EL CAMINO DE GAUDÍ

¿QUÉ ES EL CAMINO DE GAUDÍ?
Un proyecto que acaban de presentar los responsables de los tres únicos edificios que Antonio Gaudí diseñó fuera de Cataluña: el Capricho de Comillas (Cantabria), el Museo Casa Botines (León) y el Palacio Episcopal de Astorga. Los respalda la Sagrada Familia, que ha anunciado que trabajará con ellos en retos comunes.
 
¿QUÉ OBJETIVOS TIENE?
Dado que el Camino de Santiago (en sus versiones francesa y del norte) discurre por Cantabria, León y Astorga, El camino de Gaudí subrayará la vertiente cultural y artística de esas etapas.
También se pretende acercar la figura del genio de Reus a los niños y jóvenes y apoyar el talento creativo infantil y juvenil, a través de premios y becas.
 
¿EN QUÉ CONSISTIRÁ?
Las entidades citadas que integran El camino de Gaudí propondrán una fórmula de acceso combinado a los tres edificios para impulsar las visitas a los mismos, un cuento infantil y un concurso de dibujo escolar.
Además, se desarrollarán acciones de promoción conjuntas, como presentaciones en ferias, foros y conferencias culturales, educativas y turísticas.
Se trabaja, asimismo, en el intercambio de exposiciones temporales, los préstamos y depósitos de piezas, la coproducción de actividades y la colaboración en materia académica y archivística, y una comisión educativa diseña actualmente materiales específicos para talleres dirigidos al público familiar a lo largo de este año.
 
¿POR QUÉ AHORA?
Este año 2026 se conmemora el centenario de la muerte del arquitecto -bajo el lema El orden invisible– y ha sido declarado Año de Especial Interés Público por parte del Ministerio de Cultura.
 
¿QUÉ PRÓXIMOS PROYECTOS TENDRÁN LUGAR EN EL CAMINO DE GAUDÍ?
El Museo Casa Botines estrenará exposición permanente y también albergará la temporal “Gaudí y la ciudad moderna”, que analizará sus aportaciones en lo relativo al urbanismo, la arquitectura doméstica o los servicios públicos. Además, programará el concierto Requiem por Gaudí, a cargo de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León y el Coro Escarcha.
Por su parte, el Capricho de Comillas publicará el libro Tras los pasos de Gaudí en Comillas, pondrá en marcha un curso de verano en la Universidad Pontificia de Comillas y celebrará conciertos de música y visitas especiales con motivo del centenario. Por último, en el Palacio de Astorga se oficiará una misa solemne en su capilla el 25 de junio, se inaugurará una escultura de Gaudí y sus nuevos jardines; y, ya en octubre, se desvelará un espacio oculto hasta ahora: su foso.
 
 
PARA MÁS INFORMACIÓN:
www.elcaminodegaudi.com
 

 
 

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Turno de guardia y Leonie Benesch, la profesional del siglo XXI

A finales del año pasado decíamos en esta sección que una de las películas recientes más aventajadas a la hora de mostrar las condiciones de precariedad laboral de los trabajos repetitivos hoy y, sobre todo, sus consecuencias en forma de anulación del tiempo libre y de las relaciones era On Falling, de la portuguesa Laura Carreira. Su protagonista se empleaba en una fábrica de luz macilenta cuyos asalariados apenas mantenían contacto entre ellos, y a la salida el ambiente no era mucho mejor, en un piso habitado por perfectos desconocidos en alquiler.
Es curioso que una inquietud parecida la sugiere Turno de guardia, de Petra Biondina Volpe, cuando la labor de su personaje central, Floria (la sólida Leonie Benesch) no guarda relación ninguna con la de aquella reponedora. La trama única de esta película se basa en una jornada de trabajo (cualquiera) de una enfermera de hospital, desde su entrada hasta su salida; por oficio, uno de los pilares de sus obligaciones es la calidez y el adecuado contacto humano con los pacientes, a veces en sus horas últimas, pero el hecho de no estar acompañada de personal suficiente, y la constante demanda de prisa, justificada y no, le obligan a atender un rosario constante de urgencias. A enfrentar una montaña de estrés y a cometer errores posiblemente evitables -y potencialmente graves- si su ritmo fuera otro.
Físicamente Floria parece una mujer frágil y menuda, pero sobre ella se sostiene el equilibrio físico y mental de toda una planta de enfermos graves, y sólo quienes comparten puesto y posición con ella entienden en qué condiciones está trabajando y hasta qué punto es relevante conceder un trato digno a los pacientes. Sobre todo cuando, viendo las orejas al último lobo, la información y los minutos dedicados son medicina.
La cámara no descansa siguiendo el ritmo de la protagonista, que a su vez es el punto de engarce de un friso de individuos de diferentes personalidades, clases sociales y estados físicos; en el fondo, encarnan las edades del hombre y un catálogo de sus circunstancias. A cada uno, y en la medida en que sus humanas fuerzas se lo permiten, Floria les concede el trato que necesitan: nanas para apaciguar, promesas de compañía, esperanzas si las hay, algún castigo si el enfermo exasperante lo merece.
El personaje de Benesch representa la calma y la paciencia puestas continuamente a prueba, y no es la primera vez que esta actriz alemana transmite ese mismo temple. A sus escasos treinta y cinco, ha elegido sus papeles con fortuna: en Sala de profesores o September 5 interpretaba a profesionales, una profesora y una traductora, con ingente contención e igualmente en contextos límite.
Sustenta un casi continuo plano secuencia y, aún más, Volpe la convierte en símbolo: el de los trabajadores que por muy poco llevan a su espalda organizaciones enteras, sin apenas reconocimiento y aún recibiendo ocasionales alfilerazos. Las referencias finales a la escasez de personal sanitario, tanto en Suiza como en España, apuntan en esa dirección, pero la directora sabe escapar de la reivindicación ruidosa para realizarla con una delicadeza infrecuente.

 

 
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El Festival Internacional de Novela Negra Las Casas Ahorcadas refuerza su apuesta educativa y social

Isaac

Festival Internacional de Novela Negra Las Casas Ahorcadas

La ciudad de Cuenca se convierte estos días en epicentro europeo de la novela negra con una nueva edición del Festival Internacional de Novela Negra Las Casas Ahorcadas. El certamen, organizado por el club de lectura homónimo, combina encuentros con autores de primer nivel, debates sobre el género criminal y un potente programa educativo dirigido a públicos muy diversos.

Entre el 4 y el 7 de febrero, distintos espacios culturales conquenses acogen mesas redondas, telefórum, masterclass y actividades didácticas que exploran la capacidad del noir para abordar temas como la memoria histórica, la violencia estructural, la mente del asesino o la denuncia social. La entrada a todas las propuestas es gratuita hasta completar aforo, lo que refuerza la vocación abierta e inclusiva del festival.

Un festival que mira al presente y al futuro de la novela negra

El Festival Internacional de Novela Negra Las Casas Ahorcadas se ha consolidado, edición tras edición, como uno de los referentes del género criminal en España. Impulsado por el club de lectura Las Casas Ahorcadas y coordinado por su creador, Sergio Vera, el certamen mantiene una doble brújula: cuidar al lector adulto habitual de novela negra y sembrar el interés por el misterio entre los lectores más jóvenes.

En esta nueva entrega, el festival reúne a una treintena de escritores, divulgadores y especialistas que participan en mesas temáticas y encuentros con el público. La programación se reparte entre el Centro Cultural Aguirre, el Museo Paleontológico de Castilla-La Mancha y la Facultad de Bellas Artes del campus universitario, convirtiendo Cuenca en un gran escenario literario donde el crimen de ficción sirve para reflexionar sobre la realidad.

El festival cuenta con el respaldo institucional y privado de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, la Diputación y el Ayuntamiento de Cuenca, además del Consorcio Ciudad de Cuenca, el Patronato Cardenal Gil de Albornoz y empresas como General Óptica y Masfarné. Este tejido de apoyos permite que el acceso sea libre y que el programa educativo tenga continuidad y ambición.

Según subraya la organización, el objetivo no es solo ofrecer ocio cultural, sino utilizar la novela negra como herramienta de análisis social, diálogo intergeneracional y fomento de la lectura en una época marcada por la omnipresencia de las pantallas.

«Con sangre entra»: misterio y nuevas tecnologías para enganchar a los jóvenes

Una de las señas de identidad del festival es su Plan de Animación a la Lectura de Misterio, bautizado con el irónico título de «Con sangre entra». Este programa, patrocinado por General Óptica, está dirigido al alumnado de Primaria, Secundaria, Bachillerato y Formación Profesional, y se ha convertido en un banco de pruebas para experimentar con nuevas formas de acercar los libros al alumnado.

Las jornadas didácticas se celebran principalmente en el Museo Paleontológico de Castilla-La Mancha y en la Facultad de Bellas Artes. Allí, los estudiantes participan en encuentros con autores, visionados de adaptaciones audiovisuales, talleres de criminología aplicada y sesiones de introducción a disciplinas como las ciencias forenses o la lingüística forense, siempre con la novela negra como hilo conductor.

Beatriz Osés, apodada «reina del thriller infantil y juvenil» gracias a sagas como «Erik Vogler» o la trilogía «El cementerio de Everden», protagoniza la primera jornada del 4 de febrero. La autora se reúne con alumnos de 6.º de Primaria y 1.º de ESO para comentar un capítulo de «La tumba de Walter Malone», combinando humor, intriga y personajes excéntricos como fórmula para enganchar a lectores poco habituados a leer.

Osés defiende que la literatura de misterio es un «gancho» eficaz para la generación pantalla, siempre que los libros sean visuales, de capítulos breves y cargados de acción y diálogos. A su juicio, los festivales deberían reservar un espacio estable para la literatura infantil y juvenil, y permitir que los jóvenes dialoguen con autores vivos, algo imposible con los clásicos del canon escolar.

El creador del festival, Sergio Vera, doctor en comprensión lectora y con varios másteres en animación a la lectura, insiste en que la formación lectora debe ser previa a la puramente literaria. Su planteamiento es claro: antes de exigir a los alumnos obras complejas como «La Celestina», conviene reforzar la competencia de comprensión y dejar cierto margen de elección en las lecturas para no desmotivar a quienes están acostumbrados al consumo inmediato de contenidos digitales.

Telefórum, cómic y ciencia forense: el crimen como recurso pedagógico

El mismo 4 de febrero, el festival cede el protagonismo al cómic con la presentación de la serie de novela gráfica «Gloria Victis», ambientada en el Imperio romano, de la mano del guionista y director Juanra Fernández y del dibujante Mateo Guerrero. El objetivo es mostrar a los estudiantes que el relato criminal y de aventuras también puede llegar a través de la viñeta.

El 5 de febrero, de nuevo en el Museo Paleontológico, se organizan dos propuestas dirigidas a alumnado de 4.º de ESO, Bachillerato y FP. Por un lado, un telefórum sobre «Memento Mori», que permite comparar la novela original con su adaptación televisiva en una plataforma de streaming, en presencia de su autor, César Pérez Gellida, reciente ganador del Premio Nadal. Por otro, una masterclass de introducción a la criminología a cargo de la periodista Carmen Corazzini, tomando como caso de estudio el crimen de Pioz y el análisis de los mensajes de WhatsApp del asesino.

Ese mismo día, los narradores cubanos Lorenzo Lunar y Rebeca Murga imparten talleres de relatos policíacos inspirados en cuentos populares, una forma de demostrar cómo se puede adaptar el esquema de la intriga criminal a historias tradicionales que el alumnado ya conoce.

El viernes 6 de febrero, el plan «Con sangre entra» se traslada al Aula Magna de la Facultad de Bellas Artes, con un bloque específico para estudiantes de 2.º y 3.º de ESO. Los primeros asisten a una sesión de introducción a las ciencias forenses y al uso de las huellas dactilares, impartida por el capitán Óscar Palomares y el laboratorio de Criminalística de la Comandancia de la Guardia Civil de Cuenca, además de una nueva masterclass con Lunar y Murga.

Para los alumnos de 3.º de Secundaria, el festival propone un telefórum con Jerónimo Tristante, creador del detective Víctor Ros, personaje inspirado en la tradición de Sherlock Holmes y adaptado también a la televisión, junto a una sesión de lingüística forense con la especialista Sheila Queralt, centrada en el análisis de mensajes en redes sociales. El objetivo de estas actividades es mostrar que la lectura y la escritura tienen una traducción directa en competencias útiles para interpretar la realidad digital.

Autores de referencia: del thriller juvenil al noir más descarnado

Más allá del ámbito escolar, el festival convoca a novela negra española y europea, que dialogan con lectores adultos y comparten escenario en mesas redondas especializadas. Entre ellos figuran Marta Robles, Beatriz Osés, César Pérez Gellida, Víctor del Árbol o el italiano Gianrico Carofiglio, además de autores y expertos locales.

La participación de Marta Robles se enmarca en las actividades del Centro Cultural Aguirre, donde la periodista y escritora madrileña interviene en la mesa redonda «Matar en tiempos revueltos: memoria histórica y criminal». Desde allí, Robles conecta su última novela, «Amada Carlota», con uno de los capítulos más oscuros de la historia reciente española: el robo de bebés, un fenómeno que, según recuerda, se prolongó desde la dictadura hasta bien entrada la democracia.

Robles enfatiza que el verdadero núcleo de su obra no es solo el crimen en sí, sino los silencios impuestos a las mujeres a lo largo de varias generaciones. Para ello recupera al detective Tony Roures, un exreportero de guerra marcado por su pasado, que investiga la desaparición de la hija de una jueza cuando esta era menor de edad. A través de su mirada, la autora explora las zonas grises de la moral y evita levantar juicios fáciles sobre personajes que actúan bajo presión o en contextos de violencia institucional.

En paralelo, la presencia de autores como Beatriz Osés y César Pérez Gellida permite al festival mostrar el amplio espectro del noir actual: desde el thriller juvenil que ayuda a los adolescentes a enfrentarse a sus miedos desde la ficción, hasta las tramas más duras que se adentran en la psicología criminal y la violencia explícita. Esa diversidad de registros facilita que el público se reconozca en propuestas muy distintas según su edad, experiencia lectora e intereses.

La organización subraya que esta convivencia de miradas responde a la filosofía del festival: entender la novela negra no solo como entretenimiento, sino como un marco flexible para analizar la memoria, las desigualdades y las contradicciones del presente, sin renunciar a la intriga ni al ritmo narrativo.

César Pérez Gellida y la fascinación por la mente del asesino

Entre los nombres destacados de la programación figura César Pérez Gellida, uno de los grandes referentes del noir español contemporáneo. El autor regresa a Cuenca con una agenda intensa que arranca el miércoles 4 de febrero, en la jornada de apertura del festival, cuando participa en la mesa redonda «Spanish Psycho», planteada en torno a una pregunta provocadora: «¿Cómo se mata en España?».

En este encuentro, el escritor reflexiona sobre hasta qué punto existe una forma «española» de matar. Aunque duda de que pueda hablarse de un modelo criminal estrictamente nacional, sí apunta a patrones vinculados a la historia social del país: conflictos por la tierra y las lindes, tensiones familiares, envidia o crímenes motivados por los celos. Recuerda además que España no ha sido particularmente prolífica en asesinos en serie, lo que contrasta con la imagen que a menudo proyectan algunas ficciones internacionales.

Pérez Gellida insiste en matizar la relación entre psicopatía y asesinato, subrayando que no todos los psicópatas son asesinos en serie ni todos los asesinos encajan en el perfil del psicópata. Su interés se centra más en los «porqués» que en el morbo del crimen en sí: qué experiencias, contextos o desequilibrios llevan a una persona a instalarse en la sociopatía y a encontrar placer en el dolor ajeno.

El autor reconoce que una de las partes más exigentes de su trabajo es la documentación y la inmersión psicológica en personajes extremos. Para él, el reto está en construir figuras complejas, con una evolución interna coherente, que permitan al lector asomarse a un «pozo muy oscuro» difícil de comprender desde la vida cotidiana. Esa interpretación del personaje es lo que le atrae de los llamados psychokillers, más allá del impacto superficial de la violencia.

Al día siguiente, Pérez Gellida protagoniza el ya mencionado telefórum con estudiantes en torno a «Memento Mori», donde se analiza tanto el libro como su adaptación audiovisual. El escritor considera que esta novela, de estructura fragmentada en escenas cortas y sucesión continua de acontecimientos, encaja bien con los hábitos de lectura de los jóvenes, acostumbrados a ritmos narrativos próximos a los de las series y las plataformas de vídeo.

Violencia, ética y diálogo entre ficción y criminología

En sus intervenciones públicas en Cuenca, Pérez Gellida aborda también el eterno debate sobre los límites éticos de la violencia en la ficción. Su postura es tajante: en el terreno de la narrativa, no cree que existan líneas infranqueables predefinidas, sino sensibilidades distintas entre lectores. Hay quien evita este tipo de novelas porque les generan malestar, algo que respeta, pero que no le lleva a autocensurarse en el tratamiento del crimen.

La mesa «Spanish Psycho» se plantea precisamente como un espacio para confrontar la perspectiva literaria con la de la criminología y la divulgación especializada. Junto a Pérez Gellida participan la criminóloga Carmen Corazzini y el escritor conquense Alberto Val, lo que permite contrastar los códigos de la ficción con los de la investigación real de casos ocurridos en España.

El autor subraya el valor de esta combinación: mientras los novelistas trabajan con licencias y estrategias narrativas, los criminólogos se rigen por parámetros conductuales, datos empíricos y expedientes judiciales. El diálogo entre ambos enfoques enriquece la comprensión del fenómeno criminal y aporta al público una mirada más matizada que la que ofrece solo la literatura o solo el informe técnico.

En ese cruce de miradas se inserta también la masterclass de Corazzini sobre el crimen de Pioz, donde se analizan los mensajes del asesino como rastro digital de su conducta. Esta actividad refuerza la idea de que la novela negra y las ciencias del comportamiento pueden retroalimentarse, tanto para mejorar la verosimilitud de las tramas como para sensibilizar sobre la violencia real.

El festival, así, se presenta como un lugar en el que la frontera entre entretenimiento, divulgación y reflexión social se vuelve porosa, permitiendo que el público se acerque al crimen desde la seguridad de la ficción, pero sin perder de vista las implicaciones éticas y humanas de los hechos que inspiran muchas historias.

La novela negra como denuncia social: Víctor del Árbol y Carofiglio

Otro de los grandes bloques del festival está dedicado a la dimensión social y ética del noir. El 6 de febrero, el salón de actos del Centro Cultural Aguirre acoge la mesa redonda «Justicia poética, denuncia social en verso libre y criminal», con la participación del escritor español Víctor del Árbol, Premio Nadal y Caballero de las Artes y las Letras de Francia, y del autor italiano Gianrico Carofiglio.

Del Árbol defiende que la vocación de la novela negra, tal y como surgió históricamente, ha sido la de radiografiar los males de su tiempo. Más que una mera crónica de sucesos, el noir nace con una intención ética: cuestionar qué falla en las estructuras sociales, qué grietas de la democracia favorecen la corrupción o la violencia y cómo afectan estas dinámicas a las personas corrientes.

Para el escritor barcelonés, esta perspectiva resulta especialmente pertinente en el contexto actual, marcado por la desconfianza ciudadana en las instituciones y por el aumento de la desigualdad. A su juicio, la novela negra mantiene una «pulsión» de movilizar conciencias a través del entretenimiento, sin necesidad de renunciar al suspense ni a la trama criminal para plantear interrogantes incómodos sobre el poder.

Del Árbol insiste también en el papel de la literatura como herramienta para crear comunidad y combatir la sensación de aislamiento. Frente a los análisis puramente estadísticos de las tragedias, reivindica el relato emocional, capaz de conectar a los lectores a través de la experiencia compartida del dolor y la vulnerabilidad. Más que etiquetar sus libros como «novelas de denuncia», prefiere pensar en historias que permiten reconocerse en los conflictos ajenos.

La presencia de Carofiglio, con su importante bagaje intelectual y su atención al lenguaje, sirve de ejemplo para sostener que el viejo debate sobre si la novela negra puede ser «alta literatura» está, en palabras de Del Árbol, prácticamente superado. Los dos autores evidencian cómo el noir puede aspirar a la máxima exigencia estilística sin perder su raíz popular ni su vocación crítica.

Trilogías, corrupción y el cierre de un universo narrativo

En Cuenca, Víctor del Árbol también presenta «Las buenas intenciones», la novela que cierra la trilogía del «sicario sin nombre», iniciada con «El tiempo de las fieras» y continuada con «Nadie en esta tierra». El título, de tono deliberadamente irónico, alude al modo en que las personas se autoengañan justificando sus actos con supuestos fines nobles.

El autor cuestiona la idea del «mal menor» utilizado como coartada para decisiones que vulneran principios básicos. En la novela aborda temas como la corrupción inmobiliaria y se inspira en el escándalo del Banco Ambrosiano en los años ochenta, un caso que salpicó a la Iglesia católica por sus vínculos con la mafia italiana y el blanqueo de capitales. A partir de ahí, reflexiona sobre la doble moral y el cinismo en el mundo de los negocios.

Del Árbol sostiene que la verdad es objetiva y que lo que cambia son los usos que se hacen de ella para legitimar intereses particulares. Esta convicción impregna una trama en la que el protagonista, que antes ejercía como juez y verdugo en un universo violento, pasa a ocupar el lugar de la víctima, lo que le obliga a enfrentarse a sus propios miedos y fragilidades.

Ese giro en la posición del personaje central permite un «ejercicio muy interesante», según sus palabras, pues transforma la mirada sobre todo el arco narrativo de la trilogía. Quienes han acompañado al «sicario sin nombre» desde su primera entrega se encuentran con un cierre que replantea algunas certezas sobre la justicia, la culpa y la redención.

La mesa compartida con Carofiglio, en este contexto, sirve además para subrayar cómo la novela negra europea actual se nutre de casos reales de corrupción, crimen organizado y colusión entre poder político, económico y religioso, a la vez que explora la dimensión íntima de quienes se ven atrapados en esos engranajes.

Marta Robles y la memoria silenciada de las mujeres

La presencia de Marta Robles en el Festival Internacional de Novela Negra Las Casas Ahorcadas aporta otra vertiente esencial del género: la exploración de la memoria histórica y de los silencios impuestos, en especial a las mujeres. Su novela «Amada Carlota», publicada en 2025 y ya en varias ediciones, gira en torno al robo de bebés en España, un delito que, como recuerda la autora, se prolongó desde la dictadura hasta los años noventa.

En su intervención en la mesa «Matar en tiempos revueltos: memoria histórica y criminal», Robles insiste en que el foco del libro no está solo en el crimen, sino en las estructuras de poder y mentalidades que permitieron su continuidad incluso tras la llegada de la democracia. La dejadez política, las lagunas de la legislación sobre adopciones o la falta de voluntad para desmontar determinados entramados son algunos de los elementos que, a su juicio, explican la impunidad.

La autora recupera al detective Tony Roures, exreportero de guerra que carga con sus propios fantasmas, para conducir una investigación muy íntima: una jueza le encarga indagar en la desaparición de la hija que le arrebataron cuando era adolescente, en una clínica clandestina. Roures se aleja del arquetipo del detective moralmente superior; observa sin juzgar de entrada, consciente de que la frontera entre víctimas y verdugos puede volverse difusa en contextos extremos.

Aunque la novela incorpora episodios poco tratados de la época franquista, como la delirante teoría del «gen rojo» de Vallejo-Nájera, Robles aclara que no escribe desde una perspectiva de memoria histórica estricta, sino con la intención de iluminar fragmentos del pasado para entender mejor el presente. Esa mirada le permite trazar un retrato de las heridas que arrastran muchas mujeres, sometidas a formas de maltrato y silenciamiento que cambian de apariencia pero persisten en el fondo.

Para la escritora, la novela criminal es un terreno especialmente fértil para poner sobre la mesa lo que durante décadas se calló y para interrogar cómo ciertas dinámicas patriarcales siguen operando hoy. A través del suspense y la intriga, se invita al lector a mirar de frente realidades que quizá preferiría no ver, pero que siguen condicionando la vida de muchas personas.

Con una programación que combina fomento de la lectura entre los más jóvenes, diálogo entre literatura y ciencias forenses, y reflexión sobre la memoria y la justicia, el Festival Internacional de Novela Negra Las Casas Ahorcadas consolida a Cuenca como un punto de encuentro imprescindible para quienes entienden el género negro como algo más que puro entretenimiento. Durante cuatro días, autores, estudiantes y lectores convierten el crimen de ficción en un espejo incómodo, pero necesario, de la sociedad en la que vivimos.


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El escritor Javier Castillo afronta la muerte de sus padres con solo dos meses de diferencia

Isaac

Javier Castillo luto padres

El escritor malagueño Javier Castillo atraviesa uno de los momentos más duros de su vida tras perder a sus dos padres con apenas un par de meses de diferencia. Primero fue su padre, que falleció de forma repentina en noviembre, y ahora ha tenido que despedirse también de su madre, figura clave tanto en su historia personal como en su trayectoria literaria.

La noticia ha impactado con fuerza entre sus lectores y en el mundo cultural, donde Castillo es conocido por títulos superventas como El día que se perdió la cordura, La chica de nieve o El cuco de cristal. En medio de este momento tan delicado, el autor ha decidido compartir públicamente su dolor a través de una carta publicada en sus redes sociales, un texto cargado de amor, rabia contenida y gratitud hacia sus padres.

Una doble despedida en muy poco tiempo

En su mensaje, el escritor relata cómo la muerte de su madre ha llegado cuando aún no había logrado asimilar el fallecimiento de su padre. Apenas dos meses separan ambas pérdidas, un periodo tan corto que, en sus propias palabras, no le ha dejado «tiempo de asimilar el golpe» ni de recomponerse emocionalmente.

Castillo recuerda que su padre murió «de forma repentina» en noviembre, un mazazo que sorprendió a toda la familia. Cuando todavía seguía procesando esa ausencia, se vio obligado a afrontar otra despedida definitiva, la de su madre, con la que mantenía un vínculo especialmente intenso y que había sido un pilar constante en su vida.

En la carta, el autor lamenta no haber podido compartir con ella todas esas cosas que habían ido posponiendo, confiando en encontrar un momento mejor, cuando estuviera más recuperada. Esa sensación de tiempo robado y de conversaciones pendientes recorre todo el texto, que se ha viralizado entre lectores y compañeros de profesión.

El escritor describe la escena del adiós evocando su primer encuentro con su madre: miradas cruzadas, llantos ahogados y una mezcla de ternura y dolor. Ese paralelismo entre el inicio y el final de su relación añade aún más carga emocional a un relato que ha conmovido a miles de personas.

Una madre que encendió su pasión por los libros

Más allá del duelo, la carta sirve también para recordar la enorme influencia que su madre tuvo en su formación como lector y como autor. Castillo la define como «mi mayor fan, mi incrédula lectora, la que me hizo leer de niño», subrayando que fue ella quien, casi sin darse cuenta, lo empujó hacia la escritura.

Durante su infancia, su madre atravesó una enfermedad importante que la obligó a pasar mucho tiempo en casa. Esa circunstancia hizo que el pequeño Javier también permaneciera muchas horas en el hogar familiar, y fue ahí donde los libros se convirtieron en refugio. La lectura pasó de ser un simple entretenimiento a una vía de escape y una forma de expresión que acabaría marcando su futuro profesional.

El escritor ha explicado en diversas ocasiones que sus primeras historias nacieron como un pasatiempo sin mayores pretensiones. De hecho, su primera novela comenzó a tomar forma en los trayectos de tren que hacía a diario hacia la oficina, cuando aún trabajaba en el sector financiero. Aquello que parecía solo un hobby «para matar el tiempo» terminó convirtiéndose en el inicio de una carrera literaria fulgurante.

En la despedida a su madre, insiste en que fue ella quien le inculcó el amor por las historias y la curiosidad por las palabras. La describe como una lectora escéptica pero entregada, que dudaba de sí misma pero no de la capacidad de su hijo. «Creyó en mí cuando nunca fue capaz de creer en ella», admite con una mezcla de orgullo y culpa.

También reconoce que, siendo niño, no supo ver hasta qué punto ella necesitaba ayuda, y que cuando quiso devolvérsela ya era tarde. Esa reflexión convierte el texto en algo más que una simple carta de despedida: es, en cierto modo, un ajuste de cuentas íntimo con su propio pasado y con las cosas que se quedan sin decir.

Orígenes humildes y apoyo incondicional de sus padres

La historia de éxito de Javier Castillo no se entiende sin mirar a sus raíces. El autor creció en una familia trabajadora en Mijas, Málaga, donde su padre se ganaba la vida en la construcción y su madre limpiaba casas. Desde muy pequeño aprendió el valor del esfuerzo, algo que él mismo ha reivindicado a menudo.

Antes de ganarse un sitio en las listas de libros más vendidos, Castillo encadenó empleos tan dispares como pastelero, barrendero o camarero en una conocida cadena de restauración. Al mismo tiempo, estudiaba Empresariales y trataba de asegurarse un futuro estable, que acabó encontrando en un puesto en una entidad bancaria.

El giro llegó cuando su primera novela, escrita a ratos en el tren, empezó a llamar la atención de los lectores. El éxito fue tan grande que el escritor tomó una decisión que muchos considerarían arriesgada: dejó su trabajo fijo para dedicarse por completo a la literatura. En ese momento crucial, el respaldo de sus padres fue absoluto.

Castillo ha contado que tanto su padre como su madre se mostraron orgullosos de que persiguiera su sueño, incluso aunque eso implicara renunciar a una seguridad laboral que en su entorno siempre se había valorado mucho. Esa confianza se ha convertido con el tiempo en una de sus mayores motivaciones.

Ahora, tras su fallecimiento, el autor subraya que ellos seguirán siendo su principal fuente de inspiración. Promete seguir escribiendo muchos libros más, no solo para sus lectores, sino también para esa madre a la que pide que no deje de leerle «allá donde esté».

Una carrera literaria que conecta con millones de lectores

Aunque el momento personal que vive es devastador, resulta imposible obviar la dimensión pública que ha alcanzado Javier Castillo en los últimos años. Se ha consolidado como uno de los nombres más populares del thriller español contemporáneo, con novelas que combinan misterio, giros inesperados y un fuerte componente emocional.

Su debut, El día que se perdió la cordura, irrumpió con fuerza en el panorama editorial y abrió el camino a otros títulos de gran impacto entre el público, como La chica de nieve o El cuco de cristal. Varios de estos libros han dado el salto a la pantalla, con adaptaciones televisivas que han ampliado todavía más su base de seguidores en España y en otros países europeos.

Su última obra, El susurro del fuego, se presentó el pasado octubre en el cine Albéniz de Málaga, en un acto especialmente emotivo. Allí, ante un auditorio lleno, Javier se dirigió a su madre con una frase que hoy cobra un significado distinto: dijo que nada le hacía más feliz que ver que ella lo admiraba. El momento terminó con un abrazo entre ambos que emocionó al público presente.

Ese recuerdo, todavía reciente, contrasta con el vacío actual, pero también sirve para poner en contexto la importancia que tenía ella en todos los hitos de su carrera. No era solo la madre orgullosa de un escritor de éxito, sino una pieza fundamental en la construcción de su imaginario literario.

Además de por sus libros, Castillo es muy conocido en el ámbito digital. Su presencia en redes sociales supera los cientos de miles de seguidores, y allí comparte tanto su faceta profesional como momentos de su vida cotidiana. Casado con la influencer Verónica Díaz y padre de tres hijos, su figura se ha convertido en un referente para muchos lectores jóvenes que han descubierto la lectura a través de sus historias.

La carta de despedida que ha conmovido a sus seguidores

El canal elegido por Javier Castillo para despedirse públicamente de su madre ha sido, precisamente, sus redes sociales. Acompañada de una fotografía en blanco y negro donde madre e hijo posan cómplices y sonrientes, la carta es un desahogo sincero en el que se mezclan dolor, ternura y una sensación profunda de injusticia.

El texto arranca con la idea de que «aquí acaba todo», una frase con la que expresa esa percepción de que la vida ha cambiado de forma irreversible. Se reprocha no haber tenido tiempo para llevar a cabo todos esos planes que habían ido guardando «para más adelante», confiando en que la salud diera un respiro.

A lo largo de la carta, insiste varias veces en que no encuentra una explicación al hecho de perder a sus dos padres tan seguidos. Habla de golpes encadenados, de poco margen para asumir lo ocurrido y de la imposibilidad de comprender por qué han sucedido las cosas de este modo.

Sin embargo, entre líneas aparece también una clara voluntad de homenaje. Castillo evoca a su madre como esa mujer que, aun dudando de sí misma, jamás dejó de animarle. La llama «mi mayor fan», reconoce que estaba orgullosa de él y recuerda cómo ella fue quien le infundió el amor por los libros y por las historias cuando él era solo un niño.

El mensaje se cierra con una despedida tan dolorosa como luminosa: le desea que por fin pueda «respirar aire limpio» y escuchar solo su propia voz. Le pide que, allí donde esté, no deje de leerlo porque aún le quedan muchas historias por contar. Es una promesa de continuidad en medio del duelo, y también una forma de mantener vivo el vínculo entre ambos.

Oleada de apoyo desde el mundo cultural y las redes

La publicación de la carta ha generado una enorme respuesta de cariño. Escritores, artistas y rostros conocidos de distintos ámbitos han querido acompañar al autor con mensajes de ánimo y condolencias. Entre quienes han mostrado públicamente su apoyo se encuentran nombres como Pastora Soler, Pedro Alonso, Ana Peleteiro, Verdeliss, Lydia Bosch, Máximo Huerta, Elvira Sastre o Mercedes Ron, además de otras figuras muy presentes en televisión y redes.

Junto a ellos, miles de lectores anónimos han dejado comentarios en los que comparten su empatía, relatan experiencias similares o simplemente le expresan su afecto. Muchos subrayan que sus novelas les han acompañado en momentos difíciles y ahora sienten que es el turno de sostenerle a él.

En un breve posdata, Castillo agradece los incontables mensajes de cariño, aunque reconoce que no tiene fuerzas para responder uno por uno. Pide comprensión ante su silencio y se muestra abrumado por la cantidad de apoyo recibido en tan poco tiempo.

Este momento personal tan delicado se cruza con una etapa de gran visibilidad pública para el escritor, que en los últimos años se ha acostumbrado a convivir con la exposición mediática. Sin embargo, el tono de sus publicaciones deja claro que, pese a la fama, intenta gestionar el duelo de la forma más íntima posible, limitándose a compartir solo aquello que considera necesario.

Mientras tanto, en el entorno literario español se percibe una sensación de cercanía hacia su dolor: muchos colegas subrayan la humanidad de su gesto al mostrar su vulnerabilidad, algo que, a la vez, conecta con la carga emocional que suele impregnar sus novelas.

En este cruce de vida y literatura, el autor malagueño se encuentra ahora en una encrucijada vital marcada por la ausencia de sus padres, pero también por la huella imborrable que ellos han dejado en su carácter, en su forma de entender el trabajo y, sobre todo, en las historias que seguirá compartiendo con sus lectores.

La experiencia de Javier Castillo en estos últimos meses retrata el contraste entre el éxito profesional y la fragilidad que acompaña a cualquier pérdida familiar. Desde una infancia marcada por la enfermedad de su madre y el esfuerzo de una familia humilde, pasando por trabajos precarios y estudios compaginados con jornadas largas, hasta el salto definitivo a la literatura, su recorrido vital está atravesado por el apoyo constante de unos padres que creyeron en él incluso cuando él mismo dudaba. Ahora, en pleno duelo por su muerte con solo dos meses de diferencia, el escritor mira hacia adelante aferrado a las letras, a su familia y al afecto de miles de personas, decidido a seguir escribiendo en honor a quienes fueron el origen de todo.


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Generaciones 2026: un cuarto de siglo de tránsitos

El año pasado cumplió un cuarto de siglo Generaciones, la convocatoria de La Casa Encendida destinada a promover la labor de los jóvenes artistas y concederles herramientas para producir y divulgar sus trabajos. En este nuevo capítulo de la iniciativa los ganadores no han sido ocho, sino seis, con el objetivo de aumentar la dotación de sus premios (ahora 10.000 euros para la producción y 2.000 como honorarios) y también el espacio en el que mostrar las propuestas.
Este año el jurado que ha seleccionado a los autores menores de 35 años participantes ha estado compuesto por David Barro, director de Es Baluard Museu; Rosa Ferré, codirectora de TBA21; y la comisaria Maria Willis. Se reconocen proyectos de largo recorrido, no necesariamente finalizados -de modo que el mismo jurado pueda conocer sus procesos- y habitualmente de muy distinto cariz; en esta ocasión, se hace extensiva al conjunto de las piezas elegidas la definición que Ferré hace de una de ellas, la de Víctor Colomer: una escultura que deja de ser mero objeto para devenir sistema relacional que modifica las formas de habitar, percibir y moverse.
Cuerpo, materia, tiempo y voz son el centro de las investigaciones de estos creadores, a quienes, como a tantos de su generación, importan más los caminos que sus frutos y no les preocupa definirse por unas u otras disciplinas: habitualmente aúnan escultura e instalación, prácticas performativas y sonoras, desarrollos en el tiempo y en el espacio. Les interesa lo que se transforma y lo inestable, aquello que creen necesario repensar.
Hace sólo un par de semanas se sumó a nuestros fichados Hodei Herreros, con quien comienza el recorrido. Se vale de sombras, siluetas y contornos, de planitudes, para construir formas escultóricas e incorpora y reivindica como parte de sus trabajos maquillaje y bisutería femeninas, cuestionando que estructura y ornamento, política y estética, no puedan converger.
En La Casa nos enseña The Voiceless Voice of the Girls, una instalación entre sonora y espacial: una estructura pintada justamente con maquillaje acogerá los cuerpos, y las bocas a sus distintas alturas, de mujeres que emitirán sus voces en una performance destinada a hacernos reflexionar sobre cuáles son audibles y cuáles silenciadas. Ese instrumento de la voz también se hace presente en copas como labios, abiertas: recuerda Herreros que el habla y la apariencia han sido y son objeto de controles y disciplinas.
Generaciones 2026. La Casa Encendida. Fotografía: Maru Herrero
Generaciones 2026. La Casa Encendida. Fotografía: Maru Herrero
Al mencionado Ruiz Colomer le interesa el que llama hacer espacial: cómo se mantienen y destruyen las estructuras de organización social y qué fricciones generan; y aborda estas cuestiones desde la escultura, una inhabitual. Se vale de prototipos y maquetas, dispositivos que siempre son ensayos pero que, a la vez, pueden liberarse en cualquier momento para ser piezas finales.
En Generaciones veremos dos de esos dispositivos ligados a sanatorios psiquiátricos; tendremos ocasión de vincular sus arquitecturas y sus elementos ligados a la contención (puertas, ventanas, marcos) con los trastornos del pensamiento que padecen quienes los habitan. Para este autor, el espacio es un campo de relaciones entre el cuerpo, la materia y el lenguaje.
Generaciones 2026. La Casa Encendida. Fotografía: Maru Herrero
Colomer y Herreros comparten sala con otra de nuestras fichadas, Maya Pita-Romero, que viene recurriendo a instalaciones, esculturas y textos para enlazar los procesos de nuestro cuerpo y las transformaciones de los ecosistemas. Imagina esta artista madrileña escenarios donde puedan tener lugar otras relaciones con las actividades tradicionales del pasado y con la misma naturaleza, unas relaciones que tendrán que estar lejos de la asepsia y abiertas a las metamorfosis y a la conjunción, quizá, de lo bello y lo abyecto.
Sin nunca llegar a la boca es el título de su propuesta aquí: una suerte de túnel por el que podremos transitar, elaborado con materiales blandos (textiles, plantas, látex), que ella cose, teje y ensambla. Se trata de un espacio para ocultarse, o de una arquitectura íntima; de un lugar donde asfixiarse o en el que ser reparado que Pita-Romero ideó imaginándose tragada por su propia garganta.
Generaciones 2026. La Casa Encendida. Fotografía: Maru Herrero
Élan d´Orphium, Víctor Santamarina y Claudia Pagés nos esperan en la segunda sala de la exposición. Al primero corresponde la pieza más escatológica en el recorrido: Acto de amor. Para María Wills, se adentra en una política del placer y reclama que lo blando y lo efímero también pueden construir.
Este autor pacense ha convertido su propia orina (según él, lluvia dorada) en formas escultóricas semejantes a pájaros, en un gesto que quiere traducir como señal de entrega alternativa, porque entraña disciplina corporal e implicación afectiva prolongada.
Generaciones 2026. La Casa Encendida. Fotografía: Maru Herrero
Generaciones 2026. La Casa Encendida. Fotografía: Maru Herrero
Para Víctor Santamarina, la escultura puede no concebirse para perdurar, sino para encarnar el colapso y lo evolutivo, en lo ontológico y lo material. En Subsidencia se ha valido de sistemas de encofrado, en cera y en vertical, para activar una coreografía de desgaste de ese elemento, que irá deshaciéndose en el tiempo de la exposición, derrumbándose con el paso de los días.
La subsidencia es, justamente, un fenómeno geológico consistente en el hundimiento de los terrenos; en las creaciones de Santamarina, son las estructuras pensadas para ser sólidas las que devienen frágiles, con lo que ese movimiento implica de simbolismo. Podemos entender esta composición como una escultura performativa en la que todo parte, y no acaba, con el fracaso. La cera perdida será, después, recogida y reutilizada.
Generaciones 2026. La Casa Encendida. Fotografía: Maru Herrero
Por último, Claudia Pagés es otra de las artistas que conjuga la creación visual con la escritura y la performance: sus instalaciones videográficas, trabajos en papel y libros beben de su uso de la palabra, la música y el cuerpo.
Su trabajo premiado se llama Marcas de agua: Torres, castillos, perros y Laia y se nutre de sus estudios sobre las marcas del agua del papel (o filigranas): esos dibujos que se llevaban a cabo en el proceso de fabricación de las hojas, quedaban integrados en ellas y sólo pueden verse a contraluz.
En la Edad Media y épocas posteriores, indicaban origen y autenticidad, predominando como motivos los del título de esta pieza. Pagés ha elegido proyectar con láser, que si durara más y no alternaran las imágenes podría perforar la pared, algunas de las marcas que se conservan en el Museo Molí Paperer de Capellades. Descontextualizadas, ya no admiten lecturas estables, como prueba la negación de los temas por parte de su sobrina.
Generaciones 2026. La Casa Encendida. Fotografía: Maru Herrero
 
 
Generaciones 2026
LA CASA ENCENDIDA
Ronda de Valencia, 2
Madrid
Del 30 de enero al 19 de abril de 2026
 
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Los libros más esperados de febrero: grandes novedades que llegan a las librerías

Isaac

Novedades de libros más esperados de febrero

El calendario editorial de novedades de febrero llega especialmente cargado de títulos llamados a marcar el año. Durante unas pocas semanas se concentran lanzamientos muy sonados, regresos de autores consagrados y novelas que las editoriales han situado entre sus grandes apuestas de la temporada.

En las mesas de novedades convivirán thrillers muy mediáticos, novelas históricas, relatos íntimos y memorias de alto impacto, además de libros que ya han sido premiados o que cuentan con fuertes campañas de promoción y preventa. Un mes perfecto para quienes quieren adelantarse y elegir qué leer en los próximos meses.

Premios, regresos y grandes apuestas de la ficción en febrero

Entre los libros más esperados de febrero en España sobresale el nombre de David Uclés, que estrena nueva novela tras el éxito de La península de las casas vacías. La ciudad de las luces muertas, ganadora del Premio Nadal 2026 y publicada por Destino, se sitúa en una Barcelona sometida a un apagón total en el que pasado, presente y futuro se superponen. En esa oscuridad reaparecen edificios ya desaparecidos y cobran vida figuras como Picasso, Simone Weil, Cortázar o Carmen Laforet, que se cruzan en encuentros imposibles. Es una apuesta que combina fantasía urbana, memoria cultural y reflexión sobre la ciudad. Fecha prevista de salida: 4 de febrero.

Ese mismo día llegará también a las librerías Coloquio de invierno, de Luis Landero (Tusquets), uno de los lanzamientos más destacados de la narrativa española del mes. La novela sitúa a siete personajes atrapados en un hotel rural durante la borrasca Filomena, incomunicados por la nieve y sin cobertura. Para sobrellevar la espera, deciden contarse historias en largas sobremesas, un juego de relatos cruzados donde se mezclan confidencias, recuerdos, humor y pequeñas tragedias cotidianas. El libro explora así la fuerza del relato oral y la necesidad de escucharse en un mundo acelerado.

Otro de los títulos que figuran en todas las listas de imprescindibles es Mentira, de Juan Gómez-Jurado, anunciado como su primer thriller independiente tras el largo ciclo del universo de Reina Roja. La protagonista, Eva Ramos, es una mentirosa profesional acostumbrada a manipular la realidad por encargo. Todo se complica cuando una tormenta de nieve la deja aislada en una remota aldea asturiana, donde los vecinos esconden secretos tan peligrosos como los suyos. El autor juega con la figura del narrador poco fiable y con un ambiente cerrado de tensión creciente. Su lanzamiento está fijado para el 17 de febrero, con una fuerte campaña y grandes expectativas de ventas.

En el terreno de la novela romántica y contemporánea, febrero también viene bien surtido. Isabel Arias regresa el 4 de febrero con Amigos, nada más, la historia de Elena, una mujer cuya vida se desmorona tras un escándalo que la deja sin trabajo y sin autoestima, incluida la pérdida de su cabello. Después de reconstruirse junto a su familia, un viaje a Nueva York la lleva a conocer a Guillermo, con quien entabla una relación marcada por la pregunta incómoda que sobrevuela el libro: si es posible una amistad sincera entre un hombre y una mujer sin que haya atracción de por medio.

Desde Japón llega uno de los títulos que mejor aprovechan dos tendencias claras del mercado: la narrativa japonesa de corte intimista y las historias ambientadas en librerías. El 4 de febrero se publica La librería de los viernes, de Sawako Natori, situada en una pequeña tienda de libros junto a la estación de Nohara, a las afueras de Tokio. Dicen que quien entra en ese local encuentra exactamente el libro que necesita en el momento justo. Fumiya, un estudiante inseguro que busca un título para su padre enfermo, descubre allí un refugio y aprende, a través de la lectura, a confiar en sí mismo.

Novela negra, thriller y suspense: un febrero cargado de tensión

El mes también se perfila como especialmente intenso para los aficionados al thriller y la novela negra, con varios títulos que mezclan intriga, crimen y dilemas personales. Entre los más destacados figura Sin indicios criminales, de Rafa Melero Rojo, que sale a la venta el 4 de febrero. El libro sigue a Miguel Longán, exmosso d’esquadra a punto de jubilarse que decide reincorporarse al cuerpo consumido por la sed de venganza tras el suicidio de su hija. Está convencido de que, aunque no haya rastro de delito, sí hay responsables, y se propone encontrarlos cueste lo que cueste. En paralelo, se cruza la historia de Julián Juárez, un delincuente que, tras salir de prisión, se implica en el atraco a un furgón blindado que termina en tragedia y desencadena una guerra de poder con consecuencias imprevistas.

Otra de las novedades fuertes del género llega el 9 de febrero con La niña del tren, de Andrea Mara. En un andén abarrotado del metro de Londres, Sive ve cómo las puertas del vagón se cierran dejando dentro a sus dos hijas, de dos y seis años. Ella les indica que bajen en la siguiente estación, pero al llegar solo encuentra a la pequeña, junto a un desconocido que asegura haber ayudado. La desaparición de la niña mayor abre una investigación llena de mentiras, secretos y sospechas, obligando a la protagonista a cuestionarse tanto su entorno como la aparente seguridad de su vida familiar.

Dentro del suspense psicológico con tintes metaliterarios, una de las apuestas internacionales del mes es Hundida, de Colleen Hoover, disponible desde el 11 de febrero. La novela presenta a Petra Rose, escritora que decide apartarse de los focos después de la reacción feroz contra la adaptación cinematográfica de uno de sus libros. Agotados los ahorros y con un nuevo thriller apenas esbozado, se retira a una cabaña aislada junto a un lago para intentar salvar su carrera. La aparición de Nathaniel Saint, detective que despierta una creatividad que creía perdida, desencadena una historia en la que las fronteras entre ficción y realidad se vuelven cada vez más difusas.

Ese mismo día se publica también El sacrificio, de Henrik Fexeus, primera entrega de la serie Memento. El protagonista es David Lund, un programador solitario que no recuerda nada de sus primeros doce años de vida. Cuando una mujer le escribe asegurando que conoce la verdad sobre su infancia, él intenta contactar con ella… pero la misteriosa remitente desaparece sin dejar rastro, y él pasa a ser el principal sospechoso. El libro combina investigación criminal, juegos de percepción y el tema de la memoria fragmentada.

En el panorama nacional, Greta Alonso suma otro título a su trayectoria de éxito en el género con El asesino de invierno. La novela arranca con la aparición de un cadáver envuelto en un sudario macabro, acompañado únicamente de un nombre de mujer: Palmira. Martín Bernot, inspector que regresa a su ciudad tras un largo destierro, se pone al frente de una investigación que remueve viejos fantasmas familiares. En el centro del caso se sitúa también la figura de la doctora Cecilia Flores, cuya presencia despierta en el protagonista una atracción tan incómoda como inevitable.

Memorias, testimonios y no ficción que darán que hablar

Más allá de la ficción, febrero viene cargado de no ficción y memorias personales que han generado expectación por la relevancia de sus protagonistas o la dureza de los temas que abordan. Uno de los títulos más comentados es, sin duda, Todo lo vivido, de Iñaki Urdangarin, con llegada a librerías el 12 de febrero. En estas páginas, el exdeportista y exduque consorte rompe el silencio de los últimos años para relatar su versión de la historia: de la cima deportiva y social a la condena judicial, la cárcel y la reconstrucción personal. El propio autor subraya que durante mucho tiempo otros hablaron por él, y que ahora quiere contar su trayectoria con su propia voz.

Muy cerca en el calendario se sitúa otra de las grandes publicaciones internacionales del mes, editada en castellano: las memorias de Gisèle Pelicot, conocidas como Un himno a la vida. El libro reconstruye el caso que conmocionó a Francia cuando se supo que su marido había pasado años drogándola y permitiendo que desconocidos la violaran en su propia casa. El proceso judicial, en el que más de cincuenta hombres se sentaron en el banquillo, convirtió su testimonio en símbolo de resistencia frente a la violencia sexual y la sumisión química. Pelicot decidió renunciar al anonimato, pronunció la frase «la vergüenza debe cambiar de bando» y se convirtió en referencia internacional. Sus memorias, escritas con la colaboración de la periodista Judith Perrignon, se publican de forma simultánea en una veintena de países y se esperan también en el mercado hispanohablante a lo largo de febrero.

En el terreno del testimonio íntimo con trasfondo histórico, destacan además varias propuestas que miran al pasado reciente europeo desde perspectivas muy distintas. Mi historia, de Gisèle Pelicot, se presenta como un volumen de memorias en el que la autora repasa desde aquella mañana en la que fue llamada a comisaría hasta su infancia difícil, sus primeros amores, la maternidad y el reconstruir su vida tras el descubrimiento del horror. El libro subraya el papel de la escritura y de la palabra pública como herramienta para recuperar la dignidad y rehacerse tras una violencia extrema.

Dentro del ensayo histórico y político, el mes de febrero trae también títulos centrados en la Guerra Civil española y la Europa del siglo XX. Entre ellos se encuentra Cómo terminó la guerra civil española, de Gutmaro Gómez Bravo (Crítica), que analiza la operación de inteligencia organizada por el Cuartel General del Generalísimo entre la ocupación de Barcelona y la rendición de Madrid. El autor se detiene especialmente en el papel del Servicio de Información y Policía Militar (SIPM) y en cómo sus maniobras de propaganda, diplomacia y descomposición interna contribuyeron al nacimiento del régimen franquista.

En una línea más teórica, pero igualmente ligada a la actualidad europea, el catedrático Víctor Ferreres publica Elogio del derecho (Arpa). Se trata de un extenso volumen, de corte divulgativo, que reivindica el papel del Derecho contemporáneo en tiempos de desconfianza hacia la Justicia. A través de una conversación entre un profesor y dos estudiantes, el libro ofrece una visión panorámica de una disciplina cada vez más especializada, con referencias constantes a la literatura, el cine, la música, la filosofía y la historia. El objetivo es acercar los debates jurídicos al lector general y discutir qué significa hoy el Estado de derecho.

Novela literaria, memoria y relatos que amplían el mapa de lecturas

Junto a los grandes nombres mediáticos, febrero trae una amplia oferta de ficción literaria y relatos que apuntan a lectores que buscan propuestas más arriesgadas o de corte autoral. Entre ellas figura En todo hay una grieta y por ella entra la luz, de Patricio Pron (Anagrama), un libro híbrido que se mueve entre el ensayo, la autobiografía, la biografía imaginada y el tratado filosófico. Todo parte del encargo que recibe un escritor en Nueva York de escribir la vida del poeta y cineasta Benjamin Fondane. Un acontecimiento devastador frustra ese proyecto y sirve al autor para desplegar una reflexión sobre la finitud, el duelo ecológico, la violencia visible e invisible y el potencial del arte como forma de resistencia. Su llegada a las librerías españolas está prevista para el 4 de febrero.

En el panorama nacional más joven, una de las voces a seguir es la de Israel Merino, que publica Epifanía (Temas de Hoy). La novela se adentra en la vida de una comunidad rural sacudida por el atropello mortal de dos adolescentes del pueblo. A partir de ese accidente, el libro examina cómo la culpa, la jerarquía local y los silencios colectivos sostienen el tejido social. La obra ha llegado precedida de elogios de otros escritores, que la presentan como una sacudida a la narrativa española reciente.

En el ámbito del relato breve y el ensayo narrativo, febrero también trae propuestas como Cortarse el cabello, de Rosario Villajos (Seix Barral), una colección que gira en torno a la pérdida, el duelo y los procesos de aceptación personal. Con un estilo íntimo y simbólico, la autora mezcla lo cotidiano con lo fantástico para explorar cómo ciertos cambios aparentemente menores pueden alterar nuestra identidad.

Para quienes prefieren ficciones con un fuerte componente fantástico o gótico, destacan Altasangre, de Claudia Amador (Alianza), que traslada la figura del vampiro a la selva y los carnavales de Barranquilla, y Punto de araña, de Nerea Pallares (Libros del Asteroide), ambientada en la Costa da Morte. Esta última, ganadora del Premio García Barros en su versión original en gallego, mezcla mitología y realismo social al seguir a un grupo de mujeres de Camariñas —mariscadoras, rederas, trabajadoras de conservera— que deciden rebelarse contra el machismo y convocan a tres deidades ancestrales.

Entre las voces internacionales, febrero marca también el esperado regreso de Kiran Desai con La soledad de Sonia y Sunny (Salamandra), una novela extensa que llega tras décadas de silencio desde el éxito de El legado de la pérdida. La historia sigue a dos jóvenes en crisis y revisa los conflictos de clase, raza y pertenencia en la India contemporánea, así como los lazos entre generaciones. El libro, finalista del Booker 2025, llega al mercado español con gran atención crítica.

Historia, política y ensayo: miradas al pasado y al presente europeo

Además de los títulos estrictamente narrativos, las novedades de febrero incluyen una buena cantidad de ensayos históricos y políticos con foco en Europa, su pasado y sus retos actuales. En el campo de la historia cultural, París en ruinas, de Sebastian Smee (Taurus), propone una lectura del nacimiento del impresionismo como respuesta artística a los traumas vividos por la capital francesa entre 1870 y 1871: el asedio del ejército alemán, el hambre, la Comuna y el incendio del centro de la ciudad. El autor muestra cómo esa sensación de fragilidad y devastación se transformó en una nueva manera de mirar la luz y el paisaje.

En el análisis de la xenofobia y los miedos contemporáneos, destaca Del miedo y los extranjeros. Una historia de la xenofobia, de George Makari (Sexto Piso), que recorre 150 años de historia intelectual para explicar cómo surgió y se consolidó el concepto de xenofobia en paralelo al nacionalismo occidental, el colonialismo y las migraciones masivas. El libro combina historia, filosofía y psicología, y repasa ideas como la personalidad autoritaria, el estereotipo o la figura del “otro”.

En clave más política y centrada en la realidad española reciente, la politóloga Cristina Monge publica Contra el descontento (Paidós), obra ganadora del Premio Paidós de Ensayo. Se trata de una reflexión sobre la crisis de imaginación política y el auge de los populismos autoritarios, con especial atención al papel de la sociedad civil y a la necesidad de “arremangarse” para defender una democracia más sólida. El libro insiste en que la salida al malestar social no pasa por la antipolítica, sino por una buena política construida colectivamente.

A todo ello se suma un conjunto de volúmenes que, sin ser necesariamente los más mediáticos, completan un mapa muy variado de lecturas: desde Los vigías, de Taina Tervonen, sobre quienes ayudan en la sombra a los migrantes que cruzan hacia Europa, hasta Los nuevos Bartleby, de Daniel Gascón, que reflexiona sobre la frase «preferiría no hacerlo» para analizar fenómenos actuales como el teletrabajo, el burnout o la Gran Renuncia.

Con este panorama, febrero se consolida como uno de los meses más fuertes del año en términos de novedades: hay grandes nombres de la narrativa española e internacional, premios importantes, memorias de alto impacto y ensayos que dialogan directamente con los desafíos de España y Europa. Quien se acerque a las librerías estos días encontrará desde thrillers de ritmo frenético hasta relatos íntimos y análisis históricos de largo aliento, con opciones suficientes como para salir con más de un libro bajo el brazo.


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