El escritor Javier Castillo afronta la muerte de sus padres con solo dos meses de diferencia

Isaac

Javier Castillo luto padres

El escritor malagueño Javier Castillo atraviesa uno de los momentos más duros de su vida tras perder a sus dos padres con apenas un par de meses de diferencia. Primero fue su padre, que falleció de forma repentina en noviembre, y ahora ha tenido que despedirse también de su madre, figura clave tanto en su historia personal como en su trayectoria literaria.

La noticia ha impactado con fuerza entre sus lectores y en el mundo cultural, donde Castillo es conocido por títulos superventas como El día que se perdió la cordura, La chica de nieve o El cuco de cristal. En medio de este momento tan delicado, el autor ha decidido compartir públicamente su dolor a través de una carta publicada en sus redes sociales, un texto cargado de amor, rabia contenida y gratitud hacia sus padres.

Una doble despedida en muy poco tiempo

En su mensaje, el escritor relata cómo la muerte de su madre ha llegado cuando aún no había logrado asimilar el fallecimiento de su padre. Apenas dos meses separan ambas pérdidas, un periodo tan corto que, en sus propias palabras, no le ha dejado «tiempo de asimilar el golpe» ni de recomponerse emocionalmente.

Castillo recuerda que su padre murió «de forma repentina» en noviembre, un mazazo que sorprendió a toda la familia. Cuando todavía seguía procesando esa ausencia, se vio obligado a afrontar otra despedida definitiva, la de su madre, con la que mantenía un vínculo especialmente intenso y que había sido un pilar constante en su vida.

En la carta, el autor lamenta no haber podido compartir con ella todas esas cosas que habían ido posponiendo, confiando en encontrar un momento mejor, cuando estuviera más recuperada. Esa sensación de tiempo robado y de conversaciones pendientes recorre todo el texto, que se ha viralizado entre lectores y compañeros de profesión.

El escritor describe la escena del adiós evocando su primer encuentro con su madre: miradas cruzadas, llantos ahogados y una mezcla de ternura y dolor. Ese paralelismo entre el inicio y el final de su relación añade aún más carga emocional a un relato que ha conmovido a miles de personas.

Una madre que encendió su pasión por los libros

Más allá del duelo, la carta sirve también para recordar la enorme influencia que su madre tuvo en su formación como lector y como autor. Castillo la define como «mi mayor fan, mi incrédula lectora, la que me hizo leer de niño», subrayando que fue ella quien, casi sin darse cuenta, lo empujó hacia la escritura.

Durante su infancia, su madre atravesó una enfermedad importante que la obligó a pasar mucho tiempo en casa. Esa circunstancia hizo que el pequeño Javier también permaneciera muchas horas en el hogar familiar, y fue ahí donde los libros se convirtieron en refugio. La lectura pasó de ser un simple entretenimiento a una vía de escape y una forma de expresión que acabaría marcando su futuro profesional.

El escritor ha explicado en diversas ocasiones que sus primeras historias nacieron como un pasatiempo sin mayores pretensiones. De hecho, su primera novela comenzó a tomar forma en los trayectos de tren que hacía a diario hacia la oficina, cuando aún trabajaba en el sector financiero. Aquello que parecía solo un hobby «para matar el tiempo» terminó convirtiéndose en el inicio de una carrera literaria fulgurante.

En la despedida a su madre, insiste en que fue ella quien le inculcó el amor por las historias y la curiosidad por las palabras. La describe como una lectora escéptica pero entregada, que dudaba de sí misma pero no de la capacidad de su hijo. «Creyó en mí cuando nunca fue capaz de creer en ella», admite con una mezcla de orgullo y culpa.

También reconoce que, siendo niño, no supo ver hasta qué punto ella necesitaba ayuda, y que cuando quiso devolvérsela ya era tarde. Esa reflexión convierte el texto en algo más que una simple carta de despedida: es, en cierto modo, un ajuste de cuentas íntimo con su propio pasado y con las cosas que se quedan sin decir.

Orígenes humildes y apoyo incondicional de sus padres

La historia de éxito de Javier Castillo no se entiende sin mirar a sus raíces. El autor creció en una familia trabajadora en Mijas, Málaga, donde su padre se ganaba la vida en la construcción y su madre limpiaba casas. Desde muy pequeño aprendió el valor del esfuerzo, algo que él mismo ha reivindicado a menudo.

Antes de ganarse un sitio en las listas de libros más vendidos, Castillo encadenó empleos tan dispares como pastelero, barrendero o camarero en una conocida cadena de restauración. Al mismo tiempo, estudiaba Empresariales y trataba de asegurarse un futuro estable, que acabó encontrando en un puesto en una entidad bancaria.

El giro llegó cuando su primera novela, escrita a ratos en el tren, empezó a llamar la atención de los lectores. El éxito fue tan grande que el escritor tomó una decisión que muchos considerarían arriesgada: dejó su trabajo fijo para dedicarse por completo a la literatura. En ese momento crucial, el respaldo de sus padres fue absoluto.

Castillo ha contado que tanto su padre como su madre se mostraron orgullosos de que persiguiera su sueño, incluso aunque eso implicara renunciar a una seguridad laboral que en su entorno siempre se había valorado mucho. Esa confianza se ha convertido con el tiempo en una de sus mayores motivaciones.

Ahora, tras su fallecimiento, el autor subraya que ellos seguirán siendo su principal fuente de inspiración. Promete seguir escribiendo muchos libros más, no solo para sus lectores, sino también para esa madre a la que pide que no deje de leerle «allá donde esté».

Una carrera literaria que conecta con millones de lectores

Aunque el momento personal que vive es devastador, resulta imposible obviar la dimensión pública que ha alcanzado Javier Castillo en los últimos años. Se ha consolidado como uno de los nombres más populares del thriller español contemporáneo, con novelas que combinan misterio, giros inesperados y un fuerte componente emocional.

Su debut, El día que se perdió la cordura, irrumpió con fuerza en el panorama editorial y abrió el camino a otros títulos de gran impacto entre el público, como La chica de nieve o El cuco de cristal. Varios de estos libros han dado el salto a la pantalla, con adaptaciones televisivas que han ampliado todavía más su base de seguidores en España y en otros países europeos.

Su última obra, El susurro del fuego, se presentó el pasado octubre en el cine Albéniz de Málaga, en un acto especialmente emotivo. Allí, ante un auditorio lleno, Javier se dirigió a su madre con una frase que hoy cobra un significado distinto: dijo que nada le hacía más feliz que ver que ella lo admiraba. El momento terminó con un abrazo entre ambos que emocionó al público presente.

Ese recuerdo, todavía reciente, contrasta con el vacío actual, pero también sirve para poner en contexto la importancia que tenía ella en todos los hitos de su carrera. No era solo la madre orgullosa de un escritor de éxito, sino una pieza fundamental en la construcción de su imaginario literario.

Además de por sus libros, Castillo es muy conocido en el ámbito digital. Su presencia en redes sociales supera los cientos de miles de seguidores, y allí comparte tanto su faceta profesional como momentos de su vida cotidiana. Casado con la influencer Verónica Díaz y padre de tres hijos, su figura se ha convertido en un referente para muchos lectores jóvenes que han descubierto la lectura a través de sus historias.

La carta de despedida que ha conmovido a sus seguidores

El canal elegido por Javier Castillo para despedirse públicamente de su madre ha sido, precisamente, sus redes sociales. Acompañada de una fotografía en blanco y negro donde madre e hijo posan cómplices y sonrientes, la carta es un desahogo sincero en el que se mezclan dolor, ternura y una sensación profunda de injusticia.

El texto arranca con la idea de que «aquí acaba todo», una frase con la que expresa esa percepción de que la vida ha cambiado de forma irreversible. Se reprocha no haber tenido tiempo para llevar a cabo todos esos planes que habían ido guardando «para más adelante», confiando en que la salud diera un respiro.

A lo largo de la carta, insiste varias veces en que no encuentra una explicación al hecho de perder a sus dos padres tan seguidos. Habla de golpes encadenados, de poco margen para asumir lo ocurrido y de la imposibilidad de comprender por qué han sucedido las cosas de este modo.

Sin embargo, entre líneas aparece también una clara voluntad de homenaje. Castillo evoca a su madre como esa mujer que, aun dudando de sí misma, jamás dejó de animarle. La llama «mi mayor fan», reconoce que estaba orgullosa de él y recuerda cómo ella fue quien le infundió el amor por los libros y por las historias cuando él era solo un niño.

El mensaje se cierra con una despedida tan dolorosa como luminosa: le desea que por fin pueda «respirar aire limpio» y escuchar solo su propia voz. Le pide que, allí donde esté, no deje de leerlo porque aún le quedan muchas historias por contar. Es una promesa de continuidad en medio del duelo, y también una forma de mantener vivo el vínculo entre ambos.

Oleada de apoyo desde el mundo cultural y las redes

La publicación de la carta ha generado una enorme respuesta de cariño. Escritores, artistas y rostros conocidos de distintos ámbitos han querido acompañar al autor con mensajes de ánimo y condolencias. Entre quienes han mostrado públicamente su apoyo se encuentran nombres como Pastora Soler, Pedro Alonso, Ana Peleteiro, Verdeliss, Lydia Bosch, Máximo Huerta, Elvira Sastre o Mercedes Ron, además de otras figuras muy presentes en televisión y redes.

Junto a ellos, miles de lectores anónimos han dejado comentarios en los que comparten su empatía, relatan experiencias similares o simplemente le expresan su afecto. Muchos subrayan que sus novelas les han acompañado en momentos difíciles y ahora sienten que es el turno de sostenerle a él.

En un breve posdata, Castillo agradece los incontables mensajes de cariño, aunque reconoce que no tiene fuerzas para responder uno por uno. Pide comprensión ante su silencio y se muestra abrumado por la cantidad de apoyo recibido en tan poco tiempo.

Este momento personal tan delicado se cruza con una etapa de gran visibilidad pública para el escritor, que en los últimos años se ha acostumbrado a convivir con la exposición mediática. Sin embargo, el tono de sus publicaciones deja claro que, pese a la fama, intenta gestionar el duelo de la forma más íntima posible, limitándose a compartir solo aquello que considera necesario.

Mientras tanto, en el entorno literario español se percibe una sensación de cercanía hacia su dolor: muchos colegas subrayan la humanidad de su gesto al mostrar su vulnerabilidad, algo que, a la vez, conecta con la carga emocional que suele impregnar sus novelas.

En este cruce de vida y literatura, el autor malagueño se encuentra ahora en una encrucijada vital marcada por la ausencia de sus padres, pero también por la huella imborrable que ellos han dejado en su carácter, en su forma de entender el trabajo y, sobre todo, en las historias que seguirá compartiendo con sus lectores.

La experiencia de Javier Castillo en estos últimos meses retrata el contraste entre el éxito profesional y la fragilidad que acompaña a cualquier pérdida familiar. Desde una infancia marcada por la enfermedad de su madre y el esfuerzo de una familia humilde, pasando por trabajos precarios y estudios compaginados con jornadas largas, hasta el salto definitivo a la literatura, su recorrido vital está atravesado por el apoyo constante de unos padres que creyeron en él incluso cuando él mismo dudaba. Ahora, en pleno duelo por su muerte con solo dos meses de diferencia, el escritor mira hacia adelante aferrado a las letras, a su familia y al afecto de miles de personas, decidido a seguir escribiendo en honor a quienes fueron el origen de todo.


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Generaciones 2026: un cuarto de siglo de tránsitos

El año pasado cumplió un cuarto de siglo Generaciones, la convocatoria de La Casa Encendida destinada a promover la labor de los jóvenes artistas y concederles herramientas para producir y divulgar sus trabajos. En este nuevo capítulo de la iniciativa los ganadores no han sido ocho, sino seis, con el objetivo de aumentar la dotación de sus premios (ahora 10.000 euros para la producción y 2.000 como honorarios) y también el espacio en el que mostrar las propuestas.
Este año el jurado que ha seleccionado a los autores menores de 35 años participantes ha estado compuesto por David Barro, director de Es Baluard Museu; Rosa Ferré, codirectora de TBA21; y la comisaria Maria Willis. Se reconocen proyectos de largo recorrido, no necesariamente finalizados -de modo que el mismo jurado pueda conocer sus procesos- y habitualmente de muy distinto cariz; en esta ocasión, se hace extensiva al conjunto de las piezas elegidas la definición que Ferré hace de una de ellas, la de Víctor Colomer: una escultura que deja de ser mero objeto para devenir sistema relacional que modifica las formas de habitar, percibir y moverse.
Cuerpo, materia, tiempo y voz son el centro de las investigaciones de estos creadores, a quienes, como a tantos de su generación, importan más los caminos que sus frutos y no les preocupa definirse por unas u otras disciplinas: habitualmente aúnan escultura e instalación, prácticas performativas y sonoras, desarrollos en el tiempo y en el espacio. Les interesa lo que se transforma y lo inestable, aquello que creen necesario repensar.
Hace sólo un par de semanas se sumó a nuestros fichados Hodei Herreros, con quien comienza el recorrido. Se vale de sombras, siluetas y contornos, de planitudes, para construir formas escultóricas e incorpora y reivindica como parte de sus trabajos maquillaje y bisutería femeninas, cuestionando que estructura y ornamento, política y estética, no puedan converger.
En La Casa nos enseña The Voiceless Voice of the Girls, una instalación entre sonora y espacial: una estructura pintada justamente con maquillaje acogerá los cuerpos, y las bocas a sus distintas alturas, de mujeres que emitirán sus voces en una performance destinada a hacernos reflexionar sobre cuáles son audibles y cuáles silenciadas. Ese instrumento de la voz también se hace presente en copas como labios, abiertas: recuerda Herreros que el habla y la apariencia han sido y son objeto de controles y disciplinas.
Generaciones 2026. La Casa Encendida. Fotografía: Maru Herrero
Generaciones 2026. La Casa Encendida. Fotografía: Maru Herrero
Al mencionado Ruiz Colomer le interesa el que llama hacer espacial: cómo se mantienen y destruyen las estructuras de organización social y qué fricciones generan; y aborda estas cuestiones desde la escultura, una inhabitual. Se vale de prototipos y maquetas, dispositivos que siempre son ensayos pero que, a la vez, pueden liberarse en cualquier momento para ser piezas finales.
En Generaciones veremos dos de esos dispositivos ligados a sanatorios psiquiátricos; tendremos ocasión de vincular sus arquitecturas y sus elementos ligados a la contención (puertas, ventanas, marcos) con los trastornos del pensamiento que padecen quienes los habitan. Para este autor, el espacio es un campo de relaciones entre el cuerpo, la materia y el lenguaje.
Generaciones 2026. La Casa Encendida. Fotografía: Maru Herrero
Colomer y Herreros comparten sala con otra de nuestras fichadas, Maya Pita-Romero, que viene recurriendo a instalaciones, esculturas y textos para enlazar los procesos de nuestro cuerpo y las transformaciones de los ecosistemas. Imagina esta artista madrileña escenarios donde puedan tener lugar otras relaciones con las actividades tradicionales del pasado y con la misma naturaleza, unas relaciones que tendrán que estar lejos de la asepsia y abiertas a las metamorfosis y a la conjunción, quizá, de lo bello y lo abyecto.
Sin nunca llegar a la boca es el título de su propuesta aquí: una suerte de túnel por el que podremos transitar, elaborado con materiales blandos (textiles, plantas, látex), que ella cose, teje y ensambla. Se trata de un espacio para ocultarse, o de una arquitectura íntima; de un lugar donde asfixiarse o en el que ser reparado que Pita-Romero ideó imaginándose tragada por su propia garganta.
Generaciones 2026. La Casa Encendida. Fotografía: Maru Herrero
Élan d´Orphium, Víctor Santamarina y Claudia Pagés nos esperan en la segunda sala de la exposición. Al primero corresponde la pieza más escatológica en el recorrido: Acto de amor. Para María Wills, se adentra en una política del placer y reclama que lo blando y lo efímero también pueden construir.
Este autor pacense ha convertido su propia orina (según él, lluvia dorada) en formas escultóricas semejantes a pájaros, en un gesto que quiere traducir como señal de entrega alternativa, porque entraña disciplina corporal e implicación afectiva prolongada.
Generaciones 2026. La Casa Encendida. Fotografía: Maru Herrero
Generaciones 2026. La Casa Encendida. Fotografía: Maru Herrero
Para Víctor Santamarina, la escultura puede no concebirse para perdurar, sino para encarnar el colapso y lo evolutivo, en lo ontológico y lo material. En Subsidencia se ha valido de sistemas de encofrado, en cera y en vertical, para activar una coreografía de desgaste de ese elemento, que irá deshaciéndose en el tiempo de la exposición, derrumbándose con el paso de los días.
La subsidencia es, justamente, un fenómeno geológico consistente en el hundimiento de los terrenos; en las creaciones de Santamarina, son las estructuras pensadas para ser sólidas las que devienen frágiles, con lo que ese movimiento implica de simbolismo. Podemos entender esta composición como una escultura performativa en la que todo parte, y no acaba, con el fracaso. La cera perdida será, después, recogida y reutilizada.
Generaciones 2026. La Casa Encendida. Fotografía: Maru Herrero
Por último, Claudia Pagés es otra de las artistas que conjuga la creación visual con la escritura y la performance: sus instalaciones videográficas, trabajos en papel y libros beben de su uso de la palabra, la música y el cuerpo.
Su trabajo premiado se llama Marcas de agua: Torres, castillos, perros y Laia y se nutre de sus estudios sobre las marcas del agua del papel (o filigranas): esos dibujos que se llevaban a cabo en el proceso de fabricación de las hojas, quedaban integrados en ellas y sólo pueden verse a contraluz.
En la Edad Media y épocas posteriores, indicaban origen y autenticidad, predominando como motivos los del título de esta pieza. Pagés ha elegido proyectar con láser, que si durara más y no alternaran las imágenes podría perforar la pared, algunas de las marcas que se conservan en el Museo Molí Paperer de Capellades. Descontextualizadas, ya no admiten lecturas estables, como prueba la negación de los temas por parte de su sobrina.
Generaciones 2026. La Casa Encendida. Fotografía: Maru Herrero
 
 
Generaciones 2026
LA CASA ENCENDIDA
Ronda de Valencia, 2
Madrid
Del 30 de enero al 19 de abril de 2026
 
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Los libros más esperados de febrero: grandes novedades que llegan a las librerías

Isaac

Novedades de libros más esperados de febrero

El calendario editorial de novedades de febrero llega especialmente cargado de títulos llamados a marcar el año. Durante unas pocas semanas se concentran lanzamientos muy sonados, regresos de autores consagrados y novelas que las editoriales han situado entre sus grandes apuestas de la temporada.

En las mesas de novedades convivirán thrillers muy mediáticos, novelas históricas, relatos íntimos y memorias de alto impacto, además de libros que ya han sido premiados o que cuentan con fuertes campañas de promoción y preventa. Un mes perfecto para quienes quieren adelantarse y elegir qué leer en los próximos meses.

Premios, regresos y grandes apuestas de la ficción en febrero

Entre los libros más esperados de febrero en España sobresale el nombre de David Uclés, que estrena nueva novela tras el éxito de La península de las casas vacías. La ciudad de las luces muertas, ganadora del Premio Nadal 2026 y publicada por Destino, se sitúa en una Barcelona sometida a un apagón total en el que pasado, presente y futuro se superponen. En esa oscuridad reaparecen edificios ya desaparecidos y cobran vida figuras como Picasso, Simone Weil, Cortázar o Carmen Laforet, que se cruzan en encuentros imposibles. Es una apuesta que combina fantasía urbana, memoria cultural y reflexión sobre la ciudad. Fecha prevista de salida: 4 de febrero.

Ese mismo día llegará también a las librerías Coloquio de invierno, de Luis Landero (Tusquets), uno de los lanzamientos más destacados de la narrativa española del mes. La novela sitúa a siete personajes atrapados en un hotel rural durante la borrasca Filomena, incomunicados por la nieve y sin cobertura. Para sobrellevar la espera, deciden contarse historias en largas sobremesas, un juego de relatos cruzados donde se mezclan confidencias, recuerdos, humor y pequeñas tragedias cotidianas. El libro explora así la fuerza del relato oral y la necesidad de escucharse en un mundo acelerado.

Otro de los títulos que figuran en todas las listas de imprescindibles es Mentira, de Juan Gómez-Jurado, anunciado como su primer thriller independiente tras el largo ciclo del universo de Reina Roja. La protagonista, Eva Ramos, es una mentirosa profesional acostumbrada a manipular la realidad por encargo. Todo se complica cuando una tormenta de nieve la deja aislada en una remota aldea asturiana, donde los vecinos esconden secretos tan peligrosos como los suyos. El autor juega con la figura del narrador poco fiable y con un ambiente cerrado de tensión creciente. Su lanzamiento está fijado para el 17 de febrero, con una fuerte campaña y grandes expectativas de ventas.

En el terreno de la novela romántica y contemporánea, febrero también viene bien surtido. Isabel Arias regresa el 4 de febrero con Amigos, nada más, la historia de Elena, una mujer cuya vida se desmorona tras un escándalo que la deja sin trabajo y sin autoestima, incluida la pérdida de su cabello. Después de reconstruirse junto a su familia, un viaje a Nueva York la lleva a conocer a Guillermo, con quien entabla una relación marcada por la pregunta incómoda que sobrevuela el libro: si es posible una amistad sincera entre un hombre y una mujer sin que haya atracción de por medio.

Desde Japón llega uno de los títulos que mejor aprovechan dos tendencias claras del mercado: la narrativa japonesa de corte intimista y las historias ambientadas en librerías. El 4 de febrero se publica La librería de los viernes, de Sawako Natori, situada en una pequeña tienda de libros junto a la estación de Nohara, a las afueras de Tokio. Dicen que quien entra en ese local encuentra exactamente el libro que necesita en el momento justo. Fumiya, un estudiante inseguro que busca un título para su padre enfermo, descubre allí un refugio y aprende, a través de la lectura, a confiar en sí mismo.

Novela negra, thriller y suspense: un febrero cargado de tensión

El mes también se perfila como especialmente intenso para los aficionados al thriller y la novela negra, con varios títulos que mezclan intriga, crimen y dilemas personales. Entre los más destacados figura Sin indicios criminales, de Rafa Melero Rojo, que sale a la venta el 4 de febrero. El libro sigue a Miguel Longán, exmosso d’esquadra a punto de jubilarse que decide reincorporarse al cuerpo consumido por la sed de venganza tras el suicidio de su hija. Está convencido de que, aunque no haya rastro de delito, sí hay responsables, y se propone encontrarlos cueste lo que cueste. En paralelo, se cruza la historia de Julián Juárez, un delincuente que, tras salir de prisión, se implica en el atraco a un furgón blindado que termina en tragedia y desencadena una guerra de poder con consecuencias imprevistas.

Otra de las novedades fuertes del género llega el 9 de febrero con La niña del tren, de Andrea Mara. En un andén abarrotado del metro de Londres, Sive ve cómo las puertas del vagón se cierran dejando dentro a sus dos hijas, de dos y seis años. Ella les indica que bajen en la siguiente estación, pero al llegar solo encuentra a la pequeña, junto a un desconocido que asegura haber ayudado. La desaparición de la niña mayor abre una investigación llena de mentiras, secretos y sospechas, obligando a la protagonista a cuestionarse tanto su entorno como la aparente seguridad de su vida familiar.

Dentro del suspense psicológico con tintes metaliterarios, una de las apuestas internacionales del mes es Hundida, de Colleen Hoover, disponible desde el 11 de febrero. La novela presenta a Petra Rose, escritora que decide apartarse de los focos después de la reacción feroz contra la adaptación cinematográfica de uno de sus libros. Agotados los ahorros y con un nuevo thriller apenas esbozado, se retira a una cabaña aislada junto a un lago para intentar salvar su carrera. La aparición de Nathaniel Saint, detective que despierta una creatividad que creía perdida, desencadena una historia en la que las fronteras entre ficción y realidad se vuelven cada vez más difusas.

Ese mismo día se publica también El sacrificio, de Henrik Fexeus, primera entrega de la serie Memento. El protagonista es David Lund, un programador solitario que no recuerda nada de sus primeros doce años de vida. Cuando una mujer le escribe asegurando que conoce la verdad sobre su infancia, él intenta contactar con ella… pero la misteriosa remitente desaparece sin dejar rastro, y él pasa a ser el principal sospechoso. El libro combina investigación criminal, juegos de percepción y el tema de la memoria fragmentada.

En el panorama nacional, Greta Alonso suma otro título a su trayectoria de éxito en el género con El asesino de invierno. La novela arranca con la aparición de un cadáver envuelto en un sudario macabro, acompañado únicamente de un nombre de mujer: Palmira. Martín Bernot, inspector que regresa a su ciudad tras un largo destierro, se pone al frente de una investigación que remueve viejos fantasmas familiares. En el centro del caso se sitúa también la figura de la doctora Cecilia Flores, cuya presencia despierta en el protagonista una atracción tan incómoda como inevitable.

Memorias, testimonios y no ficción que darán que hablar

Más allá de la ficción, febrero viene cargado de no ficción y memorias personales que han generado expectación por la relevancia de sus protagonistas o la dureza de los temas que abordan. Uno de los títulos más comentados es, sin duda, Todo lo vivido, de Iñaki Urdangarin, con llegada a librerías el 12 de febrero. En estas páginas, el exdeportista y exduque consorte rompe el silencio de los últimos años para relatar su versión de la historia: de la cima deportiva y social a la condena judicial, la cárcel y la reconstrucción personal. El propio autor subraya que durante mucho tiempo otros hablaron por él, y que ahora quiere contar su trayectoria con su propia voz.

Muy cerca en el calendario se sitúa otra de las grandes publicaciones internacionales del mes, editada en castellano: las memorias de Gisèle Pelicot, conocidas como Un himno a la vida. El libro reconstruye el caso que conmocionó a Francia cuando se supo que su marido había pasado años drogándola y permitiendo que desconocidos la violaran en su propia casa. El proceso judicial, en el que más de cincuenta hombres se sentaron en el banquillo, convirtió su testimonio en símbolo de resistencia frente a la violencia sexual y la sumisión química. Pelicot decidió renunciar al anonimato, pronunció la frase «la vergüenza debe cambiar de bando» y se convirtió en referencia internacional. Sus memorias, escritas con la colaboración de la periodista Judith Perrignon, se publican de forma simultánea en una veintena de países y se esperan también en el mercado hispanohablante a lo largo de febrero.

En el terreno del testimonio íntimo con trasfondo histórico, destacan además varias propuestas que miran al pasado reciente europeo desde perspectivas muy distintas. Mi historia, de Gisèle Pelicot, se presenta como un volumen de memorias en el que la autora repasa desde aquella mañana en la que fue llamada a comisaría hasta su infancia difícil, sus primeros amores, la maternidad y el reconstruir su vida tras el descubrimiento del horror. El libro subraya el papel de la escritura y de la palabra pública como herramienta para recuperar la dignidad y rehacerse tras una violencia extrema.

Dentro del ensayo histórico y político, el mes de febrero trae también títulos centrados en la Guerra Civil española y la Europa del siglo XX. Entre ellos se encuentra Cómo terminó la guerra civil española, de Gutmaro Gómez Bravo (Crítica), que analiza la operación de inteligencia organizada por el Cuartel General del Generalísimo entre la ocupación de Barcelona y la rendición de Madrid. El autor se detiene especialmente en el papel del Servicio de Información y Policía Militar (SIPM) y en cómo sus maniobras de propaganda, diplomacia y descomposición interna contribuyeron al nacimiento del régimen franquista.

En una línea más teórica, pero igualmente ligada a la actualidad europea, el catedrático Víctor Ferreres publica Elogio del derecho (Arpa). Se trata de un extenso volumen, de corte divulgativo, que reivindica el papel del Derecho contemporáneo en tiempos de desconfianza hacia la Justicia. A través de una conversación entre un profesor y dos estudiantes, el libro ofrece una visión panorámica de una disciplina cada vez más especializada, con referencias constantes a la literatura, el cine, la música, la filosofía y la historia. El objetivo es acercar los debates jurídicos al lector general y discutir qué significa hoy el Estado de derecho.

Novela literaria, memoria y relatos que amplían el mapa de lecturas

Junto a los grandes nombres mediáticos, febrero trae una amplia oferta de ficción literaria y relatos que apuntan a lectores que buscan propuestas más arriesgadas o de corte autoral. Entre ellas figura En todo hay una grieta y por ella entra la luz, de Patricio Pron (Anagrama), un libro híbrido que se mueve entre el ensayo, la autobiografía, la biografía imaginada y el tratado filosófico. Todo parte del encargo que recibe un escritor en Nueva York de escribir la vida del poeta y cineasta Benjamin Fondane. Un acontecimiento devastador frustra ese proyecto y sirve al autor para desplegar una reflexión sobre la finitud, el duelo ecológico, la violencia visible e invisible y el potencial del arte como forma de resistencia. Su llegada a las librerías españolas está prevista para el 4 de febrero.

En el panorama nacional más joven, una de las voces a seguir es la de Israel Merino, que publica Epifanía (Temas de Hoy). La novela se adentra en la vida de una comunidad rural sacudida por el atropello mortal de dos adolescentes del pueblo. A partir de ese accidente, el libro examina cómo la culpa, la jerarquía local y los silencios colectivos sostienen el tejido social. La obra ha llegado precedida de elogios de otros escritores, que la presentan como una sacudida a la narrativa española reciente.

En el ámbito del relato breve y el ensayo narrativo, febrero también trae propuestas como Cortarse el cabello, de Rosario Villajos (Seix Barral), una colección que gira en torno a la pérdida, el duelo y los procesos de aceptación personal. Con un estilo íntimo y simbólico, la autora mezcla lo cotidiano con lo fantástico para explorar cómo ciertos cambios aparentemente menores pueden alterar nuestra identidad.

Para quienes prefieren ficciones con un fuerte componente fantástico o gótico, destacan Altasangre, de Claudia Amador (Alianza), que traslada la figura del vampiro a la selva y los carnavales de Barranquilla, y Punto de araña, de Nerea Pallares (Libros del Asteroide), ambientada en la Costa da Morte. Esta última, ganadora del Premio García Barros en su versión original en gallego, mezcla mitología y realismo social al seguir a un grupo de mujeres de Camariñas —mariscadoras, rederas, trabajadoras de conservera— que deciden rebelarse contra el machismo y convocan a tres deidades ancestrales.

Entre las voces internacionales, febrero marca también el esperado regreso de Kiran Desai con La soledad de Sonia y Sunny (Salamandra), una novela extensa que llega tras décadas de silencio desde el éxito de El legado de la pérdida. La historia sigue a dos jóvenes en crisis y revisa los conflictos de clase, raza y pertenencia en la India contemporánea, así como los lazos entre generaciones. El libro, finalista del Booker 2025, llega al mercado español con gran atención crítica.

Historia, política y ensayo: miradas al pasado y al presente europeo

Además de los títulos estrictamente narrativos, las novedades de febrero incluyen una buena cantidad de ensayos históricos y políticos con foco en Europa, su pasado y sus retos actuales. En el campo de la historia cultural, París en ruinas, de Sebastian Smee (Taurus), propone una lectura del nacimiento del impresionismo como respuesta artística a los traumas vividos por la capital francesa entre 1870 y 1871: el asedio del ejército alemán, el hambre, la Comuna y el incendio del centro de la ciudad. El autor muestra cómo esa sensación de fragilidad y devastación se transformó en una nueva manera de mirar la luz y el paisaje.

En el análisis de la xenofobia y los miedos contemporáneos, destaca Del miedo y los extranjeros. Una historia de la xenofobia, de George Makari (Sexto Piso), que recorre 150 años de historia intelectual para explicar cómo surgió y se consolidó el concepto de xenofobia en paralelo al nacionalismo occidental, el colonialismo y las migraciones masivas. El libro combina historia, filosofía y psicología, y repasa ideas como la personalidad autoritaria, el estereotipo o la figura del “otro”.

En clave más política y centrada en la realidad española reciente, la politóloga Cristina Monge publica Contra el descontento (Paidós), obra ganadora del Premio Paidós de Ensayo. Se trata de una reflexión sobre la crisis de imaginación política y el auge de los populismos autoritarios, con especial atención al papel de la sociedad civil y a la necesidad de “arremangarse” para defender una democracia más sólida. El libro insiste en que la salida al malestar social no pasa por la antipolítica, sino por una buena política construida colectivamente.

A todo ello se suma un conjunto de volúmenes que, sin ser necesariamente los más mediáticos, completan un mapa muy variado de lecturas: desde Los vigías, de Taina Tervonen, sobre quienes ayudan en la sombra a los migrantes que cruzan hacia Europa, hasta Los nuevos Bartleby, de Daniel Gascón, que reflexiona sobre la frase «preferiría no hacerlo» para analizar fenómenos actuales como el teletrabajo, el burnout o la Gran Renuncia.

Con este panorama, febrero se consolida como uno de los meses más fuertes del año en términos de novedades: hay grandes nombres de la narrativa española e internacional, premios importantes, memorias de alto impacto y ensayos que dialogan directamente con los desafíos de España y Europa. Quien se acerque a las librerías estos días encontrará desde thrillers de ritmo frenético hasta relatos íntimos y análisis históricos de largo aliento, con opciones suficientes como para salir con más de un libro bajo el brazo.


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Nuevo anime de Ghost in the Shell: el remake que mira al manga

Isaac

Remake anime Ghost in the Shell

Tras años en los que muchos pensaban que Ghost in the Shell era una obra demasiado mítica como para volver a tocarla, la franquicia se prepara para regresar con fuerza en formato televisivo. Los últimos remakes de clásicos del anime han abierto la puerta a revisitar títulos considerados intocables, y ahora le llega el turno a uno de los pilares del ciberpunk japonés.

En 2026 veremos una nueva serie animada que no pretende calcar la legendaria película de 1995, sino que apunta directamente al manga original de Masamune Shirow. La idea es ofrecer una interpretación distinta del mismo universo, más alineada con lo que el autor plasmó en viñetas hace más de tres décadas, pero con una sensibilidad visual muy actual.

De obra de culto a nuevo punto de partida

Para entender el peso de este movimiento, hay que recordar que Ghost in the Shell nació en las páginas de la revista Young Magazine de Kodansha entre 1989 y 1990. Shirow llevó el ciberpunk a otro nivel, mezclando espionaje, filosofía, política y tecnología en una historia protagonizada por la Sección de Seguridad Pública 9.

La adaptación cinematográfica dirigida por Mamoru Oshii en 1995 convirtió la licencia en mito. Aquella película redefinió la ciencia ficción animada, influyó en producciones occidentales como The Matrix y consolidó a Motoko Kusanagi como uno de los personajes más reconocibles del anime. Desde entonces, la franquicia ha sumado series como Stand Alone Complex, proyectos como Arise, la reciente SAC_2045 y una película de imagen real producida en Hollywood.

Pese a esa larga trayectoria, muchos seguidores consideraban que aún faltaba una adaptación televisiva que respetara de forma casi directa el tono y el humor del manga. Es justo ese hueco el que pretende cubrir el nuevo proyecto, que se presenta como una especie de regreso a las raíces más puras de la obra de Shirow.

En España y el resto de Europa, el impacto del material original ha sido considerable: los mangas de Ghost in the Shell están publicados por Planeta Cómic y buena parte de las series y películas han llegado en edición doméstica y streaming gracias a editoras como Selecta Visión y plataformas como Netflix, lo que ha permitido que varias generaciones de espectadores se acerquen a su universo.

Science SARU y Production I.G al mando del remake

Nueva serie Ghost in the Shell 2026

La nueva serie, anunciada bajo el título provisional The Ghost in the Shell, está producida por una combinación que da bastante que hablar: Science SARU y Production I.G. Este último estudio ha sido clave en la historia de la franquicia, mientras que Science SARU llega de encadenar trabajos muy personales como Dandadan, Heike Monogatari o Scott Pilgrim da el salto.

El teaser difundido en redes sociales apenas dura unos 30-35 segundos, pero ha bastado para encender las expectativas. En ese breve avance se intercalan los nombres del equipo creativo con fragmentos de acción donde se ve a la Sección 9 al completo, planos de la ciudad futurista bajo la lluvia y la presencia inconfundible de los tachikoma, aquí con carcasas rojas y mucho más protagonismo visual.

A nivel de calendario, la producción ya tiene marcada una ventana concreta: estreno en julio de 2026, dentro de la temporada de anime de verano. Aunque todavía no se ha detallado el número de episodios ni la fecha exacta de emisión, el acabado del tráiler y el tratamiento comunicativo dejan claro que se trata de un proyecto de prestigio dentro de la industria japonesa.

En comparación con otros lanzamientos previstos para ese mismo año, como nuevos contenidos de sagas tan populares como Bleach o Dragon Ball, esta reinterpretación de Ghost in the Shell se perfila como uno de los títulos más observados por el público europeo, tanto por su herencia como por la promesa de ofrecer una visión fresca del ciberpunk clásico.

Una estética más cercana al manga y menos al cine del 95

Uno de los aspectos que más comentarios está generando es el cambio de paleta y atmósfera visual. En lugar de apostar por los tonos apagados, grises y verdosos que solemos asociar a la película de Oshii y a varias iteraciones posteriores, esta versión opta por un mundo mucho más colorido, con contrastes fuertes y una iluminación que recuerda a las viñetas ochenteras de Shirow.

En el avance se aprecia una New Port City vibrante, con neones, lluvia y carteles digitales, pero lejos de la estética deprimente más propia del cine noir. Los tachikoma, en lugar de pasar desapercibidos en el entorno, destacan por su color rojo intenso y por una animación muy fluida que enfatiza sus movimientos casi juguetones.

Motoko Kusanagi aparece con el peinado azul y el diseño corporal asociado al manga, incluyendo una prótesis de cuerpo completo estilizada, muy distinta de algunas aproximaciones más realistas o sobrias vistas en versiones anteriores. El diseño de personajes en general se percibe más dinámico, con líneas marcadas y una expresividad facial pensada para alternar acción con momentos de humor.

Este tono algo más ligero conecta de forma directa con el equilibrio entre acción, reflexión existencial y toques de comedia que ya estaba presente en las páginas originales, pero que se había diluido en las adaptaciones más solemnes. La intención declarada del proyecto no es competir con la película del 95 ni rehacer Stand Alone Complex, sino ofrecer una “traducción” más directa del manga al formato televisivo.

Para quienes se acercan por primera vez a la franquicia, esta elección estética puede funcionar como puerta de entrada menos intimidante, mientras que los seguidores veteranos encontrarán guiños muy literales a escenas y viñetas que se han convertido en referencia dentro del género.

Un equipo creativo con experiencia en riesgo y experimentación

La dirección recae en Moko-chan, que da el salto a la silla principal tras acumular experiencia como guionista y animador en títulos como Tatami Time Machine Blues, Heike Monogatari o DAN DA DAN. Su trayectoria en proyectos con sello autoral refuerza la idea de que estamos ante una reinterpretación con personalidad propia, más que una producción estándar orientada solo al fanservice.

El encargado del guion y de la composición de la serie es Toh EnJoe, escritor y guionista que ya ha participado en animes como Space Dandy y Godzilla Singular Point. Su presencia apunta a un enfoque con peso filosófico y científico, algo esencial si se quiere respetar la complejidad de los temas que aborda Ghost in the Shell: identidad, conciencia, ciberseguridad, política y el límite entre lo humano y lo artificial.

En el apartado visual, el diseño de personajes y la dirección de animación principal están a cargo de Shūhei Handa, que ha trabajado en producciones como Little Witch Academia, Scott Pilgrim da el salto, Kill la Kill, Darling in the FranXX o SSSS.Gridman. Su estilo se reconoce en el trazo enérgico y la gestualidad exagerada, que encajan bien con la intención de reflejar el dinamismo y el humor particulares del manga.

Science SARU, por su parte, viene de demostrar que puede combinar animación muy estilizada con narrativas complejas, algo que ya se vio tanto en producciones originales como en colaboraciones con grandes franquicias. Su fama de estudio dispuesto a arriesgar con el lenguaje visual y a experimentar con el ritmo encaja con una obra tan dada a la reflexión como Ghost in the Shell.

La participación de Production I.G, histórico socio de la franquicia, sirve de puente con todo el legado anterior y aporta la experiencia acumulada en décadas de animación de alto nivel, lo que ayuda a mantener cierto continuo de calidad técnica que muchos espectadores en Europa asocian ya al nombre de la marca.

La adaptación más fiel al manga hasta la fecha

Desde que Bandai Namco anunció hace unos años este proyecto, insistió en que se trataría de una adaptación directa del manga de Shirow. En aquel momento ya se mostraron algunas escenas que reproducían viñetas casi plano a plano, y esa línea se mantiene en el material más reciente que se ha dejado ver en redes y eventos.

Fuentes cercanas al desarrollo y filtraciones previas describen una serie que apuesta por recrear diseños y situaciones emblemáticas del tomo original, con apariciones destacadas de personajes como Batou, Ishikawa o Daisuke Aramaki. Los fans que han podido analizar el teaser con calma señalan que incluso ciertos encuadres y movimientos de cámara parecen pensados como homenajes directos a las páginas de Young Magazine.

Otro detalle que ha llamado la atención es que la animación se realiza íntegramente a mano, al menos en lo que se ha podido comprobar en el avance. Aunque es probable que haya apoyo digital en fondos y efectos, el acabado general busca esa textura orgánica que muchos asocian al anime de los 90, pero actualizada con la fluidez y la limpieza que permiten las técnicas modernas.

El tono general de la historia se anuncia como más ligero y con más humor que la película de 1995, pero sin renunciar a los temas duros que han convertido a Ghost in the Shell en un clásico de la ciencia ficción. Es decir, se recupera el contraste entre la eficiencia mecánica de los cuerpos artificiales y las dudas íntimas de personajes como Motoko, que siguen preguntándose qué significa ser alguien cuando casi todo en ti es reemplazable.

Para el público europeo, acostumbrado a versiones de la franquicia mucho más sombrías, este equilibrio entre acción ciberpunk, introspección y chispazos cómicos puede dar lugar a un producto más accesible, pero igualmente exigente en el plano temático.

Motoko, la Sección 9 y el eterno debate sobre la identidad

En el centro de todo sigue estando Motoko Kusanagi, agente cibernética de élite con un cuerpo completamente artificial y una mente que no deja de cuestionarse dónde acaba el ser humano y dónde empieza la máquina. El conflicto entre su eficacia operativa y sus inquietudes existenciales fue ya uno de los pilares del manga y de la película, y esta nueva serie parece decidida a recuperarlo con fuerza.

El teaser deja ver a la Sección 9 en formación clásica, con Batou, Togusa y el resto del equipo moviéndose por una ciudad plagada de redes, implantes y sistemas autónomos. Los tachikoma, vehículos blindados dotados de inteligencia propia, vuelven a ser un elemento clave tanto para la acción como para el tono, ya que suelen aportar una mezcla de ingenuidad y eficacia que rompe la seriedad del conjunto.

La serie afronta de nuevo las preguntas que han marcado a Ghost in the Shell desde sus inicios: ¿qué queda del “yo” cuando casi todo se puede copiar, modificar o piratear? ¿Hasta qué punto una conciencia digital sigue siendo humana? ¿Qué pasa cuando las instituciones que controlan esa tecnología dejan de ser fiables? Estos temas, lejos de haber perdido vigencia, conectan cada vez más con los debates actuales sobre inteligencia artificial, vigilancia masiva y privacidad.

En mercados como el español, donde el interés por la cultura digital y la ética tecnológica ha crecido notablemente, no es difícil imaginar que este enfoque pueda generar conversación más allá del fandom del anime, llegando a un público que sigue de cerca los dilemas asociados a la IA y al uso de datos personales.

La propia combinación de un estilo visual llamativo con un trasfondo filosófico sólido puede ayudar a que la serie tenga presencia tanto en plataformas de streaming como en debates culturales, festivales y ciclos de cine y animación que suelen programar retrospectivas sobre ciencia ficción y ciberpunk.

Recepción inicial y expectativas en Europa

Las primeras reacciones al teaser en redes como X y Reddit han sido mayoritariamente positivas. Muchos comentarios destacan que esta es, por fin, la Motoko que esperaban ver adaptada directamente desde el manga, subrayando tanto su diseño como la atmósfera general de la ciudad y la Sección 9.

Entre los seguidores más veteranos se percibe una mezcla de cautela y entusiasmo: por un lado, hay prudencia, porque la franquicia ha pasado ya por varias reinterpretaciones con resultados desiguales; por otro, se aprecia una confianza moderada en la capacidad de Science SARU para manejar un material tan delicado sin limitarse a repetir fórmulas pasadas.

En Europa y España, donde los clásicos del anime han ido ganando presencia en catálogos legales y eventos especializados, no sería extraño que la serie compitiera en visibilidad con otros estrenos de peso. El hecho de que el material original esté fácilmente disponible en castellano gracias a Planeta Cómic y que anteriores adaptaciones puedan encontrarse en servicios de vídeo bajo demanda facilita que nuevos espectadores se pongan al día antes del estreno.

Además, la coincidencia temporal con el regreso de otras franquicias de larga trayectoria puede generar un efecto escaparate: el público que se acerque a la animación japonesa atraído por nombres muy populares podría acabar descubriendo o redescubriendo Ghost in the Shell a través de este remake con estética renovada.

Si la serie logra mantener el nivel de producción que sugiere el tráiler y ofrecer una narrativa que combine fidelidad al manga con ritmo acorde al gusto actual, la vuelta de Motoko Kusanagi y la Sección 9 tiene muchas papeletas para convertirse en uno de los hitos del anime televisivo de los próximos años, tanto dentro como fuera de Japón.


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Apasionados de Fra Angelico y no lo sabíamos

Cuando el fin de semana pasado el Palazzo Strozzi y el Convento de San Marcos de Florencia se despidieron de la exposición “Beato Angelico”, terminó también una sucesión de pequeños milagros. Hacía más de setenta años que esta ciudad no dedicaba una exposición amplia a Fra Angelico – aquí casi era otra época, antes de la gran inundación del 66- y, además de reunir piezas de las mejores colecciones europeas y estadounidenses, pudieron compartir espacio, por primera vez en siglos, composiciones de retablos que fueron disgregados.
Antes de que las salas del palacio se abriesen al público, al menos en los últimos fines de semana, algunos centenares de personas esperaban ya rodeando su patio y la Piazza Strozzi, lidiando con un frío riguroso como si fuera liviano y encarando el paso de las horas -hasta cuatro- como si la espera no tuviese nada de particular. No lo tiene, salvo porque la edad media de estos visitantes bailará entre los setenta y los ochenta, y no demuestran ninguna impaciencia, salvo por algún intento discreto de adelantar un par de puestos. De estos avispados tampoco nadie se queja, bajo los carteles con la mirada benéfica de las vírgenes más dulces: las del retablo franciscano de la Santa Croce y la de la Humildad, que viajó desde el MNAC de Barcelona y pertenece a la colección Thyssen.
Cuando estas hordas templadas lleguen a las salas, con las paredes del mejor azul celestial que se pudo elegir, y apenas dejen espacio ni tiempo para detenerse ante cada imagen algún minuto, los decibelios en el Strozzi tampoco suben demasiado. Algo consigue que los comentarios no imprescindibles queden para la salida, y alguien opina que esa vieja Europa en fila ha comprendido algo, o que ya lo entendía e iba allí a confirmarlo, y sabía además que no era necesario decirlo entonces muy alto.
Fueron los románticos quienes más a fondo invocaron la espiritualidad evidente en la obra de Fra Angelico, su misticismo y su concepción del ejercicio de la pintura como parte de su oración, como contaba Vasari, y olvidaron a veces su inmersión en la cultura florentina del siglo XV, en un Renacimiento del que se empapó. Pero es cierto que ni mirando nada más que al cielo ni estudiando sólo la mejor Florencia puede entrarse por las puertas del beato patrón de los artistas: nacido algo antes de 1400 en Rupecanina, cerca de la ciudad, fue monje dominico aproximadamente desde su veintena y ya pintaba antes. Su prestigio como artista creció parejo a su ascenso en la carrera eclesiástica; dice el mismo Vasari que, por humildad, renunció a ser arzobispo. Y, si hacemos caso de nuevo a Las vidas, rezaba y lloraba antes de tomar los pinceles y explicaba que la armonía y la gracia que conseguía con los colores y las formas -sólo suya, como se vio en la exposición al confrontarlo a sus contemporáneos- tenía su origen en esa fe y sus sufrimientos.
Conocía la capilla Brancacci y las reglas perspectívicas que aplicó Masaccio: ni las desdeñó ni dejó de entender la naturaleza como un motivo para admirar a Dios, más que para experimentar. Su encanto y su énfasis en la belleza de lo santo y en lo negro del infierno atraerían a los fieles ingenuos, pero no sólo a ellos y no únicamente gracias a cualidades sensoriales. Y sigue siendo así: si buscábamos en la muestra al Beato Angelico que pinta las manifestaciones de la belleza de Dios, estaba, desde luego, allí; el intelectual que teorizaba sobre la debita proportio, eso en lo que la vista se complace, también estaba. Cuando tomó partido en discusiones artísticas, defendió que una pintura podía ser religiosa, aunque no fuera ese su tema, y que el arte podía ser moderno sin abordar asuntos laicos. La luz de sus imágenes no es medieval; tampoco parte de ningún foco fuera de las mismas figuras: habla de una perfección originaria, una armonía entre el individuo y quien lo plantó en el suelo.
En realidad, Fra Angelico fue un completo independiente: supo bien lo que las tendencias marcaban y eligió decantar ese conocimiento según su propia fe y su deseo de mostrar el origen y el destino de lo que tuvo por bello y bueno.
Alguien en la cola dijo: Éramos todos appassionati di Beato Angelico y no lo sabíamos.
Fra Angelico. Coronación de la Virgen, 1434. Museo del Louvre
Fra Angelico. Deposición, 1432-1434. Museo di San Marco
 
 
 
 
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Morfeo Teatro inaugura el abono de invierno del Teatro Bergidum con Quevedo

Isaac

Morfeo Teatro abre el abono de invierno del Teatro Bergidum

El Teatro Bergidum de Ponferrada estrena su abono de invierno con una cita muy marcada por el teatro clásico: la llegada de la compañía Morfeo Teatro con la comedia burlesca Polvo serán, más polvo enamorado, una propuesta que gira en torno a la obra de Francisco de Quevedo. La función tendrá lugar el viernes 30 de enero, a partir de las 20:30 horas, dentro del circuito de la Red de Teatros de Castilla y León.

El espectáculo se presenta como una mirada irreverente, satírica y muy carnal al universo quevedesco, apoyada en un sólido trabajo de investigación y adaptación de textos del Siglo de Oro. Con un formato de comedia burlesca, el montaje busca conectar con el público actual a través del humor, el juego escénico y una reflexión constante sobre la fragilidad de la vida y las convenciones sociales.

Una comedia burlesca para abrir el abono de invierno

Comedia burlesca en el abono de invierno del Teatro Bergidum

El arranque del programa de abono de invierno del Bergidum se confía a Polvo serán, más polvo enamorado, un título que ya adelanta el tono entre lo fúnebre y lo amoroso propio de Quevedo. La obra, firmada y puesta en escena por Morfeo Teatro, se presenta como una comedia burlesca de trazo clásico, pero pensada para el espectador contemporáneo, que podrá reencontrarse con un Quevedo menos académico y más mordaz.

La función, programada para las 20:30 horas, forma parte de la oferta estable de artes escénicas que el teatro ponferradino desarrolla a lo largo del año. Este inicio de abono apuesta claramente por el teatro de repertorio, situando a un clásico del Siglo de Oro en el centro de la temporada invernal, con una propuesta que combina rigor filológico y chispa escénica.

Las entradas tienen un precio único de 10 euros y se pueden adquirir a través de los canales habituales del Teatro Bergidum, tanto en taquilla como mediante venta anticipada. Con este importe, el ayuntamiento y la dirección del teatro buscan mantener una programación accesible que anime a vecinos y visitantes a acercarse a las artes escénicas en pleno invierno.

La inclusión del montaje en la Red de Teatros de Castilla y León refuerza además la intención de acercar propuestas de calidad a diferentes localidades de la comunidad, promoviendo la circulación de compañías especializadas en teatro clásico y de investigación escénica.

Un viaje por el Quevedo más satírico, carnal y mordaz

La pieza que trae Morfeo Teatro al Bergidum se construye a partir de una selección minuciosa de textos de Francisco de Quevedo, entre los que se encuentran entremeses, letrillas, bailes y sonetos. El objetivo es ofrecer un mosaico que refleje la vertiente más vehemente, burlesca y descarnada del autor, alejándose de la imagen exclusivamente solemne que suele asociarse a su figura.

La dramaturgia articula esa selección en torno a una anécdota inicial de tintes macabros y festivos: el entierro de un cómico, acompañado por sus compañeros de farándula, al que se suma la inesperada aparición de la Muerte para reclamar al difunto. A partir de ese momento se despliega una cadena de escenas y entremeses quevedescos que van dando forma a un mundo al revés, propio de las comedias burlescas del Siglo de Oro.

Buena parte de los textos que se escuchan en escena proceden de piezas teatrales de Quevedo que llevaban siglos sin representarse. Según explica la compañía, muchas de estas obras no habían vuelto a los escenarios desde el siglo XVII, lo que convierte el montaje en una suerte de primicia escénica para el público actual, que puede asomarse a un repertorio prácticamente olvidado.

El tono general del espectáculo apuesta por un humor grotesco, carnavalesco y a veces despiadado, en el que se ridiculizan vicios, hipocresías y desigualdades. Esa mezcla de risa y desgarro permite recuperar la mirada sardónica de Quevedo, que se sirve de la exageración y la caricatura para poner frente al espejo a la sociedad de su tiempo, con resonancias muy reconocibles en la Europa contemporánea.

Recuperación de manuscritos y trabajo de investigación

Uno de los rasgos más destacados del proyecto es el trabajo de investigación y adaptación realizado por Morfeo Teatro. La compañía ha recurrido a manuscritos y ediciones originales de época para reconstruir los textos que se integran en el montaje, transcribiendo materiales antiguos y ajustándolos a una puesta en escena actual sin traicionar su esencia.

Este proceso ha supuesto un esfuerzo filológico y teatral considerable, ya que muchas de las piezas no contaban con versiones modernas fácilmente accesibles. La labor de adaptación ha tenido que equilibrar fidelidad al lenguaje original y legibilidad para el público de hoy, manteniendo el sabor del castellano clásico pero facilitando su comprensión en un contexto escénico.

El resultado es una comedia burlesca que recrea el espíritu carnavalesco del Siglo de Oro, con personajes exagerados, situaciones disparatadas y un constante juego con la muerte, el deseo, la pobreza o la honra. Todo ello se combina con una puesta en escena que, sin renunciar al aire de época, busca una comunicación directa con la platea, apoyándose en el ritmo, la proximidad y el tono festivo.

La recuperación de estos textos se enmarca también en una tendencia más amplia dentro de la escena española y europea: la de releer los clásicos desde claves contemporáneas, aprovechando su potencial crítico y su capacidad para iluminar debates actuales sobre poder, desigualdad, género o moral social. En este caso, la mirada de Quevedo sirve como herramienta para cuestionar, con ironía, la condición humana.

Qué eran las comedias burlescas del Siglo de Oro

El espectáculo de Morfeo Teatro se inscribe en la tradición de las comedias burlescas del Siglo de Oro, un tipo de pieza muy popular en su época que hoy resulta menos conocida para el gran público. Se trataba de obras concebidas como fiesta desatada y juego paródico, que a menudo se representaban en Carnaval o en el marco de celebraciones cortesanas.

En estas comedias, el escenario se convertía en un mundo al revés: personajes serios eran ridiculizados, los supuestos respetables quedaban en entredicho y lo vulgar irrumpía en el centro de la acción. Todo se veía grotescamente degradado y caricaturizado, desde los códigos del amor hasta las jerarquías sociales, en una especie de liberación colectiva a través de la risa.

Ese espíritu es precisamente el que recupera el montaje que se verá en el Bergidum, donde lo fúnebre convive con lo festivo, lo amoroso con lo obsceno y la crítica social con el chiste directo. La Muerte, convertida en personaje, se pasea por escena como recordatorio constante de la precariedad de la existencia, mientras los cómicos tratan de sacar punta a cada situación.

La crítica especializada ha señalado que esta propuesta de Morfeo Teatro funciona como una “lección completa del mejor teatro clásico”, al combinar el respeto por las fuentes con una mirada innovadora en la puesta en escena. Algunas reseñas hablan de una «miscelánea de factura cuidada» y de una «experiencia de teatro clásico particularmente sugerente», subrayando la manera en que el montaje consigue activar el texto ante un público actual.

Morfeo Teatro y el reparto del montaje

Bajo la dirección de Francisco Negro, Polvo serán, más polvo enamorado cuenta con un reparto integrado por Francesc Albiol, Mayte Bona, Santiago Nogués y Felipe Santiago, además del propio Negro en escena en algunas funciones según el diseño original. El elenco se enfrenta a un texto exigente, tanto por el lenguaje como por el ritmo y los continuos cambios de registro que exige la comedia burlesca.

La compañía Morfeo Teatro, con sede en Burgos, se ha consolidado en los últimos años como una de las formaciones más constantes en la adaptación de textos clásicos y contemporáneos desde una perspectiva abiertamente humanista. Sus montajes suelen incorporar una clara vocación de crítica social, trabajando a partir de grandes autores pero buscando siempre conexiones con problemáticas presentes.

En esta ocasión, el equipo artístico ha optado por una escenografía sobria y funcional, que permita el juego físico de los intérpretes y el rápido encadenado de escenas. El vestuario y la iluminación se apoyan en referencias de época, pero sin caer en el preciosismo, con el objetivo de que la palabra y la acción tengan el protagonismo principal.

El trabajo actoral se apoya especialmente en la precisión verbal, el tempo cómico y la complicidad con el público, elementos clave para sostener una propuesta que combina sátira, desenfado y momentos de notable intensidad poética. Todo ello pone en valor la tradición del teatro de actor, muy presente en la escena española y europea, donde el intérprete es el principal mediador entre el texto clásico y el espectador contemporáneo.

Con esta apertura de abono, el Teatro Bergidum refuerza su apuesta por un programa que alterna títulos de repertorio, creaciones actuales y proyectos de investigación escénica, consolidando a Ponferrada como una de las plazas activas en el mapa teatral de Castilla y León. La visita de Morfeo Teatro se suma así a una línea de programación que busca combinar entretenimiento, reflexión y cuidado por la tradición escénica.

Con la llegada de Polvo serán, más polvo enamorado, el escenario ponferradino se convierte durante una noche en un corral de comedias contemporáneo, donde Quevedo regresa en clave festiva gracias al trabajo de Morfeo Teatro. El público que acuda al Bergidum se encontrará con un montaje que mezcla humor desatado, investigación histórica y mirada crítica, y que sirve como pistoletazo de salida a un abono de invierno centrado en el valor del teatro como lugar de encuentro y memoria compartida.


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