El barco de Art Explora atraca en Barcelona e Ibiza

Hoy el Festival Art Explora, con su barco museo, ha atracado por primera vez en el Port de Barcelona, donde permanecerá hasta el 6 de abril, antes de continuar su periplo hasta el puerto deportivo de Ibiza; allí recalará del 23 al 29 de abril. De acceso libre para todos los públicos, este festival transforma cada puerto adonde llega en un polo cultural, organizando exposiciones, experiencias inmersivas y actuaciones en directo, a bordo del barco y también en tierra.
En Barcelona, la cita nos espera en el muelle de Barcelona Nord, espacio público del Port Vell que se abrió a los ciudadanos hace un año; Art Explora es el primer gran evento cultural que se celebra allí.
Iniciado en 2024 en su actual formato, este festival es un proyecto itinerante que navega por mares y océanos desde el propósito de ampliar el acceso a las artes contando con comisarios y creadores locales. Después de once escalas -el año pasado, Durrës, Niza, Rijeka, Atenas y Limassol- y de superar los 350.000 visitantes, Cataluña y Baleares son sus próximos destinos.

Diseñado por los arquitectos Axel de Beaufort y Guillaume Verdier, este catamarán de vela puede albergar hasta 2.000 visitantes al día. A bordo, el público encontrará un recorrido sonoro inmersivo creado por el IRCAM (Instituto de Investigación y Coordinación Acústica/Música del Centre Pompidou de París); se trata de un paisaje sonoro mediterráneo -rural, urbano y cultural- acompañado de una experiencia de realidad virtual que busca permitir a los espectadores viajar en el tiempo hasta Alejandría, Atenas y Venecia en sus épocas de esplendor.
En el puerto, otros tres pabellones expositivos amplían la experiencia. El primero es Present, creado junto al Museo del Louvre; cuenta con otra exhibición inmersiva de gran formato dedicada a las figuras femeninas de las civilizaciones mediterráneas, desde la Victoria de Samotracia a las mujeres anónimas.
En el Pabellón Central, volcado en el arte moderno y contemporáneo, la muestra “Bajo el Azur”, comisariada por Rebecca Lamarche-Vadel y Blanche de Lestrange, nos invita a explorar el Mediterráneo como un espacio de mito, memoria y tensión a través de composiciones de artistas históricos y contemporáneos. Destacan la escultura monumental de Marguerite Humeau The Dead (A drifting, dying marine mammal); Gens de la mer de Joan Miró; y las películas submarinas del francés Jean Painlevé.
En cada escala de Art Explora, un objeto patrimonial procedente de una colección local ancla la exposición en la historia marítima de esa ciudad; en Barcelona, será una pieza del Museo de Arqueología de Cataluña.
Por último, el Pabellón de la Fotografía nos trae “Contra ; Corriente”, una exposición de artistas del mundo árabe que se sumergen en asuntos como la migración, el exilio y la hospitalidad en el Mediterráneo. Pueden verse Anya (Straight Stories – Part 2), de Bouchra Khalili; la instalación específica para este espacio Mass Struggle, de Akram Zaatari; y Liquid Traces – The Left-to-Die Boat Case, de Forensic Oceanography. Son sus comisarios Amanda Abi Khalil y Danielle Makhoul.
Además, Art Explora constará de actuaciones, charlas, proyecciones y conciertos desarrollados en diálogo con el contexto mediterráneo y la escena artística local, organizados junto a Rosa Lleó. Podremos acudir a la performance internacional El feo Todo, de Poncili Creación y Bartira; a conciertos de res_ + Coral de Canigó, Nadah El Shazly y Nkisi; o a sesiones de DJ de Ikram Bouloum, Adrasha y Jokkoo Collective.
Joana Hadjithomas y Khalil Joreige. Remember the light, 2016 © los artistas, In Situ – Fabienne Leclerc (Gran París) y The Third Line (Dubái)
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Premios Santa Isabel de narrativa y poesía

Isaac

Premios Santa Isabel de narrativa y poesía

La Diputación de Zaragoza ha puesto en marcha una nueva convocatoria de los Premios Santa Isabel de narrativa y poesía, una de las citas literarias más consolidadas del panorama aragonés. Con esta edición, el certamen sigue reforzando su papel como plataforma para quienes escriben desde la comunidad, tanto en prosa como en verso.

Estos premios, que se han convertido en un referente para autores y autoras de Aragón, combinan una dotación económica significativa con la oportunidad de ver publicada la obra ganadora. La institución provincial mantiene así su estrategia de apoyar de forma estable la creación literaria y de acercar la cultura escrita a todos los rincones de la provincia.

Convocatorias abiertas para narrativa y poesía

La Diputación de Zaragoza ha publicado en el Boletín Oficial de la Provincia las bases de la nueva edición de los Premios Santa Isabel en sus modalidades de narrativa y poesía. Ambos certámenes comparten estructura, requisitos básicos y objetivos: impulsar la escritura de calidad en Aragón y dar proyección a las voces literarias del territorio.

Cada una de las dos categorías ofrece una dotación económica de 5.000 euros, a lo que se suma la publicación de la novela o del poemario que resulten ganadores. De este modo, el premio no se limita a un reconocimiento puntual, sino que también facilita que la obra llegue al público lector a través de una edición profesional.

El plazo de presentación de originales está ya en marcha y se extiende hasta el 23 de abril, fecha límite para registrar las candidaturas. Se trata de un margen de tiempo que permite a los participantes ultimar sus textos, revisar versiones y ajustar los manuscritos a las exigencias formales de la convocatoria.

Las bases detalladas y los formularios necesarios se encuentran disponibles en la Base Nacional de Subvenciones, donde se reúnen las normas de participación y los anexos obligatorios. La Diputación recomienda consultar con detenimiento toda la documentación para evitar errores en la presentación.

La propia institución provincial subraya que estas convocatorias forman parte de un conjunto más amplio de iniciativas culturales, como el Premio de las Letras Aragonesas, diseñadas para fomentar la creación y la difusión de la literatura en la provincia de Zaragoza, dentro de una programación que combina concursos, actividades de animación lectora y apoyo a diferentes disciplinas artísticas.

Requisitos para participar y envío de las obras

Los Premios Santa Isabel de narrativa y poesía están dirigidos a personas físicas mayores de edad que mantengan un vínculo directo con Aragón. Para poder optar a los galardones, es necesario haber nacido en la comunidad o estar empadronado en algún municipio aragonés con al menos un año de antigüedad en el momento de la publicación de la convocatoria.

Las obras que se presenten, tanto en la modalidad de novela como en la de poemario, deben ser originales e inéditas. Esto implica que no pueden haber sido publicadas en ningún formato ni haber resultado premiadas en otros concursos, a fin de garantizar que el jurado valore trabajos nuevos y no difundidos anteriormente.

El idioma de presentación es el castellano, y la temática queda completamente abierta. Esta libertad temática permite que cada autor o autora explore sus propios intereses, preocupaciones y registros estilísticos, sin restricciones de género o de contenido, siempre dentro de los márgenes de las bases oficiales.

Cada participante puede enviar un máximo de dos obras distintas, que se considerarán de forma independiente. Esta posibilidad abre la puerta a quienes trabajan en proyectos diferentes, ya sea combinando narrativa y poesía o presentando varias propuestas dentro de la misma modalidad.

La Diputación de Zaragoza establece que la presentación de la documentación y de los manuscritos se realice, preferentemente, por vía telemática. Este procedimiento simplifica los trámites, facilita la participación desde cualquier punto del territorio y agiliza la gestión de las candidaturas por parte de la organización.

Cómo se evalúan las obras y criterios del jurado

El jurado de los Premios Santa Isabel de narrativa y poesía se centrará en valorar la calidad literaria global de cada texto, atendiendo a diferentes aspectos técnicos y creativos. No se trata solo de premiar una buena idea, sino de reconocer el trabajo de escritura en todas sus dimensiones.

En el apartado de narrativa, se tendrá muy en cuenta el ritmo y la coherencia del relato, es decir, cómo se desarrollan los acontecimientos, la construcción de los personajes y la solidez de la estructura. La forma en que la historia avanza y mantiene el interés del lector será un elemento clave.

En ambas modalidades, el jurado valorará especialmente la originalidad y la creatividad de las propuestas. Se buscarán voces propias, enfoques novedosos y miradas personales sobre los temas que se abordan, tanto en prosa como en verso, evitando los planteamientos excesivamente previsibles o repetitivos.

Otro criterio destacado es la innovación conceptual y lingüística. Se apreciarán aquellas obras que exploren nuevos caminos en el uso del lenguaje, en la forma de construir las imágenes poéticas o en la estructura narrativa, siempre que esa experimentación esté al servicio del sentido y de la legibilidad.

Finalmente, la técnica literaria y el estilo serán determinantes. Cuidado en la escritura, precisión léxica, dominio de los recursos expresivos y coherencia estilística conforman un conjunto de factores que, en su suma, pueden inclinar la balanza a favor de una obra frente a otras candidatas.

Compromiso cultural de la Diputación de Zaragoza

Desde el área de Cultura de la Diputación de Zaragoza se insiste en que los Premios Santa Isabel de narrativa y poesía forman parte de un compromiso estable con la promoción cultural en la provincia. La institución considera que el apoyo a la literatura es una herramienta fundamental para fortalecer el tejido creativo local.

La diputada delegada de Cultura, Charo Lázaro, ha subrayado que la DPZ reafirma con estas convocatorias su apuesta por la creación literaria y por ofrecer espacios donde la imaginación, las historias y los versos puedan desarrollarse. La idea es que la palabra escrita tenga presencia tanto en la capital como en los municipios más pequeños.

Según ha explicado Lázaro, estos premios no se limitan a reconocer la calidad de las obras ganadoras: también dan visibilidad al talento que surge en Aragón y contribuyen a consolidar la riqueza cultural de la provincia. Para la institución, la literatura es un elemento clave en la construcción de una comunidad crítica y participativa.

Las convocatorias de narrativa y poesía se suman a otras iniciativas impulsadas por la Diputación, conformando una programación cultural amplia y variada. Talleres, encuentros, actividades en bibliotecas y apoyo a diferentes disciplinas artísticas completan un calendario que busca llegar al máximo número posible de vecinos.

Con este enfoque, la DPZ aspira a que los Premios Santa Isabel funcionen como un punto de encuentro entre autores, lectorado e instituciones, favoreciendo que las obras premiadas circulen, se lean y sirvan de estímulo para nuevas generaciones de escritores y escritoras en Aragón.

Trayectoria del premio y nombres destacados

A lo largo de sus ediciones, los Premios Santa Isabel de narrativa y poesía han ido configurando un historial de ganadores que refleja la diversidad y la calidad de la creación literaria aragonesa. Muchos de los nombres que han pasado por este certamen han consolidado después una trayectoria reconocida en el ámbito de las letras.

En la modalidad de narrativa, el galardón ha recaído en autores como Juan Luis Saldaña, Javier Serrano o José María Miagro-Artieda, entre otros. También figuran en el palmarés escritores como Alfredo Mozas, Dolan Mor, Jorge Ángel Deprá, Javier Oroz, María Luisa Frisa, Patricia Esteban o César Ibáñez.

En el terreno de la poesía, el premio ha distinguido a voces como Angélica Morales y Juan Antonio Tello, junto a otros poetas de referencia en el panorama aragonés. También han sido reconocidos Sergio Algora, Octavio Gómez Milián, Julio Espinosa, Miguel Ángel Ortiz, María Pilar Peris o Miguel Serrano.

Esta lista de ganadores evidencia que el certamen ha servido como impulsor de carreras literarias y como escaparate para propuestas muy distintas entre sí, desde la narrativa más clásica hasta la poesía más experimental, siempre con el denominador común de la calidad.

Con cada nueva edición, la Diputación de Zaragoza refuerza la vocación de los Premios Santa Isabel como un espacio de reconocimiento y proyección para quienes escriben desde Aragón, al tiempo que contribuye a enriquecer el panorama literario español con nuevas obras y nuevas voces.

La apertura de la convocatoria actual vuelve a poner en el centro a la creación literaria aragonesa, ofreciendo una oportunidad para que narradores y poetas presenten sus trabajos, opten a un apoyo económico relevante y, sobre todo, encuentren una vía para que sus textos lleguen a más lectores dentro y fuera de la comunidad.


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Dumile Feni, el Guernica del apartheid

La historia no se repite, pero rima. Esta cita, que se ha atribuido sin pruebas a Mark Twain y que, a fuerza de repetirse, ha terminado por convertirse en un mantra de nuestro tiempo, pone nombre a un nuevo ciclo de exposiciones en el Museo Reina Sofía. Se desplegará frente a su Guernica y nos enseñará piezas que contengan paralelismos temáticos o estéticos con el mural picassiano y procedan de otros contextos geográficos y culturales; el objetivo será dar a conocer al público escenas artísticas que, hasta épocas recientes, han quedado relegadas en la historiografía tradicional.
La primera de ellas es la sudafricana. Este capítulo tiene como protagonista a Dumile Feni, cuya vida fue breve (no alcanzó los cincuenta años, de la década de los cuarenta a los noventa), pero suficiente para plasmar las condiciones de la existencia cotidiana de muchos bajo el apartheid, en composiciones donde tienen cabida el mito y la fantasía y que beben de sus raíces culturales, de la artesanía y la cerámica de su país, sus máscaras y su idiosincrasia, pero que, asimismo, se nutren de su vocación cosmopolita.
Dibujante compulsivo que llevó a cabo centenares de trabajos, fue del todo autodidacta, pero sí pudo empaparse de la escena creativa vibrante de Johannesburgo en los sesenta; pese a la segregación que afectaba a los artistas negros, fue un buen momento para el jazz y el teatro, cuando sortearon las prohibiciones, y también varias galerías mostraron sus creaciones.
En ese contexto surgió la obra que centra esta nueva exposición del Reina Sofía, comisariada por Tamar Garb: African Guernica, que pudo verse por primera vez en 1967 en la Gallery 101. No fue el artista quien la tituló, pero efectivamente Picasso era muy conocido en ese momento en Sudáfrica, gracias a las reproducciones -también Goya o Käthe Kollwitz- y Dumile Feni entabló con él un diálogo consciente y a escala monumental, sin despegarse por ello de la cosmología que le resultaba más cercana. No eran muchos los autores -lo ha apuntado hoy Garb- que usaban lápiz y carboncillo para trazar pintura de historia; ésta lo es.
Dumile Feni. African Guernica, 1965. National Heritage and Cultural Studies Centre, University of Fort Hare. © Estate Dumile Feni and Dumile Feni Family Trust
Es sabido por todos que muchos trabajos de Picasso, y su misma trayectoria, no serían los que son si no fuera por su conocimiento de la escultura africana, que coleccionó, así que, teniendo en cuenta que Feni propone en African Guernica un homenaje a sus raíces además de una mirada propia a la influencia europea (monocromatismo, distorsiones, fragmentación de las figuras), los vínculos entre ambas piezas, ahora frente a frente, pueden abordarse desde múltiples perspectivas e implican el cierre de varios círculos. Además de encarnaciones muy distintas de la modernidad: la del sudafricano desafiaba, asimismo, la creencia de que los artistas negros habían de producir fundamentalmente arte nativo o artesanía enfocados al gusto del turismo.
En cuanto a su trasfondo temático y reivindicativo, una y otra composición responden a situaciones violentas y deshumanizantes -por eso la comisaria se refiere a ellas como tótems antitotalitarios-, pero, como es fácil de entender, ni mucho menos equivalentes. Picasso realizó el Guernica tras un año de Guerra Civil, y su imagen sería emblema del antibelicismo, mientras que la pieza de Feni, en cuyo cristal se refleja inesperadamente la anterior, no alude a un conflicto abierto, sino a la brutalidad menos ruidosa del racismo, plasmando una pesadilla en la que figuras humanas pero híbridas interactúan con la naturaleza de modos desacostumbrados.
Dumile Feni. Saying no, 1967. © Estate Dumile Feni and Dumile Feni Family Trust
Junto a African Guernica, que sale por vez primera de Sudáfrica, se exhiben en el MNCARS tres dibujos monumentales realizados, igualmente, en Johannesburgo en los sesenta y otros dos elaborados más tarde, en el exilio, primero en Londres y luego en Nueva York; en esta última ciudad murió Feni, ya que no pudo regresar.
Todas estas piezas proceden de colecciones sudafricanas, públicas y privadas. Las tres obras más tempranas son The Classroom, Woman and Boy y Saying No. En la primera, figuras dispersas por todo el papel parecen desafiar las normas de la segregación escolar; en la segunda, una mujer semejante a una estatua ancestral sostiene a un niño como si él también fuera una figurilla arcaica; la tercera encarna su negativa a que su creación se etiquete como arte nativo.
Ya en Londres, a mediados de los cincuenta, se empleó en un extensísimo diario visual sobre un rollo de papel de más de cincuenta metros de longitud. Parte de él lo veremos en una vitrina (y el resto en vídeo): ofrece una procesión de criaturas fantásticas, nombres propios, referencias poéticas… en las que dio cuenta de su visión del mundo y de su labor cotidiana. Y la pieza última del conjunto es el trabajo, de nuevo a gran formato y en carboncillo, Hector Pieterson (1987), que se inspira en una fotografía tomada al niño asesinado en 1976 durante la revuelta de Soweto, en la que fueron masacradas 176 personas que protestaban por el apartheid. Feni convirtió al pequeño, llevado en brazos por otro joven como en la Pietà del Guernica, en estandarte de la inocencia arrasada.
Aunque, en el paso de las décadas, la figura de Dumile Feni ha sido ampliamente politizada, no podemos decir que fuese un artista de trinchera. Se interesó por los modos en que el arte podía ser más útil a la sociedad, y enfrentarse a la opresión y la censura, pero sobre todo en un sentido intelectual: fue contrario al uso de la creación como propaganda y, según ha señalado Garb, de la consideración de los artistas como trabajadores de la cultura.
Dumile Feni. You Wouldn’t Know God if he Spat in your Eye (detalle), 1975. Wits Art Museo Collection, Johannesburg. ©Estate Dumile Feni and Dumile Feni Family Trust
 
 
“Dumile Feni: Guernica africano”
MUSEO NACIONAL CENTRO DE ARTE REINA SOFÍA. MNCARS
C/ Santa Isabel, 52
Madrid
Del 25 de marzo al 22 de septiembre de 2026
 
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IV Certamen de Cuento Infantil sobre salud mental

Isaac

Certamen de cuento infantil sobre salud mental

La Dirección General de Salud Mental de la Conselleria de Salud del Govern balear ha lanzado una nueva edición del IV Certamen de Cuento Infantil sobre salud mental y bienestar emocional, una propuesta que ya ha abierto el periodo de envío de relatos y que se mantendrá activa hasta el 29 de marzo. La convocatoria se consolida como una de las iniciativas más estables en el ámbito de la sensibilización sobre salud mental dirigida a la población más joven.

Este certamen persigue acercar, de una manera sencilla y comprensible, conceptos clave relacionados con las emociones, el bienestar psicológico y la salud mental a los niños y niñas. A través de historias breves y adaptadas, la organización busca que estos temas se traten con total naturalidad, alejados de los estereotipos y de los prejuicios que todavía arrastran las enfermedades mentales.

Un certamen para hablar de emociones sin tabúes

La convocatoria, organizada por la Direcció General de Salut Mental, está planteada para que los relatos presentados tengan como destinatarios finales a niños y niñas de entre seis y ocho años. Aunque quienes escriben pueden ser mayores, el enfoque de las historias debe facilitar que los más pequeños entiendan, con su propio lenguaje, qué son las emociones, cómo se pueden gestionar y por qué es importante cuidar el bienestar emocional.

El objetivo central es normalizar la salud mental desde edades tempranas, de forma que la infancia crezca con una visión más abierta, respetuosa y libre de estigmas. La iniciativa apuesta por cuentos que muestren situaciones cotidianas, personajes con los que los niños se puedan identificar y mensajes que inviten a pedir ayuda cuando hace falta y a hablar de cómo se sienten.

Desde la Dirección General de Salud Mental se anima a toda la ciudadanía a participar, tanto a jóvenes como a personas adultas con interés por la escritura y la educación emocional. La idea es que cualquier persona que tenga algo que contar sobre salud mental, adaptado a la mirada de la infancia, pueda aportar su relato.

Esta propuesta literaria no solo busca generar nuevos cuentos, sino abrir espacios de reflexión en familias, escuelas y entornos comunitarios, aprovechando la lectura como herramienta para hablar de temas que a veces cuesta abordar de forma directa.

Categorías por edades y extensión de los relatos

El certamen establece tres categorías de participación diferenciadas por franjas de edad, con requisitos específicos de extensión para cada una. En todos los casos, las historias deben ir dirigidas a niños de 6 a 8 años, aunque quienes escriben sean mayores.

La categoría infantil está dirigida a participantes de entre 8 y 12 años. En esta modalidad se aceptan obras de hasta 500 palabras como máximo. Se trata de relatos breves, pensados para que quienes empiezan a escribir puedan desarrollar una historia completa sin necesidad de alargar en exceso el texto.

En la categoría juvenil, pueden participar jóvenes de 13 a 17 años. Aquí se establece una longitud de entre 500 y 750 palabras, lo que permite profundizar un poco más en el argumento, los personajes y el tratamiento de las emociones, pero manteniendo un formato manejable para la lectura infantil.

Por último, la categoría de personas mayores de 18 años contempla relatos con una extensión de entre 750 y 1.000 palabras. En este caso, se da margen suficiente para desarrollar tramas más elaboradas, siempre sin perder de vista que el público al que va dirigido el cuento sigue siendo la infancia de primeras edades escolares.

En todas las modalidades, la organización insiste en que los textos han de ser claros, comprensibles y adecuados a la edad de los lectores, evitando explicaciones excesivamente técnicas y priorizando un lenguaje cercano, accesible y respetuoso con la diversidad de experiencias en salud mental.

Premios y apoyo de los colegios profesionales

Los premios del certamen cuentan con el respaldo de varios colegios profesionales de las Illes Balears, que actúan como patrocinadores y facilitan la dotación de los galardones. Esta alianza muestra el interés creciente de distintos ámbitos profesionales por la educación emocional y la sensibilización en salud mental desde la infancia.

En la categoría infantil, el premio consiste en un lote de libros valorado en 200 euros, a elección de la persona ganadora, además de material adaptado a su edad. De esta manera, se fomenta el hábito lector entre los más pequeños que se acercan a la escritura.

La categoría juvenil ofrece un premio de características similares: un lote de libros valorado en 200 euros, también escogido por quien gane, junto con material educativo o lúdico adecuado a la franja de 13 a 17 años. La intención es reforzar tanto el interés por la lectura como el compromiso con la salud mental.

En el caso de la categoría de mayores de 18 años, la recompensa es un lote de libros valorado en 150 euros, igualmente seleccionados por la persona premiada, además de material adaptado. Aunque el importe económico es algo menor, la organización recalca el valor simbólico y social de contribuir a la sensibilización a través de la literatura.

Los premios cuentan con el patrocinio del Col·legi Oficial de Psicologia de les Illes Balears, el Col·legi Oficial de Metges de les Illes Balears, el Col·legi Oficial d’Infermeres i Infermers de les Illes Balears y el Col·legi Oficial de Llicenciats i Llicenciades en Educació Física i l’Esport de les Illes Balears. Su implicación refuerza el mensaje de que la salud mental es una responsabilidad compartida entre distintos sectores profesionales.

Requisitos de las obras y forma de participación

Uno de los aspectos que la organización subraya con más énfasis es que todas las obras deben ser originales e inéditas. Esto significa que los relatos no pueden haber sido publicados previamente en ningún formato, ya sea en papel o en soporte digital, incluyendo blogs personales, redes sociales, revistas, páginas web o cualquier otro canal en línea.

Además, las bases especifican de manera explícita que no está permitido el uso de herramientas de inteligencia artificial para la creación de los textos. La intención es garantizar que el contenido presentado responda al esfuerzo creativo individual de cada participante y evitar dudas sobre la autoría de las obras.

Los relatos deben enviarse en formato digital, siguiendo las indicaciones detalladas en las bases oficiales del certamen. La organización ha habilitado un correo electrónico específico para la recepción de trabajos: [email protected], al que se deben remitir los archivos respetando los plazos y las condiciones de presentación.

En la web de la Dirección General de Salud Mental y en los canales informativos de la Conselleria de Salud se puede consultar toda la información actualizada sobre la convocatoria, incluyendo requisitos de formato, sistema de identificación de las obras y cualquier otra aclaración relacionada con la participación.

Desde la administración autonómica se recuerda que el plazo para enviar relatos permanece abierto hasta el 29 de marzo, una fecha límite que marca el cierre de esta cuarta edición del certamen y a partir de la cual comenzará el proceso de valoración por parte del jurado.

Un proyecto ligado al plan estratégico de salud mental

El IV Certamen de Cuento Infantil sobre salud mental y bienestar emocional forma parte del Pla Estratègic per al Benestar Emocional i la Salut Mental de les Illes Balears 2025-2030. Este documento recoge distintas líneas de acción orientadas a promover el respeto, los derechos y la dignidad de las personas con problemas de salud mental, así como a mejorar la atención que reciben.

Dentro de ese marco, el concurso literario se considera una herramienta útil para combatir el estigma desde la educación y la cultura. Al apostar por la literatura infantil, se pretende llegar a las nuevas generaciones con mensajes que inviten a mirar la salud mental con naturalidad, del mismo modo que se habla de la salud física.

La iniciativa también se alinea con las políticas de humanización de la atención sanitaria y social, al poner en el centro las experiencias, emociones y relatos de las personas. Los cuentos permiten explorar, de forma simbólica y accesible, situaciones de malestar emocional, búsqueda de ayuda, acompañamiento profesional y apoyo del entorno.

La Conselleria de Salud subraya que este tipo de acciones no se limita al ámbito escolar, sino que involucra a familias, profesionales y comunidad. La lectura compartida de los cuentos puede convertirse en un punto de partida para conversaciones más amplias sobre cómo se siente cada cual, qué recursos existen y cómo pedir ayuda cuando algo no va bien.

Así, el certamen literario se suma a otras campañas y programas de sensibilización que se están desplegando en las Illes Balears dentro del periodo 2025-2030, con la intención de reforzar una cultura de cuidado emocional y apoyo mutuo desde la infancia hasta la edad adulta.

Con esta nueva edición del IV Certamen de Cuento Infantil sobre salud mental, el Govern balear vuelve a apostar por la creatividad como vía para hablar de bienestar emocional con los más pequeños, implicando a autores jóvenes y adultos, al sistema educativo y a los colegios profesionales. La combinación de requisitos claros, premios orientados a fomentar la lectura y un enfoque firme contra el estigma convierte esta convocatoria en una oportunidad para que la ciudadanía participe activamente en la construcción de un entorno más consciente y respetuoso con la salud mental.


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Muere Sam Kieth, co-creador del cómic The Sandman y autor de The Maxx

Isaac

Sam Kieth y su legado en el cómic

La comunidad del cómic despide a Sam Kieth, uno de los autores más personales y rompedores del panorama estadounidense. El dibujante y guionista, creador de The Maxx y co-creador gráfico de The Sandman junto a Neil Gaiman, ha muerto a los 63 años, dejando tras de sí una trayectoria que marcó a lectores y profesionales de todo el mundo.

La noticia de su fallecimiento ha sacudido especialmente a seguidores europeos y españoles, donde sus obras se publicaron de forma continuada a través de editoriales como DC, Image y otras que llevaron sus historias a librerías especializadas. Su estilo inconfundible, su aproximación psicológica a los personajes y su capacidad para mezclar lo onírico con lo cotidiano le convirtieron en una figura de culto dentro del noveno arte.

Un adiós marcado por la enfermedad

Sam Kieth falleció el domingo 15 de marzo a causa de una demencia con cuerpos de Lewy, una patología neurodegenerativa que suele describirse como una combinación de Alzheimer y Parkinson. Esta enfermedad, que afecta a la memoria, al movimiento y a la percepción, había ido minando su salud hasta obligarle a retirarse progresivamente del cómic.

Aunque no se han facilitado demasiados pormenores sobre sus últimos días, amigos y colaboradores cercanos confirmaron que llevaba tiempo alejado del trabajo regular precisamente por estos problemas de salud. El editor Scott Dunbier, amigo del artista, fue uno de los primeros en comunicar la triste noticia a través del medio especializado Bleeding Cool, que recopiló además reacciones de autores y editores de todo el sector.

La editorial Image Comics, con la que Kieth vivió algunos de sus mayores éxitos, publicó un emotivo mensaje en redes sociales en el que destacaba el carácter único de su trazo y la fuerza de su voz artística. Subrayaban que su influencia seguiría notándose durante generaciones, tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo.

En el plano personal, Kieth deja a su esposa Kathy, con la que compartió 43 años de matrimonio. Sus allegados han insistido en el contraste entre su trabajo, a menudo oscuro y retorcido, y su trato cercano fuera de las viñetas, donde se le recuerda como alguien reservado pero de gran humanidad.

Ilustraciones de Sam Kieth en The Sandman

De fan del cómic a autor de culto

Nacido el 11 de enero de 1963 en Estados Unidos, Sam Kieth empezó en el cómic siendo muy joven. Con apenas 17 años ya trabajaba profesionalmente en el sector, alternando encargos de ilustración con labores de entintado y dibujo para distintas editoriales.

Desde el principio, su arte llamó la atención por una estética que mezclaba influencias clásicas y underground. Admiraba a figuras como Frank Frazetta, Bernie Wrightson y Vaughn Bode, de quienes tomó el gusto por los cuerpos exagerados, los contrastes extremos y una atmósfera a medio camino entre el terror y el surrealismo.

Esa combinación dio lugar a un estilo muy reconocible: personajes deformados, anatomías elásticas y composiciones casi expresionistas, alejadas de la línea más “limpia” del cómic de superhéroes tradicional. Pese a ello, supo abrirse hueco en el mainstream, algo nada sencillo con una propuesta tan personal.

Durante los años ochenta y principios de los noventa, Kieth trabajó para Marvel Comics en títulos como Marvel Comics Presents. Su etapa con Lobezno (Wolverine) se convirtió en uno de los reclamos de la colección, ayudando a que el personaje brillara en historias autoconclusivas de tono más experimental. También colaboró de forma puntual en series de Hulk y en otros proyectos que consolidaron su reputación.

En ese periodo también realizó portadas e historias cortas para distintas editoriales, siempre con un trazo que se salía del molde de la época. Su nombre empezaba a circular entre aficionados de Estados Unidos y Europa, y las primeras ediciones en español de trabajos en los que participaba llamaron la atención de lectores que buscaban algo diferente dentro del cómic comercial.

The Maxx: identidad, sueños y violencia cotidiana

El punto de inflexión en su carrera llegó en 1993, cuando creó The Maxx para Image Comics. Lo que en apariencia parecía un cómic de superhéroes musculosos pronto se reveló como algo mucho más complejo. Kieth utilizó la estructura del género para hablar de identidad, trauma, abuso y las fronteras entre la realidad y el sueño.

El protagonista vivía a caballo entre un mundo cotidiano gris y un universo onírico conocido como el Outback, un paisaje salvaje donde se reconfiguraban sus miedos y recuerdos. La serie abordaba temas como la salud mental, la violencia y la percepción subjetiva del mundo, anticipándose a debates que hoy están mucho más presentes en la cultura popular.

El tratamiento visual acompañaba ese enfoque: viñetas deformadas, perspectivas imposibles y una narrativa gráfica que rompía esquemas. Todo ello convirtió The Maxx en una obra de culto, muy apreciada por quienes buscaban cómics que se atrevieran a incomodar tanto en el fondo como en la forma.

El eco de la serie fue tal que MTV decidió adaptarla a la animación dentro del programa Liquid Television, uno de los espacios más experimentales de la cadena en los años noventa. Esa adaptación permitió que muchos espectadores europeos, incluidos los españoles, conocieran la obra de Kieth por primera vez a través de la televisión por cable y los canales temáticos.

El personaje siguió ganando presencia gracias a la línea de figuras y juguetes de The Maxx producida por Todd McFarlane. Algunas de esas piezas, como las bolsas de Izs, se convirtieron en objetos muy buscados por coleccionistas también en el mercado europeo, donde las ediciones de importación se agotaban con facilidad.

El impacto de The Sandman y otros trabajos clave

Aunque The Maxx es, seguramente, su proyecto más asociado a su nombre, Sam Kieth también fue clave en el nacimiento de The Sandman, una de las series más influyentes del cómic moderno. Junto al guionista Neil Gaiman, se encargó de los cinco primeros números de la colección para DC Comics, en un arranque fuertemente ligado al legado de terror de la editorial.

En esos episodios iniciales, Kieth aportó una atmósfera oscura y deformada que ayudó a establecer el tono de la serie, mezclando elementos de horror clásico con un enfoque más literario y simbólico. Aunque abandonó pronto el título, su trabajo dejó una huella profunda en la identidad visual de Morfeo y su universo, algo que los lectores españoles pudieron descubrir en las primeras ediciones en castellano.

Tras su paso por The Sandman, Kieth siguió apostando por proyectos personales en distintas editoriales. Para el sello Wildstorm desarrolló obras como Zero Girl y Four Women, centradas en personajes femeninos y en conflictos psicológicos tratados con crudeza. Ambos títulos llegaría a ser muy comentados entre los aficionados europeos interesados en el cómic de autor.

Con Oni Press publicó trabajos igualmente singulares, como Ojo o My Inner Bimbo, historias que exploraban la identidad, el género y la percepción de uno mismo desde un enfoque muy particular, a menudo incómodo pero siempre honesto. Esta vertiente más independiente reforzó su estatus de autor de culto.

Su versatilidad se extendió a otras franquicias de género. Participó en títulos como 30 Days of Night para IDW, donde su estilo se adaptó al terror moderno; también dibujó historias de Judge Dredd para la revista británica 2000AD, conectando con uno de los iconos del cómic europeo de ciencia ficción y acción.

Batman, Lobo y otros iconos del cómic estadounidense

Dentro de DC Comics, Sam Kieth dejó una huella notable con varias obras centradas en Batman. En la miniserie Batman: Secrets (2006), enfrentó al Caballero Oscuro con el Joker desde una perspectiva mucho más psicológica, utilizando su trazo plástico para subrayar la locura del villano y las grietas emocionales del héroe.

Años más tarde, firmó Batman/Lobo: Deadly Serious y el especial Lobo: Highway to Hell, este último con guion de Scott Ian, guitarrista de la banda Anthrax. Estas historias explotaban el lado más excesivo de los personajes, jugando con el humor negro y la violencia desatada, algo que encajaba bien con la forma de dibujar de Kieth.

Su relación con el universo de Gotham culminó con novelas gráficas como Arkham Asylum: Madness y Batman: Through the Looking Glass, títulos que han funcionado especialmente bien en librerías generalistas europeas. En ellas exploró la locura y la distorsión de la realidad, temas recurrentes en su obra.

En 2018 volvió a unir fuerzas con DC y con su propia creación en Batman/The Maxx: Arkham Dreams, un crossover que llevaba al extraño héroe a las calles (y manicomios) de Gotham. Este proyecto, publicado hasta 2020, fue uno de sus últimos trabajos regulares antes de apartarse del sector por motivos de salud.

Más allá de estos títulos, Kieth también colaboró en proyectos relacionados con Aliens y otras franquicias de género, mostrando siempre una facilidad especial para moverse entre el terror, la ciencia ficción y el superhéroe, sin perder nunca su sello personal.

Animación, cine y otros terrenos creativos

La inquietud artística de Kieth no se limitó a las viñetas. También probó suerte en la animación y el cine, llevando su sensibilidad visual a otros formatos. Uno de sus trabajos más conocidos en este ámbito fue el guion del episodio piloto No Smoking, vinculado a la serie de animación Cow and Chicken, creada por su primo David Feiss.

En el año 2000, dirigió la película Take It to the Limit para la productora de Roger Corman, Concorde-New Horizons. Aunque se trata de un título menor dentro de su trayectoria, ilustra bien su voluntad de experimentar con distintos medios y narrativas.

Todo ello refuerza la imagen de un creador polivalente, más interesado en explorar nuevas formas de contar historias que en encasillarse. Esa actitud le granjeó un lugar especial entre lectores y profesionales que valoran el riesgo artístico por encima de la corrección formal.

En los últimos años, con su salud deteriorándose, Kieth fue reduciendo su actividad hasta retirarse prácticamente del cómic mainstream tras el ya mencionado crossover Batman/The Maxx: Arkham Dreams. Aun así, su nombre seguía apareciendo en entrevistas, reediciones y homenajes que mantenían viva su obra en el mercado europeo y español.

Para muchos lectores de España y otros países del continente, sus cómics llegaron a través de ediciones recopilatorias y tomos de librería, donde su trabajo convivía en las estanterías con otros grandes autores de la generación de los ochenta y noventa, consolidando así su estatus de referencia.

Con la muerte de Sam Kieth, el cómic pierde a uno de sus estilistas más irrepetibles, un autor que llevó hasta el extremo la idea de que la historieta puede ser experimental, emotiva y profundamente personal a la vez. Su huella permanece en las páginas de The Maxx, en los primeros números de The Sandman, en sus visiones de Batman, Lobo o Lobezno y en todas esas obras menos conocidas que hoy siguen inspirando a nuevos dibujantes y guionistas a cruzar límites y a no conformarse con hacer “más de lo mismo».


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El agente secreto: más que un thriller, casi un milagro

Es un thriller de espías, un film de época ambientado en la dictadura de Castelo Branco en Brasil -sin que haga falta nombrarlo- y la historia de una familia desunida a la fuerza, pero ninguna de esas clasificaciones le hace justicia a El agente secreto, de Kleber Mendonça Filho. Este cineasta no había tenido miedo a conjugar el western y el realismo mágico en Bacurau (2019); esta vez  se ha situado muy lejos de la distopía con un trabajo que, desde el principio, parece querer ser percibido con más sentidos que la vista y el oído: los cadáveres huelen y atraen animales; una pierna, fría y sin compañera, ha de ser manualmente extirpada de la boca de un tiburón muerto; y las tonalidades (de cielos, coches, la ropa) evocan el pasado, mucho más que cualquier referencia temporal concreta.
El tono de El agente secreto lo da su primera secuencia, en una gasolinera de carretera secundaria en la que un cuerpo pudo quedar devorado por perros y un individuo discreto en un escarabajo pudo ser, con razón o sin ella, arrestado, y nada de eso sucede. Aparentemente por azar. Avanzando en la trama, casi todo estará a punto de ocurrir para una tela de araña de personajes conectados por su oposición al poder o su servicio interesado a él; muy progresivamente, y nunca de forma abierta ni evidente, el espectador conocerá sus relaciones. Pero, sólo en el tercio final de la película, esas tensiones apuntadas tomarán cuerpo y nos dejarán saber quién es quién, por qué se buscan o qué se deben. De alguno de los secundarios, incluso, no llegaremos a averiguar su nombre real: en esta malla de resistentes y cloacas de la dictadura, los datos de los que fiarnos son los justos.
Lo personal se entreteje con ese submundo discreto y violento, con delicadeza: una esposa joven y valiente murió, un niño no vive con su padre y lo echa de menos, unos abuelos son vigilados, y otros vigilados, para serlo menos, comparten techo y se cuidan.
Esa red crece para el público de forma hipnótica, bien hilvanada pero nunca del todo cerrada; a Mendonça Filho parece resultarle más interesante retratar con trazo fino a cada personaje, introducir algún retazo de magia (un gato con doble cara y doble nombre, una extremidad con vida propia), que proporcionarnos apuntes que podrían concluir su historia pero que no la mejorarían. Ni los necesitamos.
Wagner Moura, de oficio siempre esquivo, es la figura que enlaza a todas las demás; su protagonismo tiene que ver más con ser el nexo de una sociedad entera que con ejercer de hombre central de la trama. Una trama sobre la vida a sottovoce en un país corrompido en el que, como el director deja claro más de una vez, lo publicado en los periódicos es sólo la punta, el indicio, de un enorme iceberg que la mayoría ni oteará.
El gran acierto de Mendonça ha sido, en todo caso, convertir en táctiles y emocionantes no sólo las secuencias de acción, también las escenas sin perturbación; transmitir al espectador la polvareda, la humedad, la putrefacción y el miedo. Su acercamiento a ese momento político es del todo distinto, menos explícito y mucho más juguetón, al de Walter Salles en la reciente Aún estoy aquí, pero en su sentido último El agente contiene también memoria y denuncia. Sin convertirlas, del todo, en su razón de ser.

 

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