Paloma Fernández Gomá recibe el máximo galardón de la Unión Nacional de Escritores

Isaac

Galardón Unión Nacional de Escritores

La Unión Nacional de Escritores de España (UNEE) ha otorgado por primera vez desde su creación su máxima distinción institucional, un gesto con el que la entidad literaria refuerza su defensa de la pluralidad lingüística y la diversidad cultural presentes en el país. El reconocimiento ha recaído, de forma compartida, en la historiadora y poeta Paloma Fernández Gomá, así como en la escritora y dramaturga Ana Julia Martínez Fariña, dos figuras muy vinculadas a la divulgación de realidades culturales diversas.

La concesión de la Medalla de San Isidoro de Sevilla, considerada el galardón más relevante de la UNEE, se materializó en un acto celebrado el pasado fin de semana en el salón noble de la Casa de Melilla en Málaga. El presidente de la Unión, el periodista y escritor melillense Juan Carlos Heredia, fue el encargado de imponer las medallas a las dos galardonadas ante una nutrida representación del movimiento cultural malagueño y de autores procedentes de diferentes provincias españolas.

Un acto institucional centrado en la diversidad cultural

La ceremonia se desarrolló en un ambiente marcadamente institucional, con una presencia notable de escritores miembros de la Unión Nacional y de representantes del tejido cultural de la capital de la Costa del Sol. Desde el inicio, el evento tuvo como hilo conductor la defensa del pluralismo lingüístico y el entendimiento entre distintas realidades culturales dentro de España.

La jornada arrancó con las intervenciones de José González Jiménez, presidente de la Casa de Melilla en Málaga, y de Antonio Ruiz Cortés, su secretario, quienes dieron la bienvenida a los asistentes y remarcaron la importancia de acoger en sus instalaciones un reconocimiento de este nivel. Ambos subrayaron la estrecha relación de la entidad melillense con el mundo de la literatura y la creación artística.

A continuación tomó la palabra el delegado provincial de la UNEE José Antonio Fernández, que contextualizó el acto dentro de la actividad habitual de la Unión en Andalucía y en el conjunto del Estado. Posteriormente intervino el escritor Francisco Javier Romero Alanzabes, encargado de presentar a las dos premiadas, poniendo el foco en sus trayectorias, su compromiso con la cultura y su vocación de tender puentes entre comunidades y lenguas.

El presidente de la Unión, Juan Carlos Heredia, abrió su discurso con un saludo en castellano, catalán y gallego, una fórmula con la que quiso evidenciar desde el primer momento el respeto a la diversidad lingüística que la organización reivindica como seña de identidad. Su intervención sirvió para recordar el recorrido histórico de la institución y los objetivos que se ha marcado de cara a los próximos años.

Heredia recordó que, a finales de 2027, la Unión Nacional de Escritores de España celebrará su cincuenta aniversario, una efeméride que coincidirá con el centenario de la llamada Generación del 27, corriente literaria a la que atribuyó una influencia decisiva en los orígenes de la entidad. En este contexto evocó la figura de Rafael Alberti, fundador del Sindicato Nacional de Escritores de España, organismo del que deriva la actual UNEE.

Reconocimiento a una trayectoria de puentes culturales

A lo largo de su intervención, Heredia insistió en que las carreras de Paloma Fernández Gomá y Ana Julia Martínez Fariña encarnan la voluntad de construir puentes que la UNEE considera fundamental para su labor. Según explicó, ambas escritoras han desarrollado una obra centrada en el encuentro intercultural, el respeto a la diversidad lingüística y la apuesta por el conocimiento compartido.

En el caso de Ana Julia Martínez Fariña, el presidente de la Unión hizo suyos los términos empleados por el escritor Manuel Fuentes para definirla como una auténtica “entusiasta de la palabra”. Se destacó su faceta de autora, dramaturga y organizadora de actividades culturales, un trabajo que ha contribuido a dinamizar la escena literaria y a reforzar el diálogo entre creadores y lectores en distintos territorios.

Sobre Paloma Fernández Gomá, Heredia citó al escritor y exalcalde de Algeciras Juan Antonio Palacios para resaltar una trayectoria claramente orientada al acercamiento entre las dos orillas del Estrecho. A través de proyectos universitarios, actividades literarias y numerosos encuentros, Fernández Gomá ha favorecido de manera continuada el contacto entre autores marroquíes y españoles, además de colaborar con escritores del país vecino en iniciativas que fomentan el conocimiento mutuo.

La elección de Fernández Gomá como una de las primeras receptoras de la Medalla de San Isidoro de Sevilla sitúa su figura como un referente dentro del ámbito de las letras en España, especialmente en lo que respecta a la relación cultural entre Europa y el norte de África. Su trabajo ha estado marcado por una perspectiva abierta, empeñada en derribar estereotipos y en reconocer la riqueza cultural de ambas orillas.

En sus intervenciones finales, tanto Paloma Fernández Gomá como Ana Julia Martínez Fariña expresaron su agradecimiento a la Unión Nacional de Escritores de España por un reconocimiento que perciben no solo como un premio personal, sino también como una puesta en valor de la labor de quienes se dedican a difundir y conectar distintas tradiciones culturales. Sus palabras, cargadas de gratitud y sobriedad, encajaron con el tono institucional que presidió toda la ceremonia.

La UNEE refuerza su compromiso con la pluralidad y la memoria

Más allá de la entrega del galardón, el presidente de la UNEE aprovechó el encuentro para repasar algunas de las líneas de actuación que la organización ha desarrollado en el último año con el objetivo de actualizar y reforzar sus principios fundacionales. Un elemento central ha sido la visibilización de la pluralidad lingüística a través de la publicación de obras en distintas lenguas españolas, entre ellas el gallego, en un intento de reflejar de forma real la diversidad del mapa literario del país.

En esta misma línea, Heredia puso de relieve el impulso dado a las relaciones interculturales con otros territorios, destacando la creación de una delegación honorífica en Marruecos para estrechar vínculos con escritores y colectivos culturales del país magrebí. Esta apuesta se conecta especialmente con la trayectoria de Paloma Fernández Gomá, que ha dedicado buena parte de su trabajo a tender lazos entre ambas riberas.

El presidente de la Unión también detalló la creación de nuevas vocalías honorarias dirigidas a ámbitos muy concretos de actuación. Una de ellas se centra en la promoción de autores jóvenes, una respuesta a la bajada en la edad media de las personas que integran la organización y a la necesidad de ofrecer espacios de apoyo y visibilidad a las nuevas voces de la literatura española.

Otra línea de trabajo subrayada fue el refuerzo de la Memoria Histórica, coincidiendo con el noventa aniversario del asesinato del poeta Federico García Lorca. La UNEE quiere contribuir desde el ámbito literario a mantener vivo el recuerdo de figuras clave de la cultura española del siglo XX, entendiendo la memoria como un elemento imprescindible para comprender el presente y construir el futuro.

Igualmente, Heredia hizo hincapié en la sensibilidad de la Unión hacia cuestiones relacionadas con la discapacidad y la accesibilidad en el ámbito cultural. Como ejemplo, mencionó la convocatoria del Certamen Internacional de Poesía María Fonellosa, un concurso que lleva ya diez ediciones y que pone el acento en la inclusión de personas con discapacidad en la vida literaria, fomentando su participación activa y su presencia en el panorama poético.

Un papel destacado de Málaga en la vida cultural de la Unión

El lugar escogido para el acto, la Casa de Melilla en Málaga, no fue en absoluto casual. Heredia quiso expresar de manera explícita su felicitación a las autoridades malagueñas por las iniciativas desarrolladas con motivo del centenario de la Generación del 27, un conjunto de acciones que, en su opinión, han contribuido a recuperar espacios y figuras esenciales de la historia literaria española.

Entre esas iniciativas, el presidente de la Unión puso como ejemplo la rehabilitación del Palacio de Valdeflores, una actuación que, según señaló, conecta el patrimonio histórico con el presente cultural de la ciudad. Esta puesta en valor de los lugares vinculados a la creación literaria fue presentada como un modelo de cómo las instituciones pueden apoyar el mundo de las letras de forma tangible.

Durante su discurso, Heredia también agradeció el respaldo de la Fundación Antonio Gala al acto, un apoyo que llega justo cuando se cumple una década desde que el poeta cordobés recibió precisamente la Medalla de San Isidoro de Sevilla. El presidente transmitió públicamente la felicitación enviada por el director de la Fundación, José María Gala, que recordó aquel reconocimiento y mostró su sintonía con la filosofía de la UNEE.

La presencia de escritores de distintas provincias y de representantes de entidades culturales de Málaga contribuyó a que el evento se convirtiera en un punto de encuentro entre creadoras y creadores de diferentes trayectorias y generaciones. De este modo, la ciudad reforzó su papel como espacio de referencia para la actividad literaria en el ámbito nacional, albergando por primera vez la entrega del máximo galardón de la Unión.

El ambiente que se respiró durante la ceremonia fue el de una celebración serena de la diversidad cultural y lingüística, lejos de los discursos grandilocuentes, pero con un mensaje de fondo muy claro: la literatura sigue siendo una herramienta clave para el diálogo entre territorios, lenguas y sensibilidades distintas dentro de España y más allá de sus fronteras.

El acto concluyó con la imposición formal de la Medalla de San Isidoro de Sevilla a Paloma Fernández Gomá y Ana Julia Martínez Fariña por parte de Juan Carlos Heredia. Tras recibir el galardón, ambas autoras dirigieron unas palabras de agradecimiento al público asistente y a la Unión, poniendo en valor el compromiso de la organización con causas como la pluralidad, la memoria y la cooperación cultural.

Al cierre de la ceremonia, Heredia subrayó que las trayectorias de Fernández Gomá y Martínez Fariña reflejan la realidad actual de una organización que agrupa autores de norte a sur del país, con obras y sensibilidades diversas, pero con un denominador común: entender la literatura como un espacio para el encuentro, la reflexión y el respeto. La distinción otorgada a Paloma Fernández Gomá, en este contexto, se percibe como un reconocimiento a una vida profesional volcada en conectar orillas y en hacer de la palabra un puente sólido entre culturas.


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Presentación de “Roberto Juarroz. La palabra necesaria”

Presidencia

La Academia Argentina de Letras tiene el agrado de invitar a Ud. y familia a la presentación del libro:
Roberto Juarroz: la palabra necesaria. Creación y realidad en la Poesía Vertical, de Jaime Correas.
Se conmemorará, asimismo, el centenario del nacimiento del autor de Poesía vertical.
Participarán: Héctor Abad Faciolince, Rafael Felipe Oteriño, Antonio Requeni, Santiago Silvester y el autor.
El acto se efectuará en la sede de la Academia, en el salón «Leopoldo Lugones», Sánchez de Bustamante 2663, el jueves 7 de mayo, a las 18.00 hs

¡Los esperamos!


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San Diego Comic-Con Málaga prepara su gran salto como referente de cultura pop en Europa

Isaac

San Diego Comic-Con Málaga 2026

La San Diego Comic-Con Málaga 2026 empieza a mover ficha y lo hace mirando, sobre todo, a quienes llenaron el Palacio de Ferias y Congresos en su estreno en España. Tras una primera edición que agotó entradas y puso a prueba los accesos y aforos, la organización ha confirmado los primeros detalles clave de la próxima cita, con una preventa de entradas especialmente pensada para su comunidad más fiel.

Con la vista puesta en consolidarse como una de las grandes citas europeas de cultura pop y entretenimiento, la convención regresa a Málaga a comienzos de octubre con más metros cuadrados, más espacios para actividades y un sistema de compra que busca ser más claro y ordenado que en 2025, sin disparar los precios ni aumentar el aforo total.

Fechas y formato de San Diego Comic-Con Málaga 2026

Fechas San Diego Comic-Con Málaga

La próxima edición de San Diego Comic-Con Málaga ya tiene calendario cerrado. El evento volverá a celebrarse durante cuatro días, del 1 al 4 de octubre de 2026, repitiendo el modelo por jornadas de la edición inaugural, pero con la posibilidad de adquirir también un pack completo para quienes quieran vivir la experiencia de principio a fin.

Las entradas se ofrecerán en dos modalidades principales: pases diarios (jueves, viernes, sábado o domingo) y un abono de cuatro días que da acceso a toda la programación. Este esquema mantiene la flexibilidad para quienes solo puedan acercarse un día concreto y, al mismo tiempo, facilita la inmersión completa a quienes prefieren no perderse ninguna de las actividades, paneles o presentaciones.

Frente al debut de 2025, en el que se registraron picos de asistencia que obligaron a reforzar accesos y reorganizar colas sobre la marcha, la edición de 2026 se ha diseñado con el objetivo de repartir mejor los flujos de público gracias a nuevos espacios y a una planificación más afinada de horarios y contenidos.

Preventa exclusiva: fecha, hora y quién puede acceder

El primer gran hito del calendario de 2026 será la preventa exclusiva de entradas, pensada como una forma de agradecer la fidelidad a quienes ya apostaron por la edición inaugural. Esta ventana anticipada se abrirá el jueves 23 de abril a las 10:00h y estará gestionada íntegramente a través de Ticketmaster, que vuelve a ser la tiquetera oficial tanto para la preventa como para la venta general.

No se trata de una preventa abierta a todo el mundo. Solo podrán participar las personas que asistieron en 2025 y que conserven o recuperen su Registration ID de la primera edición. Ese identificador personal, vinculado a cada asistente, será imprescindible para acceder a la compra anticipada, junto con una cuenta en Ticketmaster creada con el mismo correo electrónico utilizado el año pasado.

Cada usuario tendrá un margen limitado para evitar abusos y reventa masiva: un máximo de dos entradas por persona, una para uso propio y otra para un acompañante. En el caso de que ambos asistieran ya en 2025, se recomienda tener también a mano el Registration ID del acompañante, aunque la organización ha previsto la posibilidad de utilizar IDs de 2025 y de 2026 de forma combinada en algunos supuestos.

Cómo funciona el Registration ID y qué hacer si no lo recuerdas

Registro Comic-Con Málaga

El Registration ID es la llave de entrada al sistema de venta de San Diego Comic-Con Málaga. Se trata de un código personal asociado a cada asistente, que ya fue necesario para entrar en la convención de 2025 y que seguirá siendo obligatorio tanto en la preventa exclusiva como en la futura venta general.

Para quienes asistieron el año pasado pero no recuerdan su Registration ID o desean modificar el correo electrónico vinculado, la organización ha anunciado que habilitará, a partir del lunes previo a la preventa, un procedimiento específico para recuperar o actualizar esos datos. Además, se ha preparado una guía de compra de entradas con instrucciones paso a paso, accesible desde la web oficial del evento.

Por otro lado, los nuevos fans que estén planeando acudir por primera vez en 2026 también podrán crear su propio Registration ID 2026. Este registro será válido tanto para participar en la venta general de entradas como, en determinados casos, para figurar como acompañante en la preventa exclusiva. La premisa es clara: quien quiera asegurarse un pase para la convención deberá contar con este identificador antes de que se abran las distintas fases de venta.

Con este sistema, la organización busca un acceso más ordenado y trazable, reduciendo la especulación y facilitando la gestión de aforos jornada a jornada.

Precios, tipos de entrada y límites de compra

La estructura de precios de San Diego Comic-Con Málaga 2026 se mantiene muy similar a la del estreno, con el objetivo de ofrecer cierta estabilidad al público pese al crecimiento del evento. Las tarifas anunciadas son las siguientes:

  • Entrada general por día (a partir de 13 años): 84,80 €, con gastos de gestión incluidos.
  • Entrada infantil por día (hasta 12 años): 37,10 €, también con gastos de gestión incluidos.

Estas cantidades se aplican tanto en la preventa como en la venta general, y se corresponden con pases por jornada o con el cálculo diario dentro del pack de cuatro días. Los precios se sitúan en la línea de las grandes convenciones de entretenimiento del entorno europeo, aunque todavía por debajo de lo que suele costar asistir a la Comic-Con original en Estados Unidos.

Tal y como se ha detallado para la preventa, cada asistente podrá adquirir hasta dos entradas, algo que también se espera replicar, con matices, en la venta general. Esto permite compartir la experiencia con un acompañante, pero evita acumulaciones desmesuradas en pocas manos y ayuda a que más personas tengan acceso a los pases.

Aforo, espacios y ampliación de infraestructuras

Uno de los puntos llamativos de la planificación de 2026 es que se mantiene el aforo total pero crecen los espacios. La organización ha confirmado que la convención seguirá limitada a 90.000 asistentes en total, repartidos en 22.500 personas por día, la misma cifra que en el debut de 2025.

La gran diferencia está en el recinto. Para esta edición se incorporará un nuevo pabellón de más de 9.000 metros cuadrados dentro del Exhibitor Hall, lo que permitirá distribuir mejor las zonas de expositores, stands, merchandising, demos y actividades interactivas. Este incremento de superficie se plantea como una respuesta directa a las aglomeraciones que se vivieron en algunos momentos del año pasado.

Junto a ese pabellón extra, se ha anunciado un Artists’ Alley ampliado, una de las demandas más repetidas por el público tras el estreno de 2025. Ese espacio, dedicado a ilustradores, dibujantes, guionistas y creadores independientes, se quedó pequeño en la primera edición, con mesas muy concurridas y poco margen para detenerse a charlar o conseguir firmas con tranquilidad.

Además, se sumará un nuevo auditorio preparado para albergar paneles de mayor aforo. Con ello se pretende reducir colas, evitar que se queden fuera tantos asistentes en los paneles más esperados y redistribuir mejor las actividades entre salas grandes y medianas.

Lecciones del debut y expectativas para 2026

La primera edición de San Diego Comic-Con Málaga, celebrada del 3 al 6 de octubre de 2025, dejó cifras relevantes: más de 100.000 asistentes acumulados a lo largo de los cuatro días, varios tramos horarios con colas muy largas y una oferta de más de 300 actividades, entre charlas, presentaciones, sesiones de firmas, concursos y proyecciones especiales.

El evento reunió a decenas de invitados internacionales, incluyendo nombres conocidos del mundo de los videojuegos, del manga y de las adaptaciones de series de éxito. Entre otros, participaron el compositor Nobuo Uematsu, vinculado a algunas de las bandas sonoras más populares de Final Fantasy, y el actor Taz Skylar, que da vida a Sanji en la adaptación de imagen real de One Piece. También se vivieron anuncios editoriales destacados, como la primera presentación de Devir como editorial de manga.

Ese arranque demostró que había un interés muy fuerte del público español y europeo por un evento de este tipo en la Costa del Sol, pero también evidenció la necesidad de ajustar recorridos, accesos y capacidad de las salas más demandadas. De ahí que para 2026 el discurso de la organización gire en torno a “elevar la experiencia del fan” y “cuidar mejor los detalles”, con un crecimiento basado en la calidad de la estancia dentro del recinto antes que en sumar más gente.

Un modelo pensado para fans y con vocación europea

San Diego Comic-Con Málaga se presenta como la edición europea oficial de la Comic-Con de San Diego, organizada por la Fundación Cultura Pop Contemporánea y Dentsu. Su objetivo pasa por consolidarse como un punto de encuentro estable para fans, profesionales, editoriales, estudios y empresas vinculadas al cine, las series, el cómic, los videojuegos, la animación y otras industrias creativas.

La estrategia para 2026 refuerza esa vocación. Por un lado, el sistema de preventa exclusiva para veteranos y el uso obligatorio del Registration ID buscan premiar y ordenar a la base de seguidores más comprometidos. Por otro, la ampliación de infraestructuras, el mantenimiento del aforo y la apuesta por un Artists’ Alley más potente apuntan a un modelo de evento que quiere competir en la misma liga que las grandes convenciones europeas, pero con un sello propio en el sur de España.

Desde la dirección del proyecto se insiste en que “esto es, y seguirá siendo, un evento para fans”. Ese enfoque se traduce en la intención de que cada nueva edición mejore a la anterior, tanto en la oferta de contenidos como en la comodidad dentro del recinto, reduciendo colas, evitando saturaciones en los paneles estrella y facilitando que el público pueda moverse con más soltura por las distintas áreas.

Con la preventa del 23 de abril como primer gran paso, San Diego Comic-Con Málaga 2026 se perfila como una edición más ambiciosa en medios y espacios, pero contenida en número de asistentes. Los próximos meses servirán para ir conociendo poco a poco la lista de invitados, las grandes presentaciones y las actividades que terminarán de definir la que aspira a ser una de las citas imprescindibles del calendario cultural europeo para los aficionados a la cultura pop y al entretenimiento digital y audiovisual.


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EL MADRID DE LA MODA

¿QUÉ ES EL MADRID DE LA MODA?
Una guía que repasa la historia de dieciséis firmas y establecimientos destacados ligados a la historia de la moda en Madrid, de Pontejos, Almacenes Arias o Don Algodón a la Pasarela Cibeles y el Museo del Traje.
 
¿QUIÉN LA HA CREADO?
El modisto Lorenzo Caprile, la investigadora de moda Lydia García y el ilustrador Jorge Arévalo. La ha presentado el Ayuntamiento de Madrid.
 
¿QUÉ OBJETIVOS TIENE?
Como el resto de mapas culturales de la ciudad, proponer rutas diferentes para conocer Madrid en torno a una temática concreta, con la participación de escritores e ilustradores destacados.
 
¿QUÉ ESTABLECIMIENTOS NOS INVITA A CONOCER?
Son muy diversos y casi siempre céntricos.
Muchos madrileños saben que tejidos, botones, pasamanerías, abalorios y utensilios de costura suelen comprarse en el Almacen de Pontejos, en la calle del Marqués Viudo de Pontejos. Es la primera parada del mapa.
Muy cerca, en la calle del Arenal, estuvo la sastrería de Alberto Ranz, inaugurada en 1841. Originalmente fue una sastrería militar y más tarde de señoras, hasta que Ranz llegó a ser proveedor de la Casa Real como sastre de cámara. Su legado lo continuaron dos generaciones más antes del cierre del local.
Avanzando hacia la carrera de San Jerónimo, en su número 3 se encontraba la joyería Mellerio, la más antigua del mundo. Fue fundada en 1613 y llegó a Madrid en 1850 con la apertura de una sucursal en la calle de Espoz y Mina, desde donde se trasladó a su emplazamiento definitivo cerca de la Puerta del Sol. Esta joyería fue la preferida de Isabel II y donde se diseñó una de sus piezas más conocidas: la diadema Rocaille.
Ya en la Gran Vía, el mapa registra tres paradas. En el número 32, los Almacenes Madrid-París, los primeros grandes almacenes de la ciudad, fueron inaugurados en 1924 por Alfonso XIII y Victoria Eugenia, y únicamente estuvieron abiertos durante una década. El edificio albergó después los populares SEPU.
En el número 7 estuvo EISA, la segunda casa de alta costura de Cristóbal Balenciaga en España. Parada habitual de estrellas como Ava Gardner, permaneció abierta de 1933 a 1968. Y en Gran Vía, 8, tuvo su espacio la marca española de lujo más reconocida internacionalmente hoy: Loewe.
La séptima parada del mapa es para Flora Villarreal, una de las primeras modistas de alta costura en Madrid, que diseñó el vestido de boda de la duquesa de Alba en 1947. Tuvo una larga carrera y fue pionera en adaptar los diseños de Dior mediante licencias.
Los Almacenes Arias tuvieron su sede más conocida en Montera, 41, octava parada de la guía. Fundados en 1949, se dirigían al gran público, con precios asequibles y un vasto surtido de productos. Desaparecieron en un incendio en 1987. El recorrido continúa en Claudio Coello, 35. Allí estuvo el primer concept store de Madrid: la firma Tebas, que conjugaba moda y decoración en un ambiente bohemio y aristocrático.
Desde allí, el mapa nos propone caminar hasta Fortuny, 19, donde Elio Berhanyer enseñaba al mundo sus creaciones, símbolo del giro de la moda hacia la modernidad en los sesenta y los setenta.
La siguiente parada está dedicada a una peluquería emblemática: Leonardo, en la calle de Velázquez, frecuentada por la alta sociedad entre los sesenta y los ochenta. Un público parecido tenía Dafnis (Víctor Andrés Belaunde, 174), tienda de moda con marcas internacionales.
La ruta continúa en Hermosilla,18, sede de una marca icónica de ese momento: Don Algodón, cuya moda llena de color y su perfume se extendieron en toda una generación. Otro creador, el manchego Manuel Piña, tuvo su atelier en la calle de Valenzuela, donde hizo su sello de creaciones dirigidas a las mujeres fuertes e independientes.
El mapa dedica sus dos últimas paradas a la Pasarela Cibeles, que comenzó con un desfile en la Plaza de Colón, bajo una carpa de circo, en 1985, y al Museo del Traje, el primer museo nacional dedicado a la moda, que abrió sus puertas en 2004.
 
¿QUÉ PUEDO HACER PARA HACERME CON EL MADRID DE LA MODA?
La guía se distribuye gratuitamente en los puntos de información turística municipales, las bibliotecas y los centros culturales y está disponible en esMADRID.com y en la web de Madrid Destino.
 
 
PARA MÁS INFORMACIÓN:
www.esmadrid.com

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Marpoética lleva la poesía a Marbella entre hospitales, teatro y grandes voces

Isaac

Festival de poesía Marpoética en Marbella

La novena edición de Marpoética se ha afianzado en Marbella como un festival que no se conforma con llenar teatros y auditorios, sino que sale a la calle, se mezcla con la vida cotidiana y busca nuevos espacios para la palabra. En esta ocasión, el certamen ha combinado recitales en entornos sanitarios, diálogos literarios con figuras de primer nivel y propuestas musicales que acercan la poesía a públicos muy distintos.

Lejos de limitarse a los formatos clásicos, la programación ha puesto el foco en la dimensión sanadora, social y cotidiana de la poesía, llevando versos a hospitales, abriendo debates sobre el duelo y la fragilidad, y reivindicando la lectura como experiencia fundacional. Todo ello convierte a Marpoética en una cita que, más que un simple festival, funciona como un auténtico laboratorio de cómo se puede vivir hoy la literatura en España.

La poesía entra en el Hospital Costa del Sol

Uno de los gestos más significativos de esta edición ha sido la llegada de Marpoética al Hospital Universitario Costa del Sol, donde la poesía ha irrumpido en plena jornada clínica para colarse entre máquinas, pasillos y salas de espera. Los poetas Basilio Sánchez, premio Loewe, y Agustín Pérez Leal, Premio de Poesía Manuel Alcántara, han protagonizado un recital itinerante dirigido a pacientes, familiares y personal sanitario.

La actividad se enmarca en el propósito del festival de sacar la poesía de los márgenes de los libros y llevarla a escenarios poco habituales. Tras propuestas anteriores como el «Sendero Poético» en la montaña o «Faenando versos» junto al mar, el turno ha sido para un entorno tan sensible como el hospitalario, donde la rutina suele estar marcada por la espera, la incertidumbre y los tratamientos de larga duración.

Durante la visita, los escritores han recorrido varias áreas del centro, con paradas en Hemodiálisis, Radiodiagnóstico y Oncohematología. En todas ellas, el público ha recibido a los poetas con una mezcla de expectación y curiosidad, poco habitual en un día de consultas y pruebas, pero que pronto se ha transformado en atención silenciosa a cada poema leído.

El recital ha contado con el apoyo de la Comisión de Humanización del hospital, un órgano consultivo y asesor que trabaja para que los cuidados se desarrollen en un entorno más cercano y respetuoso con la dimensión emocional de pacientes, familias y profesionales. Han acompañado el recorrido, en representación del centro, Carmen Cuenca (directora de Enfermería), Purificación Alcalá (jefa de Bloque de Enfermería de Área Médica y Servicios de Soporte), María Isabel Méndez (supervisora de Enfermería de Pediatría y Neonatología) y Marina Carrasco (supervisora de Enfermería de Calidad).

En este contexto, la poesía no se ha planteado como un simple lujo cultural, sino casi como una herramienta de cuidado complementaria, un respiro en mitad de la carga emocional que acompaña a la enfermedad, y una forma de tejer vínculos diferentes entre quienes comparten espacios clínicos a diario.

Versos que dialogan con la enfermedad y el cuidado

A lo largo del recorrido, la propuesta de los dos autores ha girado en torno a la relación entre la palabra poética, la naturaleza y la experiencia del cuidado. Agustín Pérez Leal ha puesto el acento en cómo la poesía permite reconectar a las personas con aquello que las rodea: los árboles, los pájaros, el mar o las estrellas, elementos que el poeta entiende como una vía de unión con la vida y la alegría incluso en momentos difíciles.

El autor ha defendido que los versos tienen la capacidad de poner en contacto a unas personas con otras de forma discreta, casi subterránea, pero cargada de energía propia. Según ha explicado, esa corriente silenciosa enlaza a quienes escuchan hoy con las generaciones que han escrito y leído poesía desde que la humanidad empezó a reconocerse a sí misma, subrayando así la continuidad histórica del género.

Por su parte, Basilio Sánchez, médico recientemente jubilado tras una larga trayectoria en la UCI del Hospital Universitario de Cáceres, ha presentado la poesía como «la medicina más antigua del mundo». Desde su doble experiencia de poeta y sanitario, ha leído textos como «Siempre hay alguien que cuida», dedicado a quienes velan por los demás en contextos clínicos, donde el trabajo invisible de muchas personas sostiene los procesos de tratamiento.

Sánchez ha compartido además cómo la literatura le ayudó durante la fase más dura de la pandemia, cuando ejercía como intensivista. Ha explicado que la poesía no actúa como un fármaco al uso -no es dopamina, ni noradrenalina, ni un antibiótico-, pero ha defendido que una determinada actitud interior y disposición emocional puede influir de manera positiva en la evolución de la enfermedad, y que en ese terreno la lectura y la escritura de poemas tienen un papel importante.

El resultado ha sido un recital en el que la fragilidad, la enfermedad y el miedo no se han ocultado, pero se han mirado de frente a través de las palabras, abriendo la puerta a nuevas formas de acompañamiento que, sin sustituir a la medicina, amplían la idea de qué significa cuidar a alguien en un hospital.

La respuesta de pacientes y personal sanitario

La primera parada del recital se ha llevado a cabo en la sala de Hemodiálisis, un espacio donde muchos pacientes pasan varias horas por sesión, varias veces por semana, a lo largo de años. En un entorno tan marcado por la rutina, la aparición de los poetas ha supuesto un corte inesperado en el tiempo, un alto en el camino para escuchar versos en lugar de seguir pendiente solo de la televisión o la radio.

Entre quienes han vivido la experiencia desde la butaca se encuentra Josefa Atienza, de 79 años, que ha seguido las lecturas con atención. Al finalizar, ha reconocido que la actividad le ha gustado mucho y que incluso se le ha hecho corta, describiendo el recital como una fuente de alegría y admitiendo que le gustaría poder repetirla en el futuro.

No solo las personas enfermas han agradecido el gesto. El propio personal sanitario ha valorado el impacto de la poesía en la atmósfera de trabajo. Rafael Barrios, enfermero supervisor de la unidad de Hemodiálisis y Nefrología, ha calificado el encuentro de magnífico y ha subrayado que supone una forma distinta de vivir el día a día en un área donde suele reinar el silencio concentrado.

Según ha explicado Barrios, muchos pacientes pasan gran parte de sus sesiones viendo la televisión, escuchando la radio o leyendo en soledad, por lo que la propuesta de Marpoética ha funcionado como un elemento de ruptura de la rutina, generando un clima compartido en el que enfermos y profesionales han seguido con interés cada poema, compartiendo emociones más allá del ámbito estrictamente clínico.

El recorrido ha continuado después por la sala de espera de Radiodiagnóstico, donde el tráfico habitual de pacientes y acompañantes se ha detenido unos minutos para dejar sitio a las voces de los poetas. Finalmente, la jornada ha concluido en el área de Oncohematología, tanto en la sala de espera como en la de tratamiento, donde la carga emocional suele ser especialmente intensa por la naturaleza de las patologías que se atienden.

Oncología, dolor y evasión a través de la palabra

En la zona de Oncohematología, la actividad ha sido recibida como una oportunidad de desconexión dentro de días marcados por pruebas, quimioterapias y buena dosis de incertidumbre. La enfermera Raquel Márquez ha definido la propuesta como una iniciativa muy positiva porque permite a las personas que acuden a tratamiento despejar la mente, aunque solo sea durante unos minutos.

Para pacientes como Francisca Benítez, que sigue un proceso oncológico, el recital ha supuesto un paréntesis en medio de un camino largo y a menudo tedioso. Ella misma ha señalado que, gracias a la poesía, ha podido evadirse por un rato de los nervios y el cansancio que acumula cualquier persona en su situación, encontrando un respiro en los versos que se iban enlazando en la sala.

Este tipo de iniciativas encajan con el trabajo de la Comisión de Humanización del hospital, que busca integrar experiencias culturales y emocionales en los circuitos asistenciales para que los tratamientos resulten más llevaderos. La presencia de Marpoética en este contexto ha reforzado la idea de que el cuidado no se limita a pruebas y fármacos, sino que incluye también lo que tiene que ver con la palabra, la escucha y el acompañamiento.

La experiencia ha demostrado que, incluso en entornos clínicos, la poesía puede despertar una atención profunda y generar conversación entre personas que, quizá, fuera de ese marco no habrían acudido nunca a un recital. En cierto modo, el hospital se ha transformado por unas horas en un espacio cultural inesperado, con el festival como hilo conductor.

Con esta acción, Marpoética reafirma una de sus señas de identidad: entender la cultura no solo como espectáculo para públicos especializados, sino como un servicio compartido que puede infiltrarse en lugares diversos, desde la naturaleza hasta un centro sanitario, para acompañar las distintas etapas de la vida.

Piedad Bonnett abre el festival: dolor, identidad y poder sanador de la poesía

La inauguración oficial de la novena edición de Marpoética ha tenido como protagonista a la poeta colombiana Piedad Bonnett, una de las voces más reconocidas de la literatura hispanoamericana actual, ejemplo de poemas escritos por mujeres. Su intervención ha consistido en una conversación en el Teatro Ciudad de Marbella con el director literario del festival, Javier Vicedo, centrada en el valor sanador de la poesía y en cómo el verso permite transformar experiencias íntimas en reflexión colectiva.

La directora general de Cultura del Ayuntamiento de Marbella, Carmen Díaz, ha ejercido de anfitriona de la velada y ha reivindicado Marpoética como una cita esencial para la poesía en español, subrayando su evolución a lo largo de los años hacia un diálogo cada vez más estrecho con otras artes como la música, el teatro o el cine. En sus palabras, la poesía es pensamiento, música y creación de lenguaje, una de las formas más puras de creación.

Desde el escenario, Bonnett ha repasado algunas de las líneas centrales de su obra: la fragilidad, la memoria, la identidad y el dolor, asuntos que recorre con una escritura lúcida y directa. La autora ha contado cómo su propio camino hacia el poema nació de un profundo descontento personal y vital, un punto de inflexión que la llevó a virar desde la narrativa hacia el verso al descubrir que le resultaba más natural y posible encontrar tiempo para escribir poesía que para embarcarse en una novela larga.

La poeta ha insistido en que la poesía no se preocupa tanto por el concepto como por la energía del lenguaje, que se va desprendiendo de las ataduras de la razón para combinar las palabras de manera intuitiva, conectada con pulsiones oscuras y zonas poco iluminadas de la experiencia humana. Para Bonnett, buena parte de la literatura nace del desconcierto y la duda, y el poeta mira de frente a esas zonas incómodas en lugar de rehacer el camino.

En esa línea, ha explicado cómo su escritura aborda cuestiones como la cultura patriarcal, que condicionó su biografía al punto de obligarla durante un tiempo a participar en concursos con seudónimos masculinos. También ha hablado de cómo ha trasladado a sus libros la presión de los mandatos sociales, el duelo, la salud mental y la pérdida, temas presentes en títulos como «La mujer incierta» o el ya emblemático «Lo que no tiene nombre», donde narra el suicidio de su hijo.

El duelo, la mirada al dolor y la construcción del yo

A lo largo de la conversación, Bonnett ha explicado que su último trabajo autobiográfico, «La mujer incierta», no sigue un esquema lineal, sino que se articula como un mosaico de escenas y recuerdos que escapan del yo estable para dar voz a las distintas mujeres que la han habitado a lo largo de la vida: la niña sometida a una educación rígida, la joven confrontada con lo que se espera de ella, la madre atravesada por la pérdida y la escritora que se observa con ironía y cierto escepticismo.

Este enfoque le ha permitido problematizar el relato único sobre la identidad, planteando que la persona es una suma de versiones en conflicto y transformación. La autora ha insistido en que la literatura nace de la incertidumbre y de una mirada que nunca se conforma con la comodidad de lo blanco o negro, sino que se interesa por las zonas grises y los misterios que cada vida arrastra.

Cuando el diálogo ha derivado hacia el tema del duelo, Bonnett ha subrayado que la poesía -y la literatura en general- ayuda a tomar distancia del dolor sin negarlo, gracias a su capacidad para poner en palabras lo insoportable. Ha recordado versos como «No hay cicatriz / por brutal que parezca / que no encierre belleza», en los que se filtra la idea de que incluso en las heridas más profundas puede encontrarse un tipo de conocimiento.

La autora ha insistido en que el poeta mira el sufrimiento de frente, sin rodeos, y que la escritura se convierte en un modo de sostener lo que de otra manera podría resultar asfixiante. De hecho, ha explicado cómo «Lo que no tiene nombre» supuso para ella un punto de inflexión literaria y vital: al abordar la muerte de su hijo, convirtió el duelo en una forma de comprensión del mundo y la escritura en un mecanismo de consuelo y memoria.

La conversación con Vicedo ha permitido ver cómo Bonnett transforma experiencias personales muy dolorosas en un espacio común para los demás, sin renunciar a los aspectos más incómodos y poco amables de la existencia. Esa combinación de honestidad y reflexión ha sido uno de los momentos más intensos de la apertura de Marpoética, dejando claro el interés del festival por explorar la capacidad sanadora, pero también crítica, de la poesía.

La música de La Tania: copla, flamenco y pop en clave poética

La sesión inaugural en el Teatro Ciudad de Marbella se ha cerrado con la actuación de La Tania, cantante alicantina cuya propuesta musical combina copla, flamenco y sonoridades del pop contemporáneo. Su presencia ha reforzado la vocación del festival de tender puentes entre poesía y música, entendidas no como disciplinas separadas sino como lenguajes que se alimentan mutuamente.

En el escenario, La Tania ha presentado temas de su primer trabajo discográfico, «Amoríos, la verdad de mi coplilla», nominado a Mejor Álbum Folclórico en los Premios de la Academia de la Música. Piezas como «Romance de Juan Osuna», «Quereles», «Monigote», «Besitos de otro» o «El emigrante» han resonado en el teatro con una mezcla de raíz tradicional y mirada actual, despojando a la copla de los prejuicios que durante años la han encasillado como género obsoleto.

La artista, que comenzó estudiando interpretación de niña en su pueblo de El Campello (Alicante) y fue descubriendo su voz en montajes teatrales escolares, ha construido una trayectoria marcada por la intensidad escénica. Su camino la ha llevado hasta Madrid y a reconocimientos como el Goya a la Mejor Canción Original por «Los Almendros», un hito que, sin embargo, no le ha hecho perder de vista su manera personal de entender la música.

Durante el concierto en Marpoética, la voz de La Tania ha llenado cada rincón del teatro con un formato intimista donde las letras -de fuerte carga emocional y narrativa- han tenido todo el protagonismo. En ese cruce entre la tradición popular y una sensibilidad contemporánea, la artista se ha situado en un terreno muy cercano a la poesía, apoyando con su actuación el objetivo del festival de mostrar cómo la palabra cantada también puede ser literatura.

El tándem formado por Piedad Bonnett y La Tania en la noche inaugural ha simbolizado el encuentro de dos generaciones y dos formas distintas de mirar el mundo, pero unidas por la misma pasión por el idioma y por la capacidad de las palabras de poner en circulación emociones complejas. Esa combinación ha marcado el tono de una edición que apuesta por el cruce de voces y disciplinas.

Juan Manuel de Prada y los libros que fundan a un lector

Dentro de la programación de Marpoética, el ciclo «Diálogos» se ha estrenado en el Hospital Real de la Misericordia con la intervención del escritor Juan Manuel de Prada. Acompañado también por el director literario del festival, Javier Vicedo, el autor ha ofrecido una charla titulada «El lector que somos», en la que ha repasado los libros que marcaron el origen de su vocación literaria.

De Prada ha defendido que la lectura temprana, especialmente en la adolescencia, deja una huella difícil de borrar. En su opinión, cuando alguien se acerca a los libros a los veinte, treinta o cuarenta años, el impacto suele ser menor, porque ya no se vive con la misma intensidad la mezcla de preguntas, inquietud y desconcierto que caracteriza los años juveniles, ese periodo en el que un título puede llegar literalmente a cambiar la vida.

En su caso, la relación con la literatura comenzó muy pronto gracias a su abuelo, que le enseñó a leer antes incluso de ir al colegio. Aquellas primeras incursiones en la biblioteca de su pueblo, recorrida anaquel por anaquel, se convirtieron en un territorio de exploración donde la palabra escrita adquirió el peso de una revelación. El autor ha reconocido que las palabras marcaron su vida como un hierro candente, dejando claro hasta qué punto la lectura puede moldear una biografía.

Uno de los libros clave de esa etapa fue «Narraciones extraordinarias», de Edgar Allan Poe, al que accedió de niño casi a escondidas después de que sus padres intentaran limitarle su lectura por considerarlo poco adecuado para su edad. Lejos de frenarlo, esa prohibición hizo que leyera los relatos bajo las sábanas con una linterna, experimentando a la vez el placer de lo prohibido y el descubrimiento de historias perturbadoras que le dejaban en un estado de pánico fascinante.

De Prada ha contado cómo, con el tiempo, una relectura adolescente de Poe le permitió valorar de otra manera la maestría técnica del autor. A partir de ahí, su itinerario lector continuó con «Don Quijote de la Mancha» de Cervantes, «El Aleph» de Jorge Luis Borges y «En busca del tiempo perdido» de Marcel Proust, obras que no solo consolidaron su vocación, sino que le ofrecieron distintas formas de entender la literatura y el estilo.

Cervantes, Borges, Proust y la defensa de la gran literatura

Al referirse a Miguel de Cervantes, De Prada ha recordado que leyó por primera vez «Don Quijote» con apenas catorce años, en una edad en la que, según ha confesado, se adentraba en libros que muchos considerarían desaconsejables para un adolescente. Para él, eso no es un problema, sino casi una necesidad: opina que los más jóvenes deberían leer literatura adulta, ya que incluso los mejores cuentos considerados infantiles -como «La Bella y la Bestia» o «Alicia en el país de las maravillas»- no lo son en realidad.

El autor ha explicado que pasó una década leyendo «El Quijote» cada verano, de los catorce a los veinticuatro años, convencido de que la novela cervantina es una obra inagotable de la que siempre se puede extraer algo nuevo. Ha coincidido con Miguel de Unamuno al describirla como «el evangelio en español», y ha insistido en que, además de su enorme valor estético, el libro funciona como una verdadera escuela de vida y un manual de buen vivir.

En este punto, ha lanzado una reflexión sobre la fidelidad a las propias convicciones, apoyándose en la figura del hidalgo que permanece fiel a Dulcinea incluso después de ser derrotado por Sansón Carrasco en la playa de Barcelona. Para De Prada, la gran literatura enseña a mantener las ideas aunque estén fuera de moda o se burlen de ellas, y esa lección sigue siendo plenamente vigente.

El paso a Jorge Luis Borges ha servido para hablar de la forma literaria. En «El Aleph», De Prada descubrió el uso preciso del adjetivo, la musicalidad y la sintaxis irreprochable, lo que le llevó a comprender que escribir no consiste solo en contar una historia, sino en hacerlo de una manera determinada. A su juicio, existen relatos que quedan vetados para un autor si este no cuenta con el estilo adecuado para afrontarlos.

Finalmente, su encuentro con Marcel Proust y «En busca del tiempo perdido» abrió la puerta a otra dimensión de la experiencia lectora, en la que los aspectos más nimios de la vida se transforman en materia literaria cuando se narran con el enfoque preciso. De Prada ha recordado la célebre escena de la magdalena mojada en té como ejemplo de cómo la palabra puede invocar el mundo y combatir la fugacidad del tiempo y la muerte, dotando de sentido a lo que, en apariencia, es insignificante.

En conjunto, su intervención ha sido una defensa sin ambages de la gran literatura como patrimonio vivo, que sigue hablando a lectores de cualquier generación y lugar. De Prada ha criticado con dureza las versiones abreviadas y adaptaciones de los clásicos al castellano actual, que considera una forma de empobrecer la experiencia lectora, y ha reivindicado la necesidad de acercarse a estas obras tal y como fueron escritas, aceptando su complejidad.

El ciclo «Diálogos» de Marpoética se completa con la participación de otros nombres destacados del panorama cultural, como la escritora Marta Jiménez Serrano, autora del libro de éxito «Oxígeno», y el cineasta Fernando León de Aranoa, lo que muestra la voluntad del festival de conectar la poesía con la narrativa, el cine y distintos formatos de creación contemporánea.

Entre recitales en hospitales, conversaciones con autores de referencia y propuestas musicales que rompen etiquetas, Marpoética se consolida en Marbella como un festival que entiende la poesía como una experiencia amplia, capaz de dialogar con la enfermedad, el duelo, la memoria, la identidad y el placer de leer. Esta novena edición confirma que el certamen no solo programa actividades, sino que explora cómo la palabra puede seguir teniendo sentido en la vida cotidiana de quienes la escuchan dentro y fuera de los escenarios habituales.


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Pintura y cine: los artistas que esconden los planos

Encontrar paralelismos entre el ojo del pintor y el del director de cine es casi tan antiguo como la aparición de este último, en cuanto que no podemos dudar de que lienzos y películas son construcciones, nunca ventanas transparentes a la realidad.
El pintor, ante la tela en blanco, debe elegir un método compositivo, una paleta de colores y una luz; el cineasta, al encuadrar, decide el ángulo, la intensidad de la iluminación, el movimiento de los actores o las texturas de su vestuario.
En ocasiones el cine -sobre todo en épocas tempranas- ha sido, incluso, considerado como una prolongación de la pintura y cada plano leído como un cuadro. A la bidimensionalidad inerte de aquella, aporta la cámara algo nuevo: tiempo, música, movimiento y voz, pero el impulso del que ambas disciplinas nacen tiene algo en común: el deseo de organizar el mundo en imágenes.
El encuadre es el límite en el que el director ha de marcar qué entra dentro de nuestra mirada y qué queda fuera; en el cine se corresponde con el rectángulo de la pantalla y en pintura podemos equipararlo al soporte. En ambos casos, lo esencial es lo mismo: determinar o improvisar cómo se organiza lo que queda dentro. Si pensamos en el cine bélico de Akira Kurosawa, el japonés organizaba las escenas de batalla como grandes lienzos corales, con diagonales dinamizando el conjunto, al igual que en tantas composiciones especialmente renacentistas y barrocas.
El cine hereda, además, el uso dramático de la luz y el claroscuro, la teatralidad que la luminosidad (tenebrista) propicia; es claro en el cine negro de los cuarenta y los cincuenta, como en Sed de mal (Orson Welles, 1961). Las penumbras evocan moralidades ambiguas y luces y oscuridades revelan y ocultan, llegan a generar laberintos psicológicos. No se trata de un mero recurso estético.
Orson Welles. Sed de mal, 1961
En cuanto al color, también al cine aporta un poder expresivo más allá de la mímesis. In the mood for love (Wong Kar-Wai, 2000) ofrece encuadres y paletas cuidadosamente escogidos, como los de un pintor; los escenarios contienen emociones y la luz es muy cálida.
Powell y Pressburger (Las zapatillas rojas, 1948) usaron Technicolor para avivar tonos que simbolizan, saturados, el deseo y la ambición. Hablando de paleta, tenemos que referirnos a Almodóvar y sus colores primarios: no decoran, sino que expresan la emoción de los personajes. Pueden alcanzar a sustituir las palabras.
Powell y Pressburger: Las zapatillas rojas, 1948
En lo relativo a la composición en el cine clásico, tiene mucho de legado pictórico. Los paisajes de los westerns de John Ford podrían recordar los lienzos del romanticismo, que minimizan al individuo frente a la inmensidad de la naturaleza.
Ocurre algo semejante en Lawrence de Arabia (David Lean, 1962). Construye el  británico sus encuadres con equilibrio, claridad y proporción, al servicio de una idea: la de que el desierto es un personaje más que incide en la soledad y grandeza del hombre. Como las montañas de Friedrich.
David Lynch. Lawrence de Arabia, 1962
Hitchcock, por su parte, pensaba en sus encuadres como arquitecturas geométricas -escaleras, pasillos, encuadres en espiral-, mientras que El Gatopardo (Visconti, 1963) remite a la brillantez y al movimiento barroco de forma clara y conjuga opulencia y melancolía, recargamiento y sensualidad. Su baile final tiene algo de cuadro vivo, y La dolce vita de Fellini (1960) es también un carnaval barroco de cuerpos y gestos.
Luchino Visconti. El Gatopardo, 1963
En cuanto al impresionismo, Terence Malick quizá lo encarne en la pantalla en ocasiones: en El árbol de la vida (2011) capta instantes fugaces y cambios atmosféricos convertidos en emociones visuales. Pero si nos referimos a ese movimiento, no queda más remedio que pensar en Jean Renoir y Una partida de campo: sus juegos lumínicos sobre la hierba y el agua ofrecen evocaciones muy concretas al padre del director y sus cercanos.
El expresionismo, que deforma la realidad para mostrar el alma, es indisociable de El gabinete del Doctor Caligari (1920), con sus luces violentas, decorados inclinados, sombras pintadas y perspectivas imposibles que expresan el desorden interior de los personajes (y del exterior, del mundo, en esos momentos). Wiene convierte el espacio en espejo del alma: la escenografía grita lo que los personajes no dicen.
En la cercana Metrópolis (Fritz Lang, 1927), las arquitecturas monumentales no tienen nada de anecdóticas, sino que constituyen alegorías del poder, como lo son las (un poco más tardías) ligadas a los totalitarismos.
Robert Wiene. El gabinete del Doctor Caligari, 1919
Las exploraciones surrealistas del inconsciente no es difícil hallarlas en Luis Buñuel, Dalí o Lynch; en la escena en el club Silencio de Mulholland Drive, una voz canta sin cuerpo. Colores, luces y sonidos adquieren el poder simbólico del universo y el cine se convierte en un sueño lúcido. Las imágenes en sus filmografías rompen la lógica narrativa, y una simple habitación puede devenir un espacio inquietante.
Otra de las relaciones cinematográfico-pictóricas más fecundas y evidentes la encontramos en Peter Greenaway. Obsesionado con Vermeer y Rembrandt, organiza la imagen con precisión matemática, envolviendo a los personajes en atmósferas íntimas. Suele mantener, además, el eje de la simetría.
Derek Jarman (The last of England, 1987), por su parte, siempre usa paletas puras y Julian Schnabel filmó La escafandra y la mariposa (2007) con la mirada del artista plástico (que es).
Derek Jarman. The last of England, 1987
El cine puede ser, también, un museo en movimiento. Pasolini, en La Ricotta (1963), reconstruyó imágenes renacentistas en la pantalla; muchas escenas de Melancholia (2011), de Lars von Trier, se inspiran en Friedrich; y también se da una clara conexión estética y filosófica entre el romanticismo y el cine contemporáneo existencial cuando nos habla de belleza y destrucción y sobre las confluencias entre lo interno y lo externo. El paisaje, en ambos casos, se convierte en metáfora del destino y de la conciencia humana.
Godard fue más lejos: en sus films cada plano puede suponer un diálogo con la historia del arte. Pero tenemos que acabar hablando del cine digital: en Loving Vincent (Dorota Kobiela, Hugh Welchman, 2017), el metraje se hace expresión viva de la pintura y cada secuencia reproduce las pinceladas del holandés.
Nunca siempre, ni mucho menos, pero alguna vez que otra daremos con planos cinematográficos que esconden siglos de producción pictórica.
David Lynch. Mulholland Drive, 2001
 
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