ediciones, especialmente en lo que respecta al tejido empresarial y cultural privado. La idea es que Córdoba se convierta, año tras año, en un centro estable de encuentro entre la industria del libro, los creadores y el público interesado en el género negro.

Mirada puesta en 2026: nuevos soportes y más noir

Aunque la tercera edición acaba de cerrarse, el equipo de CordoBlack ya ha empezado a trabajar en la programación de 2026. El objetivo declarado pasa por seguir profundizando en nuevos lenguajes y soportes a través de los cuales se expresa el género negro, más allá de las vías tradicionales de la novela y el cuento.

En este sentido, el éxito del Certamen Hilos Black se interpreta como una pista clara: hay un público dispuesto a leer y seguir historias en redes sociales, y hay escritores capaces de desarrollar tramas sólidas en estos entornos. No se descarta, por tanto, que futuras ediciones del festival incorporen otras formas híbridas de narración, como podcasts, proyectos transmedia o propuestas que mezclen texto, imagen y sonido.

La intención de la organización es que CordoBlack siga funcionando como laboratorio de tendencias del noir, sin perder de vista el anclaje en la tradición literaria. El equilibrio entre autores consolidados y voces emergentes, entre novela impresa e historias digitales, se perfila como una de las señas de identidad de la cita cordobesa.

Con esta edición, el festival confirma que Córdoba se ha ganado un espacio propio en el mapa de la novela negra, tanto en España como, progresivamente, en el ámbito europeo. El triunfo de Juan Jesús Gutiérrez en el Primer Certamen Hilos Black, el respaldo del público y el apoyo institucional apuntan a que el camino iniciado tiene recorrido y margen para seguir creciendo en los próximos años.


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Obras que pasan a dominio público y el nuevo acceso a la cultura

Isaac

obras dominio público

El próximo año supondrá un cambio importante para una parte del patrimonio cultural y científico español. Una amplia nómina de creadores verá cómo sus obras dejan de estar sometidas a derechos de explotación y pasan a poder consultarse, copiarse y difundirse sin coste, siempre con el debido reconocimiento de autoría.

La Biblioteca Nacional de España (BNE) ha hecho pública la relación de autores de su catálogo cuyas obras entran en dominio público en 2026. Se trata, en su mayoría, de figuras clave de la España de finales del siglo XIX y primera mitad del XX, cuyas aportaciones abarcan desde la literatura y las artes plásticas hasta la medicina, la física, la pedagogía o la vida religiosa.

Qué significa que las obras pasen a dominio público en 2026

Según la normativa de propiedad intelectual vigente en España y en buena parte de Europa, las obras de los autores fallecidos hace 80 años dejan de estar protegidas por derechos de explotación, siempre que no haya coautores vivos ni otros condicionantes legales. En este caso, el listado se centra en autores y autoras españoles fallecidos en 1945 cuyos trabajos forman parte de los fondos de la BNE.

A partir del 1 de enero de 2026, estas creaciones podrán copiarse, distribuirse, adaptarse, interpretarse y exhibirse en público sin necesidad de pagar licencias ni solicitar permisos económicos. Eso sí, seguirá siendo obligatorio citar correctamente al autor o autora y respetar la integridad de la obra, algo que continúa protegido por los llamados derechos morales.

La BNE ha anunciado que el conjunto de estos materiales estará disponible para consulta y descarga gratuita a través de la plataforma BNE Digital. Este repositorio en línea facilita el acceso desde cualquier lugar de España o del extranjero, lo que abre la puerta a nuevas lecturas, investigaciones y proyectos creativos basados en este legado.

Este cambio no solo beneficia a investigadores o especialistas; también resulta relevante para centros educativos, bibliotecas públicas, proyectos culturales, editoriales y creadores contemporáneos que quieran reutilizar contenidos sin las limitaciones de los derechos de explotación.

Un listado de 154 autores y una radiografía de la España del siglo XX

Tras un proceso de revisión de su catálogo de autoridades, la Biblioteca Nacional ha identificado a 154 autores y autoras cuyas obras pasan a ser de dominio público en 2026. La selección ofrece una especie de fotografía de la diversidad profesional y cultural de la España de la época de entreguerras.

Entre los perfiles incluidos se cuentan científicos, médicos, pintores, músicos, maestras, novelistas, actrices, bailarinas, historiadoras, editores, periodistas, poetas, docentes y religiosas. Esta variedad ilustra cómo el patrimonio custodiado por la BNE no se reduce solo a grandes nombres de la literatura, sino que recoge la huella de muchos ámbitos de actividad intelectual y social.

La propia institución ha destacado que el listado permite reconstruir trayectorias que, en muchos casos, habían quedado en un segundo plano. Al pasar a dominio público, sus obras ganan visibilidad y pueden ser objeto de nuevas lecturas, reediciones y estudios, tanto en España como en otros países europeos interesados en la cultura hispánica.

Además del listado en formato tradicional, la BNE trabaja con distintos recursos de visualización para facilitar la reutilización de los datos. Entre ellos, destaca un mapa interactivo que permite consultar a los autores por provincia de origen, por nombre o por ocupación principal, lo que facilita el análisis geográfico y profesional de este conjunto.

La presencia de las mujeres: solo cinco nombres en la lista

Uno de los datos más llamativos del listado de 2026 es que únicamente cinco mujeres figuran entre los 154 autores cuyos derechos de explotación expiran este año. Esta escasez no responde tanto a falta de aportaciones como a la escasa visibilidad histórica de las creadoras, que durante décadas tuvieron mayores dificultades para publicar, acceder a circuitos culturales o ver reconocida su labor.

Entre esos cinco nombres se encuentra Encarnación López Júlvez, La Argentinita, bailarina nacida en Buenos Aires y figura clave del arte escénico español. Junto con su hermana Pilar López y con Federico García Lorca, impulsó la compañía «Bailes Españoles de La Argentinita» y contribuyó de manera decisiva a la difusión de la música de compositores como Falla, Turina, Albéniz o Granados.

En 1931 grabó, junto a Lorca al piano, la conocida «Colección de Canciones Populares Españolas», una serie de discos de pizarra que hoy se consideran fundamentales para entender la relación entre folclore y vanguardia en la cultura española. Con la entrada de estas grabaciones en dominio público, se facilita su estudio, difusión y recuperación en proyectos contemporáneos.

También figura en el listado María de la Concepción Alfaya López, escritora, maestra, historiadora, etnógrafa y política, vinculada a la formación y a la vida pública a través de Izquierda Republicana en Segovia. Su perfil combina la labor intelectual con el compromiso cívico, algo especialmente significativo en el contexto de la época.

Completan el pequeño grupo femenino Leonor Canalejas y Fustegueras, maestra y filántropa que firmó parte de su obra bajo el seudónimo de Isidora Sevillano; Elena Jordi, actriz y empresaria teatral considerada la primera directora de cine española gracias al corto «Thaïs»; y Beata María Pilar Izquierdo Albero, religiosa que fundó la congregación de la Obra Misionera de Jesús y María.

Figuras clave de las artes plásticas

El grupo de autores que pasan a dominio público en 2026 incluye un nutrido conjunto de artistas plásticos que resultan fundamentales para entender la evolución del arte español entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX.

Entre ellos destaca Ignacio Zuloaga, pintor asociado a la Generación del 98, cuya obra recoge escenas de una España profunda y a menudo sombría, marcada por la influencia de maestros como Goya y El Greco. Su producción, muy presente en colecciones españolas y europeas, gana ahora un margen añadido de circulación y estudio al quedar libre de derechos de explotación.

Otro nombre relevante es el de José Gutiérrez Solana, pintor, grabador y escritor expresionista, conocido por sus escenas de fuerte carga social y su visión descarnada de la realidad. Sus cuadros y textos componen un retrato inquietante de la vida urbana y marginal de su tiempo, y su entrada en dominio público facilita nuevas ediciones, catálogos y proyectos expositivos.

El listado incluye además a José Cabrero y Mons, un pintor menos conocido para el gran público pero que aparece retratado en la célebre obra «La tertulia del Café de Pombo» de Gutiérrez Solana. La apertura de sus obras al dominio público puede ayudar a sacar a la luz una trayectoria artística hasta ahora más discreta.

Junto a ellos figuran otros creadores como Manolo Hugué, representante del novecentismo catalán y artista polifacético que practicó la escultura, la pintura, el diseño de joyas e incluso la poesía; José María Sert, pintor y muralista con proyección internacional que participó en el salvamento de las colecciones del Museo del Prado durante la Guerra Civil; y Sileno (seudónimo de Pedro Antonio Villahermosa y Borao), famoso caricaturista político que llenó de sátira las páginas de la prensa española de principios del siglo XX.

La aportación de la ciencia y la medicina

La lista de obras que pasan a ser de dominio público en 2026 no se limita a las artes. Un apartado muy relevante lo ocupan los científicos, médicos y divulgadores cuyas investigaciones fueron decisivas para el desarrollo de distintas disciplinas en España.

Entre los nombres más sobresalientes se encuentra el físico Blas Cabrera, una figura clave en la modernización de la ciencia española y en la introducción de las teorías más avanzadas de su tiempo. Fue rector de la Universidad Central de Madrid y mantuvo una estrecha relación intelectual con Albert Einstein. La liberación de sus escritos y trabajos favorecerá que nuevas generaciones de investigadores puedan revisarlos y situarlos en el contexto europeo de la física del siglo XX.

En el campo de las ciencias naturales destaca Telésforo de Aranzadi, doctor en Farmacia y Ciencias Naturales, catedrático de Mineralogía y Zoología, cuya producción científica resulta fundamental para conocer el desarrollo de estas especialidades en España. Sus obras, ahora sin restricciones económicas, pueden ser recuperadas por universidades, archivos y proyectos de divulgación.

Otro de los nombres importantes es Odón de Buen, oceanógrafo y botánico especializado en biología marina y director del Instituto General de Oceanografía. Sus estudios sobre el mar y sus ecosistemas se consideran pioneros, y el acceso libre a sus textos puede resultar especialmente interesante en el contexto actual de debates sobre cambio climático y conservación.

En el ámbito de la medicina y la sanidad militar, cobra relieve la figura de Mariano Gómez Ulla, médico y cirujano del Cuerpo de Sanidad Militar, conocido por sus aportaciones a la cirugía de guerra y a la atención a los heridos en conflictos armados. La liberación de sus publicaciones facilita que historiadores de la medicina y especialistas en salud pública profundicen en su legado.

Otros nombres destacados del saber y la cultura

Más allá de las figuras más conocidas, el listado de la BNE incluye a una serie de intelectuales, editores, músicos y especialistas cuya obra también adquiere desde 2026 un nuevo estatus jurídico y práctico.

Uno de ellos es José Castillejo, catedrático de Derecho Romano y secretario de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, institución clave para la modernización educativa y científica de España en las primeras décadas del siglo XX. Su participación en redes internacionales de investigación hace que su obra resulte de gran interés para los estudios comparados en Europa.

En el terreno editorial, sobresale Gustavo Gili Roig, fundador de una de las casas editoriales de referencia en libros de arquitectura, arte y diseño. El sello que lleva su nombre, creado en Barcelona en 1902, tuvo un papel central en la difusión de textos técnicos y artísticos, y sus catálogos contribuyeron a conectar a profesionales españoles con las corrientes europeas del momento.

El listado también incorpora la figura de Joaquín Gimeno Riera, médico psiquiatra y jefe de la sección de neurología y psiquiatría del Hospital Provincial de Zaragoza, autor del que se considera el primer libro sobre psicoanálisis en España, un manuscrito que circuló entre catedráticos y permaneció inédito durante décadas. Su paso a dominio público abre la posibilidad de nuevas ediciones críticas y análisis historiográficos.

Entre los músicos destaca Joaquín Larregla, pianista y compositor navarro, académico de número de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, cuyo repertorio abarca canciones religiosas y profanas, obras sinfónicas y zarzuelas. La liberación de sus partituras facilita su recuperación en salas de concierto, conservatorios y proyectos de investigación musical.

En el campo de las letras y la crítica literaria figura Juan Millé y Giménez, escritor, erudito y profesor especializado en los autores del Siglo de Oro español. Su labor docente en la Universidad de La Plata y en la Escuela de Comercio de Buenos Aires muestra hasta qué punto la cultura española de la época se proyectó también hacia América Latina.

Cierra este grupo un nombre clave para el estudio de la literatura finisecular: Antonio de Zayas, escritor, historiador y diplomático, considerado el principal representante del parnasianismo en España. Participó activamente en revistas y tertulias vinculadas con el modernismo y la nueva literatura de fin de siglo, lo que hace de su obra un punto de referencia para entender ese periodo.

Herramientas de la BNE para explorar el nuevo dominio público

Conscientes del interés que despierta cada año la entrada de nuevas obras en dominio público, los equipos de la Biblioteca Nacional han trabajado en ofrecer información estructurada y reutilizable sobre los autores afectados. No se trata solo de un listado cerrado, sino de un conjunto de datos pensados para su consulta y uso por parte de investigadores, medios de comunicación, instituciones y público general.

Entre los recursos disponibles se encuentra un mapa de distribución geográfica que permite localizar a los autores por provincia de origen, actividad principal o nombre. Esta herramienta ayuda a detectar concentraciones territoriales, itinerarios vitales y conexiones entre distintas disciplinas, elementos clave para estudios de historia cultural y social.

La BNE ofrece además información biográfica y referencias de las obras conservadas en sus fondos, lo que facilita seguir el rastro de cada autor a través de catálogos, bases de datos y documentos digitalizados. En muchos casos, estas fichas suponen el punto de partida para nuevas investigaciones académicas, proyectos expositivos o ediciones críticas.

La liberación de derechos también tiene implicaciones prácticas para editoriales, productoras audiovisuales y proyectos educativos, que pueden reutilizar textos, imágenes o grabaciones sonoras sin afrontar costes de licencia. Esto abre la puerta a antologías, reediciones, adaptaciones teatrales, podcasts o contenidos multimedia centrados en estos autores.

En paralelo, el acceso abierto fomenta la creación de materiales didácticos en escuelas, institutos y universidades, donde los docentes pueden incorporar fragmentos de obras, imágenes y recursos sonoros directamente en sus clases o plataformas virtuales, siempre con el debido reconocimiento de la fuente.

La entrada en dominio público de las obras de estos 154 autores custodiados por la Biblioteca Nacional de España marca un momento significativo para la circulación de la cultura y el conocimiento, tanto dentro del país como en el conjunto de Europa. Al liberarse de las restricciones económicas de los derechos de explotación, los trabajos de figuras tan diversas como La Argentinita, Ignacio Zuloaga, Blas Cabrera, Mariano Gómez Ulla o Antonio de Zayas ganan un nuevo recorrido en forma de lecturas, investigaciones, reediciones y proyectos creativos que, a partir de 2026, contarán con un terreno mucho más abierto para seguir dando vida a un legado que, lejos de quedar congelado en el pasado, se proyecta hacia el futuro.


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Todo sobre el Premio Òmnium a la mejor novela del año

Isaac

Premio Omnium mejor novela

El Premio Òmnium a la mejor novela del año se ha consolidado en menos de una década como uno de los galardones literarios más influyentes del ámbito catalán. Concebido para reconocer la mejor obra de narrativa publicada en catalán, se ha convertido en una referencia para lectores, editoriales y autores que buscan una señal clara de calidad literaria.

En su novena edición, el premio llega con cambios de formato, una lista amplia de finalistas y una mayor proyección pública gracias a su incorporación plena a la Nit de les Lletres Catalanes. El certamen refuerza así su vocación de ser un escaparate de la literatura catalana contemporánea, con obras que abarcan desde la narrativa íntima hasta propuestas más arriesgadas y experimentales.

Un premio con la dotación económica más alta para novela publicada

El Premi Òmnium a la Millor Novel·la de l’Any está considerado el galardón mejor dotado económicamente del país para una obra ya publicada. La cifra asciende a 25.000 euros, de los cuales 20.000 se destinan directamente a la persona ganadora y 5.000 se reservan específicamente para la promoción del libro.

Esta estructura de premios busca no solo recompensar al autor o autora, sino también impulsar la circulación de la obra mediante campañas de difusión, presentaciones y acciones que la acerquen a un público más amplio. El objetivo declarado de Òmnium Cultural es que la novela premiada gane visibilidad tanto dentro de los territorios de habla catalana como en otros mercados a través de la traducción.

El galardón se otorga a novelas publicadas originalmente en catalán, lo que lo sitúa como una herramienta clave para reforzar el ecosistema literario en esta lengua. De este modo, se alinea con premios internacionales como el Goncourt francés o el Booker inglés, que han servido de modelo e inspiración para el diseño del certamen.

Desde el ámbito editorial se valora especialmente que el premio recaiga sobre obras ya publicadas y no manuscritos inéditos, ya que esto refuerza el trabajo conjunto entre autoría y sellos editoriales y contribuye a ampliar el recorrido comercial de los títulos que llegan a la lista de finalistas.

Diez novelas finalistas para la novena edición

La principal novedad en el funcionamiento reciente del premio es la ampliación del foco sobre las obras candidatas. En lugar de seleccionar únicamente tres títulos finalistas, el comité de selección ha optado por dar visibilidad a una lista de diez novelas nominadas, todas ellas publicadas entre noviembre de 2024 y diciembre de 2025.

El comité ha hecho pública una selección que muestra la diversidad estilística y temática de la narrativa en catalán actual, con obras procedentes de distintos puntos del territorio y de editoriales muy diversas. Las novelas nominadas son:

  • La gran família, de Antònia Carré-Pons (Club Editor).
  • L’home que va vendre el món, de Melcior Comes (Proa).
  • Si una família, de Alba Dalmau (Angle Editorial).
  • Virgil, de Quim Español (Edicions de 1984).
  • Guerra, victòria, demà, de Carles Fenollosa (Llibres de la Drassana).
  • Els claustres, de Víctor Garcia Tur (Comanegra).
  • Demolició, de Lluís Llort (Clandestina).
  • Abans més que Encara, de Miquel de Palol (Navona).
  • Els crits, de Víctor Recort (L’Altra Editorial).
  • Escenaris, de Toni Sala (L’Altra Editorial).

Estas obras, procedentes de nueve editoriales diferentes, reflejan tanto el peso de sellos consolidados como el empuje de proyectos independientes. La presencia de editoriales como Club Editor, Proa, Edicions de 1984 o L’Altra Editorial convive con otras propuestas que, en conjunto, revelan la buena salud del sector.

Detrás de esta lista hay un proceso de lectura y deliberación llevado a cabo por el comité de selección del Premio Òmnium, que examina las novelas publicadas dentro del periodo establecido y escoge aquellas que mejor representan el momento literario actual. La intención no es solo coronar a una ganadora, sino proponer un panorama amplio de obras de alto nivel.

Para lectoras y lectores, esta lista de finalistas funciona de hecho como una guía de lectura privilegiada, ya que cada título ha pasado por un filtro riguroso y comparte un denominador común: una apuesta clara por la calidad literaria en lengua catalana.

La Nit de les Lletres Catalanes y la gala en el MNAC

Otra de las grandes transformaciones recientes del premio es su integración plena en la Nit de les Lletres Catalanes, la gran cita anual con la literatura y la lengua catalana organizada por Òmnium Cultural. Hasta hace poco, esta celebración se conocía como Nit de Santa Llúcia y se realizaba tradicionalmente el 13 de diciembre.

En la nueva etapa, la gala se ha trasladado al mes de marzo y se ha rebautizado como Nit de les Lletres Catalanes. La edición en la que se entregará la novena convocatoria del premio se celebrará el 14 de marzo en la Sala Oval del Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC), en Barcelona, un escenario emblemático que subraya el vínculo entre arte, patrimonio y creación contemporánea.

El presidente de Òmnium Cultural, Xavier Antich, ha explicado que con este cambio se quiere dar más aire al certamen y convertir la gala en un evento «espectacular» que muestre la potencia del sector literario catalán. No se trata solo de entregar un premio, sino de ofrecer una radiografía pública del momento que atraviesa la literatura en catalán.

Durante los tres meses previos a la Nit de les Lletres Catalanes, Òmnium impulsa un recorrido de difusión de las obras nominadas, con presentaciones, clubes de lectura y actividades diversas. Este periodo de promoción busca que los títulos finalistas lleguen a más lectores antes incluso de conocerse el fallo definitivo.

En paralelo, la gala incorpora otros reconocimientos, como premios de cómic o de obra teatral, lo que contribuye a reforzar una visión transversal de la creación en catalán. En este marco compartido, el Premio Òmnium a la mejor novela del año actúa como uno de los ejes centrales de la noche.

Una radiografía de la literatura catalana actual

El discurso institucional alrededor del premio insiste en la idea de que la lista de finalistas ofrece una fotografía representativa de la vitalidad creativa en los llamados Països Catalans. Desde València hasta Girona, pasando por poblaciones como Sa Pobla, Terrassa o la propia Barcelona, la narrativa en catalán vive un momento de madurez y renovación simultáneas.

Según ha subrayado Xavier Antich, la selección de este año «demuestra una vez más la calidad literaria que aflora año tras año» en el conjunto del territorio de habla catalana. La diversidad geográfica, generacional y estilística de las personas nominadas refuerza esta impresión.

También se ha puesto en valor el esfuerzo de las editoriales, que en esta edición suman nueve sellos distintos entre las diez novelas. Esta dispersión editorial indica que la excelencia literaria no se concentra en un único grupo, sino que se distribuye entre proyectos de distinto tamaño y orientación, algo que contribuye a hacer el sistema más plural.

El premio, en definitiva, funciona como un observatorio privilegiado desde el que asomarse a las tendencias de la narrativa en catalán: la presencia de voces consolidadas convive con autores y autoras que, gracias a la nominación, ganan un reconocimiento que puede impulsar decisivamente su carrera.

Para el público lector, el interés del galardón va más allá del simple anuncio del ganador. Seguir el listado de obras nominadas, las actividades de difusión y las opiniones del jurado permite hacerse una idea bastante precisa del tipo de literatura que se está escribiendo y publicando hoy en catalán.

Orígenes y evolución del Premio Òmnium

El Premi Òmnium a la Millor Novel·la de l’Any nació en 2017 con una ambición clara: crear un gran premio de novela en catalán que pudiera equipararse, salvando las distancias de mercado, a reconocimientos tan influyentes como el Premio Goncourt en Francia o el Booker en el ámbito anglosajón.

Desde el principio, Òmnium Cultural planteó el galardón no solo como un instrumento de prestigio simbólico, sino como una herramienta práctica para reforzar el tejido literario en catalán. Por eso, además de la dotación económica, se puso énfasis en la promoción, la traducción y la circulación internacional de las obras premiadas.

A lo largo de sus primeras ediciones, el premio ha ido ajustando su formato, pero ha mantenido una constante: centrarse en la calidad literaria antes que en los fenómenos estrictamente comerciales. El cambio reciente hacia una lista de diez nominadas responde a esa misma lógica de ampliar el foco y ofrecer más visibilidad al conjunto del sector.

La evolución de la ceremonia también ha sido significativa. Lo que en un inicio se enmarcaba en la tradicional Nit de Santa Llúcia ha acabado integrándose en una gala renovada, la Nit de les Lletres Catalanes, con más premios y un planteamiento escénico pensado para llegar a un público amplio, tanto presencial como a través de los medios.

Con estos ajustes, Òmnium Cultural busca que el premio no se quede en un acontecimiento aislado, sino que forme parte de una estrategia continuada de impulso a la literatura en catalán, conectando autores, editoriales, librerías, bibliotecas y, por supuesto, lectores.

Ganadores de ediciones anteriores

El palmarés del Premio Òmnium a la mejor novela del año reúne a algunas de las voces más destacadas de la narrativa catalana reciente. Desde 2017, el galardón ha recaído en obras que han tenido una amplia repercusión crítica y lectora, reforzando la imagen de exigencia y prestigio asociada al certamen.

Estos son los títulos y autores que han obtenido el premio desde su creación:

2017 – Els estranys, de Raül Garrigasait.

2018 – Aprendre a parlar amb les plantes, de Marta Orriols.

2019 – L’esperit del temps, de Martí Domínguez.

2020 – Boulder, de Eva Baltasar.

2021 – Junil a les terres dels bàrbars, de Joan-Lluís Lluís.

2022 – Ràbia, de Sebastià Alzamora.

2023 – La mestra i la bèstia, de Imma Monsó.

2024 – Cavall, atleta, ocell, de Manuel Baixauli.

La presencia de nombres como Eva Baltasar, Sebastià Alzamora o Imma Monsó confirma que el jurado ha sabido identificar obras llamadas a tener un largo recorrido dentro del canon contemporáneo. Muchas de ellas se han traducido a otras lenguas y se han consolidado también fuera del ámbito estrictamente catalán.

Al mismo tiempo, el premio ha servido para impulsar trayectorias que, aunque ya estaban bien valoradas en el entorno literario, han ganado un público mucho más amplio gracias a la visibilidad que proporciona el galardón. Este efecto arrastre no solo beneficia a las novelas ganadoras, sino también a las restantes finalistas.

Con la combinación de una dotación económica potente, una selección exigente de diez novelas finalistas y una gala de alto perfil en la Nit de les Lletres Catalanes, el Premio Òmnium a la mejor novela del año se ha consolidado como uno de los grandes termómetros de la narrativa en catalán. Para quienes se interesan por lo que se está escribiendo ahora mismo en esta lengua, seguir la evolución del certamen y su lista de obras nominadas se ha convertido casi en una cita obligada del calendario cultural.


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Ken Follett, la escritura frente a la inteligencia artificial y un futuro sin retirada a la vista

Isaac

Ken Follett escritor

La figura de Ken Follett se ha convertido en sinónimo de éxito literario a escala global. No solo es uno de los autores más leídos del mundo, sino que, además, su nombre aparece inevitablemente asociado a la idea de bestseller, ventas millonarias y lectores fieles repartidos por todos los continentes.

Para muchos aficionados a la lectura, podría ser casi un sueño ponerse en la piel de Follett: no tener que preocuparse por la cuenta bancaria y saber que cada nueva novela tiene muchas papeletas para convertirse en un fenómeno editorial. Sin embargo, detrás de esa imagen de éxito hay un escritor veterano que sigue muy pegado a la realidad, atento a los cambios tecnológicos y, sobre todo, absolutamente comprometido con su oficio.

Un autor que tocó techo con «Los pilares de la Tierra» y sigue en plena forma

Follett alcanzó una notoriedad difícil de igualar con Los pilares de la Tierra, la novela histórica ambientada en la Edad Media con la que superó los 50 millones de ejemplares vendidos desde su publicación a finales de los años ochenta. Ese título lo consagró definitivamente en Europa, especialmente en países como España, donde el libro sigue reeditándose y sumando nuevas generaciones de lectores.

Lejos de vivir del recuerdo de aquel éxito, el autor galés continúa ampliando su obra. En fechas recientes ha presentado El círculo de los días, su nuevo libro, publicado ya en el mercado español, que demuestra que su interés por las grandes tramas históricas y los personajes complejos permanece intacto. En torno a este lanzamiento ha ofrecido diversas entrevistas en Europa, en las que ha dejado ver tanto su manera de trabajar como su punto de vista ante los retos actuales de la creación literaria.

Durante una de estas conversaciones, surgió inevitablemente la cuestión de la edad y la posibilidad de una retirada. A sus 76 años, sería lógico pensar en una última novela que pusiera el broche final a una carrera tan extensa. Sin embargo, Follett se mostró muy claro al respecto: no tiene intención de dejar de escribir mientras la salud y la cabeza se lo permitan.

Él mismo reconoce que, tarde o temprano, el cuerpo impondrá sus límites. Podría enfermar o simplemente no mantener el ritmo de trabajo de antaño. Pero, por voluntad propia, no contempla aparcar la pluma. Para Follett, la escritura no es únicamente un medio de vida: es una forma de seguir explorando el mundo, de relacionarse con los lectores y de mantenerse creativo, algo que considera esencial en su día a día.

Ken Follett autor de bestsellers

Disciplina férrea y pasión por el trabajo diario

Si algo caracteriza a Ken Follett es su disciplina casi metódica. Él mismo ha explicado en innumerables ocasiones que sus jornadas empiezan temprano, reservando las primeras horas del día a escribir con la máxima concentración. Solo después atiende entrevistas, compromisos promocionales u otras tareas.

Esta rutina sostenida en el tiempo le ha permitido mantener un ritmo constante de publicación y construir una carrera muy prolífica. A pesar del paso de los años, continúa aplicando la misma fórmula: tiempo de calidad frente a la página, una planificación muy precisa de cada novela y la voluntad de revisar y reescribir hasta dar con el tono adecuado.

En sus declaraciones recientes, Follett deja entrever que, a cuatro años de cumplir los 80, su energía creativa sigue viva. El cansancio lógico de una carrera tan larga no parece pesar más que el placer que le produce imaginar tramas, levantar mundos ficticios y dar voz a sus personajes. Esa combinación de rigor y disfrute es, en buena medida, la que explica su vigencia en el panorama literario europeo.

Para su público, esta actitud es una buena noticia: salvo imprevistos, pueden esperar nuevas historias firmadas por él durante más tiempo. El propio Follett insiste en que, mientras siga encontrando interesante y «divertido» el proceso de escribir, no se ve colgando las teclas ni anunciando una última obra solemne.

Ken Follett frente a la inteligencia artificial: curiosidad, pero sin miedo

En paralelo a las preguntas sobre su futuro profesional, otra cuestión inevitable en las entrevistas actuales es el papel de la inteligencia artificial en la literatura. La irrupción de herramientas capaces de generar texto ha abierto un debate intenso en el sector editorial europeo, y Follett no ha permanecido al margen.

En una conversación con periodistas, el autor recordó un experimento que realizó en 2023: pidió a una IA que escribiera el primer capítulo de una novela «de Ken Follett». El resultado fue, en sus propias palabras, decepcionante. Había elementos reconocibles de su universo creativo —un escudero, una aldea, una guerra lejana que se avecinaba—, es decir, rasgos superficiales de su estilo. Sin embargo, el texto le pareció muy mal escrito y carente de la complejidad que él busca en sus obras.

Más recientemente, otra periodista le mostró el inicio de una novela generada de nuevo por una IA con un encargo similar. Follett admitió que el resultado era algo mejor que el de hace un par de años, lo que demuestra que la tecnología está avanzando deprisa. No obstante, su veredicto sigue siendo claro: el nivel alcanzado aún está lejos de lo que él considera una buena narración.

Esta experiencia le lleva a una conclusión que ha repetido en distintas ocasiones: sigue tranquilo porque, a su juicio, la inteligencia artificial no está preparada para escribir un libro realmente sólido. Puede imitar patrones, pero no llega a capturar la profundidad, la tensión narrativa y los matices emocionales que él asocia a la buena literatura.

La clave está en romper las reglas (y por eso la IA se queda corta)

Para Follett, el verdadero corazón del trabajo literario se encuentra en saber cuándo y cómo romper las reglas. Reconoce que, como cualquier escritor, trabaja con ciertas convenciones: estructuras reconocibles, ritmos, giros clásicos del thriller o de la novela histórica. Pero subraya que muchas de las obras que han marcado época lo han hecho precisamente porque se atrevieron a salirse del guion.

En sus reflexiones suele citar el caso de Chacal, de Frederick Forsyth. Esa novela sobre un asesino a sueldo supuso un antes y un después en el género de suspense. Hasta entonces, el tratamiento de determinados elementos técnicos —como el arma utilizada— era bastante genérico en la ficción popular.

Forsyth rompió con esa costumbre y optó por un nivel de detalle minucioso: describió con precisión el tipo de pistola, la munición, el alcance y otros aspectos técnicos que daban a la historia una sensación de realismo inusual en su momento. Esa decisión, fruto de una documentación exhaustiva, fue contra la corriente de lo que se esperaba en una novela de entretenimiento, y, a juicio de Follett, ahí radica parte de su fuerza.

A partir de ese ejemplo, el escritor galés defiende que el gran valor de un creador reside en identificar qué normas conviene respetar y cuáles merece la pena quebrar para lograr algo nuevo. Considera que, por muy sofisticados que sean, los sistemas de inteligencia artificial funcionan reproduciendo patrones ya existentes y, por tanto, tienden a reforzar las reglas en lugar de subvertirlas.

De ahí que Follett se muestre escéptico sobre la capacidad de estas herramientas para generar auténtica innovación literaria. Sospecha, como ha llegado a decir con contundencia, que la IA nunca tendrá la inteligencia suficiente para escribir un buen libro en el sentido pleno del término, es decir, uno que sorprenda de verdad al lector y proponga una mirada distinta sobre la realidad.

La creatividad humana como experiencia irrepetible

Detrás de este escepticismo no hay un rechazo absoluto a la tecnología, sino una defensa de la creatividad humana como algo profundamente ligado a la experiencia personal y a los orígenes de la escritura. Follett subraya que cada escritor arrastra su historia, su contexto cultural, su educación, sus relaciones y sus emociones, y que todo eso se filtra en lo que escribe de manera imposible de programar.

En su opinión, la imaginación no funciona solo como un algoritmo que combina datos; está atravesada por recuerdos, vivencias, temores y deseos que dotan de matices a los personajes y a las tramas. Esa combinación de contexto vital y toma de decisiones conscientes —incluida la elección de qué reglas romper— es lo que, según él, marca la diferencia entre un texto correcto y una obra que deja huella.

La literatura, en este sentido, no se limita a ordenar palabras con coherencia. Para Follett, tiene que ver con transmitir una determinada visión del mundo, con hacer que el lector se identifique o se confronte con los dilemas de los protagonistas. Y eso exige un tipo de sensibilidad y de juicio que, considera, las máquinas no poseen.

Este enfoque resulta especialmente relevante en Europa, donde la tradición literaria, la pluralidad de lenguas y la memoria histórica conforman un caldo de cultivo muy rico. Autores como Follett, que sitúan parte de sus novelas en escenarios europeos, dialogan con esa herencia cultural y la reinterpretan para los lectores actuales, algo difícil de replicar con herramientas automáticas.

La IA como herramienta auxiliar, no como sustituta

Pese a todo, Ken Follett no demoniza la inteligencia artificial. De hecho, ha reconocido en más de una ocasión que puede resultar útil como apoyo en determinadas fases del trabajo del escritor. Señala, por ejemplo, que las capacidades de búsqueda y síntesis de información de estas tecnologías pueden agilizar la documentación previa o servir para organizar materiales.

En el ámbito de la corrección o del estilo, también admite que ciertas herramientas automáticas pueden ayudar a detectar errores, repeticiones o problemas de claridad, siempre que el autor mantenga la última palabra. Es decir, concibe la IA como un asistente que sugiere, pero no decide.

Follett insiste en que, en estos momentos, la IA es especialmente eficaz en tareas de velocidad y eficiencia, como generar borradores rápidos o proponer variaciones sobre un mismo texto. Sin embargo, el punto en el que, a su juicio, queda más rezagada es el de la construcción de historias con verdadero pulso emocional y un sentido claro del riesgo creativo.

Desde esta perspectiva, su mensaje para los escritores que miran con inquietud la tecnología es relativamente tranquilizador: la clave para seguir siendo relevantes está en cultivar precisamente aquello que las máquinas no pueden copiar, como la voz propia, la capacidad de observación y el coraje para experimentar con las formas narrativas.

Así, mientras el debate sobre la inteligencia artificial sigue abierto en el mundo del libro, Ken Follett continúa escribiendo con la misma disciplina de siempre, confiado en que la combinación de experiencia, sensibilidad y ganas de romper moldes seguirá marcando la diferencia. Con nuevos títulos como El círculo de los días ya en las librerías y sin planes de retirada, su presencia en el panorama literario europeo parece asegurada durante bastante tiempo, y su visión sobre la creatividad y la tecnología se perfila como una referencia para lectores y autores que intentan orientarse en este nuevo escenario.


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Abrapalabra, el gran festival de literatura infantil y juvenil en Madrid

Isaac

Festival Abrapalabra 2025 en Madrid

Abrapalabra vuelve a Madrid como uno de los encuentros más potentes dedicados a la literatura infantil y juvenil, con una segunda edición que consolida al festival como cita de referencia para familias, profesionales del libro y amantes de las historias. Durante diez días, la capital se transforma en un gran escenario lector donde palabra, imagen y música se dan la mano.

Bajo el lema «Escrito está en el cielo», la propuesta de este año gira en torno a la relación entre los relatos y el firmamento, recuperando esa mirada antigua en la que el cielo funcionaba casi como un libro abierto. La directora artística, Ana Cristina Herreros, insiste en esa idea de que la primera forma de lectura tuvo que ver con las estrellas, las nubes, el viento o el canto de los pájaros, y el festival se articula precisamente para invitar a leer lo visible y también lo que no se ve a simple vista.

El proyecto está impulsado por la Fundación Montemadrid y La Fábrica, con el respaldo del Ministerio de Cultura, la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento, además de diversas embajadas e institutos culturales europeos. La Casa Encendida es el epicentro de la programación, aunque este año el festival se despliega también hacia otros espacios de la ciudad, como Conde Duque, centros educativos, bibliotecas y sedes culturales en distintos barrios.

La cita se celebra a lo largo de diez días intensos, combinando actividades en La Casa Encendida con propuestas repartidas por Madrid. En los primeros días, el foco está sobre todo en las familias y la primera infancia, mientras que en la recta final se refuerza el bloque juvenil y los encuentros profesionales. Con más de un centenar de actividades entre talleres, espectáculos, recorridos guiados, narraciones orales y laboratorios creativos, el programa está pensado para que cada franja de edad encuentre su hueco.

Otro de los rasgos distintivos de Abrapalabra es la dimensión social del proyecto. Más allá de las salas habituales, el festival viaja a colegios, centros de mayores, bibliotecas de barrio, un centro penitenciario y recursos de acogida municipal, generando cruces entre lectores muy distintos. En esos espacios, la literatura se convierte en una excusa para conversar, dibujar, escribir cartas o replantear mitos clásicos desde la experiencia cotidiana.

Autores invitados y referentes internacionales de la literatura infantil y juvenil

Entre los nombres más reconocidos figuran la ilustradora Violeta Lópiz, Premio Nacional de Ilustración 2025 y autora de la imagen gráfica de esta edición, o la escritora Beatriz Giménez de Ory, Premio Nacional de Literatura Infantil 2021. El festival también cuenta con la participación de Juan Gómez-Jurado y Bárbara Montes, responsables de la popular saga «Amanda Black», que ofrecerán un taller específico dirigido a jóvenes lectores interesados en conocer cómo se construye una historia de aventuras.

La presencia internacional se refuerza con creadoras como la artista holandesa Karina Schaapman, conocida por el universo de «Sam & Julia – La Casa de los Ratones», que se ha convertido en un referente dentro del álbum ilustrado. A ella se suman autoras como la estonia Ulla Saar, la belga Kitty Crowther (premiada con el Astrid Lindgren Memorial Award), la noruega Kristin Roskifte o la ilustradora y escritora Bea Lema, Premio Nacional de Cómic 2024, entre otros nombres destacados del ámbito europeo.

En el plano nacional, el cartel se completa con voces como Mónica Rodríguez, Gustavo Martín Garzo (Premio Nacional de Literatura Infantil 2004), Gabriel Pacheco y una nutrida representación de ilustradores y narradores orales que trabajan con públicos muy diversos. La idea no es solo firmar libros, sino propiciar un diálogo real entre creadores, lectores y mediadores (profesorado, bibliotecarios, libreros, familias), con conversaciones abiertas y talleres participativos.

Además de los encuentros de carácter más divulgativo, Abrapalabra incluye un bloque de actividades para profesionales del sector del libro infantil y juvenil. Se han previsto charlas, mesas de trabajo y un taller específico sobre álbum ilustrado, coordinado por la ilustradora Beatriz Martín Vidal, donde se abordarán tanto cuestiones narrativas como aspectos de edición, ilustración y circulación internacional de la obra.

La neurocientífica Nazareth Castellanos también se suma al programa con un taller dirigido a niños en el que explora la relación entre ritmo, respiración y cerebro, mostrando de forma accesible cómo el cuerpo funciona como una especie de orquesta interior que conviene aprender a afinar. Este cruce entre ciencia, juego y relato encaja con la voluntad del festival de mezclar disciplinas sin perder de vista al público infantil.

Un lema que mira al cielo: literatura, cosmos e imaginación compartida

El eje «Escrito está en el cielo» funciona como hilo conductor de todo el festival. No se limita a un eslogan, sino que se materializa en actividades que toman el firmamento como punto de partida para investigar la fragilidad, los deseos, el paso del tiempo o los miedos compartidos. En palabras de Ana Cristina Herreros, lo primero que aprendimos a leer quizá no fueron las letras, sino los movimientos de las estrellas y las formas cambiantes de las nubes.

Con esa idea en mente, buena parte de la programación propone ejercicios de lectura de lo visible y de lo invisible. Se recuperan mitos celestes y figuras legendarias para dialogar con la realidad actual, se improvisan cielos inventados en talleres para niñas y niños y se plantean actividades donde la observación, el dibujo y la narración se mezclan sin demasiadas fronteras. La consigna es sencilla: animar a mirar hacia arriba, pero también hacia dentro, con la ayuda de los libros.

El festival se abre oficialmente en el patio de La Casa Encendida con el espectáculo «Lo que el cielo cuenta», una propuesta donde se combinan relatos orales, música en directo e ilustración en vivo. En escena estarán el narrador Héctor Urién, el músico Lisandro Mansilla y la ilustradora María Pascual de la Torre, encargados de dar forma a una sesión en la que mitos estelares, constelaciones imaginarias y personajes legendarios van encajando sobre la marcha.

Otra de las piezas clave de este hilo temático es la instalación «Rumbos imaginarios», firmada por Elena Val. Surge a partir del taller «El cielo lo hacemos entre todas», en el que cada participante diseña un planeta propio, su nave y las herramientas necesarias para alcanzar sus metas. Todo ese material acaba configurando una intervención expositiva que funciona como mapa colectivo de deseos y trayectorias vitales.

En el exterior del edificio, el proyecto participativo «El cielo siempre es azul», de la ilustradora noruega Kristin Roskifte, se va construyendo día a día con los dibujos y aportaciones del público sobre diversidad, convivencia y futuros posibles. No se trata solo de decorar un muro, sino de dejar constancia gráfica de cómo imaginan el mundo quienes se acercan al festival.

Instalaciones, exposiciones y espacios inmersivos en La Casa Encendida

Uno de los grandes atractivos de Abrapalabra es la apuesta por instalaciones artísticas que convierten la lectura en experiencia física y sensorial. La más comentada es «Microcosmos», creada por Violeta Lópiz junto al estudio Gheada, con el apoyo del Institut d’Estudis Baleàrics. En esta propuesta, una sala expositiva de La Casa Encendida se transforma en un entorno inmersivo de luz, sonido y observación de lo diminuto, que invita a pasear, detenerse y mirar los detalles.

La propia Lópiz dirige también el taller familiar «La respuesta está en el viento», pensado para niñas y niños a partir de tres años. En él, los participantes crean pájaros de papel y otros materiales ligeros que acaban formando una bandada colectiva, casi como si el aire fuera otro lienzo donde seguir escribiendo historias. Es una actividad sencilla pero cargada de simbolismo, que conecta con las reflexiones del festival sobre el cielo, el movimiento y lo efímero.

La artista holandesa Karina Schaapman presenta una de sus miniaturas de «La Casa de los Ratones», traída al festival con el apoyo de la Embajada de los Países Bajos y el Nederlands Letterenfonds. La pieza permite asomarse al trabajo minucioso que hay detrás de sus libros, con habitaciones diminutas llenas de objetos que cuentan historias por sí solos. Además, Schaapman ofrece una visita guiada para familias en la que explica el proceso artesanal y narrativo de su obra.

Junto a estas propuestas, Abrapalabra incluye un rincón de lectura inclusivo donde se han seleccionado títulos accesibles, una zona de mesas de firmas y un programa de visitas guiadas a las distintas exposiciones. Parte de las narraciones incluye interpretación en lengua de signos, de modo que más personas puedan seguir los relatos sin barreras comunicativas.

El patio, las salas y los pasillos del edificio se llenan además de intervenciones colectivas y pequeños dispositivos creativos que obligan a cambiar el paso: desde composiciones de collage hasta murales colaborativos, pasando por estaciones donde el público puede dejar mensajes, dibujos o fragmentos de historias. El edificio se convierte, durante esos días, en una suerte de libro tridimensional en constante reescritura.

Propuestas para todas las edades: de bebés a lectores juveniles y adultos

Uno de los objetivos declarados de Abrapalabra es que nadie se quede fuera por cuestión de edad. La programación se ha diseñado con franjas específicas, pero también con actividades pensadas para disfrutar en familia sin necesidad de separar a pequeños y mayores. De ahí que convivan espectáculos para bebés, talleres para adolescentes y encuentros para adultos interesados en la literatura infantil y juvenil.

Para la primera infancia, se han programado espectáculos dirigidos a bebés de 0 a 3 años, con aforos reducidos y una atención especial al ritmo, la luz y el sonido. Son propuestas delicadas, pensadas para que los más pequeños se aproximen a la palabra y la música de forma suave, y para que las familias tengan un espacio compartido sin prisa ni ruido excesivo.

A medida que sube la edad, surgen laboratorios de lectura, talleres de creación de fanzines, espacios de narración oral en vivo y podcasts grabados ante el público. En estos formatos, los chicos y chicas pueden experimentar con la escritura, la ilustración y la puesta en voz de sus propios relatos, acompañados por profesionales que les ayudan a afinar las ideas y darles forma narrativa.

Para el público juvenil, destaca un bloque centrado en el proceso creativo de la narrativa de género, con la presencia de autores como Juan Gómez-Jurado y Bárbara Montes, que comparten con lectores jóvenes cómo se construyen personajes, tramas y mundos de ficción. También se organizan talleres específicos de ilustración, como el que lidera la estonia Ulla Saar, en el que se invita a diseñar llaves imaginarias y objetos simbólicos que funcionan como puerta de entrada a distintas historias.

El público adulto cuenta con un programa de encuentros, charlas y mesas redondas con autores, editores, libreros y otros profesionales. Estos espacios sirven para reflexionar sobre el estado actual del libro infantil y juvenil en España y Europa, los retos de la mediación lectora o las tendencias en el terreno de la ilustración contemporánea. Para quienes trabajan con niños y jóvenes en escuelas, bibliotecas o proyectos sociales, el festival se convierte también en un laboratorio de ideas y recursos.

«Un autor en la maleta» y la dimensión social del festival

Más allá de La Casa Encendida, Abrapalabra despliega un programa que conecta barrios, escuelas y colectivos vulnerables. Una de las iniciativas más significativas es «Un autor en la maleta», que comenzó a rodar semanas antes del arranque oficial del festival y que sigue activo durante estos días.

El proyecto consiste en una maleta que viaja por colegios de primaria y secundaria, cargada con una selección de siete libros. Esa misma maleta se hace llegar también a centros de mayores y otros recursos comunitarios del mismo distrito, de modo que personas de distintas edades y realidades puedan leer los mismos títulos casi en paralelo.

Entre los libros que forman parte del recorrido aparecen obras como «Pájaro», de Beatriz Martín Vidal, que sirve de base para un intercambio entre internos del centro penitenciario de Soto del Real (Madrid V) y estudiantes de 4º de la ESO del instituto del municipio. A partir de la lectura, se organiza una actividad conjunta para conversar sobre las imágenes, los silencios del libro y las interpretaciones personales que surgen en cada grupo.

También se trabaja con «Ícaro», de Irene Zottola, en un encuentro entre alumnado del Instituto Lope de Vega y personas mayores del club de lectura de Chamberí, con cita en la biblioteca Pérez Galdós del Conde Duque. En este caso, los jóvenes han preparado poemas y reescrituras del mito, mientras que los mayores han elaborado sus propias versiones del relato de Ícaro, generando un diálogo intergeneracional en torno a la caída, el límite y el deseo de ir más allá.

Otro de los títulos que viaja en la maleta es «El hijo del astronauta», de Elena Val, una historia que aborda la ausencia, la separación familiar y la imaginación de un niño que se inventa que su padre es astronauta para darle sentido a lo que no entiende. Esa mezcla de realidad y fantasía encaja perfectamente con el enfoque del festival, que no elude los temas complejos, pero los trabaja desde la delicadeza.

El dispositivo de «Un autor en la maleta» se completa con cartas, dibujos y pequeñas piezas artísticas que se cruzan entre los distintos grupos participantes. El objetivo es que los lectores no se limiten a consumir historias, sino que respondan, dialoguen y se reconozcan en las miradas de otros. Para muchas personas que no suelen acercarse a festivales literarios, esta puede ser la puerta de entrada a la experiencia Abrapalabra.

Talleres, laboratorios y experiencias creativas en colaboración con otras sedes

La segunda edición de Abrapalabra no se queda solo en La Casa Encendida. El festival se amplía a otros espacios culturales de Madrid, como Conde Duque —bajo el paraguas de Contemporánea Condeduque— y Casa San Cristóbal, además de colaborar con iniciativas de ámbito comercial y social que se suman al proyecto.

En Casa San Cristóbal, dependiente también de la Fundación Montemadrid, la ilustradora Elena Hormiga imparte el laboratorio «Todo empieza con una línea», un Mini Lab de creatividad desarrollado con tecnología BIC Kids. La propuesta anima a explorar el trazo, el gesto y la narración visual desde lo más sencillo, partiendo de la idea de que cualquier dibujo, por complejo que parezca, nace de una línea.

En el ámbito de la ilustración, la artista Kitty Crowther propone un taller dedicado a inventar cielos y paisajes imaginarios con niñas y niños, mientras que Marta Conejo se centra en el diseño de dragones inspirados en personajes literarios. Por su parte, el ilustrador y terapeuta polaco Marcin Minor guía una sesión para crear mundos imaginarios a partir de manchas y salpicaduras de color, poniendo el acento en la libertad del gesto y la interpretación.

El festival da también espacio a jóvenes ilustradores de la Escuela Artediez, que organizan minitalleres continuos de collage, plegado y diseño abiertos a todo tipo de públicos. Son actividades pensadas para quienes se acercan sin una idea clara de qué hacer y descubren, casi por casualidad, que pueden construir pequeñas historias con papel, tijeras y pegamento.

Además, Abrapalabra incorpora una serie de experiencias donde palabra, música y cine se entrelazan. Se programa una verbena literaria con música en directo para toda la familia, una sesión musical pensada para niños y niñas y un ciclo de cine dedicado a la animación contemporánea portuguesa, que permite conocer otras formas de contar desde la imagen en movimiento.

En paralelo, se han previsto varios podcasts en vivo que se grabarán con público y se distribuirán posteriormente en plataformas digitales, ampliando así el alcance del festival más allá de quienes pueden asistir en persona. En estos registros en directo participan autores invitados, mediadores de lectura y especialistas en literatura infantil y juvenil, con conversaciones sobre cómo se construyen los catálogos, qué temas preocupan a los jóvenes lectores y cómo se cruzan hoy la oralidad y lo digital.

Participación de librerías y encuentros con autores en otros espacios

Durante los días que dura el festival, La Casa Encendida alberga una librería efímera coordinada por El Corte Inglés, donde se pueden encontrar los títulos de los autores participantes y una cuidada selección de obras infantiles y juveniles. No se trata solo de un punto de venta, sino también de un lugar donde se celebran encuentros con autores, sesiones de narración y pequeños talleres, acercando todavía más los libros a los asistentes.

En este espacio de lectura y compra, las familias pueden hojear los catálogos, pedir recomendaciones y descubrir álbumes ilustrados, cómics, narrativa juvenil y propuestas híbridas que mezclan texto e imagen. Algunas de las actividades están dirigidas a lectores ya habituales, pero otras se centran en quienes están empezando a engancharse a la lectura, con dinámicas sencillas que reducen barreras y miedos.

La colaboración con El Corte Inglés se extiende también a la sala de Ámbito Cultural del centro de Castellana, donde se organiza un taller de creación de personajes con la ilustradora Helena Bonastre. Tomando como referencia su novela ilustrada «Caperucita en Manhattan», la autora propone a chicos y chicas de entre 10 y 12 años inventar personajes propios, trabajar sus rasgos y pensar cómo encajarían en distintas historias. Para asistir es necesario inscribirse previamente, y la sesión combina explicaciones técnicas con momentos de dibujo libre y asesoramiento personalizado.

En conjunto, estas actividades complementarias refuerzan la idea de que el ecosistema del libro infantil y juvenil abarca bibliotecas, escuelas, editoriales, espacios culturales y también comercios. Abrapalabra aprovecha esta red para multiplicar los puntos de encuentro entre creadores y lectores, de manera que el festival se perciba en distintos rincones de la ciudad, no solo en su sede central.

Al cierre de esta segunda edición, Madrid se convierte por unos días en un mapa lleno de libros, talleres, exposiciones y voces que conviven en torno a la infancia y la juventud. Abrapalabra 2025 apuesta por una literatura que se escucha, se mira y se toca, que entra en los colegios y en las cárceles, en las bibliotecas de barrio y en los patios de los centros culturales. El cielo, los mitos, las miniaturas y los laboratorios de lectura funcionan como excusas para hablar de compañía, imaginación y cuidado, reforzando una idea sencilla pero poderosa: cuando las historias se comparten, los territorios que habitamos se vuelven un poco más habitables para todos.


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Premio Zenda de Honor a Vila-Matas: un reconocimiento a medio siglo de innovación literaria

Isaac

Premio Zenda de Honor a Enrique Vila-Matas

El Premio Zenda de Honor, uno de los reconocimientos literarios más recientes pero ya muy influyentes en el panorama en español, ha recaído en su segunda edición en Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948). El escritor catalán, autor de títulos de referencia como Historia abreviada de la literatura portátil o Bartleby y compañía, se consolida así como una figura central de la narrativa europea contemporánea.

Según el jurado, el galardón distingue a un autor que lleva alrededor de medio siglo cuestionando las formas tradicionales de contar historias, desdibujando fronteras entre géneros y jugando con la autoficción, el ensayo y la metaliteratura. El premio llega en un momento especialmente activo de su carrera, en el que acaba de sumar a su obra el libro Canon de cámara oscura.

Un creador que rompe las rutinas literarias

La organización de los premios, impulsados por la revista literaria Zenda, define a Vila-Matas como «un creador que ha desafiado desde hace medio siglo las convenciones y rutinas literarias». Su trabajo ha ido construyendo, libro a libro, un territorio propio dentro de la literatura en español, donde la ironía, la reflexión sobre la escritura y el juego intertextual conviven con una mirada muy personal sobre la realidad.

Más allá de su obra concreta, el jurado ha querido subrayar la coherencia y riesgo sostenido de su trayectoria. Vila-Matas ha mantenido una escritura que huye del acomodo, incluso cuando eso implicaba alejarse de tendencias comerciales o de expectativas más previsibles. En el contexto europeo, se le suele leer como una de las voces que mejor ha explorado la difusa frontera entre ficción y ensayo.

El premio Zenda de Honor se sitúa, además, en una línea de reconocimientos que ponen el acento en la aportación estética e intelectual de los autores, más que en el éxito inmediato de ventas. De ahí que la organización recalque que se trata de un galardón cuyo valor se mide sobre todo en términos de prestigio y de influencia cultural.

El anuncio de la elección de Vila-Matas se ha recibido como una decisión natural y casi incontestable dentro del ámbito literario español. De hecho, los responsables de los premios han destacado que el nombre del escritor barcelonés surgió con rapidez en las deliberaciones, sin generar debate ni fisuras entre los miembros del jurado.

Arturo Pérez-Reverte y el valor simbólico del premio

El encargado de hacer público el fallo ha sido Arturo Pérez-Reverte, fundador de Zenda, que comunicó la decisión del jurado en un acto celebrado en Madrid, en espacios tan ligados a la tradición literaria como el Café Varela. Durante el anuncio, el académico subrayó no solo la trayectoria de Vila-Matas, sino también el contexto en el que nacen y se consolidan estos galardones.

Pérez-Reverte insistió en que los Premios Zenda quieren ser un espacio alejado de la crispación y de la pugna partidista que tantas veces rodea la vida pública española. Habló sin rodeos de unos «tiempos de polarización y navajeo», en los que la sociedad parece organizada en trincheras enfrentadas. Frente a esa dinámica, destacó el hecho, poco habitual, de reunir a representantes de múltiples medios culturales en torno a decisiones consensuadas.

Según sus palabras, lograr que periodistas de prácticamente todo el espectro mediático español se sienten a hablar de libros, discutan, discrepen y aun así alcancen un fallo unánime supone casi una rareza. Esa armonía convierte, a su juicio, al Premio Zenda de Honor en algo más que un simple reconocimiento: un ejemplo de cómo la cultura puede seguir funcionando como espacio de encuentro.

El escritor explicó que, en este marco, el premio «tiene para nosotros un valor especial», porque demuestra que todavía es posible construir consensos en torno a la calidad literaria, más allá de bandos ideológicos. También remarcó que la dotación de estos galardones no se mide en dinero, sino en prestigio, y que el objetivo es fortalecer el ecosistema literario en España y, por extensión, en el ámbito hispanohablante.

Un jurado que representa a la prensa cultural española

Uno de los rasgos más distintivos de los Premios Zenda es la composición de su jurado. En esta segunda edición, la lista de miembros reúne a figuras destacadas del periodismo cultural que trabajan en algunos de los principales medios de comunicación españoles, tanto generalistas como especializados.

Entre ellos se encuentran nombres como Guillermo Altares (El País), Nuria Azancot (El Cultural de El Español), Pepa Blanes (Cadena SER), Laura Barrachina (colaboradora de Abril) y Jesús García Calero (ABC Cultural). Junto a ellos, participan también Irene Hernández Velasco (El Confidencial), Antonio Lucas (poeta y periodista en El Mundo), el escritor y columnista Alberto Olmos, Javier Ors (La Razón), el crítico Santos Sanz Villanueva y Sergio Vila-Sanjuán (director de Cultura/s de La Vanguardia).

El funcionamiento del jurado se apoya, además, en dos figuras clave dentro de la propia revista Zenda: Álvaro Colomer, redactor jefe y secretario del jurado, y Leandro Pérez, director de Zenda y coordinador de las deliberaciones. Juntos, se encargan de articular un proceso en el que la diversidad de procedencias y sensibilidades no impide llegar a acuerdos sólidos.

En el caso concreto del Premio Zenda de Honor a Vila-Matas, los miembros del jurado coinciden en que la decisión fue clara desde el principio. Pérez-Reverte ha señalado que el nombre del autor barcelonés fue aceptado «sin que hiciera falta ni un minuto de discusión», algo que refuerza la idea de que su aportación a la literatura en español goza de un reconocimiento compartido.

Una constelación de galardones alrededor del Zenda de Honor

Aunque el reconocimiento a Enrique Vila-Matas es el más simbólico, el Zenda de Honor forma parte de un conjunto amplio de categorías que buscan retratar, en apenas una temporada, lo más relevante del trabajo literario, editorial y de fomento de la lectura. En total, los Premios Zenda distinguen diez ámbitos distintos, a los que se suma un galardón especial vinculado al sello Zenda-Edhasa.

En narrativa, el premio ha sido para Paco Cerdà por Presentes (Alfaguara), una obra descrita por el jurado como «una novela de no ficción que funciona como una especie de panóptico» desde el que el lector puede asomarse a la España de 1936. El libro, a caballo entre la crónica y la reconstrucción histórica, ha tenido también recorrido propio en otros premios nacionales.

En el ámbito poético, la elegida ha sido Chantal Maillard (Bruselas, 1951) por Poesía completa. 1988-2022 (Tusquets). El jurado destaca en ella una escritura que «estremece e impulsa» por su rigurosa depuración formal y por la capacidad de proponer al lector una experiencia estética y emocional poco común en la poesía contemporánea.

El Premio Zenda de Ensayo ha recaído en Anna Caballé (L’Hospitalet de Llobregat, 1954) gracias a Íntima Atlántida. Vida de Rosa Chacel (Taurus), una biografía que logra descifrar las claves de una de las personalidades más complejas de la cultura española del siglo XX. Se trata de un trabajo que combina investigación rigurosa y una mirada muy cercana a la figura de la escritora vallisoletana.

En literatura infantil y juvenil, el reconocimiento ha sido para Najat El Hachmi (Beni Sidel, Marruecos, 1979) con Los secretos de Nur (Destino), una novela dirigida a lectores jóvenes que, según el jurado, transmite un amor evidente por los libros y la escritura en cada página. La obra se enmarca en una tendencia creciente de propuestas que abordan, desde la ficción juvenil, temas como la identidad, el origen y la integración.

La categoría de Ópera Prima premia a Esther L. Calderón por Pipas (Pepitas de Calabaza), un debut que los evaluadores califican como una mezcla particularmente acertada de ternura, humor y escenarios de «bajos fondos». Esa combinación, destacan, genera una lectura adictiva y emocionalmente potente, que anuncia una voz nueva a la que seguir la pista.

El ámbito editorial también tiene su espacio en los Premios Zenda. El Premio Zenda Editorial ha sido para Libros del Asteroide, una casa que desde hace años viene revalorizando clásicos recientes y rescatando autores contemporáneos de enorme interés. Su catálogo se distingue por la apuesta sostenida por narrativa y ensayo de calidad, tanto de autores españoles como de otras lenguas, que han encontrado nuevos lectores gracias a su labor.

En cuanto a la traducción, la distinción recae en José María Micó (Barcelona, 1961), cuya trayectoria en el traslado al castellano de grandes clásicos italianos, como el Orlando furioso de Ariosto o La Divina Comedia de Dante, le ha otorgado un lugar destacado en la filología y la crítica en España. El jurado subraya el equilibrio que logra entre fidelidad al original y sensibilidad literaria en la lengua de llegada.

El Premio Zenda Librería distingue a Letras Corsarias, un establecimiento de Salamanca que se ha consolidado como referente cultural en la ciudad. Más allá de ser un punto de venta de libros, la librería se ha convertido en un espacio de encuentro intelectual, con presentaciones, clubes de lectura y actividades que refuerzan el tejido lector local.

En innovación, el galardón recae en eBiblio, el servicio de préstamo digital de las bibliotecas públicas españolas. El jurado valora su papel en la democratización del acceso a la lectura, no solo por la disponibilidad de miles de títulos, sino también por las selecciones, recomendaciones y colecciones temáticas que ofrece periódicamente a los usuarios.

Completa el palmarés el Premio Especial Zenda-Edhasa, un reconocimiento independiente ligado a la colección de Clásicos de Aventuras de Zenda-Edhasa. En esta edición ha ido a parar a Manuel Ángel Cuenca López, militar de carrera, divulgador histórico y editor, al frente de la web Zenda-Edhasa. La organización resalta que ha impulsado un espacio literario vibrante, actual y respetuoso con la tradición, donde los clásicos de aventuras vuelven a conectar con lectores de distintas generaciones.

Un proyecto literario con voluntad de prestigio

Los Premios Zenda, promovidos por la revista del mismo nombre, nacen con la intención de reconocer el trabajo literario y editorial desarrollado a lo largo de la temporada, así como iniciativas que impulsan la lectura en España. En apenas dos ediciones, se han hecho un hueco en el calendario cultural gracias a la combinación de un jurado especializado, una selección amplia de categorías y un enfoque centrado en la calidad.

La iniciativa cuenta con el apoyo de patrocinadores privados como Iberdrola y Banco Santander, que respaldan un proyecto en el que la retribución principal es el reconocimiento público. Pérez-Reverte recordó en la primera gala que «la dotación de estos premios, en vez de ser económica, se mide en prestigio», una orientación que se mantiene intacta en la segunda edición.

La fecha escogida para la entrega de los galardones de este año es el 13 de enero de 2026, en la Real Fábrica de Tapices de Madrid, un escenario cargado de simbolismo que repite como sede tras el estreno de los premios. Se trata de un espacio que refuerza la idea de continuidad entre tradición e innovación, algo que encaja con la figura de Vila-Matas y con muchos de los autores premiados.

Durante la ceremonia se hará entrega del Zenda de Honor a Enrique Vila-Matas y al resto de galardonados, en un acto que aspira a celebrar la diversidad de voces que componen hoy la literatura en español: desde la poesía y el ensayo hasta la narrativa de no ficción, la literatura juvenil o los proyectos digitales de acceso a libros.

Sin grandes estridencias ni despliegues pomposos, los Premios Zenda se están consolidando como un punto de encuentro para escritores, editores, traductores y lectores que buscan una conversación pausada en torno a los libros. El reconocimiento a Vila-Matas como Premio Zenda de Honor refuerza esa vocación: la de mirar hacia una obra que ha sabido llevar la contraria, explorar caminos poco transitados y demostrar que la literatura sigue siendo un espacio privilegiado para pensar, dudar y contar de otra manera.


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