Más de cien autores rompen con la editorial Grasset tras el cese de Olivier Nora

Isaac

escritores abandonan la editorial Grasset

La editorial francesa Grasset, uno de los sellos más influyentes del panorama literario europeo, se ha visto sacudida por una ruptura masiva sin precedentes. Más de un centenar de autores han comunicado que dejarán de publicar con la casa en señal de protesta por la destitución de su director general, Olivier Nora, al que consideran pieza clave en la defensa de la independencia editorial.

Del despido de Olivier Nora a la desbandada de autores

La chispa que ha provocado la crisis estalló tras conocerse, un martes de abril, la salida fulminante de Olivier Nora, al frente de Grasset desde hace más de un cuarto de siglo. Durante 26 años, Nora fue el responsable editorial de un sello que ha acumulado 17 premios Goncourt y que se había ganado fama de casa abierta a voces muy diversas, desde la narrativa más literaria hasta el ensayo político.

Según los autores, no se trata de un simple cambio de ciclo, sino de un despido con claras implicaciones ideológicas. En una carta conjunta, que primero firmaron 115 escritores y que posteriormente se amplió hasta alcanzar los 130, denuncian que esta destitución constituye “un ataque inaceptable contra la independencia editorial y la libertad de creación”.

Entre los firmantes figuran nombres tan conocidos como Virginie Despentes, Sorj Chalandon, Bernard-Henri Lévy, Frédéric Beigbeder, Vanessa Springora, Laetitia Colombani, Laurent Binet, Dany Laferrière o Pascal Bruckner. La lista incluye tanto novelistas como ensayistas, superventas y autores de culto, lo que refuerza el impacto simbólico de la protesta dentro y fuera de Francia.

Los escritores se definen como “autores de Grasset, que hemos publicado en Grasset o tenemos un libro a punto de salir en Grasset”, pero se comprometen a que su próximo libro no llevará el sello de la editorial. Aseguran que la decisión se tomó con urgencia tras hacerse pública la destitución de Nora, y la presentan como un gesto colectivo de rechazo a la nueva orientación de la casa.

En la carta, describen a Olivier Nora como el “cemento” que mantenía unida a una editorial donde convivían pacíficamente autores con opiniones muy distintas. Para ellos, Nora actuaba como dique frente a las presiones externas y garantizaba un espacio editorial plural y protegido de las batallas políticas.

La sombra de Vincent Bolloré y el control de Hachette Livre

El conflicto no se entiende sin el contexto empresarial: Grasset forma parte de Hachette Livre, primer grupo editorial de Francia y tercero a nivel mundial. En 2023, el conglomerado pasó a estar controlado por Vincent Bolloré, magnate francés que ha construido su fortuna, en gran parte, en el sector logístico en África, y que en los últimos veinte años se ha convertido en un actor clave de los medios de comunicación franceses.

Desde su irrupción en el sector mediático en 2015, Bolloré arrastra acusaciones de injerencia editorial y de promover una línea ultraconservadora. Bajo su órbita se encuentran, entre otros, el canal de televisión CNews, la cadena Canal+, la radio Europe 1, el semanario Le Journal du Dimanche y la revista Paris Match. Diversas organizaciones, como Reporteros Sin Fronteras, han denunciado presiones sobre las redacciones y cambios en la orientación editorial de estos medios.

Los autores que se rebelan contra Grasset ven en la destitución de Nora el capítulo más reciente de una estrategia de control que se estaría extendiendo del mundo de los medios al del libro. En su misiva, citan explícitamente a Bolloré y le reprochan actuar como si la editorial fuera “su casa” donde puede “hacer lo que quiera”, sin consideración alguna por quienes escriben, editan, corrigen, producen o distribuyen los libros, ni por quienes los leen.

La salida de Nora se interpreta así como el cierre de un ciclo dentro de la reorganización interna de Hachette Livre. Otros altos cargos habrían abandonado sus puestos en los últimos años por desacuerdos con la nueva línea del grupo, y la crisis actual en Grasset aparece como un punto de no retorno en esa reconfiguración.

Algunos movimientos editoriales recientes dentro del conglomerado se leen en esta clave: por ejemplo, la editorial Fayard, también perteneciente al grupo, ha publicado obras de figuras de la derecha y la extrema derecha francesa, como el expresidente Nicolas Sarkozy o Jordan Bardella, líder de Agrupación Nacional y potencial candidato presidencial en 2027.

Un conflicto con derivadas legales y contratos singulares

Ante este escenario, varios de los escritores implicados estudian acciones legales para recuperar sus derechos. Según adelantan medios franceses, se baraja la posibilidad de una demanda colectiva que permita a los autores desvincular parte de su obra de Grasset y retomar el control sobre la explotación de sus libros.

El asunto es particularmente delicado en el caso de algunos autores de primera fila que tienen contratos especiales ligados directamente a la figura de Olivier Nora y no a la editorial. Es el caso de Virginie Despentes y Bernard-Henri Lévy, cuyos acuerdos contractuales estarían formulados de manera personal con el ya exdirector general.

Esta situación abre la puerta a que dichos autores puedan seguir a Nora allá donde vaya sin perder los derechos de las obras que han publicado mientras él estaba al frente de Grasset. De hecho, Bernard-Henri Lévy ha manifestado en la red social X que acompañará a Nora “adonde quiera que vaya”, subrayando así la dimensión personal y de confianza que está en juego.

Más allá de estos casos singulares, la posibilidad de una demanda colectiva apunta a un choque jurídico de gran alcance entre los escritores y el grupo editorial. No solo se trata de decidir dónde publicarán sus próximos libros, sino de qué ocurrirá con catálogos ya consolidados y con obras que, en algunos casos, forman parte del canon narrativo francés reciente.

En el plano interno, la editorial ya ha movido ficha: Jean-Christophe Thiery, director general del Louis Hachette Group y hombre de confianza de Bolloré, asumirá la dirección de Grasset en lugar de Nora. Este relevo se percibe también como una forma de reforzar el control de la matriz sobre un sello hasta ahora identificado con una fuerte autonomía editorial.

Una crisis que sacude la escena literaria francesa y europea

La ruptura en Grasset no es un episodio aislado, sino un síntoma de un malestar más amplio que recorre el ecosistema cultural europeo ante la concentración de poder mediático y editorial en pocas manos, similar a una historia de resistencia en el panorama editorial.

La controversia está llamada a ocupar un lugar destacado en el Festival del Libro de París, que se celebra en el Grand Palais y reúne a cientos de expositores y más de 1.800 autores. Se da por hecho que la crisis de Grasset será uno de los asuntos más comentados en debates, mesas redondas y conversaciones de pasillo entre editores, escritores, agentes y periodistas culturales.

Para el sector del libro en Europa, la situación reabre el debate sobre hasta qué punto los grandes grupos pueden influir en los catálogos sin vulnerar la libertad de creación. La concentración editorial, la dependencia de grandes conglomerados mediáticos y el peso que estos tienen en la conformación del espacio público preocupan especialmente en un momento de fuerte polarización política.

El caso de Grasset se suma a otras polémicas recientes en las que se ha cuestionado la interferencia de accionistas en decisiones editoriales, tanto en medios de comunicación como en empresas culturales. En este contexto, la respuesta coordinada de 115-130 autores franceses se interpreta como una señal de resistencia del mundo literario frente a lo que perciben como una deriva autoritaria en la esfera cultural.

La carta de los autores insiste en que no aceptan ser “rehenes de una guerra ideológica” que trate de imponer el autoritarismo en todos los ámbitos de la cultura y los medios. Rechazan que sus ideas y su trabajo pasen a ser “propiedad” de un solo grupo o de un accionista con una agenda política marcada, y reivindican el papel de la edición como espacio de debate plural.

El trasfondo editorial: Boualem Sansal y la libertad de publicación

Detrás de la destitución de Olivier Nora podría haber, además, un desacuerdo concreto en torno a un libro sensible. Según una fuente cercana al caso citada por medios franceses, la salida de Nora estaría vinculada a la publicación de la próxima obra del escritor franco-argelino Boualem Sansal.

La llegada de Sansal a Grasset desde Gallimard ya había generado un importante revuelo meses atrás. El autor, que estuvo un año detenido en Argelia, ha escrito un libro centrado en esa experiencia de encarcelamiento. El conflicto, según estas informaciones, se habría producido por la fecha de publicación: Nora defendía que el libro viera la luz en otoño, mientras que la dirección del grupo habría presionado para adelantar su salida a junio.

Oficialmente, no se han comunicado los motivos exactos del cese de Nora, pero para el colectivo de autores no hay dudas de que el fondo del asunto es un choque sobre la autonomía editorial. El desacuerdo sobre el libro de Sansal habría sido la gota que colmó el vaso en una relación ya tensionada por la entrada de Bolloré en el capital de Hachette.

Este episodio añade una capa más al conflicto, al poner en primer plano la cuestión de quién decide qué se publica y cuándo en una gran editorial. Para los escritores, la imposición de plazos o líneas temáticas desde la cúpula empresarial puede poner en peligro la credibilidad del catálogo y la confianza entre autores y editores.

El caso Sansal resuena con fuerza también en otros países europeos, donde se observa con atención cómo las grandes estructuras corporativas gestionan obras políticamente delicadas, especialmente cuando afectan a temas de derechos humanos, represión o libertades públicas.

En conjunto, la crisis de Grasset revela hasta qué punto el mundo del libro es hoy un campo de batalla simbólico en el que se dirimen conflictos sobre poder, ideología y libertad de expresión. Lo que empezó como la noticia del despido de un director general ha destapado una fractura profunda entre una parte muy significativa de los autores y el accionariado de uno de los gigantes editoriales europeos.

La salida coordinada de más de un centenar de escritores, las posibles demandas colectivas y la presión pública en un escenario tan visible como el Festival del Libro de París sitúan a Grasset en el centro de una tormenta que va mucho más allá de una empresa concreta. Para muchos observadores, lo que está en juego es la capacidad del sector editorial europeo de seguir ofreciendo un espacio real de pluralidad y autonomía frente a la lógica de los grandes conglomerados y sus intereses ideológicos.


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Eduardo Mendoza regresa con «La intriga del funeral inconveniente» y reaviva el debate cultural en Barcelona

Isaac

Retrato de Eduardo Mendoza

Eduardo Mendoza vuelve a ocupar el centro del escaparate literario con una nueva novela, entrevistas jugosas y una polémica cultural que ha encendido el debate en Cataluña. A sus más de ocho décadas de vida, lejos de retirarse del todo, el autor barcelonés encadena libros, reflexiones irónicas sobre la actualidad y comentarios que no dejan indiferente a nadie.

Su nuevo título, «La intriga del funeral inconveniente» (Seix Barral), recupera al mítico detective sin nombre y lo sumerge en una trama de corrupción financiera, chapuzas criminales y personajes desquiciados, todo ello en una Barcelona a medio camino entre la ciudad ordenada y la urbe canalla. Al mismo tiempo, Mendoza ha avivado la discusión sobre cómo llamar al 23 de abril, defendiendo que se diga Día del Libro en lugar de Sant Jordi, unas palabras que han provocado respuestas airadas desde el ámbito político catalán.

Un funeral cutre, un periodista torpe y una conspiración financiera

La chispa de «La intriga del funeral inconveniente» salta en un tanatorio: un entierro de tercera, despachado en un rincón del párking, sirve de arranque a una cadena de despropósitos que termina por destapar una trama financiera de alto nivel. El joven Ramoncito Valenzuela, periodista en prácticas, escribe una crónica aparentemente insignificante sobre ese funeral en un diario local y, por ello, es despedido de forma fulminante en sus primeros días de trabajo.

Lo que parece una anécdota laboral se transforma en el detonante de una investigación disparatada. Ramoncito provoca sin saberlo una reacción en cadena que arrastra a empresarios, clérigos, delincuentes, travestis, teleoperadores y viejos policías reciclados, todos envueltos en una conspiración en la que nadie quiere que la verdad salga a la luz. Lo que empieza como un incidente menor se va enredando hasta revelar una red de suplantaciones, chapuzas criminales y blanqueo de dinero con islas ficticias en el Índico como escenario exótico.

En el centro del enredo reaparece el célebre detective sin nombre, una de las creaciones más queridas de Mendoza desde El misterio de la cripta embrujada. Jubilado, mayor, instalado en una rutina tranquila y metódica, vuelve a la acción casi a su pesar. El propio escritor reconoce que es su alter ego: un tipo algo burro, desastrado, pícaro, más listo y más atrevido que él mismo, con bastante mejor suerte con las mujeres y dispuesto a hacer por él lo que su autor, tímido y bien educado, nunca se permitiría.

Junto al detective y Ramoncito, desfila una troupe de personajes delirantes: un cura que salpica sus intervenciones con frases en latín; el ex inspector Jarana, aficionado al travestismo bajo el nombre de Manola; la hija del sepulturero que se hace llamar Gucci aunque en realidad se llame Titina y termine secuestrada; un teleoperador latinoamericano llamado Winston, empleado de la compañía telefónica Elgordi S.A., que aporta su experiencia en secuestros cotidianos. Sobre este elenco, Mendoza construye diálogos rápidos y situaciones absurdas que funcionan como una parodia feroz de la corrupción empresarial y del caos político y social.

Humor, sátira y tradición picaresca en clave barcelonesa

La novela se mueve en esa mezcla tan reconocible de sátira, absurdo y lucidez moral que ha convertido a Mendoza en un referente europeo del humor literario. El autor insiste en que hacer reír es un trabajo serio, casi artesanal: el chiste y la situación disparatada solo funcionan si el lector acepta desde el principio el juego y mantiene con el narrador un pacto de complicidad similar al que se da en cuentos como Blancanieves o en relatos góticos como Drácula. Si uno no entra en la premisa —que ese funeral cutre pueda desencadenar una conspiración demencial—, la historia se desmorona.

El humor de Mendoza bebe de la novela picaresca española y de los escritores franceses del siglo XVIII, con Cervantes como origen inevitable. Sin renunciar a la tradición, el escritor se distancia del dramatismo solemne que dominó buena parte de la literatura del siglo XIX y recuerda que, en España, el humor se refugió durante décadas en el teatro, en las comedias de Mihura y compañía. Él lleva ese espíritu juguetón a la narrativa, demostrando que se puede hablar de lucha de clases, corrupción, memoria histórica o decolonialismo sin perder la sonrisa.

En «La intriga del funeral inconveniente» vuelven los equilibrios marca de la casa: lo que a primera vista parece una simple bufonada policíaca contiene una crítica social nada candorosa. La corrupción financiera, los mangantes de medio pelo y la picaresca ligada al dinero aparecen retratados con una ironía que no oculta la dureza del diagnóstico. Mendoza se burla de los negociantes corruptos que se autoproclaman los últimos románticos en tiempos de fariseísmo, y subraya cierta tradición española de querer enriquecerse sin trabajar, de simpatía por el listo que se cuela y hace trampas.

Al mismo tiempo, el autor evita el sentimentalismo fácil. La sentimentalidad en sus novelas es tenue, casi avergonzada, camuflada detrás de la comicidad y del disparate. Cuando habla del amor, por ejemplo, lo hace con frases como que los audaces se enamoran dos o tres veces, los prudentes una sola y los timoratos nunca, reservando para los tontos —entre los que se incluye con sorna— la posibilidad de enamorarse más de tres veces, incluso en un mismo día.

Barcelona, escenario canalla y civilizado a la vez

Barcelona vuelve a ser un personaje central en la obra de Mendoza. Desde La ciudad de los prodigios hasta sus novelas más disparatadas, la capital catalana aparece como un espacio que condiciona el destino de sus protagonistas. En «La intriga del funeral inconveniente» la ciudad es el telón de fondo de funerales tristones en el párking de un tanatorio, bares desaparecidos sustituidos por heladerías para turistas y barrios en los que conviven la respetabilidad burguesa y la memoria de una Barcelona canalla ya casi borrada.

Para el escritor, la Barcelona de su infancia era un lugar pobre, sucio y poco turístico, una ciudad secundaria por la que los viajeros extranjeros pasaban de largo camino de Sevilla o de otros destinos más «typical spanish». El Palau de la Música estaba medio vacío, la Casa Batlló albergaba un laboratorio de análisis de sangre y la ciudad vivía de espaldas al mar. Con los años, esa urbe gris se ha transformado en un escaparate internacional: Barcelona decidió hacer de su imagen una profesión, con todo lo que eso conlleva.

Hoy, Mendoza la define como una combinación perfecta de ciudad civilizada y ordenada y, a la vez, canalla y tercermundista. Valora su clima, la buena comida, la amabilidad relativa de sus habitantes y el funcionamiento razonable de sus servicios. Ve con distancia crítica el turismo masivo y la gentrificación que expulsan a vecinos de sus barrios, pero no comparte la nostalgia que idealiza una supuesta Barcelona auténtica: recuerda que aquel pasado tan añorado era, en realidad, bastante más duro de lo que ahora se cuenta.

En sus conversaciones recientes, el autor evoca espacios reales y deformados, como cafés donde coincidían travestis presididos por Carmen de Mairena, barberos de barrio, profesores universitarios y familias gitanas, escenas que reaparecen transfiguradas en sus novelas. También ironiza sobre el fervor cívico de la ciudad, capaz de convertir el Parlament en una máquina de aprobar resoluciones grandilocuentes sobre la pobreza en el mundo mientras la vida cotidiana sigue su curso entre turistas, fiestas encadenadas y manifestaciones variopintas.

El regreso insistente del supuesto jubilado

Eduardo Mendoza lleva años anunciando su retirada de la novela, pero la jubilación se le resiste. Él mismo lo admite con sorna: tiene incontinencia literaria. En cuanto deja de escribir, las palabras y las ideas se le acumulan en la cabeza y se siente al borde de explotar. Dice que de cada diez proyectos que empieza, nueve van a la papelera, pero aun así siguen apareciendo nuevos libros que contradicen sus promesas de adiós definitivo.

Tras Tres enigmas para la organización, que ya supuso un regreso después de una primera declaración de retirada, «La intriga del funeral inconveniente» es la segunda novela que publica desde que dijo que colgaba la pluma. Entre medias, ha recibido el Premio Princesa de Asturias de las Letras y ha encadenado entrevistas en las que reconoce que no sabe dejar de trabajar. Para él, la jubilación tiene una cara amable —la liberación de ciertas obligaciones— y otra más inquietante: ¿qué hace alguien que ya se levantaba a la hora que quería, con un trabajo que le divertía, cuando le obligan a no hacerlo?

Mendoza mantiene una disciplina peculiar: escribe todos los días, aunque no siempre sepa si lo que tiene entre manos será novela, cuento o simple experimento. Confiesa que una de las cosas que se pierden con la edad es la capacidad de entretenerse, y la escritura se ha convertido en su manera de llenar unas horas que de otro modo le pesarían. De momento, prefiere no anunciar nuevos proyectos; asegura que ahora mismo no está trabajando en nada concreto y que, si alguna idea cuaja, seguirá su propio camino sin demasiada planificación previa.

Esta falta de plan se nota también en el proceso de creación de su última novela. Admite que escribe sin esquema, dejándose llevar por lo que se le ocurre, hasta el punto de llegar al final del libro sin tener del todo claro qué ha pasado exactamente en la trama. Lo dice sin dramatismo, como parte del juego: para él, empezar a escribir sin que el resultado sea incierto va contra la esencia misma de la literatura, una lección que atribuye a Juan Benet y que ha tratado de aplicar desde sus comienzos.

Del Día del Libro a Sant Jordi: la broma que encendió a la política catalana

La promoción de «La intriga del funeral inconveniente» ha estado marcada por una controversia ajena al argumento de la novela, pero muy enraizada en el calendario cultural catalán. Durante la presentación del libro en Barcelona, Mendoza defendió que el 23 de abril se debería llamar Día del Libro y no Sant Jordi, recuperando así la denominación que, recuerda, se utilizaba tradicionalmente antes de que el santo «se metiera» en la fecha.

Con su ironía característica, afirmó que Sant Jordi «no pinta nada» en una jornada dedicada a los libros y a los escritores, y apuntó que, según la leyenda, se trataba de un «maltratador de animales» por su enfrentamiento con el dragón, seguramente incapaz incluso de leer. Subrayó que no es el patrón de los escritores —ese papel corresponde a San Francisco de Sales— y se mostró dispuesto a iniciar una campaña para que se deje de hablar de Sant Jordi y se hable simplemente del Día del Libro.

Las declaraciones tuvieron inmediata réplica en redes sociales y en el ámbito político. Dirigentes de partidos nacionalistas catalanes salieron en defensa de la festividad, recordando que Sant Jordi es mucho más que una marca: para ellos, es el día en que Cataluña se muestra al mundo a través de sus libros, su lengua y su identidad. Desde ese punto de vista, acusaron al escritor de querer vaciar de significado una jornada que consideran la expresión más pura de la cultura catalana.

Algunos comentarios fueron especialmente duros, llegando a interpretar las palabras de Mendoza como la interiorización de un supuesto desprecio franquista hacia la catalanidad. El escritor, por su parte, ha insistido posteriormente en que se trataba de una broma, una manera socarrona de señalar que la figura del santo se ha apropiado de una celebración que, en su origen, conmemoraba la muerte de Cervantes y Shakespeare y ponía el foco en la literatura, no en los milagros ni en los dragones.

La pequeña tormenta mediática en torno al 23 de abril se suma a otros momentos en los que sus comentarios han agitado el avispero público, como cuando bromeó con su gusto por las corridas de toros o ironizó sobre la proliferación de premios literarios millonarios. Pese al ruido, Mendoza se muestra más resignado que combativo: sabe que Sant Jordi le espera cada año con colas de lectores en busca de una firma, y asume que, le llame como le llame, esa jornada seguirá siendo una cita intensa para cualquiera que publique en Cataluña.

Premios, política y mirada crítica sobre España y el mundo

El reconocimiento institucional a Mendoza se ha consolidado con el Premio Princesa de Asturias de las Letras, que se suma al Premio Cervantes, al Planeta y a otros galardones nacionales e internacionales. A pesar de esta larga lista de distinciones, su relación con la vanidad es ambivalente: celebra sus éxitos, disfruta viendo fajas con cifras de ventas imponentes y admite que le encantan los premios, pero reivindica que haber sido un lector exigente le ha vacunado contra ciertos delirios de grandeza.

En sus intervenciones públicas recientes, el escritor se ha permitido alguna reflexión política muy comentada, especialmente sobre la crispación en España. Sostiene que existe un «ruido extraño» concentrado en Madrid, alimentado por tertulias estridentes y una retórica inflamatoria, mientras que fuera de la capital la atmósfera le parece algo más serena. Cita el caso de Cataluña, donde considera que la combinación de gestión socialista y acuerdos políticos ha rebajado la tensión tras los años más intensos del procés.

Sin mencionar nombres propios en ocasiones, se ha referido de forma implícita a la presidenta madrileña al hablar de una forma de hacer política que eleva el volumen de la confrontación. Al mismo tiempo, reconoce que una generación entera ha visto cómo se desdibujaba su proyecto vital por culpa de las crisis encadenadas, un caldo de cultivo en el que, según él, se entiende mejor el auge de la extrema derecha en Europa.

Su mirada sobre la Transición es matizada: no comparte el relato catastrofista que la pinta como un fracaso absoluto. Recuerda que había varios futuros posibles y que, con sus defectos, el resultado fue razonable si se compara con otros procesos históricos. Eso sí, admite que se dejaron esqueletos en el armario que, con el tiempo, han ido reapareciendo, y que el arribismo y el pelotazo se instalaron con facilidad en la vida pública española.

Más allá de lo local, Mendoza se muestra moderadamente pesimista respecto al estado del mundo, pero sorprendido de que las cosas funcionen tan bien como lo hacen. Como lector voraz de historia, señala que la violencia, las guerras y las invasiones no son una novedad de nuestro tiempo, sino una constante humana que adopta hoy formas tecnológicamente más eficaces. Lo que le asombra, dice, no es que todo vaya tan mal, sino que, siendo como somos, sigamos siendo capaces de mantener en pie trenes, carreteras, hospitales o incluso un mínimo de convivencia.

En debates como el de la memoria histórica, el decolonialismo o las viejas guerras civiles españolas, el escritor apela a la perspectiva temporal. Recuerda que los relatos de sus abuelos sobre los carlistas le sonaban a película de aventuras, y cree que algo parecido ocurre hoy con la Guerra Civil para las generaciones jóvenes: el lenguaje político de la época, con expresiones como «hordas rojas» o «glorioso alzamiento nacional», le parece ya casi un fósil lingüístico, un museo del franquismo incrustado en la radio y la televisión de su infancia.

En cuanto a la capacidad del humor y la literatura para mejorar el presente, Mendoza no se hace grandes ilusiones. Acepta que los libros y las bromas difícilmente frenarán guerras o crisis, pero reivindica que al menos ayudan a mirar la realidad con una mezcla de distancia y lucidez que, quizá, permita sobrellevar mejor la brutalidad de la historia y de la política cotidiana.

Entre funerales de tercera, detectives sin nombre y discusiones sobre santos y libros, Eduardo Mendoza se mantiene como una voz singular en el panorama literario español y europeo. Con la misma mezcla de timidez, ironía y escepticismo risueño que lo acompaña desde sus años en Nueva York, sigue escribiendo cada día, repensando Barcelona y lanzando frases que a veces desatan tormentas. Su nueva novela confirma que, jubilado o no, continúa afinando un humor que retrata con precisión un país donde la corrupción convive con la picaresca, la nostalgia con la gentrificación y la fiesta de los libros con batallas simbólicas que van mucho más allá de un dragón y una rosa.


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CON ACENTO

¿QUÉ ES CON ACENTO?
Una serie de encuentros con escritores hispanoamericanos que cumple cinco ediciones. En cada una de ellas, propone fijar la mirada en algún fenómeno que defina la esencia de la historia.
 
¿QUIÉN LO ORGANIZA?
La Fundación Casa de México en España, en colaboración con UNAM España y Conde Duque.
 
¿EN QUÉ SE CENTRARÁ SU PRÓXIMA EDICIÓN?
En las migraciones, teniendo en cuenta que sus implicaciones son mayores que las de un simple desplazamiento geográfico: la movilidad humana ha sido, a lo largo de los siglos, uno de los motores que ha moldeado nuestro mundo, compuesto por territorios que a veces acogen y a veces expulsan.
La literatura y las lenguas son herramientas posibles para entender las migraciones, para analizarlas, contrastarlas, explicarlas o transitarlas, al tiempo que esas disciplinas se enriquecen y transforman ante estos movimientos.
 
¿EN QUÉ FECHAS Y DÓNDE SE CELEBRARÁ?
Los días 21 y 22 de abril de 2026 en Fundación Casa de México en España, y el 23 de abril en Conde Duque.
 
¿QUÉ ACTIVIDADES SE PROGRAMARÁN?
Durante tres jornadas, escritores de diferentes latitudes dialogarán sobre cuestiones candentes -como la violencia antimigratoria en Estados Unidos, la estigmatización de la lengua española y los desplazamientos forzosos por los crecientes conflictos bélicos— y sobre las migraciones sutiles y simbólicas, como el viaje de los catálogos editoriales, la pérdida de los paisajes conocidos frente a la influencia que ejercen los nuevos y la experiencia íntima de arraigos y desarraigos.
En concreto, serán cuatro las mesas programadas: Narrar la otredad desde Estados Unidos; Libros, editores y catálogos en tránsito; Relatos migrantes; y Escribir, migrar y hablar en español.
 
¿QUÉ AUTORES PARTICIPARÁN?
Miguel Albero, Daniel Chacón, Santiago Vaquera-Vásquez, Joseba Martínez, David Andrés Cabañas, Guillermo Quijas, Andrea Stefanoni, María Treviño Garza, Elena Mesa, Rocío Saucedo Ceballos, Yeisson Vargas Rendón, Renato Cisneros, María Fernanda Ampuero, Claudia Apablaza, Gabriela Wiener y Jorge Volpi.
 
¿A QUIÉN SE DESTINAN LOS ENCUENTROS?
A público general interesado en la literatura.
 
¿QUÉ TENGO QUE HACER PARA ACUDIR?
Las entradas son gratuitas, previa reserva en la web de la Fundación Casa de México.
 
 
PARA MÁS INFORMACIÓN:
www.casademexico.es

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La vergüenza es azul, nueva ganadora del Premio Ateneo-Ciudad de Valladolid

Isaac

Premio Ateneo-Ciudad de Valladolid

La novela «La vergüenza es azul» se ha alzado con el 73 Premio de Novela Ateneo-Ciudad de Valladolid, uno de los galardones literarios con más recorrido del panorama español. El fallo se ha dado a conocer en un acto oficial celebrado en el Ayuntamiento de Valladolid, donde se ha ratificado la condición de este premio como cita clave para la narrativa en castellano.

Su autora, la escritora y guionista barcelonesa Isolda Patrón-Costas Crosta-Blanco, residente en Madrid y muy ligada al mundo cinematográfico, se presentó al certamen con el seudónimo Adela Landoni. La obra, que supone su segunda incursión en la novela, ha convencido al jurado por su retrato de unas relaciones familiares tan intensas como delicadas.

Un premio veterano y muy disputado

El Premio de Novela Ateneo-Ciudad de Valladolid alcanzaba este año su 73 edición, consolidado como uno de los más antiguos del género en España, solo por detrás del Nadal. El Ayuntamiento de Valladolid respalda económicamente el galardón, dotado con 20.000 euros, además de garantizar la publicación de la obra ganadora en la editorial Menoscuarto.

En esta convocatoria han concurrido más de dos centenares de manuscritos, remitidos desde todas las comunidades autónomas y también desde diversos países de habla hispana y de Europa. El volumen de originales ha crecido en torno a un 15 % respecto al año anterior, lo que ha obligado a desplegar varias fases de lectura y filtrado a cargo de diferentes comisiones.

Tras ese proceso de selección, el comité dejó en la recta final cuatro novelas finalistas: «Después de la montaña» (lema Basilisco), «El poder de Ari» (lema Ária Vidal Martín), «1978» (lema Leo Winter) y «La vergüenza es azul» (lema Adela Landoni). Fue sobre este grupo reducido sobre el que deliberó el jurado hasta decantarse por la obra de Patrón-Costas.

El jurado ha estado presidido por Angélica Tanarro, periodista, poeta y responsable de la Sección de Literatura del Ateneo de Valladolid. Junto a ella han participado los escritores Espido Freire, Noemí Sabugal y Gustavo Martín Garzo, además del editor y director de Menoscuarto, José Ángel Zapatero, conformando un panel de perfiles literarios muy reconocibles en el ámbito nacional.

En el acto público celebrado en el Salón de Recepciones del Ayuntamiento, el alcalde Jesús Julio Carnero presidió la lectura del acta y quiso subrayar el papel de la literatura como motor cultural de la ciudad. También intervinieron el presidente del Ateneo de Valladolid, Luis María Gil-Carcedo, y la concejala de Educación y Cultura, Irene Carvajal, que acompañaron a los miembros del jurado en la presentación del fallo.

Así se comunicó el fallo a la autora

El momento clave de la jornada llegó cuando, una vez leída el acta y abierta la plica, se desveló la identidad real tras el seudónimo Adela Landoni. El alcalde llamó en directo por teléfono a Isolda Patrón-Costas para comunicarle que su manuscrito había sido el elegido entre todos los participantes.

La escritora ha contado que recibió la llamada en plena jornada laboral, al salir de una reunión en la que preparaba «un rodaje muy grande». Al ver en la pantalla del móvil una llamada procedente de Valladolid, reconoce que le costó creer lo que estaba ocurriendo. «Estoy temblando, muy emocionada», confesó, pidiendo incluso disculpas por si la emoción le impedía expresarse con claridad.

Durante la conversación con el alcalde, Patrón-Costas subrayó que este reconocimiento supone un punto de inflexión en su trayectoria literaria, que hasta ahora combinaba con una carrera muy intensa en el cine. La incorporación de su nombre al palmarés del Ateneo-Ciudad de Valladolid se percibe como un impulso decisivo para su futuro como novelista.

La entrega oficial del galardón y la presentación de la obra al público se celebrarán dentro de la Feria del Libro de Valladolid, en un acto que tendrá lugar el 5 de junio en el marco de los eventos literarios organizados en la ciudad. La novela será editada y distribuida por Menoscuarto, lo que facilitará su llegada a librerías de toda España.

El Ayuntamiento ha querido remarcar, a través de los representantes institucionales presentes, que el premio encaja en una idea amplia de cultura, que va más allá de la literatura para abarcar también la ciencia, las tradiciones y las distintas manifestaciones artísticas que circulan por la ciudad y por el conjunto de Europa.

Una historia de madres, hijas y vergüenza

El acta del jurado destaca de «La vergüenza es azul» su mirada sobre las complejas relaciones materno-filiales. La novela se adentra en el vínculo entre una madre y sus hijas, y en la forma en que esa figura materna marca la personalidad y el destino de las jóvenes, con un tono que mantiene la tensión narrativa hasta las últimas páginas.

La autora ha explicado que el libro narra cómo una hija se mira en el espejo de su madre, observa sus pasos erráticos y se ve empujada a intentar salvarla, al tiempo que lucha por sostenerse a sí misma. Desde ese conflicto, la protagonista trata de reconstruir su propio relato vital y de revisar el de la mujer que la crió, siempre atravesada por el afecto y por un sentimiento difícil de poner en palabras.

Patrón-Costas reconoce que, a medida que avanzaba la escritura, se dio cuenta de que había un sentimiento que impregnaba toda la novela: la vergüenza. Una vergüenza ligada al miedo, a la dificultad de comprender qué está pasando y a la sensación de no encontrar un nombre adecuado para lo que se vive. Ese matiz emocional es el que termina por dar sentido al título.

El color azul se incorpora como una especie de clave íntima dentro del relato, vinculada a ese pudor y a esa incomodidad de la protagonista frente a las situaciones que atraviesa. La autora ha preferido no desvelar con detalle el porqué del color y ha invitado a los lectores a descubrirlo al avanzar en las páginas, remarcando que el tono cromático acompaña la evolución interna del personaje.

El jurado ha subrayado, además, que la novela se sostiene sobre una prosa fluida y muy visual, capaz de mantener la intriga sin recurrir a golpes de efecto gratuitos. Esa manera de narrar, directa pero cuidada, es uno de los rasgos que más se han valorado a la hora de otorgar el premio entre las obras finalistas.

Granada como escenario literario

«La vergüenza es azul» está ambientada íntegramente en Granada, una ciudad con la que la autora mantiene una relación personal. Patrón-Costas pasó parte de su infancia en un pueblo cercano a la capital nazarí y asegura que conoce bien sus calles, sus barrios y su atmósfera, algo que ha aprovechado para convertirla en un escenario con peso propio dentro de la novela.

En sus declaraciones tras el fallo, la escritora ha descrito el barrio del Albaicín como un «microcosmos», separado de la ciudad moderna no solo por la geografía, sino también por la intensidad cultural y simbólica que concentra. Esa mezcla de historia, diversidad y fronteras difusas encaja con la trama de la novela y con los conflictos internos de sus personajes.

Granada aparece así como un espacio cargado de confluencias, donde distintas culturas han ido dejando huella a lo largo de los siglos. Patrón-Costas considera que esa riqueza de capas y miradas la convierte en un lugar idóneo para una historia centrada en la identidad, en la memoria familiar y en la posibilidad de rehacer el propio relato vital.

El contexto granadino se suma, por tanto, a la dimensión íntima de la novela para articular un relato donde lo personal y lo urbano se entrelazan. Las emociones de los personajes dialogan con los paisajes de la ciudad, desde las cuestas del Albaicín hasta los rincones menos transitados, creando un marco que refuerza el tono de reconstrucción interior que recorre el libro.

La elección de esta ciudad andaluza enlaza también con la propia biografía de la autora, que ha repartido su vida y su formación entre distintos territorios, tanto españoles como extranjeros. Esa mirada en movimiento se deja notar en la manera en que habita el espacio narrativo y en el enfoque con el que representa los vínculos familiares.

El perfil de la ganadora

Isolda Patrón-Costas nació en Barcelona en 1974 y ha desarrollado buena parte de su formación entre varios países. Se ha educado en Estados Unidos, Alemania y Escocia, además de en distintas ciudades españolas, algo que ha marcado su trayectoria profesional y creativa.

Licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Sevilla, completó después un Máster en Producción Cinematográfica en la Universidad Complutense de Madrid y un Máster de Fotografía en la Napier University de Edimburgo. Ese recorrido académico se ha visto reforzado por una intensa carrera en el sector audiovisual internacional.

En el ámbito de la escritura, Patrón-Costas cursó un Máster de Narrativa en la Escuela de Escritores de Madrid, donde obtuvo una Beca al Rendimiento Académico, y se especializó también en guion cinematográfico y de televisión en la Escuela de Guion de Madrid, de la mano de la guionista Alicia Luna. De esta forma ha ido compaginando la práctica literaria con el trabajo para la pantalla.

Su debut en la novela llegó en 2022 con «Amargosa», publicada por la editorial Tres Hermanas. Esta primera obra fue finalista de la 51 edición del Premio Felipe Trigo de novela y quedó tercera finalista en el Premio Premier Roman (Chambéry, Francia) a la mejor primera novela publicada, consolidando desde el inicio una buena recepción crítica.

Según la propia autora, su primer libro se movía más cerca del thriller de tono oscuro, donde coincidían asesinatos y cierto enfoque de periodismo sensacionalista. Con «La vergüenza es azul» cambia de registro hacia una narración más íntima y emocional, sin renunciar a la tensión, pero centrando el foco en la reconstrucción personal y en los lazos familiares.

Cine y literatura: una doble mirada

Buena parte de la carrera profesional de Patrón-Costas se ha desarrollado en la industria cinematográfica internacional. Inició su trayectoria en Los Ángeles y ha formado parte de equipos de producción de grandes proyectos, tanto comerciales como de autor, lo que le ha dado una perspectiva muy visual del relato.

Entre los títulos en los que ha participado figuran producciones como «Biutiful», del director Alejandro González Iñárritu, o «La promesa», de Terry George, además de filmes comerciales de amplia difusión y documentales como «Mira la luna», rodado en instalaciones de la NASA. Esta experiencia le ha permitido conocer desde dentro el engranaje del cine de gran presupuesto.

En España ha trabajado también en departamentos de desarrollo de guion y producción para distintas productoras, y ha colaborado como lectora de guiones de forma independiente. Actualmente compagina la labor de agente cinematográfica y la producción en rodajes con la escritura de novela, cuento y guion para cine y televisión.

La autora se define como «contadora de historias» antes que como profesional de un solo medio. Asegura que la imagen tiene un peso central en su manera de imaginar tramas y personajes y que suele visualizar las escenas casi como si las viera en pantalla, algo que después traslada a la página escrita.

Aun así, sostiene que le resulta más sencillo trasladar la imaginación a la novela que al cine. La prosa, explica, le ofrece una libertad creativa mucho mayor, sin las limitaciones presupuestarias ni técnicas que imponen las producciones audiovisuales. «En la escritura puedes construir mundos sin recurrir a recursos que en pantalla resultarían forzados», ha señalado en varias ocasiones.

Con este premio, la figura de Isolda Patrón-Costas se afianza en el panorama literario español como una autora que cruza constantemente las fronteras entre la narrativa escrita y el lenguaje audiovisual, aportando a sus novelas una cadencia muy marcada por el ritmo de la imagen y por la construcción de escenas casi cinematográficas.

El conjunto de datos que rodean a esta edición del Premio Ateneo-Ciudad de Valladolid, el peso creciente de las obras presentadas desde toda España y diversos países europeos, la solidez del jurado y la trayectoria híbrida de la ganadora dibujan un contexto en el que la novela «La vergüenza es azul» se sitúa como una apuesta clara por las historias íntimas, complejas y visuales, reforzando el papel de Valladolid como escenario destacado de la narrativa en lengua española.


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Programación especial de los Días de Libro en la Red de Bibliotecas

Isaac

Cartel generico Dias de Libro

Del 13 al 23 de abril, la ciudad se vuelca de nuevo con la lectura gracias a una nueva edición de los Días de Libro 2026, una programación especial diseñada para acercar los libros, sus autores y la creación literaria a toda la ciudadanía. Esta cita, impulsada por la Red de Bibliotecas Municipales, se consolida como uno de los momentos clave del calendario cultural vinculado al Día Internacional del Libro.

En esta ocasión, la propuesta llega con una novedad destacada: por primera vez el centro neurálgico de la actividad se traslada a Montehermoso como sede principal, que acogerá la mayor parte de los encuentros con escritores y escritoras. A lo largo de diez días, se sucederán presentaciones, charlas, debates y acciones participativas en las que el público lector será también protagonista, con entrada libre hasta completar aforo y un ambiente pensado para disfrutar de los libros sin prisas.

Fechas, sede y formato de los Días de Libro 2026

El programa de los Días de Libro se desarrollará de forma continuada entre el lunes 13 y el jueves 23 de abril, coincidiendo con la celebración del Día Internacional del Libro. Todas las actividades centrales se han programado en horario de tarde, a partir de las 18:30 horas, para facilitar la asistencia después de la jornada laboral o lectiva.

La gran novedad de esta edición es el cambio de ubicación: la iniciativa deja atrás sus sedes anteriores y se instala por vez primera en Montehermoso, que se convierte en el punto de encuentro para los diálogos con autores, presentaciones y entrevistas en vivo. Este espacio cultural ofrecerá un entorno cómodo y accesible para que el público pueda disfrutar de la programación en unas condiciones óptimas.

El acceso a los actos es gratuito y abierto, limitado únicamente por la capacidad de la sala. Además, en dos de las jornadas, concretamente las del 13 y el 16 de abril, se contará con servicio de intérprete de lengua de signos, un añadido que busca garantizar una mayor inclusión y accesibilidad para todas las personas interesadas en la programación.

Durante estos días también habrá un punto de venta y firma de libros en la propia sede, donde las personas asistentes podrán adquirir las obras de los autores invitados y llevarse sus ejemplares dedicados. Se pretende así que el encuentro no se limite a la escucha, sino que se convierta en un espacio de conversación y de intercambio directo entre quienes escriben y quienes leen.

Actividad generica Dias de Libro

Encuentros con autoras y autores: del thriller y la autoficción al ensayo

La programación literaria de los Días de Libro 2026 reúne a nombres consolidados de las letras españolas y vascas, así como a voces clave en el cómic y el ensayo. Cada jornada gira en torno a un autor o proyecto diferente, con entrevistas conducidas por profesionales de la comunicación y de la mediación cultural.

El ciclo arranca el lunes 13 de abril con la escritora y periodista Nativel Preciado, que llega a Montehermoso para presentar su novela más reciente, El pan de mis hijos. Se trata de una obra que mezcla intriga, metaliteratura y autoficción, aderezada con un marcado sentido del humor y centrada en las vicisitudes de un personaje particularmente llamativo. La comunicadora alavesa Aitziber Pérez de Karkamo será la encargada de conversar con la autora, repasando su amplia trayectoria en el periodismo y la literatura, así como las claves de su último libro.

El martes 14 de abril será el turno del Premio Nacional de Narrativa y Premio Euskadi por Obabakoak, Bernardo Atxaga. El escritor ofrecerá una presentación muy especial en euskera de su novela Enarak, un proyecto descrito como diferente y rompedor dentro de su obra. Para dar forma a este encuentro, Atxaga combinará textos, imágenes y otros recursos que permitan adentrarse en el universo de su nueva narración, con suspense, humor y profundidad, y un uso del lenguaje ligero y audaz que ya es marca de la casa.

La tercera jornada, el miércoles 15 de abril, se dedicará al relato visual y al cómic de la mano de Laura Pérez Vernetti, pionera del cómic adulto en España. La autora presentará su obra más reciente, La venus de los tacones, y aprovechará la ocasión para reflexionar sobre las dificultades que todavía encuentran las mujeres para abrirse hueco en un sector históricamente muy masculinizado como es el del cómic. La entrevista estará guiada por Azucena Monge, especialista con dos décadas de experiencia en talleres de lenguaje e historia del cómic.

El jueves 16 de abril el protagonismo recaerá en Lorenzo Silva, uno de los nombres más reconocibles de la narrativa española contemporánea. El escritor presentará su libro Con nadie y mantendrá una charla con la periodista Naiara López de Munain, en la que se repasará tanto su trayectoria como autor de novelas policíacas e históricas, que suman más de dos millones y medio de lectores, como las particularidades de su nueva obra. También en esta sesión se contará con intérprete de lengua de signos, reforzando la vertiente inclusiva del programa.

La agenda retoma actividad el martes 21 de abril con una cita doble en torno a la lectura fácil y la adaptación de textos. El adaptador Javier Alcázar y el ilustrador Manu Arroyal presentarán la versión en Lectura Fácil de La edad de la ira, de Nando López, realizada en colaboración con APDEMA y la Asociación de Lectura Fácil Euskadi. Durante el encuentro, se explicará cómo se ha trabajado la construcción de los textos más accesibles y la importancia de las imágenes y la narración visual para hacer llegar la historia a más tipos de lectores.

El miércoles 22 de abril se cerrará el bloque de encuentros con autores con la presencia del historiador Mikel Soto, que presentará, en euskera, su ensayo dedicado a la figura del poeta Jon Mirande: Mirande, herriminez, ezin-minez. Para profundizar en el personaje y en el contexto histórico y cultural que lo rodea, el autor estará acompañado por Miel Anjel Elustondo, experto en la materia y reconocido por su labor como entrevistador en el ámbito cultural.

Entrega de premios y actividades conmemorativas

El jueves 23 de abril, coincidiendo con el Día Internacional del Libro, los Días de Libro 2026 llegarán a su punto final con un acto de carácter simbólico y participativo. Ese día se celebrará la entrega de premios del concurso literario «Letras por la M3moria», organizada por la Asociación Martxoak 3 con la colaboración del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz.

Este certamen se ha planteado con un objetivo doble: por un lado, acercar a la ciudadanía los hechos del 3 de marzo de 1976 y su contexto a través de la creación literaria; por otro, fomentar la participación de personas de diferentes edades e intereses en la elaboración de relatos y textos que dialoguen con la memoria histórica. Se enmarca dentro de un programa más amplio de actividades conmemorativas por el 50 aniversario de aquellos sucesos.

La entrega de galardones permitirá conocer de primera mano los textos ganadores y dar visibilidad al trabajo de quienes han participado en el concurso. Con ello, los Días de Libro conectan la literatura con la reflexión sobre la memoria colectiva, demostrando que los libros pueden ser también herramienta para comprender el pasado y debatir sobre el presente.

A lo largo de todas las jornadas, las personas asistentes podrán acercarse a los puntos de firma habilitados al final de los actos, donde autoras y autores dedicarán sus obras y tendrán ocasión de dialogar brevemente con el público. De esta manera, la programación combina el componente institucional de los actos con un trato cercano y directo.

Acciones participativas en la Red de Bibliotecas: murales de recomendaciones

En paralelo a la programación central en Montehermoso, la Red de Bibliotecas Municipales ha organizado una acción participativa que se desarrollará durante toda la semana de los Días de Libro, del 13 al 23 de abril. El objetivo es transformar las bibliotecas, tanto de personas adultas como infantiles y juveniles, en espacios vivos de intercambio cultural donde la comunidad lectora tenga un papel activo.

En cada biblioteca se habilitarán espacios físicos delimitados —por ejemplo, cristaleras o paredes marcadas con cinta decorativa— destinados a recoger las recomendaciones del público. Las personas usuarias podrán dejar sus sugerencias de lectura en formato escrito o ilustrado, desde títulos y autores hasta comentarios, impresiones o dibujos inspirados en sus libros favoritos.

Con el paso de los días, esos espacios se convertirán en un gran mural colectivo que refleje los gustos, las emociones y las experiencias lectoras de la ciudadanía. No se trata solo de enumerar libros, sino de compartir por qué han marcado, acompañado o sorprendido a quienes los recomiendan, creando así un mapa espontáneo de lecturas significativas.

Esta dinámica busca que quienes leen dejen de ser meros receptores de recomendaciones para convertirse en prescriptores y protagonistas de la celebración. Al mismo tiempo, resulta una herramienta útil para descubrir nuevos títulos de forma cercana, basados en la experiencia real de otras personas usuarias de la biblioteca, más allá de listas oficiales o rankings comerciales.

La información detallada de todas estas propuestas, así como posibles cambios de horario o nuevas incorporaciones al programa, se puede consultar en el apartado específico de los Días de Libro en la web municipal, donde se irá actualizando la agenda conforme avance la campaña.

Un programa que vincula lectura, diversidad y vida urbana

El diseño de los Días de Libro 2026 refleja una apuesta clara por la diversidad de formatos y por tender puentes entre diferentes formas de creación escrita. En la misma programación conviven la novela de intriga y autoficción, la narrativa en euskera, el cómic adulto, la lectura fácil, el ensayo histórico y la literatura de memoria, mostrando un abanico amplio de voces y géneros.

La presencia de figuras como Nativel Preciado, Bernardo Atxaga, Laura Pérez Vernetti, Lorenzo Silva y Mikel Soto garantiza un nivel literario notable, pero el enfoque de los actos huye del formato puramente académico. Cada sesión se plantea como una conversación abierta, conducida por periodistas, especialistas y mediadores que ayudan a hacer accesibles las obras y trayectorias de los invitados al público general.

La inclusión de proyectos como la adaptación a Lectura Fácil de «La edad de la ira» subraya, además, la voluntad de acercar la lectura a personas con distintas capacidades lectoras o necesidades de accesibilidad. Junto con la presencia de intérpretes de lengua de signos en varias sesiones, se pone sobre la mesa la idea de que la cultura escrita debe ser un bien compartido y no un espacio restringido.

Por otra parte, la conexión con iniciativas de memoria histórica, como el concurso «Letras por la M3moria», muestra cómo los Días de Libro pueden ir más allá de la celebración puntual del Día del Libro para convertirse en un marco desde el que abordar debates sociales y políticos mediante la escritura y la lectura crítica.

En conjunto, la combinación de actos en Montehermoso y actividades en la Red de Bibliotecas Municipales configura una celebración coral de la lectura, en la que tienen cabida tanto los grandes nombres de la literatura como los lectores anónimos que llenan los murales con sus recomendaciones cotidianas. Quien se acerque durante esos días encontrará un ambiente propicio para descubrir libros, escuchar historias, conversar con autores y, en definitiva, comprobar que los Días de Libro 2026 son mucho más que una simple fecha en el calendario cultural.


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La marquesa de Santa Cruz: cuarenta años de un periplo

El retrato de Joaquina Téllez Girón, reclinada con una lira, por Francisco de Goya es una de las obras más buscadas del aragonés en el Museo del Prado. Parece que siempre estuvo allí, pero sólo forma parte de sus colecciones desde 1986 y su historia previa no fue precisamente plácida, y pudo serlo menos.
En marzo de 1983, su entonces propietaria, María Mercedes Fernández Valdés, vendió la pieza a Pedro Antonio Saorín Bosch por veinticinco millones de pesetas, con una cláusula expresa que indicaba que no debía salir de España. Sin embargo, Saorín sí la sacó clandestinamente del país para llevarla a Zúrich, donde la adquirió el empresario Lord Wimborne.
El Ministerio de Cultura español tuvo noticias de lo sucedido tres meses después, cuando supo que el cuadro se encontraba en Los Ángeles y que se había ofrecido al Getty Museum por doce millones de dólares. El museo decidió no comprarlo ante la ilegalidad de la exportación; fue entonces cuando la obra retornó a Europa y permaneció un tiempo oculta en un laberinto de empresas radicadas en paraísos fiscales como Liberia y las Islas Vírgenes Británicas, todas pertenecientes al propio Lord Wimborne.
Rodrigo Uría inició de forma altruista negociaciones para la compra de La marquesa y su regreso a España, que no tuvieron éxito, y se anunció que el lienzo iba a ser subastado en Christie’s Londres en abril de 1986; entonces, el Estado español decidió pasar a la ofensiva legal.
Con el apoyo del abogado inglés Sir Matthew Farrer, se presentó una acción declarativa ante la High Court para demostrar que los permisos de exportación ofrecidos por los poseedores eran falsos. Basándose en un precedente judicial decimonónico, el juez Sir Nicolas Browne Wilkinson reconoció que España tenía derecho a evitar el daño económico causado por el uso de documentos oficiales falsificados.
La subasta no quedó frenada automáticamente, pero ese fallo debilitó la posición de los vendedores e incrementó la presión política en el Reino Unido. Así, Lord Wimborne aceptó negociar y, en abril de ese año 1986, sólo dos días antes de la fecha prevista para la subasta, se firmó el contrato de compra por seis millones de dólares (novecientos millones de pesetas de entonces, recabados de instituciones públicas y privadas). La marquesa volvió a Madrid, donde se expuso primero, temporalmente, en el Palacio de Villahermosa, siendo visitada por más de treinta mil personas. El Prado fue, como sabemos, su destino último.
La acogida de la prensa española conjugó la alegría por la victoria diplomática y la controversia por la cantidad desembolsada en concepto de indemnización a Wimborne, que había incurrido en la exportación ilegal; en todo caso, la operación quedó señalada como acontecimiento histórico para el patrimonio nacional. Se había evitado que una obra relevante de Goya acabara en manos de coleccionistas privados o museos extranjeros.
Para evitar que se repitiera una situación parecida, el Gobierno la declaró Bien de Interés Cultural e inexportable a través de un Real Decreto aprobado al poco de su aterrizaje en España. El caso puso negro sobre blanco las carencias de la antigua ley de 1933 y la necesidad de la Ley de Patrimonio Histórico Español de 1985, que determina, ya con claridad, que los bienes exportados sin autorización pertenecen al Estado y son inalienables.
Francisco de Goya. La marquesa de Santa Cruz. Museo Nacional del Prado
Cuatro décadas antes, La marquesa de Santa Cruz ya había podido salir de España. En 1941, Franco tuvo intención de regalar esta pintura a Hitler, según recoge una carta del 26 de mayo de ese año del Marqués de Lozoya, entonces director general de Bellas Artes, al director del Museo del Prado, Fernando Álvarez de Sotomayor.
Himmler había visitado Madrid un año antes, mientras se preparaba la cumbre de Hendaya; el jefe de las SS recorrió las salas del Prado interesándose, sobre todo, por las obras de autores germanos como Durero y por el legado de los Austrias. También por el retrato de la marquesa, depositado aquí hasta enero de 1944, fecha en la que el Servicio de Recuperación del Patrimonio Artístico Nacional la devolvió a sus propietarios. El interés alemán en este retrato se justificaba en la lira que sujeta la marquesa, donde se aprecia un adorno que asociaron a una cruz gamada, aunque realmente se trata de un lauburu vasco.
El devenir de la Segunda Guerra Mundial y las gestiones de Eisenhower en el norte de África terminarían por frustrar esa idea, pero antes de que se aparcara, y para contentar a la propietaria legítima, la Infanta Luisa, el régimen de Franco ordenó realizar una copia del original que se iba a expropiar.
Una carta aparecida recientemente en el Rastro contenía la cifra que se abonó por el original y el número de copias. Atendiendo a ese documento, fechado el 20 de octubre de 1942, Franco abonó 1,5 millones de pesetas por el retrato, dejando a deber 9.000 correspondientes a tres copias que el Marqués de Lozoya había encargado un año antes al pintor Núñez Losada, bajo la intermediación del subdirector del Museo del Prado, Sánchez Cantón.
Hay que tener en cuenta que estas copias no pueden confundirse con otra versión más o menos coetánea al retrato original, que perteneció a la Colección Wellington y fue adquirida en 1958 por el LACMA de Los Ángeles, que la descatalogó en 1977, antes de ser localizada en 2014 entre los bienes incautados a Imelda Marcos por Filipinas.
Coincidiendo con el 40º aniversario de la recuperación del retrato de La marquesa de Santa Cruz, el Prado ha realizado una instalación especial en la sala 38 del Edificio Villanueva. Reúne la composición original y una de las copias mencionadas, adquirida y restaurada por José de la Mano.
La marquesa de Santa Cruz de Goya, junto a una de las copias recientemente localizada. Fotografía: © Museo Nacional del Prado
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