Lewis Baltz, una topografía urbana sin azúcar

De origen californiano (nació en  Newport Beach, en 1945), Lewis Baltz no tuvo demasiados problemas para decidir su vocación: comenzó a fotografiar a los doce años, animado ya en tiempo tan temprano por William Current, que sería su mentor. Admiró a Robert Frank y a Edward Weston (del primero podemos advertir una influencia evidente en su trabajo) y sus primeras imágenes, tomadas siendo aún estudiante, llegó a exponerlas en 1971 y nada menos que en la galería de Leo Castelli. Nos referimos a las series Prototype Works y The Tract Houses.
Cuatro años después llegaría su participación en la muestra “New Topographics” en la George Eastman House (junto a Robert Adams, los Becher, Nicholas Nixon, Frank Gohlke y Stephen Shore), en la que las imágenes de Baltz daban cuenta de su mirada crítica, aguda y absolutamente contraria a la idealización del paisaje estadounidense. No dirigió su atención hacia los parques nacionales ni los escenarios naturales de su país más o menos intactos, sino hacia los paisajes manoseados y desgastados de ciudades en proceso descontrolado de crecimiento en sus periferias, dominadas por el acelerado ritmo de vida urbano.
Aquellas ideas sobre la naturaleza y las urbes en su país, quizá menos endulzadas de las ya de por sí objetivas visiones del resto de los autores participantes en aquella exposición, las desarrollaría Baltz en el resto de las series en las que se empleó en los años setenta y los ochenta: New Industrial Parks near Irvine, California, Maryland, Nevada, Park City, St. Quentin Point, Continuous Fire Polar Circle, Near Reno y Candlestick Point. Todas ellas están compuestas por pequeñas instantáneas en blanco y negro que disponía en cuadrículas.
Lewis Baltz. Monterey, de la serie The Prototype Works, 1967. Galerie Thomas Zander, Colonia © The Lewis Baltz Trust
Lewis Baltz. Tract House no. 4, de la serie The Tract Houses, 1971. The Lewis Baltz Trust
Lewis Baltz. Looking Northeast from Masonic Hill, 1978-1980. The Lewis Baltz Trust
El mayor cambio en la trayectoria de nuestro artista llegó en 1989. Se trasladó a Europa en aquel año clave, a Francia (donde murió en 2014), y sin dejar de abordar las relaciones entre urbanismo y poder – opinaba que el primero suponía la materialización del segundo –, se dedicó a investigar también hasta qué punto la pujante influencia de los medios de comunicación entonces motivaba que esos mismos medios pudieran iniciar cambios sociales, y no sólo dar cuenta de ellos a su público.
La consecuencia de ese nuevo rol sería que produjesen hiperrealidad y que, para el espectador, fuera complicado distinguir lo simulado y el hecho verdadero, perdiendo por tanto contacto, los lectores y los mismos medios, con la realidad experimentable. Sobre simulacros y hechos reflexionaría en los proyectos Rule without exception, Piazza Pugliese, Sites of Technology y los citados Ronde de Nuit o Venezia Marguera.
Lewis Baltz. Piazza Pugliese, de la serie Generic Night Cities, 1992. Colección del Stedelijk Museum, Ámsterdam © The Lewis Baltz Trust
En estos trabajos salen a nuestro paso numerosos paisajes urbanos, tanto nocturnos como en color, sin luz natural alguna: la artificial hace que la ciudad se asemeje a un solar de aparcamiento, a una autovía o un laboratorio. En muchas ocasiones las fotografías, algunas de hasta dos metros de altura, son finas, planas y multicolores, como mandos a distancia, en relación con los circuitos electrónicos abiertos que parecen las urbes que representan.
En línea con las teorías filosóficas que se manejaban en el periodo en que Baltz comenzó a trabajar (la década de los sesenta), el americano concibió la fotografía como bastante más que un medio de expresión: la entendía como un camino de conocimiento y una herramienta de investigación. Por eso forma y contenido discurrieron en su producción por terrenos muy dispares entre sí: en lo que respecta al estilo no abandonó la fotografía directa, porque sus métodos le posibilitaban volcarse en la reflexión sobre los contenidos y en la realización de un imaginario que plasmara su pensamiento conceptual.
Éste estaba ligado a enclaves que no eran exactamente no-lugares, escenarios de paso, sino más bien huellas de la intervención humana en la naturaleza, un rastro normalmente no muy afortunado. Hablamos de urbanizaciones en medio de la nada, descampados, paisajes deshumanizados y desnaturalizados producto de la especulación… que remiten a la preocupación de este fotógrafo por entornos que quizá un día fueron bellos, pero que han perdido su romanticismo para convertirse en crudas estampas, de la mano del tiempo y del hombre. Éste último, por cierto, nunca aparece en su obra.
Lewis Baltz. Maryland no. 25, de la serie Maryland, 1976. The Lewis Baltz Trust
Lewis Baltz. Night Construction, Reno, de la serie Nevada, 1977. The Lewis Baltz Trust
 
 
BIBLIOGRAFÍA
Lewis Baltz. Fundación MAPFRE, 2017
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Kaguya-sama: Love is War tendrá una película final con final alternativo

Isaac

Kaguya-sama Love is War pelicula final

El fenómeno romántico Kaguya-sama: Love is War pondrá punto final a su anime con una película que funcionará como cierre definitivo de la adaptación televisiva. El proyecto, anunciado tras el especial de fin de año, llega con una particularidad importante: no adaptará los últimos arcos del manga, sino que apostará por una historia completamente nueva concebida como despedida del anime.

Esta decisión ha generado expectación y cierto desconcierto entre los seguidores, especialmente entre quienes conocen bien el material original. Muchos esperaban una cuarta temporada que completara los acontecimientos del manga, pero el equipo creativo, junto a su autor, ha optado por un largometraje independiente que se presenta como un final alternativo, «nuevo pero cargado de nostalgia».

Una película final con final alternativo escrito por Aka Akasaka

El anuncio oficial confirma que la película final de Kaguya-sama: Love is War contará con un guion original de Aka Akasaka, creador del manga. No se trata de una simple condensación del tramo final de la obra, sino de una nueva propuesta narrativa diseñada específicamente para el formato cinematográfico.

El propio Akasaka reveló que la idea de cerrar el anime con una película se tomó hace unos cuatro años, cuando la serie todavía se encontraba en pleno auge. Desde entonces, autor y staff han trabajado en paralelo a la serialización del manga para perfilar un final diferente, que no siga al pie de la letra lo publicado en papel pero que respete el espíritu de los personajes.

Según las declaraciones difundidas en el anuncio, la intención es ofrecer “el último Kaguya-sama” en clave animada, una obra que funcione tanto como carta de despedida para la audiencia del anime como complemento para quienes ya conocen el final del manga. Akasaka la describe como algo «nuevo, pero nostálgico», una historia que mira hacia atrás sin limitarse a reproducir escenas ya conocidas.

Esto implica que varios arcos y momentos importantes del manga nunca tendrán versión animada. La película no pretende cubrir esos huecos, sino proponer una ruta alternativa para Kaguya Shinomiya y Miyuki Shirogane en el tramo final de su historia, lo que convierte al largometraje en un ejercicio de “qué habría pasado si…” respaldado por el propio autor.

Pelicula final anime Kaguya-sama Love is War

Conexión directa con el especial Stairway to Adulthood

El proyecto cinematográfico se anunció justo después de la emisión del especial de televisión Kaguya-sama: Love is War – Stairway to Adulthood (Otona e no Kaidan), un episodio de unos 52 minutos que continúa los hechos vistos en la anterior película First Kiss wa Owaranai.

Ese especial, emitido en Japón a través de cadenas como TOKYO MX y BS11 y disponible en España y otros territorios en Crunchyroll, ya dio pistas de por dónde irían los tiros: saltos temporales y omisión de segmentos del manga para cuadrar el calendario de estrenos y situar a los protagonistas en un punto adecuado para el largometraje final.

La nueva película retomará la historia después de que Kaguya Shinomiya y Miyuki Shirogane comienzan formalmente su relación. Las informaciones adelantadas describen una primera escena íntima y calmada, con Kaguya hojeando un álbum de fotografías que recorre sus años en la Academia Shuchiin, un recurso pensado para combinar nostalgia y repaso emocional del camino recorrido.

De este modo, el especial Stairway to Adulthood funciona como puente narrativo hacia el largometraje, ajustando la cronología del anime para que el desenlace original encaje en una sola película. A cambio, el espectador se encuentra con lagunas respecto a la versión original en papel, lo que ha generado debate entre quienes priorizan la fidelidad al manga.

Final alternativo Kaguya-sama Love is War

Reparto, equipo creativo y música: regresa el núcleo de la serie

En el apartado técnico, la película mantiene la columna vertebral de la serie de televisión. El estudio A-1 Pictures volverá a encargarse de la animación, garantizando continuidad visual con las tres temporadas y los especiales anteriores.

La dirección correrá de nuevo a cargo de Mamoru Hatakeyama, responsable del peculiar tono entre comedia, drama y batalla psicológica que ha caracterizado al anime desde su estreno en 2019. Yuko Yahiro retomará el diseño de personajes, mientras que Kei Haneoka seguirá al frente de la composición musical, consolidando una identidad sonora ya muy reconocible para la comunidad fan.

También repiten las voces protagonistas: Aoi Koga como Kaguya y el resto del elenco habitual dan continuidad a un reparto que ha cimentado buena parte del éxito de la serie en Japón y fuera de él. En el terreno musical, el especial televisivo ya dejó caer algunas cartas que podrían enlazarse con la película.

El ending del especial, “Red and Blue”, interpretado por Aoi Koga, se concibió como una pieza que acompaña ese repaso al álbum de fotos que veremos en el largometraje, casi como si el espectador fuera pasando páginas junto a Kaguya. Paralelamente, Masayuki Suzuki, voz habitual de los openings de la franquicia, regresó con el tema principal “Abunai Kioku”, de nuevo con la colaboración de Koga, reforzando la sensación de “fiesta de despedida” para el anime.

De serie de culto a fenómeno multimedia: manga, anime y live action

Más allá de este final cinematográfico, Kaguya-sama: Love is War se ha convertido en una franquicia completa que abarca manga, anime, películas y adaptaciones de imagen real. La obra nació como manga de Aka Akasaka, primero en la revista Miracle Jump de Shueisha en 2015 y, poco después, en la Weekly Young Jump, donde permaneció hasta su conclusión en noviembre de 2022.

En total, la historia se recopiló en 28 tomos que narran la guerra psicológica y romántica entre Kaguya Shinomiya y Miyuki Shirogane, dos estudiantes brillantes y orgullosos del consejo escolar de la elitista Academia Shuchiin. En lugar de declararse, ambos optan por toda clase de estrategias y juegos mentales para obligar al otro a confesar primero, dando pie a una comedia romántica que mezcla sátira, drama adolescente y tensión emocional.

El manga ha sido reconocido con premios de prestigio, entre ellos el galardón a mejor obra general en los 65th Shogakukan Awards, y ha cimentado una base de lectores fieles tanto en Japón como a nivel internacional. La adaptación animada, estrenada en 2019, reforzó ese impacto con tres temporadas televisivas y el largometraje The First Kiss That Never Ends, estrenado primero en cines japoneses y posteriormente emitido en formato serie.

La popularidad de la marca también propició dos películas de imagen real, dirigidas por Hayato Kawai, con Kanna Hashimoto en el papel de Kaguya y Sho Hirano como Miyuki. Estas producciones trasladaron el “duelo amoroso” al terreno del live action, manteniendo el tono ligero, aunque con una puesta en escena más cercana al cine juvenil japonés tradicional.

Situación en España y Europa: dónde ver el anime y leer el manga

Para el público español y europeo, el acceso a Kaguya-sama: Love is War es relativamente sencillo, tanto en su versión manga como en su adaptación animada. En España, la editorial Ivrea ha publicado la obra al completo, con los 28 volúmenes disponibles en castellano, lo que permite leer la historia original desde el primer enfrentamiento estratégico hasta el desenlace canónico ideado por Akasaka.

En cuanto al anime, Crunchyroll ofrece en Europa las temporadas más recientes, incluyendo la tercera y la película The First Kiss That Never Ends emitida en formato de cuatro episodios. El reciente especial Stairway to Adulthood también ha ido llegando a la plataforma, como ocurrió con el regreso de Escaflowne al streaming español, de modo que los espectadores de la región pueden seguir casi al día los movimientos que conducen hacia la película final.

Esta disponibilidad ha contribuido a que Kaguya-sama se consolide como una de las comedias románticas de referencia para el público hispanohablante, compitiendo en popularidad con otros títulos de peso en el catálogo. La futura película, una vez se estrene en Japón, previsiblemente seguirá el camino habitual: pase por salas selectas o circuitos de festivales, y posterior llegada a plataformas, aunque por ahora no existe confirmación oficial para España o el resto de Europa.

Mientras tanto, quienes quieran conocer el final original de la historia cuentan con la edición de Ivrea como vía principal. El contraste entre el desenlace del manga y el cierre alternativo del anime será, precisamente, uno de los grandes puntos de interés cuando el largometraje vea la luz y empiecen las inevitables comparaciones entre ambos formatos.

Reacciones de los fans y debate sobre el modelo de película final

La confirmación de que el anime terminará con una película de historia original, distinta al manga, ha provocado reacciones divididas. Una parte del fandom recibe con buenos ojos la implicación directa de Aka Akasaka, al considerar que su participación garantiza coherencia con el carácter de los protagonistas y con los temas centrales de la obra.

Otra parte de los seguidores, especialmente quienes han leído los 28 tomos, muestra cierta frustración ante la ausencia de arcos muy queridos en el anime. La idea de que determinadas escenas clave nunca se verán animadas genera sensación de oportunidad perdida, y algunos lectores perciben la apuesta por el largometraje como una decisión más comercial que artística.

El caso de Kaguya-sama se enmarca, además, en una tendencia creciente en la industria del anime: culminar series exitosas en la gran pantalla. Títulos como Demon Slayer: Kimetsu no Yaiba o el cierre anunciado de Haikyu!! mediante películas muestran un modelo que combina evento cinematográfico, mayor recaudación y fuerte impacto mediático, pero que no siempre convence a quienes prefieren el ritmo pausado de una temporada televisiva.

En foros y redes se repite una idea: el público que solo ve el anime vivirá un final diferente y potencialmente incompleto en términos de desarrollo argumental, aunque pueda resultar satisfactorio en lo emocional. Esa doble vía —final canónico en el manga y final alternativo en la película— convierte a Kaguya-sama en un ejemplo claro de cómo una misma franquicia puede ofrecer cierres distintos dependiendo del medio.

Con la fecha de estreno todavía por anunciar, el interés se mantiene alto tanto en Japón como en Europa. Fans del anime, lectores del manga y curiosos que se acercan a la serie por primera vez están pendientes de nuevos avances, mientras el equipo de producción trabaja en dar forma a una despedida que, al menos sobre el papel, aspira a ser tan ingeniosa y emotiva como las batallas psicológicas que hicieron famosa a esta comedia romántica.

Con el manga ya concluido, la emisión de un especial puente y la confirmación de una película original como cierre, Kaguya-sama: Love is War entra en su recta final consolidada como una de las historias románticas más influyentes del anime reciente. A la espera de conocer cuándo llegará este último capítulo a los cines y, después, a plataformas en España y Europa, la franquicia queda dividida entre un final escrito en papel y otro pensado para la gran pantalla, dos miradas distintas sobre la misma guerra del amor que han mantenido en vilo durante años a Kaguya y Miyuki.


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Mateo Hurtado

NOMBRE: Mateo
APELLIDOS: Hurtado
LUGAR DE NACIMIENTO: Torreperogil, Jaén
FECHA DE NACIMIENTO: 1989
PROFESIÓN: Artista
 
 
 
 
 
A Mateo Hurtado, nuestro primer fichado en este 2026, lo conocimos al final del año pasado: cuando se encontró entre los autores seleccionados en la primera edición del Certamen Jóvenes Artistas Realistas Españoles convocado por el MUREC de Almería, que hasta el 11 de enero exponen su trabajo en ese mismo centro.
Diseñador antes que artista plástico, Hurtado se diplomó en Diseño Gráfico y Producción Multimedia en la Escuela de Arte de Granada y en la universidad de esta ciudad culmina ahora su Grado en Bellas Artes. Se ha formado, además, en pintura, paisaje y figuración en el propio MUREC y el Museo Casa Ibáñez de Olula del Río, así como en la ELAP de Priego de Córdoba.
Es posible que su trabajo os haya salido al paso si habéis visitado la muestra “The Mistery Man”, dedicada al enigma de la Sábana Santa, que desde 2022 itinera dentro y fuera de España (Salamanca, Granada, Caravaca de la Cruz, Barcelona, Elche, Jaén, Luanda y Venecia); también ha participado en exhibiciones colectivas en las Carnicerías Reales y la Sala Gran Capitán granadina, además de en el mencionado MUREC, y este mismo 2025 resultó ganador del premio concedido en el curso de realismo y figuración que Antonio López y Andrés García Ibáñez imparten en Almería.
Hurtado se suma a esta sección porque queremos conocer las razones de su inmersión en las artes plásticas tras años dedicado profesionalmente al diseño y de sus recursos para incorporar a sus trabajos, no sólo el detalle de los motivos cotidianos que observa, sino también lo impalpable de la atmósfera que los envuelve.
Mateo Hurtado en la exposición del I Certamen Jóvenes Artistas Realistas Españoles. MUREC, Almería, 2025
Mateo Hurtado en el XXXVIII Curso avanzado de paisaje – ELAP – Priego de Córdoba, 2025
Nos cuenta Mateo que su dedicación a la pintura arrancó en tiempo de confinamiento, aunque su interés por el arte era bastante anterior y permanecía latente en sus pasos: Mis comienzos en el mundo del arte fueron a raíz de la pandemia. Anteriormente me dedicaba al diseño gráfico.
Me diplomé en diseño gráfico y producción multimedia en la Escuela de Arte de Granada entre los años 2008 y 2011. Tras ello me he dedicado al diseño corporativo, editorial y web por una década; la mayoría de estos años en la empresa ArtiSplendore, con sede en Granada y dedicada a la gestión de la visita turística en monumentos, en su mayor parte catedrales. Gracias a ello he podido conocer gran parte del patrimonio artístico español. Comencé como diseñador junior en 2015, llegando a consagrarme como diseñador senior y por último como director de arte, creando identidades turísticas para las catedrales de Málaga, Almería, Jaén, Ourense, Zaragoza o Bilbao, entre otras.
Desde pequeño siempre me había sentido atraído por el dibujo; recuerdo ir a la escuela de mayores de mi pueblo por las tardes con seis-siete años a dibujar, ya que impartían clases de dibujo a todo el que quisiera. Me daban láminas de paisajes y yo me dedicaba a copiarlas. Desde entonces había algo dentro de mí que me decía que ese era mi camino. Al llegar al instituto lo que mejor se me daban eran las matemáticas y el dibujo técnico, por ello terminé eligiendo estudiar ingeniería mecánica en la Universidad de Jaén, obviando esa voz interna que me guiaba para otro lado por miedo a no encontrar las mismas salidas laborales. Solamente cursé un año, pero no lo considero perdido para nada, ya que allí descubrí el diseño gráfico, que fue un paso más hacia lo inevitable: el mundo del arte.
Volviendo a mi etapa como diseñador, diría que fue allí donde decidí que debía por fin hacer Bellas Artes. Por ello, en 2020, me preparé por mi cuenta de nuevo la selectividad para subir nota y acceder, ya que las asignaturas específicas caducan a los cuatro años. Conseguí la nota de acceso y me matriculé en la Facultad Alonso Cano de la Universidad de Granada a los treinta años. Comencé compaginando trabajo y estudios y actualmente estoy de excedencia para poder terminar el grado en 2026.
Una vez en la facultad es donde retomo la práctica artística, con el dibujo, la pintura y la escultura. Quería aprender todo lo posible para poder desarrollarme y expresarme por medio del arte. Por fin estaba en el camino donde la voz interna siempre me había guiado.
En este tiempo de formación, sus intereses siempre se han inclinado hacia la figuración y sus géneros: Desde que comencé en la facultad empezó a interesarme el realismo. En los primeros años realizaba retratos en gran formato de personalidades que habían estado presentes en mi infancia, como cantaores de flamenco que tanto mi abuelo como mi padre escuchaban. Solía trabajar mayormente con referentes fotográficos para estas obras.
Mateo Hurtado. Enrique, 2023
En muchas asignaturas trabajamos el dibujo y la pintura con estatua y modelos, en especial con Nacho Belda, profesor de dibujo y excelente dibujante, al cual le debo gran parte de mi aprendizaje y evolución en cuanto al dibujo. Pero no fue hasta noviembre de 2024 cuando comencé a pintar únicamente del natural: me apunté a un workshop que impartía Eduardo Millán en el Museo del Realismo Español Contemporáneo (MUREC). Eduardo acababa de inaugurar una exposición suya en el propio museo y realizaba este curso dentro de las actividades programadas. Aquellos tres días junto a él y el resto de compañeros me cambiaron la forma de ver la pintura.
Mateo Hurtado. Ejercicio de workshop con Eduardo Millán, 2024
Mis temas, diría que, directamente, son géneros propios de la pintura, como el desnudo, el paisaje, el bodegón y el retrato. Escojo espacios, personas y objetos que están a mi alrededor y que forman parte de mi vida. El trabajar de esta forma me conecta con el motivo y crea en mí una experiencia durante el momento de la creación donde estoy presente con la realidad. Donde la forma y la luz son elementos capitales e imprescindibles para mi pintura.
Mateo Hurtado. Zagrilla la Baja, 2025
Mateo Hurtado. El cerrillo del carpintero desde el Recreo, 2025 (en proceso)
Tiende Mateo hacia el óleo, por sus posibilidades, y hacia los pequeños formatos, por su manejabilidad. Y concede enorme importancia a su paleta: Trabajo fundamentalmente con óleo sobre tabla. El óleo permite unas posibilidades pictóricas infinitas y la tabla me facilita la preparación, el tamaño y el traslado de las obras. Creo que, aunque todo aporta en cuanto a calidad artística de una obra, los materiales utilizados para pintar no son tan determinantes y no tienen por qué ser de la mejor calidad. Las tablas que utilizo son todas recicladas, yo mismo las corto a la medida necesaria y las imprimo. Otra cosa es el tema del color, ahí no creo que ningún pintor deba escatimar gasto en cuanto a la calidad de la pintura. Solía trabajar en grandes formatos, pero desde el verano de 2025 utilizo tamaños más pequeños por facilidad en cuanto al traslado y disponibilidad de espacio.
Mateo Hurtado. Bodegón de manzanas, 2025
Entre sus referentes cita Hurtado a realistas españoles de su generación y de otras pasadas por casi todos conocidos, algunos ligados al contexto andaluz, y también, llamativamente, a un pionero de la escultura contemporánea que luchó con la materia para escapar, tempranamente, de la mímesis (en esa disciplina también ha comenzado a trabajar): Por cercanía, tanto a Paco Pomet como a Santiago Ydáñez los tengo muy presentes en mi proceso creativo. Estudiaron Bellas Artes en Granada y tuve la suerte de conocerlos personalmente este año. Ambos son artistas consagrados internacionalmente, pero tienen una cercanía y humildad que se agradece, siendo un artista novel que está empezando en el mundo del arte.
Mi mayor referente en cuanto a la pintura es Eduardo Millán, ya que con él comencé toda esta andadura de luchar con la realidad. Hay otros artistas gaditanos, como Antonio Lara Luque o Pepe Baena, que también sigo de cerca. Actualmente en España hay mucho talento en cuanto al realismo se refiere.
Por ende, también tengo presente la obra de los predecesores de estas nuevas generaciones de artistas, como son los realistas de Madrid: Isabel Quintanilla, María Moreno, Francisco López y Antonio López. Junto con Antonio López y Andrés García Ibáñez tuve la oportunidad de participar en el IX Curso de Realismo y Figuración y terminar siendo uno de los ganadores de la edición.
Mateo Hurtado. Bodegón de calabazas (Los aperos de Antonio), 2025. Colección Museo Ibáñez
Antonio López ante Bodegón de calabazas (Los aperos de Antonio). IX Curso de Realismo y Figuración en Olula del Río, 2025
Bodegón de calabazas, seleccionado como ganador, forma parte de la colección Museo Ibáñez y ha significado mucho para mí. Estar junto con Antonio López y Andrés García Ibáñez pintando fue una experiencia inolvidable y un sueño realizado. En la obra pueden verse elementos que el propio Antonio llevó para crear los diferentes bodegones, como una de las famosas calabazas dibujadas en 1994 o el pollo pintado en Nevera nueva (1991-1994).
Hay un artista que me conmueve profundamente, el escultor Medardo Rosso. Consigue detener el tiempo en un instante, captar un momento efímero de la realidad en una escultura, y eso hay pocos que a mi criterio lo hayan conseguido.
No articula Hurtado su producción en series, sino dando forma a su obra como continuum, en el que, como apuntábamos, caben las tres dimensiones: No suelo trabajar por proyectos como tal, sino que intento ir creando un todo. Aunque también tengo proyectos como “Impronta”, una investigación sobre la plasticidad y el expresionismo de la pintura que desarrollé en mis dos primeros años en la universidad. En ella realicé varios retratos de gran formato, experimentando con la pincelada y la pintura de acción. Una exploración sobre la existencia humana y una mirada hacia lo más íntimo de los retratados. Utilizaba una paleta casi monocromática que centraba la atención en la forma y la emoción.
Además de hacia la pintura, siento una atracción muy fuerte hacia la escultura, que fue un gran descubrimiento para mí cuando empecé en Bellas Artes. Aquí quiero hacer otro inciso para agradecer a Víctor Borrego, mi primer profesor de escultura, por descubrirme lo maravillosa que es esta disciplina. Uno de mis últimos proyectos se titula “Escala 1:1” y ha consistido en un estudio exhaustivo de una de mis sobrinas que ha dado como resultado un cuaderno de trabajo de varias láminas con medidas y proporciones, dos dibujos de 110×75 cm, una escultura y un busto de la pequeña. El proyecto se ha expuesto en la Sala de Exposiciones de la Facultad Alonso Cano de la Universidad de Granada en enero de 2026.
Mateo Hurtado. Busto de Cayetana, 2025
Actualmente estoy desarrollando mi Trabajo Fin de Grado, titulado “Fajar la realidad”, donde abarco por medio de la pintura lo que será mi último año estudiando Bellas Artes. Es una necesidad de crear una obra que funcione como documento vivo y reflejo honesto de lo real. De esta forma, pintar se convierte en un acto de memoria y en una experiencia personal que me enriquece. Fajar tiene varias definiciones: una es pelearse, otra es dedicarse o trabajar intensamente en una tarea, y así es como me siento siempre que me enfrento a la realidad. Es crear un archivo personal sobre mi vida y el contexto en el que vivimos y, además, dotar a las cosas más cotidianas de la importancia que merecen..
Sus próximos pasos los podéis seguir aquí: https://mateohurtado.com/
Y en Instagram: https://www.instagram.com/mateohurtado_art/
Mateo Hurtado. Escorzo, 2025. Seleccionado Premio Granada Contemporáneo
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Miguel de Cervantes, entre nuevas lecturas, homenajes escénicos y museos vivos

Isaac

Retrato Miguel de Cervantes

Miguel de Cervantes vuelve a situarse en el centro del debate cultural gracias a una combinación de novedades editoriales, propuestas escénicas y programas museísticos que, desde distintos ángulos, revisan la figura del autor del Quijote. En España, y muy especialmente en Madrid, Valladolid y Alcalá de Henares, se suceden iniciativas que lo rescatan del mito plano para proponer un retrato más complejo, humano y cercano al lector y al espectador de hoy.

Este renovado interés se plasma en libros que mezclan archivo e imaginación, montajes teatrales que revisitan sus textos y proyectos de divulgación que convierten sus casas museo en espacios vivos. Todo ello contribuye a que Cervantes deje de ser únicamente el busto solemne de los manuales escolares y se convierta, otra vez, en un escritor del que todavía quedan muchas cosas por contar.

Por José Belló Aliaga

Una presentación en Madrid que reimagina las vidas de Cervantes

Imagen literaria de Miguel de Cervantes

En el Espacio del Grupo Editorial Sial Pigmalión, situado en la madrileña calle Huesca, se presentó recientemente el libro Las Vidas (im)posibles de Miguel de Cervantes, de Basilio Rodríguez Cañada. La obra propone un juego consciente con la biografía cervantina, explorando la frontera entre lo que sabemos, lo que intuimos y lo que la ficción puede completar allí donde el archivo calla.

El acto estuvo conducido por el dramaturgo, actor y director Daniel Miguelañez, responsable también del prólogo del volumen, quien destacó el carácter híbrido del libro, a medio camino entre la reflexión ensayística y la fabulación literaria. Junto al autor participaron el catedrático de la UNED Francisco Gutiérrez Carbajo, encargado del estudio introductorio, y la profesora universitaria y poeta Adelaida Porras-Medrano, conformando un panel que unía universidad, creación literaria y escena.

La presentación se completó con una lectura dramatizada a cargo de los actores Antonio Hernández Fimia, Alma Vidal, Ángel Solo y el propio Miguelañez, que pusieron voz a los pasajes del libro y reforzaron su dimensión teatral. Este dispositivo escénico subrayó la idea de que, alrededor de Cervantes, la realidad histórica y la invención artística se espejean continuamente.

El encuentro, concebido casi como una pequeña función, evidenció cómo la figura del autor del Quijote sigue siendo un territorio fértil para la experimentación formal, donde pueden convivir la crítica académica, el ensayo biográfico y la recreación ficcional sin que ninguna de esas vías anule a las demás.

Basilio Rodríguez Cañada: del oficio de editor a la exploración cervantina

Cervantes y la literatura española

El autor de Las Vidas (im)posibles de Miguel de Cervantes, Basilio Rodríguez Cañada, llega a este proyecto con una sólida trayectoria en el mundo del libro. Nacido en Navalvillar de Pela (Badajoz), es editor, poeta, profesor, articulista y gestor cultural, además de presidente del Grupo Editorial Sial Pigmalión, sello fundado en 1997 que ha publicado casi 2.200 títulos en España e Hispanoamérica.

A su labor editorial se suma una intensa dedicación a la docencia y a la difusión cultural: imparte cursos de comunicación, edición, técnicas de dirección y creación literaria, participa con frecuencia como conferenciante en instituciones nacionales e internacionales y forma parte de jurados de premios literarios de relieve. Esta combinación de práctica editorial y reflexión crítica le permite abordar la figura de Cervantes desde un conocimiento directo del ecosistema del libro.

Rodríguez Cañada ha publicado diecisiete poemarios y diversas antologías de su obra, reconocida con galardones internacionales y traducida a numerosas lenguas europeas y extraeuropeas. Su pertenencia a instituciones como la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes, la Academia Norteamericana de Literatura Moderna Internacional o academias de la lengua en Colombia, Bolivia y México, refuerza una trayectoria marcada por el diálogo entre España, América y otros contextos culturales.

En este nuevo libro, toda esa experiencia se vuelca en una lectura creativa de la biografía cervantina, que no pretende competir con los estudios históricos, sino abrir un espacio complementario: el de las vidas posibles, soñadas o imaginadas de un escritor del que, paradójicamente, seguimos sabiendo menos de lo que cabría esperar para alguien de su talla literaria.

Las (im)posibles vidas de Cervantes: entre archivo y ficción

Obra y legado de Miguel de Cervantes

El punto de partida del libro de Rodríguez Cañada es una pregunta sencilla solo en apariencia: ¿cuántas vidas caben en el nombre Miguel de Cervantes? A partir de ahí, el autor propone un recorrido que superpone las vidas efectivamente documentadas, las que el propio Cervantes pudo soñar o fabular y las que los lectores y estudiosos han ido proyectando con el paso de los siglos.

Esta aproximación asume que, más allá de la dimensión estrictamente biográfica, Cervantes se ha convertido en un personaje literario en sí mismo, sometido a reescrituras constantes. La escasez de datos directos, de cartas personales o de testimonios de primera mano ha alimentado una cadena de conjeturas, biografías noveladas y reconstrucciones imaginarias que, en muchos casos, han contado tanto como los documentos.

Frente a la tentación de cerrar el relato, el libro se decanta por un juego de espejos: al repertorio de vidas posibles del propio Cervantes —las vividas, las olvidadas, las ficcionadas— se suman las que los lectores actuales pueden seguir imaginando. La figura del escritor se multiplica, se fragmenta y se reconstruye en cada nueva lectura, cuestionando la idea de una biografía única y definitiva.

En el prólogo, Daniel Miguelañez y, en un texto complementario, el cervantista José Manuel Lucía Megías, subrayan que el volumen invita a los lectores a participar activamente en esa exploración. No se trata de sustituir una versión «verdadera» por otra, sino de reconocer la convivencia entre rigor, intuición y fantasía en la forma en que nos acercamos a un clásico que, cuatro siglos después, sigue generando preguntas nuevas.

El Cervantes de los documentos: la mirada de Alfredo Alvar Ezquerra

En el otro extremo del espectro —pero dialogando de manera indirecta con esas vidas posibles— se sitúa el trabajo del historiador Alfredo Alvar Ezquerra, investigador del CSIC, que ha dedicado un minucioso estudio a la figura histórica de Cervantes a partir de los documentos conservados. Tras una primera biografía, Cervantes: genio y libertad, ha publicado el ensayo Cervantes: La verdad del hombre a través de sus documentos (La Esfera), donde reivindica el archivo como herramienta principal para «desnudar» al escritor de capas de leyenda.

Alvar Ezquerra trabaja con unos 330 documentos, que suman alrededor de 900 páginas y están disponibles en formato digital, y cuya lectura le permite desmontar varias de las imágenes más extendidas. Entre otras cosas, sostiene que no hubo un único Miguel de Cervantes en los papeles de la época, sino decenas de homónimos, lo que ha contribuido a confusiones posteriores, y que el escritor no fue hidalgo ni judeoconverso, sino un cristiano viejo cuyo padre intentó, sin éxito, acreditar una condición nobiliaria.

El historiador también cuestiona episodios que la tradición había dado por buenos, como la famosa pelea con el alarife Antonio de Segura antes del viaje a Italia, y sitúa en Argel el gran punto de inflexión vital del futuro autor del Quijote. Allí, como soldado cautivo tras Lepanto, se juega su vida en varios intentos de fuga, no reniega de su fe y cuenta con el apoyo de su madre, Leonor de Cortinas, que se ve obligada a presentar una falsa viudedad para suscitar ayudas y limosnas destinadas al rescate.

Del patrimonio del escritor, el propio Alvar reconoce que los datos son fragmentarios, en parte porque no se conserva su testamento, aunque se sabe que otorgó uno. Lo que sí parece claro es que Cervantes no fue tan pobre como se ha repetido a menudo, sino que logró moverse con cierta habilidad en los márgenes de la administración —como recaudador, agente fiscal y gestor de arbitrios—, aunque esa relativa estabilidad nunca se correspondió con el éxito literario en vida.

Con un tono a menudo irónico y escéptico, el autor se distancia de las biografías más novelesco‑románticas, muchas de ellas escritas desde el siglo XVIII en adelante, y propone un retrato más pedestre: un hombre de su tiempo, nacido en Alcalá de Henares en 1547, con ambición, contradicciones y frustraciones, que regresa a una España que no recompensa sus esfuerzos militares y que solo tarde —muy tarde— reconoce la importancia de su obra.

El escritor y su estilo: entre la vida real y la leyenda literaria

Las conclusiones de Alvar Ezquerra chocan, en ocasiones, con la imagen casi heroica que muchos lectores proyectan sobre Cervantes, pero encajan con la idea, defendida por críticos como Andrés Trapiello, de que el retrato del escritor es en buena medida una suma de ilusiones sucesivas. De hecho, incluso el supuesto retrato de Jáuregui sería, según esta línea de pensamiento, una ensoñación más que una estampa fidedigna.

En esa tensión entre realidad y mito, documentos y leyendas, se vuelve especialmente pertinente recordar que el propio Cervantes se expresaba casi siempre a través de su estilo, como señala la célebre frase del conde de Buffon —«el estilo es el hombre mismo»—, citada a propósito del autor del Quijote. La falta de confesiones personales o memorias explícitas contrasta con la enorme cantidad de pistas que dejan sus novelas, entremeses y prólogos sobre sus obsesiones, su humor y su manera de mirar el mundo.

Mientras el archivo nos devuelve la imagen de un individuo de medianías sociales, con problemas económicos intermitentes y oficios poco lucidos, la literatura revela a alguien capaz de construir un universo narrativo que ha configurado nuestra forma de entender la novela. La investigación documental y la imaginación literaria no se excluyen, sino que ofrecen dos formas complementarias de acercarse a una figura que sigue resistiéndose a los encasillamientos simples.

En ese equilibrio se mueven tanto el ensayo de Alvar Ezquerra como la propuesta ficcionalizada de Rodríguez Cañada: dos caminos distintos —uno pegado al legajo, otro entregado al juego de las posibilidades— que, sin embargo, comparten la voluntad de mirar a Cervantes como algo más que un icono intocable.

Cervantes en escena: la nueva puesta en escena de Numancia

La revitalización cervantina no se limita al terreno del libro. En Madrid, la obra Numancia, atribuida a Miguel de Cervantes, vuelve a los escenarios bajo la dirección de José Luis Alonso de Santos. El montaje, programado en los Teatros del Canal (Sala Verde), apuesta por resaltar la vigencia contemporánea de un texto que narra la resistencia de la ciudad celtíbera frente al asedio romano.

Con un elenco de una veintena de intérpretes encabezado por Arturo Querejeta y Pepa Pedroche, la propuesta enfatiza el carácter colectivo de la lucha y convierte la tragedia clásica en un grito contra la resignación, la humillación y las tiranías que imponen vidas sin dignidad. La historia de Numancia, tal y como la recrea Cervantes, se presenta así como un espejo incómodo de conflictos actuales en los que la defensa de la libertad y la cohesión social siguen estando en juego.

La representación subraya, además, el peso simbólico de un autor al que solemos asociar exclusivamente con el Quijote, pero que dejó también un repertorio teatral menos conocido y sin embargo cargado de intuiciones políticas y morales. Recuperar Numancia en un gran escenario madrileño significa devolver a la conversación cultural una faceta a menudo olvidada del escritor.

La implicación de medios y entidades culturales en la difusión del montaje —incluyendo sorteos de entradas entre suscriptores y programas especiales— demuestra que la figura de Cervantes funciona como punto de encuentro entre instituciones, público y creadores, capaz de atraer tanto a los habituales del teatro clásico como a espectadores que se acercan por primera vez a su obra dramática.

Valladolid: la Casa Museo como ventana a la vida cotidiana cervantina

Más allá de Madrid, la huella de Cervantes se hace especialmente visible en Valladolid, ciudad donde el escritor residió a comienzos del siglo XVII, coincidiendo con el traslado temporal de la corte de Felipe III. Entre 1604 y 1606 vivió en una casa hoy convertida en Casa Museo de Cervantes, espacio desde el que se explica tanto la biografía del autor como el contexto urbano y social del Siglo de Oro.

La vivienda, reconstruida y adaptada para la visita pública, recrea los ambientes de una familia acomodada de la época, con estancias como la cocina, el estrado, las alcobas o los espacios de trabajo. A través de ellas, los visitantes pueden hacerse una idea de la vida cotidiana del escritor en un momento clave de su carrera, cuando veía la luz la primera parte del Quijote y comenzaba a elaborar sus Novelas ejemplares.

Bajo la dirección de Pedro González, la Casa Museo no se limita a mostrar objetos, sino que plantea recorridos guiados que contextualizan la etapa vallisoletana de Cervantes dentro de la trama política y cultural de la Monarquía Hispánica. El museo se integra así en una red más amplia de espacios cervantinos en Castilla y León, que incluye yacimientos, rutas literarias y actividades educativas.

Estas iniciativas se combinan con una creciente conciencia sobre la necesidad de proteger el patrimonio histórico en la región. Operativos recientes de la Policía Nacional contra el expolio arqueológico en las provincias de León y Valladolid, que han permitido recuperar piezas de gran valor histórico, muestran hasta qué punto la conservación del pasado material es un asunto sensible, estrechamente ligado a la difusión rigurosa de figuras como Cervantes.

Ubicado en el lugar donde se ha identificado la antigua casa familiar del escritor, en pleno casco histórico complutense, el Museo Casa Natal de Cervantes ofrece así una puerta de entrada privilegiada al universo del autor, combinando reconstrucción histórica, divulgación y actividades participativas.

Alcalá de Henares y la Navidad cervantina: un museo que se abre al público

En el eje cervantino español no puede faltar Alcalá de Henares, ciudad natal del escritor y sede del Museo Casa Natal de Cervantes. La Comunidad de Madrid ha impulsado en este espacio un programa de visitas temáticas bajo el título Navidad en casa Cervantes, que invita a recrear las fiestas navideñas de los siglos XVI y XVII tal y como podrían haberse vivido en una casa de familia acomodada.

Las visitas, programadas entre el 11 de diciembre y el 8 de enero, recorren las distintas estancias del museo —botica, cocina, estrado de las damas, alcoba masculina— mientras se explican costumbres sociales, familiares y gastronómicas de aquellos días festivos. El objetivo es ofrecer una experiencia inmersiva que vaya más allá de la contemplación de objetos, situando al visitante en el centro del relato.

El programa se completa con animaciones teatrales dominicales, en las que un solo actor encarna diferentes personajes procedentes del Quijote y de las Novelas ejemplares. A través de pequeñas escenas y monólogos, se da a conocer la literatura cervantina de un modo accesible y lúdico, apto para públicos de todas las edades.

Paralelamente, el museo mantiene su programación habitual de conferencias, audiorutas teatralizadas y exposiciones temporales, como la muestra Ecos del arte del virreinato del Perú, realizada en colaboración con el Museo Pedro de Osma de Lima. Tanto la entrada como las actividades son gratuitas, lo que facilita que el espacio se consolide como un referente cultural para vecinos y visitantes, y refuerza la dimensión internacional de la obra cervantina.

Ubicado en el lugar donde se ha identificado la antigua casa familiar del escritor, en pleno casco histórico complutense, el Museo Casa Natal de Cervantes ofrece así una puerta de entrada privilegiada al universo del autor, combinando reconstrucción histórica, divulgación y actividades participativas.

Todo este conjunto de iniciativas —libros que revisan sus vidas posibles y documentadas, montajes teatrales que recuperan su obra dramática y casas museo que se abren a nuevas formas de visita— confirma que Miguel de Cervantes continúa siendo una figura en movimiento dentro del paisaje cultural español y europeo. Lejos de quedar fijado en un retrato único, el autor del Quijote se multiplica en lecturas cruzadas que oscilan entre el archivo y la imaginación, el escenario y la sala de exposiciones, invitando a lectores y espectadores a seguir interrogándolo desde el presente.


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Lola Maestre irrumpe en la narrativa con Historias de mi historia

Isaac

Lola Maestre debuta en la literatura

La periodista onubense Lola Maestre se estrena en solitario en el ámbito literario con el lanzamiento de Historias de mi historia, un libro de relatos que supone un giro significativo en una trayectoria marcada hasta ahora por la comunicación. La publicación llega de la mano de la editorial Cuadranta y se incorpora al panorama narrativo onubense con una propuesta intimista, centrada en el mundo emocional de sus personajes.

En esta primera incursión como autora única, Maestre apuesta por una narrativa breve, directa y muy cercana, que busca conectar con quienes leen a través de experiencias reconocibles y sentimientos compartidos. La obra se presenta como el resultado de una vocación literaria gestada durante más de dos décadas, que ahora cristaliza en forma de ocho historias breves entrelazadas.

Un debut literario marcado por las emociones

Historias de mi historia se compone de ocho relatos cortos, independientes pero conectados entre sí, que giran en torno al complejo universo de las emociones humanas. A través de escenas cotidianas, la autora se asoma a esa vida interior que muchas veces permanece oculta, pero que condiciona la forma en la que las personas se relacionan consigo mismas y con los demás.

En cada uno de los textos, se abordan sentimientos tan reconocibles como el amor, el miedo, la culpa, la desilusión o la alegría, siempre desde una mirada humana y sin artificios. Los personajes se mueven en entornos cercanos, fácilmente identificables para cualquier lector, lo que refuerza la sensación de que esas vivencias podrían pertenecer a cualquiera.

La autora recurre a una prosa ágil, sencilla y cargada de delicadeza, que favorece una lectura fluida pero, al mismo tiempo, invita a detenerse en los matices. No se trata de relatos grandilocuentes ni de grandes gestas; el foco está puesto en esos momentos pequeños del día a día donde se concentran decisiones, dudas, pérdidas y alegrías que dejan huella.

Maestre ha explicado en distintas intervenciones que este proyecto es para ella “un sueño cumplido” y una forma de llegar de otra manera al corazón del lector. Su intención, asegura, no es otra que provocar identificación o conmoción en quien se asome a sus páginas: si alguna persona se reconoce en uno de los personajes o se ve reflejada en una de las situaciones, considera cumplido su objetivo.

Esta primera obra en solitario llega después de que la periodista haya participado en otros títulos colectivos y proyectos vinculados a la escritura, por lo que no parte de cero en el oficio, aunque sí firma por primera vez un volumen completo bajo su único nombre.

La mirada de Vicente Rodríguez en el prólogo

El libro cuenta con el prólogo del escritor Vicente Rodríguez, que acompaña y contextualiza el debut narrativo de Maestre. En su texto introductorio, el autor subraya que una de las claves del volumen es la aparente sencillez con la que están contadas las historias.

Rodríguez advierte de que esa facilidad de lectura esconde un trabajo minucioso y artesano, fruto de alguien que conoce bien el oficio de escribir y que ha sabido construir cada relato desde la honestidad y el cuidado del detalle. Según el prologuista, la naturalidad de la prosa no debe engañar: detrás hay estructura, intención y una reflexión clara sobre los grandes asuntos que atraviesan la existencia.

En el prólogo también se destaca cómo los relatos consiguen tocar “los grandes temas que inquietan y consuelan al alma humana” sin necesidad de recurrir a discursos solemnes ni a tramas excesivamente complejas. El valor de la obra reside, apunta, en su capacidad para hacer que lo cotidiano resulte significativo y para dar voz a emociones que muchas veces se viven en silencio.

Esta lectura previa sirve como puerta de entrada al universo literario que propone Lola Maestre, orientando al lector sobre el tono y las intenciones del libro, pero sin condicionar en exceso la interpretación de las historias. El prólogo funciona, así, como una invitación a dejarse llevar por los relatos y a transitar sus páginas con la mente abierta.

Presentación en Corteconcepción: el pueblo como escenario y personaje

La obra se presentará oficialmente el 3 de enero, a las 17:30 horas, en el Centro Social de Corteconcepción, un municipio de la provincia de Huelva muy ligado a la biografía y a la sensibilidad de la autora. El acto estará conducido por el historiador Juan Rodríguez y contará también con la presencia de Vicente Rodríguez, prologuista del libro.

La elección de este enclave no responde únicamente a una cuestión logística. Para Maestre, el pueblo —como espacio de pertenencia, hogar y refugio— tiene un peso simbólico muy fuerte en la obra. De hecho, ha explicado que la idea de pueblo funciona casi como un personaje más en algunos relatos, configurando un paisaje emocional y físico que influye en el modo de sentir y de relacionarse de los protagonistas.

Presentar el libro en Corteconcepción supone, por tanto, un gesto de coherencia entre el contenido de la obra y su puesta de largo. El Centro Social se convierte en un punto de encuentro entre lecturas íntimas y vida comunitaria, en línea con ese hilo que recorre los relatos: la tensión constante entre lo que cada persona vive por dentro y el entorno que la rodea.

Durante el evento, está previsto que se hable del proceso de creación del libro, de la evolución profesional de la autora y del modo en que su experiencia periodística ha influido en su manera de narrar. También se abrirá un espacio para que el público pueda formular preguntas y compartir impresiones sobre la lectura.

La presencia del historiador Juan Rodríguez añade, además, una mirada contextual e interpretativa sobre la importancia del territorio y de la memoria colectiva en los relatos de Maestre, reforzando ese vínculo entre la literatura y los lugares que la inspiran.

De Valverde del Camino a la narrativa breve

Lola Maestre nació en Valverde del Camino (Huelva) en 1977 y se formó como periodista en la Universidad de Sevilla. Desde entonces, ha acumulado más de 25 años de trayectoria profesional en diferentes ámbitos de la comunicación, tanto en medios como en instituciones.

A lo largo de estas décadas, ha trabajado en prensa escrita, radio, televisión, revistas especializadas y gabinetes de comunicación, lo que le ha permitido conocer el oficio desde múltiples ángulos y desarrollar una especial sensibilidad hacia las historias humanas que se esconden tras la actualidad.

Su vinculación con Valverde del Camino y con Corteconcepción, pueblo de su familia materna, se mantiene muy viva y permea de algún modo los escenarios y atmósferas de la obra. Sin nombrarlos siempre de forma explícita, esos territorios y su forma de entender la vida laten de fondo en muchos de los pasajes.

Con Historias de mi historia, Maestre canaliza esa experiencia acumulada en el periodismo hacia un formato más introspectivo, donde el ritmo ya no lo marcan la actualidad ni la inmediatez, sino la profundidad con la que se exploran las emociones y los vínculos. La observación, herramienta fundamental para cualquier periodista, se convierte aquí en un recurso al servicio de la ficción.

Tras su participación previa en obras colectivas, esta publicación marca su entrada oficial en el panorama de la narrativa breve en España, consolidando una voz que se mueve cómoda en el registro cercano, coloquial por momentos, pero sin renunciar al cuidado del lenguaje y a la reflexión sobre aquello que nos conforma como personas.

Con este debut, Historias de mi historia sitúa a Lola Maestre como una nueva voz de la narrativa emocional, capaz de trasladar su oficio periodístico al terreno de la ficción sin perder naturalidad ni cercanía. El libro se presenta como una invitación a mirar hacia dentro a partir de escenas aparentemente sencillas, en las que el amor, el miedo, la culpa, la alegría y la desilusión se cruzan con paisajes reconocibles de la provincia de Huelva y con la huella del pueblo como lugar de referencia vital.


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Father Mother Sister Brother: nuestros padres, esos desconocidos

Tres de las películas difíciles de esquivar en el año que acaba, todas ellas aún en cartelera, tienen como eje argumental las relaciones familiares y las consecuencias a largo plazo de que no sean ni cómodas ni plácidas (y estos días lo ponen fácil para hablarlo). A Los domingos, de cuya trama forma parte importante -un tanto pasada por alto- la frialdad paterna, y a ese puzle de soledades que es Valor sentimental, se ha sumado en este fin de 2025 Jim Jarmusch con Father Mother Sister Brother.
Repitiendo la estructura en relatos independientes pero hondamente conectados que ya ofreció en Noche en la Tierra (1991) o en Coffee and Cigarettes (2003), el americano, quizá pronto francés, ha recurrido a algunos de sus y nuestros viejos conocidos (Adam Driver, Mayim Bialik, unos imperiales Tom Waits y Charlotte Rampling, Vicky Krieps o Cate Blanchett) y a actores noveles (Luka Sabbat,  Indya Moore) para componer tres reuniones familiares. Son autónomas entre sí, pero quedan ligadas a través de aparentes detalles (muchachos en monopatín que aluden al fluir de la vida, puede que como el agua y como los Rolex; y sobre todo un constante color rojo) que recuerdan que unas y otras constituyen distintas caras de un mismo misterio: el de la familia en sí, inevitable sea rechazada o añorada, o ambas cosas a la vez.
Driver y Bialik, hermanos sin una relación demasiado estrecha y teóricos adultos responsables, acuden juntos a visitar a su padre, al que creen huraño, desordenado y desvalido. Su conversación no va más allá de cuestiones prácticas y está marcada por el silencio y la incomodidad, aunque no tanto como la que Krieps y Blanchett mantienen con Rampling, su desapegada madre en el film. Nada tienen en común una y otras -quizá por eso han decidido reunirse sólo una vez al año para tomar el te, con el tiempo medido- y en su charla no surge ni accidentalmente la confianza: sólo algunas mentiras, deseos de llamar la atención y mutismos hechos para no prolongar el martirio.
La última de estas tres historias es la única en la que asoma calidez. La protagonizan Sabbat y Moore, como hermanos mellizos de padres recientemente fallecidos cuya conexión íntima se preserva, y mucho, pese a la distancia: el suyo es, decimos, el único de los tramos de Father Mother Sister Brother en el que las palabras no salen con fórceps ni los silencios son incómodos.
Ambos mantenían un cariño genuino hacia sus padres, que sabremos fallecidos en un accidente de aviación en las Azores sin que ninguno de sus hijos tuviera noticia de qué hacían allí. Pese a que en este caso sí se guardó el amor familiar, Jarmusch tiene el acierto de recordar que hay una parte, no pequeña, de enigma entre los parientes que también se quieren: estos hermanos desconocían el origen de sus padres, el suyo propio, y si aquellos habían contraído o no matrimonio. En el fondo, detalles burocráticos frente a un afecto del que sí dan fe.
Manejar otro orden en los relatos que no dejara para el final la historia de estos huérfanos reunidos en París hubiera potenciado la frialdad de un film que, de por sí y como siempre en Jarmusch, juega con nuestra noción de extrañeza, con el grado de parentesco o lejanía que somos capaces de establecer con lo que vemos. La intimidad congelada con quienes nos trajeron aquí.

 

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