Todo lo que se sabe de Los Anillos de Poder temporada 3

Isaac

Los Anillos de Poder temporada 3

La maquinaria de Los Anillos de Poder temporada 3 ya está en plena marcha y, aunque Amazon todavía no ha puesto una fecha exacta sobre la mesa, el panorama empieza a estar bastante claro. Tras meses de rodaje, la producción ha dado por cerrada esta fase y se ha abierto la veda a clips, fotos entre bastidores y declaraciones del reparto que permiten hacerse una idea de por dónde irán los tiros en la nueva tanda de episodios.

Entre las principales pistas están el regreso de los personajes centrales, la entrada de caras nuevas con papeles decisivos y la promesa de una temporada mucho más bélica, oscura y ambiciosa, con la Guerra de los Elfos y Sauron, el futuro colapso de Númenor y la forja del Anillo Único asomando en el horizonte. Todo ello, de nuevo, bajo el paraguas de Prime Video para España y el resto de Europa.

Rodaje terminado y primeras imágenes de la temporada 3

Rodaje Los Anillos de Poder temporada 3

El equipo de la serie confirmó que la filmación de la tercera temporada se dio por finalizada tras casi ocho meses de trabajo ininterrumpido. El rodaje arrancó a principios de mayo y se ha extendido durante buena parte del año para levantar otros ocho episodios, siguiendo el patrón de las entregas anteriores.

Para celebrarlo, Prime Video difundió un vídeo detrás de las cámaras cargado de momentos distendidos del reparto en el set. En ese clip se puede ver a intérpretes como Morfydd Clark (Galadriel), Robert Aramayo (Elrond), Charlie Vickers (Sauron), Owain Arthur (Durin IV) y Daniel Weyman (Gandalf) bromeando, ensayando escenas y moviéndose por enormes decorados construidos expresamente para esta temporada.

El montaje, grabado como si fuera una pequeña pieza promocional interna, transmite un ambiente de rodaje muy enérgico y cercano. Incluso se incluye una escena en la que el equipo rueda un cartel de «prohibido grabar», en un guiño autorreferencial que encaja bastante con el tono desenfadado que ha acompañado a este adelanto.

En paralelo, se han dejado ver nuevas localizaciones y sets que apuntan a enclaves clave de la Segunda Edad: fortalezas élficas en plena preparación para la guerra, escenarios volcánicos que recuerdan al Monte del Destino y pasadizos subterráneos que podrían corresponder a las profundidades de Khazad-dûm. Todo ello refuerza la idea de que la escala visual seguirá siendo uno de los grandes reclamos.

La gran incorporación: Jamie Campbell Bower y el misterio de su personaje

Jamie Campbell Bower en Los Anillos de Poder

Una de las grandes noticias en torno a la temporada 3 es el fichaje de Jamie Campbell Bower, conocido por su papel de Vecna en Stranger Things. En el vídeo entre bambalinas actúa casi como maestro de ceremonias, presentando el clip y guiando a los espectadores por el rodaje, algo que subraya el peso que tendrá en la nueva entrega.

Oficialmente, el actor aparece vinculado a la producción con el nombre clave Arlen, descrito como un caballero noble y atractivo. Esta caracterización ha encendido todo tipo de teorías entre los seguidores, tanto en España como en el resto de Europa, donde se sigue al detalle cualquier novedad de la serie.

Varios medios especializados apuntan a que podría tratarse de Celeborn, el esposo de Galadriel y una de las ausencias más llamativas en las dos primeras temporadas. En la serie, el personaje ha sido mencionado casi como un recuerdo distante, mientras que en los textos de Tolkien su presencia en la Tercera Edad es más que evidente, por lo que muchos consideran lógico que ahora dé el salto a la pantalla.

Si se confirma que Bower encarna a Celeborn, la serie tendría la oportunidad de reconectar de forma más directa con la mitología clásica de la Tierra Media, mostrando el reencuentro con Galadriel, la evolución de su relación y su papel dentro de las grandes alianzas élficas. No obstante, los responsables de la producción tampoco han descartado, de momento, que el actor pueda dar vida a un personaje completamente nuevo que altere algunas expectativas de los lectores.

Junto a Bower se han anunciado otras incorporaciones, como Eddie Marsan, Zubin Varla y Adam Young, cuyos papeles también permanecen en secreto. La sensación general es que la tercera temporada introducirá varias figuras determinantes para la política de Númenor, el frente de guerra élfico y el despliegue del poder de Sauron.

Tramas centrales: la Guerra de los Elfos y Sauron y el auge del Anillo Único

La segunda temporada dejó el tablero listo para un conflicto de gran escala. Sauron, tras desvelar su auténtica identidad y hacerse con los primeros anillos, muestra con crudeza la devastación que es capaz de provocar, con una de las batallas más brutales vistas hasta ahora en la serie y un reino sumido en el caos.

Todo indica que la temporada 3 se adentrará de lleno en la Guerra de los Elfos y Sauron, uno de los episodios más importantes de la Segunda Edad. Las insinuaciones del Alto Rey Gil-galad en el final de la temporada 2 y el salto temporal de varios años que se maneja para la nueva tanda de episodios apuntan a un escenario en el que los elfos ya se preparan para enfrentarse abiertamente al Señor Oscuro.

Entre los eventos que podrían adaptarse destacan el Sitio de Imladris, con Elrond defendiendo su fortaleza recién fundada, y la Batalla del Gwathló, una campaña de gran envergadura en la que las fuerzas élficas intentan contener el avance del mal. Ambos conflictos ofrecen un terreno ideal para secuencias bélicas a gran escala y para desarrollar la estrategia política y militar de los distintos reinos.

Mientras tanto, Sauron seguiría avanzando en su plan maestro: la entrega de los Nueve Anillos a los hombres que terminarán convertidos en los Nazgûl. La ficción ya dejó caer posibles candidatos humanos, y no sería extraño que esta temporada mostrara con más claridad cómo esos objetos corrompen a sus portadores y cambian para siempre el rumbo de la historia.

El propio estudio ha dejado caer que la narración se sitúa en el momento en el que el villano se acerca a la forja del Anillo Único, lo que encaja con un desenlace de temporada de gran impacto, con el Monte del Destino como escenario central.

Númenor al límite y el futuro de los reinos de los hombres

En paralelo al auge del poder de Sauron, la serie continuará explorando la lenta caída de Númenor. Tras el ascenso de Ar-Pharazôn al trono, el reino vive una crisis interna profunda, con el país dividido en facciones, tensiones políticas y decisiones que acercan cada vez más a la isla a su destino trágico.

La tercera temporada se movería ya en el terreno del auge de las fechorías de Ar-Pharazôn, con la influencia del Señor Oscuro colándose en la corte a través de maniobras diplomáticas y falsas promesas. Aunque la destrucción total de Númenor todavía estaría por llegar, los próximos episodios podrían mostrar los primeros pasos claros hacia ese colapso.

En este contexto, personajes como Elendil, Isildur y Anárion ganarán cada vez más peso. Sus tramas personales, marcadas por la lealtad, el conflicto familiar y la necesidad de tomar partido, son clave para entender la futura fundación de Gondor y Arnor, reinos que la temporada empezará a perfilar de manera más reconocible para quienes conocen la trilogía cinematográfica.

Además, se espera que lugares como Rivendel y otros enclaves de los hombres adopten configuraciones cada vez más cercanas a las de la Tercera Edad, cerrando poco a poco el puente visual y narrativo con El Señor de los Anillos. Para el público europeo, acostumbrado a revisitar con frecuencia la trilogía de Peter Jackson, estos guiños pueden servir como elemento de conexión muy potente.

Gandalf, el Extraño y la sombra de un viejo rival

El final de la temporada 2 dejó prácticamente confirmado algo que muchos intuían desde el principio: el Extraño es Gandalf. Lejos de cerrar su arco, esta revelación abre una nueva etapa en la que el mago comienza a adoptar rasgos cada vez más parecidos a los que se verán siglos después.

Las imágenes entre bastidores muestran a Daniel Weyman con una presencia más cercana al Gandalf clásico: gestos, actitud y una relación más sólida con Nori y el resto de los pelosos. Todo ello sugiere que la temporada 3 profundizará en su transformación y en su comprensión del poder que maneja.

En paralelo, la serie seguirá explorando la figura del Dark Wizard, un misterioso hechicero que se posiciona como antagonista directo de Gandalf. Una teoría muy extendida señala que podría tratarse de una encarnación temprana de Saruman, lo que añadiría una capa interesante a la larga y complicada relación entre ambos.

La trama de Nori y los Harfoots podría llevar a la comitiva a buscar un nuevo hogar más estable, algo que diversos indicios conectan con el origen de La Comarca. Ver cómo se gesta ese rincón verde que después será la cuna de Bilbo y Frodo sería un guiño de gran peso emocional para los seguidores de toda Europa.

Enanos, Balrog y tensiones bajo las montañas

En el frente enano, la historia continuará con Durin IV como nuevo rey de Khazad-dûm y el Balrog ya despertando bajo las galerías. Esta combinación de responsabilidad política y amenaza sobrenatural ofrece un campo fértil para un arco cargado de tensión.

La posesión de los Anillos de Poder por parte de los enanos, la codicia ligada al mithril y los conflictos internos en la corte de Durin prometen una guerra silenciosa bajo la montaña, en la que las decisiones aparentemente prácticas pueden acercar al reino a su ruina.

Los textos de Tolkien dejan lagunas considerables sobre lo ocurrido en Khazad-dûm antes de su caída definitiva, algo que la serie está aprovechando para desarrollar tramas propias. Esto permite a la producción moverse con cierta libertad, a costa de asumir riesgos que no siempre convencen a todos los lectores más puristas.

En cualquier caso, la presencia del Balrog como amenaza latente funciona como recordatorio constante de que el peligro no solo viene de Sauron y sus ejércitos, sino también de las fuerzas ancestrales que habitan la Tierra Media desde tiempos remotos.

Estado del proyecto, impacto global y posible fecha de estreno

Amazon ha insistido en que Los Anillos de Poder sigue siendo una de las producciones más ambiciosas de su catálogo internacional, con especial impacto en mercados europeos como España, donde la fantasía de gran presupuesto mantiene una base de seguidores muy estable.

Con el rodaje de la temporada 3 ya completado, la serie entra de lleno en fase de postproducción, un proceso que en una ficción de estas características se alarga durante meses por la enorme carga de efectos visuales, trabajo de sonido y composición musical.

Aunque el gigante del streaming aún no ha hecho oficial la fecha de lanzamiento, las previsiones más repetidas sitúan la llegada de la temporada 3 a Prime Video en torno al verano de 2026, siguiendo la ventana de estreno que tuvieron las entregas anteriores. Por ahora, la plataforma se limita a hablar de regreso «en los próximos años» sin concretar más.

En los clips y comunicados recientes, Amazon subraya su intención de profundizar en los relatos que dieron forma a la mitología de la Tierra Media, manteniendo un equilibrio entre el respeto al material original y la creación de nuevas subtramas que amplíen la Segunda Edad para el formato televisivo.

Mientras tanto, el fandom de El Señor de los Anillos se prepara para unos años especialmente movidos, con la temporada 3 de Los Anillos de Poder en el horizonte, nuevas películas como la centrada en Gollum y el aniversario de la trilogía de Peter Jackson acercándose. Un contexto perfecto para que la serie refuerce su posición entre los aficionados europeos y el nuevo auge de la fantasía épica.

Con todo lo mostrado hasta ahora, la tercera temporada de Los Anillos de Poder apunta a convertirse en un punto de inflexión para la serie: la guerra abierta contra Sauron, la crisis de Númenor, el desarrollo de Gandalf y el posible debut de Celeborn dibujan un escenario en el que la historia se encamina hacia algunos de los momentos más icónicos de la Segunda Edad, a la espera de que Prime Video concrete, por fin, cuándo podremos verlo en pantalla.


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NUESTROS LIBROS: Último día en Budapest

Los escritores han desaparecido de la ciudad, y también el crédito. Ahora sólo quedan guionistas.
En su labor de paulatina edición en castellano de la producción de Sándor Márai, Salamandra ha publicado este pasado mes de noviembre Último día en Budapest, obra que el húngaro escribió en 1940, cuando habría de permanecer ocho años más en su país antes de emprender su exilio europeo y americano.
Se acompaña la novela de un prólogo del propio autor escrito en 1978, justo cuando este relato iba a ver la luz en alemán, en el que aportaba datos relevantes sobre su protagonista, sobre todo para el lector no húngaro: Simbad es Gyula Krúdy, otro periodista y literato magiar que había fallecido en los años treinta y que es considerado maestro del mismo Márai. Krúdy fue popular especialmente durante la I Guerra Mundial y la Revolución de 1956, pero su legado sería prácticamente olvidado en varias etapas de su vida -la moderación no era su virtud, ni en el juego ni en la bebida ni en el amor-, y también después de ella, hasta su recuperación por Márai en este trabajo, que en buena medida recupera el estilo de monólogo interior del que se valió Krúdy en su momento.
Último día en Budapest no es una biografía, sino una inmersión en un día de mayo -no del todo cualquiera- de la vida de Simbad, en la que se entrelazan elementos reales y ficcionados y en la que este personaje, al que se refiere Márai como príncipe de incógnito, conduce al espectador por escenarios de Budapest en los que en otro tiempo recalaron intelectuales y se cultivaba la finura. Unos escenarios que resultan propicios al escritor, además, para reflexionar sobre el pasado y el presente de las costumbres húngaras y sobre las teóricas esencias de este país, al que el autor (ambos autores, con toda probabilidad) ama y del que se duele.
En su camino lo acompañan secundarios que, sin dejar nunca de serlo, resultan también significativos -se nos presentan casi como escuderos leales, que le proporcionan los consejos razonables, que tratan de que regrese a casa cuando conviene-. Todos lo conocen bien y lo tratan con una deferencia que parece responder más al recuerdo de lo que Simbad fue que a su estatus presente: a un respeto decoroso, y hoy casi romántico, a la persona y no a su momentánea fama.
El recuerdo nutre este texto, marcado por la nostalgia de principio a fin: no sólo dirigida hacia Krúdy y su literatura, sino también a la Hungría que él volcó en su obra, y que Márai trata de recrear desde la sensualidad. Último día en Budapest está repleta de miradas curiosas a paseantes muy diversos, de olores, de sabores deliciosos y de sensaciones ligadas al transcurso de las estaciones en el campo o la ciudad y a diferentes etapas de la vida. Lo expresó claramente en el preámbulo el autor de El último encuentro: Mi intención era evocar no sólo al maestro desaparecido, sino también esa otra Hungría que, ya en aquella época, casi había dejado de existir salvo en la literatura.
La de quienes, con las monedas contadas, salían a comprar un vestido a su hija, pero -irresponsable y deliciosamente- llenaban sus horas de baños turcos y cafés, estos últimos con nombres como Chicago o Londres, única curiosidad internacional de quienes no tenían interés por alejarse del Danubio.

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El legado literario de Almudena Grandes y Luis García Montero en la Universidad de Granada

Isaac

Legado literario de Almudena Grandes y Luis García Montero

La Universidad de Granada se ha convertido en uno de los grandes epicentros para el estudio de la literatura contemporánea en lengua española gracias a la llegada del legado literario de Almudena Grandes y Luis García Montero. La donación, realizada por el propio poeta y director del Instituto Cervantes, supone un paso decisivo en la preservación y el análisis de la obra y la vida intelectual de ambos creadores.

Este fondo no se reduce a una simple acumulación de libros: se trata de un conjunto amplio y ordenado de materiales que documentan décadas de trabajo creativo, vida personal y compromiso cultural. A partir de ahora, la Facultad de Filosofía y Letras de la UGR contará con un espacio privilegiado para estudiar, con lupa, cómo se gestan los textos, de qué modo dialogan con su tiempo y cómo se entrecruzan las trayectorias de dos figuras centrales de la literatura española reciente.

Un legado que convierte Granada en referencia internacional

Archivo literario de Almudena Grandes y Luis García Montero

La UGR ha definido esta donación como un patrimonio de “enorme relevancia patrimonial y científica”, y no parece exagerado. El material que ya ha empezado a llegar a la Facultad de Filosofía y Letras incluye manuscritos, cuadernos de trabajo, correspondencia, borradores, archivos digitales, primeras ediciones dedicadas, fotografías y objetos personales de ambos autores. En muchos casos se trata de piezas únicas que permiten reconstruir el proceso de creación de novelas, poemarios, artículos y ensayos.

Todo este fondo será especialmente valioso para disciplinas como la crítica genética —el estudio de cómo se van formando los textos desde sus primeras notas hasta la versión final—, la historia cultural y los estudios de literatura actual. En otras palabras, investigadores de España y de otros países podrán seguir la pista a cómo Almudena Grandes y Luis García Montero fueron dando forma a su obra y a su pensamiento.

La donación no llega de golpe, sino que se llevará a cabo de forma progresiva y organizada. El propio García Montero ha explicado que no se atreve a poner cifras, pero que se trata de “miles y miles y miles de ejemplares”, repartidos entre sus casas de Granada y Madrid, con libros amontonados en estanterías, suelos y rincones, además de montones de cartas, recortes de prensa y documentos personales.

Con esta operación, la Universidad de Granada refuerza su lugar en el mapa europeo como institución clave para el conocimiento de la literatura en lengua española del siglo XXI. La idea es que el nuevo fondo sirva como archivo de referencia internacional para quienes estudien no solo la obra de Grandes y García Montero, sino también la evolución de la cultura literaria española de las últimas décadas.

Este legado se enmarca, además, en una política más amplia de la UGR de incorporar fondos de creadores, profesores e investigadores a sus bibliotecas, con el objetivo de consolidar un patrimonio académico y científico que mire al futuro sin renunciar a la memoria.

La Biblioteca Luis García Montero: un homenaje en vida

Biblioteca Luis García Montero en la Universidad de Granada

Como gesto de reconocimiento a la trayectoria del poeta granadino y a su estrecha relación con la UGR, la biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras ha pasado a llamarse oficialmente Biblioteca Luis García Montero. La denominación fue aprobada en la junta de Facultad y se hizo visible con el descubrimiento de una placa con su nombre.

El acto institucional se celebró en el campus de Cartuja en una fecha cargada de simbolismo para el propio escritor, que recordó que estudió en esta facultad hace ya medio siglo. En la ceremonia participaron el rector Pedro Mercado, la decana Ana Gallego Cuiñas, el director de la Biblioteca, Esteban López García, y el propio Luis García Montero, además de numerosos docentes, estudiantes y amigos del poeta.

García Montero, visiblemente emocionado, habló de su vínculo afectivo con Granada y con la Universidad. Explicó que allí se formó como persona, descubrió la obra de Federico García Lorca y decidió dedicarse a la poesía. También recordó sus inicios como estudiante, las movilizaciones políticas de los años setenta —con referencias a las carreras “delante de los grises”— y su posterior trayectoria como profesor de literatura.

En su intervención, el autor subrayó que está “muy agradecido de que aquí se guarde la memoria de mi trabajo”, refiriéndose a cartas, manuscritos, libros dedicados y fotografías que ya se están depositando en la nueva Biblioteca. Esa memoria, insistió, no es solo suya, sino también de Almudena Grandes, con quien compartió tres décadas de vida y proyecto literario.

El rector, por su parte, definió el día como “un gran día para la Universidad” y destacó que espacios como esta biblioteca son auténticos “laboratorios de creatividad”, donde la memoria y el conocimiento se proyectan hacia el futuro. Subrayó además que decisiones como esta refuerzan el papel de la UGR como institución pública comprometida con la cultura y las humanidades en tiempos especialmente complejos.

El Fondo de Creatividad Literaria: laboratorio para la investigación

El núcleo del proyecto es el llamado Fondo de Creatividad Literaria, que se instalará en la propia Biblioteca Luis García Montero. La decana, Ana Gallego, ha definido este fondo como la “primera piedra de un sueño” destinado a convertir a la Facultad de Filosofía y Letras en un centro de referencia para la investigación literaria y la crítica genética.

Este fondo reunirá no solo los libros de las bibliotecas personales de Almudena Grandes y Luis García Montero, sino también notas manuscritas, borradores, cuadernos de trabajo, anotaciones al margen, correspondencia con otros escritores y amigos, recortes de entrevistas y materiales de archivo. Son, en términos académicos, “elementos primarios” de la creación literaria, que permiten ver de cerca cómo se construyen los textos.

El proyecto incluye un plan de catalogación y digitalización exhaustivo para que los investigadores puedan acceder al fondo de manera ordenada y, en la medida de lo posible, también en formato digital. La idea es que la Biblioteca funcione como un espacio de consulta especializado, preparado para acoger tanto a estudiantes de la UGR como a especialistas nacionales e internacionales.

La Facultad abrirá además un programa de becas para jóvenes investigadoras e investigadores, de dentro y fuera de la Universidad de Granada. Gracias a estas ayudas, se podrán desarrollar tesis doctorales, proyectos de investigación y trabajos académicos que tomen como base este legado, ya sea centrado en la obra de Grandes y García Montero o en el contexto literario en el que se inscriben.

En lo que va de año, la Biblioteca de Filosofía y Letras ha atendido a más de 175.000 usuarios, lo que da una idea de la dimensión del servicio y del impacto que puede tener este nuevo fondo en la comunidad académica. El objetivo es que la llegada del legado sirva para impulsar nuevas líneas de investigación y fomentar un diálogo constante entre creación literaria y crítica universitaria.

Una primera donación simbólica: los retratos de Juan Vida

La entrega del legado se ha iniciado con un gesto cargado de simbolismo: la primera donación incluye dos retratos, uno de Almudena Grandes y otro de Luis García Montero, realizados por el artista granadino Juan Vida. Estas obras, a lápiz, muestran a un joven Luis (en un retrato fechado en 2008) y a una Almudena más madura (en otro de 2020).

Ambos retratos se integrarán en la futura sala expositiva del Fondo de Creatividad Literaria, actualmente en desarrollo en la Facultad de Filosofía y Letras. La intención es que el espacio combine la función de archivo y la dimensión expositiva, de forma que el público pueda conocer de primera mano tanto los documentos de trabajo como las piezas artísticas asociadas al legado.

Durante el acto, en tono distendido, García Montero bromeó sobre el propio Juan Vida, a quien definió cariñosamente como el “peor estudiante de la Facultad”, una referencia que arrancó sonrisas entre los asistentes y que subraya el ambiente de complicidad y memoria compartida que rodeó al evento.

Más allá de la anécdota, la presencia de estos retratos apunta a la dimensión artística y emocional del proyecto. No se trata solo de conservar papeles, sino de reconstruir un universo vital y creativo: las lecturas, las amistades, las conversaciones y la vida cotidiana de una pareja literaria que ha marcado a varias generaciones de lectores en España y fuera de ella.

Este primer depósito abre la puerta a futuras incorporaciones de obras plásticas y documentos gráficos, reforzando la idea de la biblioteca como un espacio vivo, en transformación constante, y no como un simple contenedor estático de libros antiguos.

La huella de Almudena Grandes y la vida compartida

Aunque Luis García Montero es quien realiza formalmente la donación, el legado tiene una doble vertiente: es también la memoria literaria y personal de Almudena Grandes, fallecida en 2021. En el fondo se integrarán notas, manuscritos y materiales de trabajo de la autora, junto con los libros y documentos que ambos fueron reuniendo a lo largo de treinta años de vida en común.

En la Biblioteca Luis García Montero se irán depositando obras vinculadas con esa relación compartida: libros dedicados, correspondencia, fotografías, recortes de entrevistas y materiales de investigación acumulados durante décadas. La donación, que se formalizó el pasado mes de septiembre, se organizará de manera gradual para no saturar los espacios y permitir una correcta gestión documental.

De este modo, la Facultad de Filosofía y Letras se convertirá en custodio de un archivo que no solo habla de literatura, sino también de biografía, compromiso social y diálogo con la realidad española de las últimas décadas del siglo XX y los primeros años del XXI. La obra de Grandes, muy ligada a la memoria histórica y a las vidas anónimas, encuentra así un hogar académico estable donde seguir siendo leída y reinterpretada.

El fondo permitirá reconstruir cómo se tejió, a lo largo del tiempo, esa comunidad de lectores, amigos y colegas que acompañó a la pareja. Cartas intercambiadas con otros escritores, anotaciones en los márgenes de los libros, pruebas de imprenta y materiales de prensa ayudarán a entender qué conversaciones literarias y políticas alimentaron sus obras.

Para investigadores y estudiantes interesados en la literatura española contemporánea, la memoria democrática o la relación entre vida y escritura, este archivo abre un abanico de posibilidades: análisis de borradores de novelas, estudios de recepción crítica, trabajos comparados entre la poesía de García Montero y la narrativa de Grandes, o incluso investigaciones sobre redes intelectuales en España y Europa.

Un poeta entre la universidad y el Instituto Cervantes

La figura de Luis García Montero aparece en este proyecto con un doble papel: como poeta y como académico. Catedrático del Departamento de Literatura Española de la UGR, fue nombrado director del Instituto Cervantes en 2018 y ha compaginado desde entonces su labor institucional con su vocación docente y su obra literaria.

En el acto de presentación del legado, el escritor recordó que “uno no puede ganarse la vida como poeta, pero sí explicando poesía”, subrayando que ha tenido la fortuna de dedicar su vida profesional a aquello que habría hecho igualmente aunque nadie se lo pagase: leer, enseñar y hablar de literatura.

Aunque desde hace algunos años no imparte clases de manera regular en la Facultad de Filosofía y Letras, expresó su deseo de regresar a la docencia antes de su jubilación. Su plan, si los tiempos políticos lo permiten, es volver a la UGR durante los dos últimos años de su carrera académica —hasta los 70, edad en la que prevé retirarse— para seguir enseñando y, al mismo tiempo, preparar con calma el fondo que se está depositando en la biblioteca.

Este regreso se enlaza también con otros proyectos culturales en los que está implicado, como la candidatura de Granada a Capital Europea de la Cultura 2031, de la que es comisario. Su papel en el Instituto Cervantes, institución encargada de difundir el español por el mundo, y su compromiso con la ciudad de Granada, dibujan la imagen de un intelectual que se mueve entre la gestión cultural global y el arraigo local.

En su intervención, el poeta recordó a profesores que marcaron su formación, como Juan Carlos Rodríguez, y reflexionó sobre cómo, al entrar en el aula, muchos docentes dejan en segundo plano las presiones externas —leyes, presupuestos, burocracia— para centrarse en la pregunta esencial: “¿Qué podemos hacer por el alumnado?”. Esa vocación pedagógica atraviesa también el sentido de la donación.

Una biblioteca desbordada de libros y memoria

Uno de los aspectos que más llamó la atención en las declaraciones de García Montero fue la descripción de sus dos casas, en Granada y Madrid, como una “inmensa biblioteca”. Libros por las esquinas, pilas en el suelo, estanterías saturadas, habitaciones convertidas en pequeños archivos domésticos… Todo ese material, que hasta ahora vivía de forma dispersa, inicia ahora un viaje hacia la Biblioteca Luis García Montero.

El traslado se hará sin prisa pero sin pausa para evitar problemas de espacio e instalaciones en la Facultad. Cada lote que llegue será inventariado y ordenado, con especial cuidado para conservar la procedencia y el contexto de los documentos, algo clave para la investigación. No es lo mismo una edición cualquiera de un libro que un ejemplar dedicado, subrayado o anotado por los propios autores.

Junto a los libros, llegarán cajones llenos de cartas, correspondencia con otros literatos, amistades personales y figuras públicas de distintas etapas. Estos documentos se convertirán en fuentes primarias para entender el tejido intelectual y afectivo en el que se movieron Grandes y García Montero, y para analizar cómo se relacionaron con el mundo editorial, la prensa y las instituciones culturales.

En la Facultad, este conjunto se concibe como un laboratorio de creación y reflexión, no solo como un depósito. La idea, en palabras del propio personal bibliotecario, es “impulsar la creación sobre la creación literaria”: que el contacto con borradores, cartas y notas inspire nuevas obras, nuevas lecturas y nuevas formas de entender el oficio de escribir.

El director de la Biblioteca, Esteban López García, definió la decisión de dar el nombre de Luis García Montero al edificio como un gesto de reconocimiento hacia la generosidad del poeta al compartir tanto su legado como el de Almudena Grandes. Un gesto que pone en valor, además, la importancia de las bibliotecas como lugares donde las personas, a través de los libros, pueden convertirse en mejores ciudadanos.

La creación del Fondo de Creatividad Literaria y la transformación de la Biblioteca de Filosofía y Letras en Biblioteca Luis García Montero trenzan memoria personal, patrimonio cultural y futuro académico en un mismo movimiento. Lo que durante años fue una vida compartida entre lecturas, manuscritos y conversaciones se transforma ahora en un archivo abierto a la comunidad universitaria y a la sociedad, preparado para alimentar nuevas investigaciones, despertar vocaciones y mantener vivo el diálogo con la obra de Almudena Grandes y Luis García Montero en España y en toda Europa.


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Clubes de lectura que se reinventan en España: nuevas citas, formatos y reivindicaciones

Isaac

Personas en club de lectura

Los clubes de lectura vuelven a situarse en el centro de la vida cultural de muchas localidades españolas, con propuestas que abarcan desde la infancia hasta la edad adulta y que combinan encuentros presenciales, dinamización profesional y, en algunos casos, una clara dimensión reivindicativa. En bibliotecas municipales de distintos puntos del país se están organizando actividades que ponen el foco en leer en comunidad, compartir miradas y convertir los libros en un espacio de encuentro.

Lejos de ser solo una reunión informal de lectores, estos grupos se consolidan como herramientas para fomentar hábitos de lectura, crear tejido social y ofrecer a la ciudadanía un lugar estable donde conversar sobre literatura. Desde Hoyo de Manzanares hasta Soraluze, pasando por Orihuela, Elche o pequeñas localidades castellanoleonesas, las bibliotecas públicas refuerzan su papel como nodulos culturales abiertos y participativos.

Clubes de lectura para infancia y juventud: leer en familia y crecer con los libros

En la Biblioteca Municipal Camilo José Cela, en Hoyo de Manzanares, se ha programado una nueva jornada doble con dos actividades muy ligadas al club de lectura: la sesión de “Leer en Familia” y el club de lectura juvenil, ambas conducidas por Estrella Escriña. El objetivo es claro: incentivar la lectura entre los niños y los adolescentes a través de experiencias compartidas y muy pegadas al día a día.

La propuesta “Leer en Familia” invita a madres, padres, abuelos y peques a usar la biblioteca como espacio de encuentro y convivencia lectora. Se trabaja con fondos de la propia biblioteca agrupados por temáticas, de manera que las familias puedan descubrir títulos relacionados y aprender a recomendarse libros unos a otros. Entre las metas que se persiguen están sentir la biblioteca como un lugar cercano, fomentar la lectura entre los más pequeños, mejorar la capacidad de prescribir lecturas en casa y familiarizarse con autores e ilustradores de literatura infantil.

En la próxima sesión el libro protagonista será “Comer y celebrar, todo es empezar”, una lectura pensada para menores a partir de 3 años. La actividad se celebrará a las 17:30 horas, tendrá una duración aproximada de 45 minutos y cuenta con aforo limitado, por lo que es necesario reservar con antelación. Esta fórmula de encuentros breves, temáticos y acompañados por una mediadora busca que los pequeños asocien el acto de leer con algo lúdico y compartido.

Justo a continuación, la misma biblioteca acogerá el club de lectura juvenil, orientado a lectores a partir de 8 años. En este caso, el grupo lee al mismo tiempo una obra concreta —en esta ocasión, “Basil, el ratón súper detective”— y cada participante recibe un ejemplar prestado por la propia biblioteca. Las reuniones, de 90 minutos de duración y con aforo limitado, se realizan de forma periódica (quincenal o mensual) para comentar lo leído y compartir impresiones en un ambiente distendido.

La filosofía de este club se basa en combinar lectura individual y reflexión compartida. Los jóvenes leen a solas, a su ritmo, pero luego se encuentran para descubrir cómo una misma obra puede transformarse en “múltiples historias”, tantas como lectores tiene. La idea que se trabaja es que cada libro se reinventa en la imaginación de quien lo lee, y que esa diversidad de interpretaciones es precisamente una de las “magias” de la literatura juvenil.

Para participar tanto en “Leer en Familia” como en el club juvenil, las entradas se pueden reservar por correo electrónico en la dirección facilitada por el área de Cultura del ayuntamiento, desde el miércoles anterior a la actividad y hasta completar el aforo. Con esta dinámica, la biblioteca refuerza su papel como espacio seguro, cercano y activo para las familias lectoras de la localidad.

Clubes de lectura para adultos: nuevos grupos, dinamizadores y calendarios

El impulso a los clubes de lectura para personas adultas también es notable. En la Biblioteca Pública del Estado y Archivo Histórico “Fernando de Loazes”, en Orihuela, se ha programado un club de lectura fácil dirigido a quienes desean iniciarse en la lectura o tienen dificultades lectoras o de idioma. Estas sesiones están pensadas para ayudar a construir el hábito lector paso a paso, trabajando textos accesibles pero significativos.

Este club de lectura fácil se celebra los lunes a las 10:00 horas y se prolonga durante varias semanas, hasta el 15 de diciembre. Cada encuentro está orientado a comentar lo leído en un entorno amable y sin presiones, de modo que las personas participantes puedan ganar confianza con los libros, mejorar su comprensión lectora y, de paso, estrechar lazos con otras personas que están en una situación similar.

En Soraluze, la biblioteca municipal ha anunciado la puesta en marcha de un nuevo club de lectura en castellano, con inicio previsto para el 21 de enero. Este grupo estará dinamizado por la periodista de origen catalán Mónica Leiva, conocida por coordinar numerosos clubes de lectura en distintas bibliotecas de Euskal Herria. Su experiencia como mediadora aportará al grupo herramientas para analizar, contextualizar y debatir las obras con mayor profundidad.

La primera reunión está fijada a las 18:30 horas y girará en torno a la novela “La fórmula preferida del profesor”, de Yoko Ogawa, cuya lectura será facilitada por la propia biblioteca, que prestará un ejemplar a cada participante. La dinámica está planteada para que los asistentes puedan analizar, reflexionar y compartir puntos de vista sobre el libro, trabajando aspectos como los personajes, la estructura y los temas de fondo.

Este club de Soraluze se reunirá cada dos meses, de enero a mayo, para comentar un título diferente en cada sesión. De momento hay programadas tres fechas: 21 de enero, 18 de marzo y 20 de mayo. El único requisito para apuntarse es ser miembro de la biblioteca, un trámite gratuito que puede realizarse en el mismo momento de la inscripción. Quien desee más información puede acercarse a la biblioteca en su horario habitual de apertura, llamar por teléfono o enviar un correo electrónico a la dirección oficial del centro.

Clubes en euskera y castellano: lectura en clave multilingüe

En otros municipios, el club de lectura se organiza en paralelo en distintos idiomas, con grupos en castellano y en euskera que comparten estructura pero se diferencian por las obras seleccionadas. En uno de estos programas, por ejemplo, se han convocado dos citas muy concretas para el mes de diciembre, ambas en la biblioteca municipal y con guías especializadas.

Por un lado, el club de lectura en castellano se reunirá el miércoles 17 a las 18:00 horas para comentar el libro “Las pequeñas virtudes”, de Natalia Ginzburg. La sesión estará guiada por Mónica Leiva, que se encarga de dinamizar el debate y de proponer claves de lectura para profundizar en la obra. La combinación de un texto clásico de la narrativa italiana y la mirada colectiva de los lectores permite enriquecer la experiencia de lectura más allá de lo individual.

Por otro lado, el club de lectura en euskara tiene cita el jueves 27 a las 18:30 hours, también en la biblioteca, para hablar de “Fun Home”, de Alison Bechdel. En este caso, la mentora será Miriam Luki, que conduce el grupo en euskera y adapta el ritmo y el enfoque a las necesidades de los participantes. La elección de una novela gráfica autobiográfica contemporánea abre la puerta a debates sobre memoria, identidad y familia, desde una perspectiva visual y literaria a la vez.

Estos grupos, tanto en castellano como en euskera, se caracterizan por ser abiertos al público. Aun así, se recomienda inscribirse previamente en la biblioteca municipal, ya sea de forma presencial, por teléfono, por correo electrónico o incluso mediante WhatsApp. De esta manera, el personal bibliotecario puede organizar mejor los espacios, asegurar el material de lectura y mantener un acompañamiento más personalizado a quienes acuden de forma regular.

Clubes de lectura como espacios de reflexión y análisis literario

Los clubes de lectura no solo sirven para compartir impresiones informales sobre los libros, sino también para realizar análisis más profundos de las obras y de sus personajes. Un buen ejemplo de ello se ha visto en la Biblioteca Pública de la Fundación Caja Cega / Cajaviva de Fuentepelayo, donde el club de lectura “Pasa la hoja” ha colaborado de forma activa en la presentación de la novela “Los humores de la tierra”, del profesor emérito Ángel Gómez, natural de Vegafría y residente en Cuéllar.

Antes del encuentro con el autor, la veintena de miembros del club ya había estado leyendo y analizando individual y colectivamente la obra. Durante las reuniones se hizo un repaso minucioso de los personajes, todos ellos ficticios pero con rasgos tan verosímiles que muchos lectores pudieron verse reflejados en alguno. Entre las figuras que más debate generaron estuvieron Ramón, un maltratador; la sufridora Patro; la rebelde Eva; la maternal Micaela o el perseverante Gabriel.

El propio Ángel Gómez reconoció sentir afecto por todos sus personajes, aunque admitió que Ramón es el más complejo. Autor y lectores coincidieron en destacar la dureza de la novela y su ambientación en un pequeño pueblo castellano de posguerra, un entorno que podría ser perfectamente Vegafría u otra localidad de la provincia de Segovia. El lenguaje empleado se caracteriza por ser muy directo y profundamente ligado a la idiosincrasia castellana de la época.

En el coloquio se subrayó cómo el autor mezcla elementos imaginados con recuerdos reales de su infancia. Gómez llegó a afirmar que “mi patria es mi infancia”, una declaración que sitúa la novela como un compromiso íntimo con su propia memoria. El estilo, valorado por los asistentes como muy cuidado desde el punto de vista sintáctico y estéticamente sugerente, fue otro de los aspectos más elogiados, ya que logra atrapar al lector incluso cuando describe escenas duras.

Para el escritor, la novela pertenece al lector una vez publicada, y son precisamente lecturas como las del club “Pasa la hoja” las que dan sentido a esa afirmación. Invitó a los presentes a leer siempre con espíritu crítico, desconfiando de las apariencias y exigiendo que cada texto tenga un significado de fondo. Estas sesiones demuestran que un club de lectura puede convertirse en un auténtico laboratorio de interpretación literaria, donde la conversación enriquece y matiza la obra.

Clubes de lectura como espacio de apoyo y reivindicación social

En otros contextos, los clubes de lectura trascienden el plano estrictamente literario para convertirse también en espacios de apoyo mutuo y de reivindicación social. Es el caso del club de lectura de la Casa de la Dona de Elche, cuyas integrantes llevan meses concentrándose en la Plaza de Baix cada segundo miércoles de mes, con sillas y libros en la mano, para reclamar la reapertura de este espacio, cerrado desde septiembre.

Este grupo de lectoras reivindica no solo la recuperación física de la Casa de la Dona, sino también la figura de la promotora de igualdad, a la que consideran fundamental. Según explica una de las participantes, Vanesa Agulló, esta profesional ayuda a contextualizar los malestares y violencias que atraviesan a las mujeres, ofreciendo acompañamiento y herramientas para entender las experiencias propias en un marco más amplio.

Durante dos años, el club de lectura de la Casa de la Dona funcionó como un espacio de encuentro, apoyo y construcción de tejido social, elementos que sus integrantes consideran esenciales en la prevención de la violencia de género. La clausura de la actividad, que según las usuarias se produjo sin previo aviso, ha generado un profundo malestar. La concejala de Mujer, Caridad Martínez, sostiene que el cierre se comunicó en junio, lo que ha añadido una dimensión de conflicto al debate público.

Las declaraciones de la concejala, que aludían a supuestas “malas formas” de las participantes hacia el personal técnico, han sido rechazadas por las usuarias. Caridad Martínez sostuvo esa versión, mientras que Vanesa Agulló insiste en que su forma de reivindicación ha sido silenciosa, respetuosa y simbólicamente ligada a los libros. Leer juntas en plena plaza se ha convertido así tanto en un gesto de continuidad del club de lectura como en una manera pacífica de hacer visible su protesta.

Este caso ilustra cómo un club de lectura puede ir más allá del comentario sobre novelas o ensayos y convertirse en un espacio político en el sentido amplio del término: un lugar donde las personas se organizan, comparten vivencias y articulan demandas que conectan la cultura con los derechos y la igualdad. La lectura aquí no solo entretiene ni forma; también ayuda a nombrar realidades y a reclamar cambios concretos.

Entre sesiones familiares con cuentos ilustrados, grupos juveniles que descubren detectives ratones, clubes en castellano y euskera que analizan desde Yoko Ogawa hasta Alison Bechdel, y lectoras que se reúnen en una plaza para defender su espacio, los clubes de lectura en España se muestran más vivos y diversos que nunca. Bibliotecas grandes y pequeñas, asociaciones y fundaciones los están utilizando como una herramienta potente para fomentar el hábito lector, fortalecer la vida comunitaria y abrir conversaciones profundas sobre la literatura y su vínculo con la realidad cotidiana.


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Giovanni Segantini, voglio vedere le mie montagne

La vida de Giovanni Segantini fue breve -apenas superó los cuarenta años, en la segunda mitad del siglo XIX-, pero suficiente para convertirse en uno de los grandes pintores alpinos de estas montañas, quizá por su amor por la agricultura y la vida natural.
En los avances del divisionismo (la aplicación de la división del color a partir del prisma óptico), encontró una expresión artística moderna que podía iluminar los Alpes con una nueva luz y colores vibrantes y despertar el anhelo por la experiencia de la naturaleza virgen.
Nacido en Arco, en el Tirol, en un entorno humilde, perdió a sus padres a temprana edad y se formó en Milán, en la Escuela de Brera. Comenzó llevando a cabo escenas de la vida urbana, para más tarde centrarse en los paisajes de la región de los lagos de Brianza, en el norte de Italia -allí ambientó una de sus composiciones más célebres, Ave María a trasbordo (Ave María en la orilla), donde disecciona la materia en luz y color, logrando un resplandor de aire sobrenatural-. Apátrida, junto a su esposa Bice Bugatti y sus cuatro hijos se trasladó a Savognin, donde pudo empaparse de la cultura campesina local y diseñar sus primeras pinturas monumentales de los Alpes suizos.
Terminó estableciéndose con su familia en el pueblo de Maloja, en la Engadina, y pasó los duros inviernos en el Val Bregaglia. Elaboró entonces sus enormes lienzos al aire libre, ascendiendo cada vez más ladera arriba hacia las cumbres, y logró su apogeo con el legendario “Tríptico Alpino”, que preparó en estudios de gran formato. La creciente idealización que le motivaba llevó las telas de Segantini a un reino donde las montañas se le antojaban un paraíso terrenal; dicen que sus últimas palabras fueron “Voglio vedere le mie montagne” (Quiero ver mis montañas).
Giovanni Segantini. Ave Maria a trasbordo, 1886. Segantini Museum, St. Moritz
Uno de los grandes asuntos de su producción fue la relación simbiótica entre humanos y animales, y el esfuerzo de los agricultores en su trabajo diario (lo vemos en Cosecha de heno, de 1889; Esquileo de ovejas, de 1886-1888; o Retorno del bosque, de 1890). El granero supone, una y otra vez, un lugar de refugio que promete en sus composiciones protección en la oscuridad inminente; la madera y la paja también garantizan calor. Sólo en su obra muy temprana La cosecha de calabazas (1884-1886) la industrialización, a través del ferrocarril, rompe por primera y única vez la representación idealizada del idilio rural, que inevitablemente dialoga con las miradas hacia el mismo tema de Millet y Courbet, pero también con las de Liebermann.
Esa labor del campo ejerce sobre los espectadores una atracción hipnótica derivada de su carácter de proceso interminable y su repetición siempre igual: a la formación de un almiar de heno seguirá su decrecimiento, y reunir con el rastrillo y cargar ese heno se hace sólo para repartirlo a las reses durante el invierno, uno tras otro.
Giovanni Segantini. Ritorno dal bosco, 1890. Otto Fischbacher / Giovanni Segantini Foundation. En depósito permanente en el Segantini Museum, St. Moritz
Daubigny veía en estas acciones sucesos anónimos, con pequeñas figuras en el paisaje, mientras Segantini sitúa una sola figura en el primer plano, apelando a las emociones: la nostalgia o la compasión. Mantenía trato diario con esos agricultores o pastores y generalizaba sus experiencias individuales hasta encontrar en ellas signos de un destino colectivo.
Cuanto más asciende en las montañas, más luminosas se vuelven sus obras y más individual su manejo del color, la forma y el motivo. Una de sus últimas composiciones encarna esa vivísima luminosidad: la inacabada Paisaje de montaña (1898-1899), en la que la cualidad mística de éstas se quiere transferir a la imagen; sus delicadas pinceladas de color puro se fusionan en una verdadera explosión de luz.
Giovanni Segantini. Primavera en los Alpes, 1897
En las alturas, Segantini experimentaba más luminosidad, más claridad, más aire. Los enclaves escarpados eran un lugar místico para él, aunque su primer terreno fue el de la llanura (después los fondos de valle con sus lagos, hasta que finalmente se asentó en las altas mesetas, ese reino de carácter aún indómito que desplegó como emblema de armonía universal).
La naturaleza en la obra del italiano es divina, nunca mortal, tanto que en sus trabajos tardíos e inconclusos se acerca a la cima perdiéndose en una premonición de monocromía y abstracción. La montaña es aquí último cobijo, y la reducción del motivo a unos pocos elementos pictóricos y su concentración en un número limitado de gradaciones de color lo condujeron a un punto en el que la disolución de la materia en paleta y luz, en energía invisible, no está lejos.
Giovanni Segantini. El amor en la fuente de la vida, 1896. Galleria d’Arte Moderna, Milan
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László Krasznahorkai, Nobel de Literatura y voz del apocalipsis contemporáneo

Isaac

Escritor húngaro Nobel de Literatura

El escritor húngaro László Krasznahorkai ha convertido su discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura en una pieza literaria en sí misma, entre la parábola apocalíptica y el ensayo moral. Lejos de ofrecer una intervención protocolaria, el autor ha aprovechado la tribuna de la Academia Sueca en Estocolmo para lanzar una reflexión incómoda sobre la dignidad humana, la marginación y el rumbo que está tomando la civilización contemporánea.

Aunque confesó que le habría gustado hablar de la esperanza, admitió que sus reservas estaban “agotadas” y optó por centrar su intervención en una imagen poderosa y recurrente en su obra: “los nuevos ángeles sin alas”, figuras silenciosas que caminan entre nosotros y que sirven al escritor para cuestionar tanto el poder tecnológico como la indiferencia ante quienes viven en los márgenes.

Un discurso entre ángeles, apocalipsis y tecnología

En Estocolmo, Krasznahorkai construyó un relato que bascula entre la visión metafórica del Apocalipsis y una crítica muy terrenal al presente. Su conferencia-relato retrata un mundo sometido a guerras, expulsiones y violencia estructural, donde se multiplican las víctimas y se pisotea la dignidad de los más vulnerables. Todo ello, en un escenario en el que los ángeles “tradicionales” parecen haber desaparecido y han sido sustituidos por nuevos ángeles desprovistos de alas y, sobre todo, de mensaje.

Estos nuevos ángeles, explica el húngaro, no llegan con trompetas ni luces celestiales: visten ropa corriente, se mezclan entre la multitud, aparecen “aquí y allá” en situaciones cotidianas y, cuando se manifiestan, permanecen mudos. No anuncian nada, no consuelan, no dictan mandatos divinos. Se limitan a mirar al ser humano, casi suplicando que sea este quien les dé un mensaje. El problema, según el autor, es que ya no tenemos nada consistente que ofrecerles.

En uno de los pasajes más inquietantes, Krasznahorkai sugiere que quizá estos seres ni siquiera sean ángeles, sino víctimas sacrificiales de un sistema que vive en guerra permanente: una guerra visible, con armas, torturas y destrucción, y otra más sutil, hecha de palabras hirientes, actos injustos y desprecio cotidiano hacia la inocencia. Una sola ofensa, sostiene, puede herirlos para siempre, en una herida “más allá de todo remedio”.

El tono del discurso ha reforzado su fama de “maestro del apocalipsis”, etiqueta que ya le había colocado la crítica Susan Sontag. No obstante, su apocalipsis no es un espectáculo de catástrofes, sino un análisis lúcido de cómo, al destruir la imaginación y reducirnos a una memoria a corto plazo, la humanidad se despega del conocimiento compartido, de la belleza y del bien moral.

Elon Musk y los “ángeles” del poder global

Para aterrizar esta metáfora, Krasznahorkai no dudó en citar nombres propios. Entre esos nuevos ángeles situó a Elon Musk, figura emblemática del poder tecnológico y financiero actual, a quien retrató como uno de los hombres que intentan “adueñarse del espacio y del tiempo” de las personas con sus “planes demenciales”. No lo presentó como un demonio clásico, sino como un profeta laico del progreso que se mueve en ese terreno ambiguo donde el salvador y el verdugo a veces se confunden.

En su intervención, el Nobel húngaro lamentó que el antiguo “arriba” —ese lugar simbólico desde el que venían los ángeles— parezca haber sido sustituido por un “eterno algún lugar” dominado por estructuras insanas, muchas de ellas vinculadas a las grandes corporaciones tecnológicas. Desde ahí, sostuvo, unos pocos deciden la organización del tiempo, el espacio, la atención y hasta la imaginación de millones de personas.

Esa deriva encaja con la visión general del discurso: un mundo en manos de poderosos que se presentan como salvadores, mientras consolidan dinámicas de control y desigualdad. Krasznahorkai no se limita a demonizar a individuos concretos, sino que los usa como ejemplo de una lógica más amplia, en la que los avances científicos y digitales conviven con una creciente deshumanización.

El contraste es especialmente agudo cuando el escritor contrapone este poder aséptico y distante a la realidad que él conoce bien: la de quienes viven en la calle, en la pobreza y al margen del orden social, convertidos en los verdaderos “ángeles sin mensaje”, expuestos a la violencia de cada día.

Los márgenes como centro: dignidad, pobreza y exclusión

Buena parte del discurso giró en torno a una preocupación que atraviesa la vida y la obra de Krasznahorkai: la dignidad de quienes viven en los márgenes. Este interés no es una pose literaria; tiene raíces biográficas. Con apenas 19 años, el autor dejó sus estudios de Derecho y decidió vivir en la calle para “entender mejor a los excluidos”. Esa experiencia marcó de manera indeleble su mirada.

El propio escritor recordó ante la Academia Sueca un episodio vivido en el metro de Berlín: un vagabundo, encorvado por el dolor y con una mirada que pedía compasión, intentaba orinar sobre las vías cuando fue sorprendido por un policía. La escena, aparentemente mínima, se le quedó grabada como una imagen fija: el hombre herido, la autoridad que corre hacia él y un espacio de diez metros imposibles de salvar entre el Bien y el Mal.

Para el húngaro, esos diez metros simbolizan la distancia irreductible entre lo que llamamos Bien —la ley, el orden, la corrección moral— y la compleja realidad de los seres humanos concretos. En esa brecha se instala su convicción de que “el Bien nunca atrapará al Mal”, no al menos si seguimos entendiendo el Mal como algo que se proyecta únicamente sobre los cuerpos frágiles y marginales.

Este tipo de escenas no son ajenas a sus libros. En Tango satánico, Melancolía de la resistencia o Guerra y guerra, el autor retrata comunidades arruinadas, personajes excéntricos y casi invisibles, seres que apenas cuentan para el Estado o para la historia. Son figuras que se mueven en aldeas perdidas, suburbios, espacios donde la modernidad llega en forma de abandono. El Nobel no se limita a narrarlos: les otorga una dignidad literaria radical, situándolos en el centro de un universo moral en descomposición.

Según ha explicado su traductor al español, Adam Kovacsics, el interés de Krasznahorkai por la pobreza y la vulnerabilidad ha sido “una constante” en toda su trayectoria. Esa fidelidad se refleja tanto en la elección de sus protagonistas como en la forma en que escribe: largas frases, atmósferas opresivas y una prosa que sigue el pensamiento de personajes que casi nunca tienen la palabra en la vida real.

Ser humano, criatura asombrosa: un repaso a la evolución y la caída

En un tramo central y especialmente memorable del discurso, el Nobel se dirigió directamente al oyente con una pregunta que funciona como columna vertebral de su reflexión: “Ser humano, criatura asombrosa, ¿quién eres?”. A partir de ahí, desplegó un viaje vertiginoso por la historia de la humanidad, desde las primeras herramientas hasta la carrera espacial.

Krasznahorkai recordó cómo nuestra especie inventó la rueda, dominó el fuego, comprendió que la cooperación era clave para la supervivencia y desarrolló un intelecto extraordinario. Evocó el surgimiento del lenguaje, la capacidad de nombrar las cosas, la invención de la escritura, los primeros sistemas filosóficos, la navegación, la exploración del planeta y la formulación de teorías científicas que, aunque luego se demostraran erróneas, impulsaron el progreso.

También repasó logros culturales que van de las pinturas rupestres a Leonardo da Vinci, de los ritmos ancestrales a la música de Johann Sebastian Bach. Todo ello, para subrayar que el camino evolutivo del ser humano ha sido impresionante, lleno de hitos técnicos, artísticos y espirituales. Pero ese reconocimiento no le impidió plantear un giro oscuro.

Según el escritor, en un momento dado la humanidad empezó a no creer en nada. Armados con los mismos dispositivos que habían contribuido a su desarrollo, los seres humanos habrían comenzado a erosionar su capacidad de imaginar, reduciendo su horizonte a una memoria inmediata, utilitaria, sin profundidad. En esa transformación, se abandonaría lo que el Nobel llama “la noble y común posesión del conocimiento, la belleza y el bien moral”.

Su diagnóstico es severo: el barro en el que nos adentramos —un lodo tanto literal como metafórico— amenaza con tragarnos. No es solo el colapso ecológico o la violencia política lo que le preocupa, sino una crisis más íntima: la pérdida de la imaginación como herramienta para concebir futuros distintos. Aun así, en medio de ese paisaje desolador, el propio hecho de formular esta crítica deja entrever una llamarada de lucidez que, de algún modo, se resiste a desaparecer.

De Kafka a la “corrección permanente”: una vida literaria a contracorriente

Más allá del contenido filosófico, el discurso dejó pinceladas sobre la propia trayectoria vital del autor. De apariencia humilde y algo tímida, Krasznahorkai confesó que su intención, al principio, no era convertirse en escritor. Su idea juvenil era publicar un solo libro y desaparecer, “porque no quería ser nadie”. La literatura, sin embargo, fue tirando de él una y otra vez.

Después de Tango satánico, publicada en los años ochenta y más tarde llevada al cine por su amigo Béla Tarr, sintió que el libro no era perfecto. Decidió entonces probar suerte con otro volumen de relatos, Relaciones misericordiosas, y más tarde continuó corrigiéndose con nuevas novelas como Melancolía de la resistencia. Esa dinámica, admite, no se ha interrumpido: “Mi vida es una corrección permanente”, ha dicho en más de una ocasión.

Entre sus influencias, destaca una figura que él mismo define como su héroe literario: Franz Kafka. De Kafka hereda no solo el clima de opresión y extrañeza, sino también la sensación de que el individuo está atrapado en estructuras incomprensibles. Sin embargo, el húngaro introduce una capa adicional de lirismo y de obsesión por el paisaje, tanto físico como mental, que convierte sus novelas en verdaderas cartografías del derrumbe.

Su carrera se ha desarrollado a menudo lejos de los focos. Antes del Nobel, ya era un autor de culto en círculos literarios europeos, especialmente gracias a sus adaptaciones cinematográficas y a la difusión de su obra en editoriales independientes. En España, por ejemplo, su nombre se ha ido consolidando gracias a sellos como Acantilado o Ediciones del Cráter, que han apostado por traducir y mantener su catálogo vivo.

El galardón lo convierte en el segundo escritor húngaro en obtener el Nobel de Literatura, después de Imre Kertész, premiado a comienzos de siglo y al que Krasznahorkai consideraba un gran amigo y una influencia decisiva. Esa continuidad sitúa a las letras húngaras en un lugar de relevancia dentro del panorama europeo contemporáneo, con una tradición que combina memoria histórica, reflexión existencial y una potente dimensión formal.

Salud frágil, agenda limitada y una presencia muy europea

La intervención de Estocolmo ha tenido, además, un peso simbólico añadido porque su salud viene condicionando su presencia pública. En los meses previos, el escritor tuvo que cancelar su participación en el festival literario Kosmopolis en Barcelona —donde era uno de los grandes reclamos— y declinar la invitación para pronunciar el discurso inaugural en la Feria del Libro de Frankfurt.

Por eso, verle subir al estrado de la Academia Sueca, con aspecto más recuperado, supuso cierto alivio para lectores, críticos y editores europeos. La propia agente literaria del autor, Laurence Laluyaux, compartió en redes sociales la víspera del acto una imagen celebrando que todo estuviera listo, indicando que el esperado discurso se celebraría finalmente sin más sobresaltos.

Krasznahorkai vive hoy en una zona rural de Hungría, aunque alterna estancias en ciudades como Trieste y Viena. Ese equilibrio entre aislamiento y vida urbana se refleja también en su escritura, que combina la contemplación lenta del campo con la experiencia de grandes capitales europeas, desde Berlín hasta las ciudades españolas que tanto han marcado su imaginación.

En el terreno político, el escritor se ha declarado abiertamente opositor a las políticas del primer ministro húngaro Viktor Orbán, una postura que refuerza su imagen de autor incómodo con los discursos nacionalistas excluyentes y con cualquier intento de instrumentalizar la cultura. Su literatura, aunque nunca panfletaria, respira un espíritu crítico constante que se hace visible tanto en sus escenarios como en la construcción de personajes.

Esta combinación de vida discreta, compromiso ético y reconocimiento internacional ha convertido a Krasznahorkai en una figura singular dentro del circuito literario europeo: alguien capaz de llenar auditorios y, al mismo tiempo, mantener una relación distante con la fama, siempre a medio camino entre la torre de escritura y la calle.

España en la imaginación de Krasznahorkai

Dentro de ese mapa europeo, España ocupa un lugar destacado en la obra y en la biografía del Nobel húngaro. Su traductor al español, Adam Kovacsics, ha explicado que el escritor ha pasado temporadas en distintas regiones españolas y que algunos de sus relatos se sitúan en escenarios tan reconocibles como la Alhambra de Granada o La Pedrera de Barcelona.

El autor ha visitado con frecuencia Andalucía, Extremadura, Madrid y la propia Barcelona, destinos que han ido dejando huella en su mirada literaria. No se trata únicamente de paisajes descritos con precisión, sino de la manera en que esos lugares se convierten en espacios simbólicos, idóneos para explorar tensiones entre belleza, decadencia y resistencia.

En el contexto español y europeo, su recepción ha ido de menos a más. Durante años fue leído sobre todo por minorías muy fieles, vinculadas al ensayo, la filosofía y el cine de autor. Pero la constancia de editoriales como Acantilado, que ha publicado en castellano buena parte de su obra, ha contribuido a abrirlo a un público más amplio, especialmente interesado en literaturas que cuestionan el optimismo fácil y las narrativas complacientes.

El catálogo en español incluye títulos clave como Melancolía de la resistencia, Al Norte la montaña, al Sur el lago, al Oeste el camino, al Este el río, Guerra y guerra, Ha llegado Isaías, Y Seiobo descendió a la Tierra, Tango satánico, Relaciones misericordiosas y El barón Wenckheim vuelve a casa. A través de estas obras, el lector hispanohablante accede a un universo narrativo denso, cargado de repeticiones, de motivos obsesivos y de una musicalidad muy particular en las frases largas.

En este sentido, el Nobel no llega como un reconocimiento aislado, sino como la culminación de un trabajo sostenido en Europa, donde críticos y lectores ya habían situado al húngaro como uno de los grandes renovadores de la novela contemporánea. La distinción sueca no hace más que consolidar una relación que, en el caso español, se ha ido construyendo con paciencia, traducción tras traducción.

La estampa que deja este premio es la de un escritor que, desde una habitación modesta en lo alto de una casa, rodeado de tablones y un aislamiento térmico imperfecto, elabora discursos capaces de interpelar a toda Europa. Entre ángeles sin alas, vagabundos berlineses, ciudades españolas y profetas tecnológicos, la voz de László Krasznahorkai se ha instalado en el centro del debate literario y moral, recordando que la literatura sigue siendo uno de los pocos lugares donde es posible pensar, sin anestesia, qué clase de mundo estamos construyendo.


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