Morir en la arena: la nueva novela de Leonardo Padura

Isaac

Morir en la arena de Leonardo Padura

La llegada de Morir en la arena confirma a Leonardo Padura como uno de los narradores clave del espacio hispano actual. Publicada por Tusquets, la novela apuesta por un pulso íntimo y social a la vez, con una historia que examina las heridas de una familia habanera y el reverso de medio siglo de vida en Cuba.

Lejos de la etiqueta de “negra” al uso, este libro parte de un suceso real y pone el foco en la violencia doméstica, la memoria y las consecuencias de la Historia en la gente corriente. La prosa de Padura, reconocible y sobria, mira de frente la precariedad y el desgaste moral sin renunciar a la humanidad de sus personajes.

Trama y claves de la novela

Trama y personajes de Morir en la arena

Rodolfo, marcado por la guerra de Angola y por un empleo gris y mal pagado, afronta la jubilación con la sensación de que nada cambia de verdad. Su vida está atravesada por un recuerdo imborrable: el asesinato de su padre, a martillazos, cometido por su hermano Geni, apodado Caballo Loco.

Tras décadas en prisión, Geni regresa a casa por un motivo humanitario: su salud está arrasada. Ese retorno obliga a destapar lo enterrado, activa una memoria sin consuelo y somete a todos a una convivencia asfixiante que dura apenas unos días pero se siente como un juicio final.

En ese escenario reaparece Nora, esposa de Geni y antiguo amor de Rodolfo; también orbitan los padres (Fermín y Lola), los abuelos (Quintín y Flora) y el amigo de la infancia, Raimundo Fumero, custodio de secretos que se niegan a desaparecer. La novela incorpora a las nuevas generaciones que emigran y sostienen a los suyos con remesas, con nombres propios que resuenan —como Aitana y Violeta— sin ocultar la deuda emocional que arrastran.

Padura levanta una estructura envolvente, en espiral, que enlaza cincuenta años de historia cubana: de la guerra de Angola a la caída del Muro, del llamado “período especial” a las penurias más recientes. La acción inmediata arranca en el verano de 2023, pero cada paso presente abre puertas a un pasado que no termina de pasar.

El retrato no ahorra sordidez —bares de mala muerte, apagones, esquinas sin salida—, aunque late una obstinada esperanza: incluso en el fango, algunas vidas intentan abrir surcos. El carácter testimonial de Mario Conde subraya que aquí la intriga es más moral que policíaca; lo esencial es cómo se convive con el miedo, la resignación y la expectativa —a veces ingenua— de una segunda oportunidad.

El regreso de la «oveja negra» acentúa el drama de una familia que funciona como microcosmos de la nación. Lo que sucede entre Rodolfo y Geni trasciende lo doméstico: es el eco de un país que aprendó a malvivir sin reconciliarse, con el derrumbe económico, espiritual y ético como telón de fondo.

Autor y lanzamiento: contexto y gira

Leonardo Padura y su nueva novela

Premio Princesa de Asturias de las Letras, traducido a más de treinta idiomas y creador del icónico Mario Conde, Padura publica Morir en la arena en plena madurez literaria. A pesar de ese prestigio, su figura resulta incómoda en Cuba: vive en Mantilla, La Habana, pero rara vez aparece en los medios estatales y sus libros se editan de forma irregular.

Su apuesta narrativa rebasa la etiqueta de novela negra. En esta entrega, el autor ofrece una mirada social y humanista que atraviesa la intimidad familiar para interrogar el tiempo compartido. Conde apenas pasa por la página, y, aun así, el universo Padura está intacto: memoria, lealtades rotas y la tensión de seguir adelante.

A comienzos de septiembre, el escritor inició una extensa gira de presentaciones organizada por Tusquets Editores. Tras el arranque en Madrid, el itinerario incluyó Barcelona, Zaragoza, Bilbao, Santander y Segovia; después llegó el turno de Salamanca, Valladolid y varias ciudades andaluzas, con salas llenas y notable cobertura mediática.

En Salamanca, en la librería Letras Corsarias, Padura conversó con el profesor Javier Sánchez Zapatero sobre la dimensión generacional de la novela. El intercambio destacó cómo la ficción condensa cincuenta años de vivencias cubanas a través de una familia.

Valladolid fue siguiente parada con Blacklladolid, festival literario celebrado en el castillo de Fuensaldaña. En diálogo con Carlos Zanón, el autor repasó su pasión por el béisbol, sus inicios y el lugar de la comida en su obra —seña distintiva de la serie de Conde—, y dedicó ejemplares a los asistentes.

De regreso a la capital, la Casa de América acogió un homenaje a Mario Vargas Llosa convocado junto al Festival Hispanoamericano de Escritores y la Comunidad de Madrid. J. J. Armas Marcelo, Rubén Gallo y Pilar Reyes compartieron recuerdos y colaboraciones; Padura evocó sus contadas coincidencias con el Nobel peruano y su admiración por novelas que en Cuba circularon de forma casi clandestina.

La gira continuó por Andalucía: Sevilla (Biblioteca Infanta Elena, con María Iglesias), Cádiz (Biblioteca Pública Provincial, con Alejandro Luque) y Córdoba (Biblioteca Pública Grupo Cántico, con Azahara Palomeque), en encuentros que desbordaron aforo.

En la recta final, el autor volvió a Madrid para sesiones en tres librerías: Rafael Alberti, con Susana Santaolalla; Fábula (Alcorcón), con el librero Ricardo Martínez; y La Central del Museo Reina Sofía, en conversación con José Ángel Esteban. El broche llegó en el anfiteatro de CCOO, con gran respuesta del público.

Padura, a las puertas de los 70, tiene previsto viajar a Colombia y regresar para asistir al Festival CIBRA de Toledo. La edición de Morir en la arena se pondrá en circulación en América hispana este mes, con la excepción de Cuba, donde la falta de papel ha frenado la publicación de sus últimos títulos.

Con una historia contenida en el tiempo de una semana y expandida por cinco décadas, la novela ofrece un retrato de personajes al límite que, entre rencores y lealtades, buscan el modo de no hundirse. En ese tira y afloja entre memoria y supervivencia, Morir en la arena propone una mirada sobria y empática a una familia —y a un país— que intenta levantarse sobre la misma tierra que lo erosiona.


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La fotografía entre Rauschenberg y lo otro

Hace cuarenta años, en 1985, la Fundación Juan March acogió la que fue la primera muestra individual de Robert Rauschenberg en España, de la que formaron parte obras fundamentales del artista texano que será difícil que vuelvan a viajar a nuestro país, como su Monogram, llegado del Moderna Museet de Estocolmo.
Coincidiendo con su centenario, esta misma institución le brinda otra exposición que necesariamente había de aportar novedades respecto a aquella retrospectiva: el propósito de este proyecto, ha explicado hoy Manuel Fontán, era sumar y no duplicar. Dado que Rauschenberg fue estructuralmente un fotógrafo, los comisarios -el propio Fontán, Inés Vallejo y Lucía Montes- pensaron que examinar la relevancia de la fotografía, y de las imágenes en general, en la trayectoria de este autor podía aportarles un largo camino de estudio y, en la preparación de esta exhibición, la aparición de un texto, hasta entonces no público, de mano del propio Rauschenberg les dio la razón.
Ha sido reproducido en la Fundación y rezaba así: Mi preocupación por la fotografía en un inicio (1949) se sostenía en un personal conflicto entre la timidez y la curiosidad. La cámara funcionaba como escudo social. En 1981, considero la cámara como mi permiso para adentrarme en cada sombra u observar cómo cambia la luz. Es la necesidad de estar ante lo que nunca volverá a ser igual, una especie de arqueología en el tiempo, que me obliga a ver lo que la luz o la oscuridad tocan. Y a cuidarlo. Mi preocupación es moverme a una velocidad que me permita actuar. La fotografía es la comunicación más directa en los contactos no violentos.
Robert Rauschenberg trabajando en un dibujo transferido en su estudio de Lafayette Street, Nueva York. Fotografía: Harry Shunk y János Kender (Shunk – Kender) . Getty Research Institute, Los Ángeles. Donación de la Roy Lichtenstein Foundation en memoria de Harry Shunk y János Kender
Organizada con la colaboración de la Robert Rauschenberg Foundation, creada en 2012 y con sedes en Nueva York y Florida, esta exposición se nutre de textos como éste, relativos a las etapas en que el medio fotográfico cobró una importancia evidente en la andadura de Rauschenberg: usaba y reusaba fotos propias y ajenas para servir al propósito general de sus creaciones, acercar el arte y la vida. Por la misma razón, y desde el deseo de involucrar al espectador o a sí mismo, empleaba espejos o su propia vestimenta.
Los comisarios se han referido al americano como un clásico casi vivo. Tiende a ser considerado como un puente entre el expresionismo abstracto y el pop art, pero ellos defienden que lo contemplemos como un creador a medio camino entre el siglo XX (y su mecánica) y el XXI (y sus derivas digitales).
Robert Rauschenberg. Quiet House − Black Mountain College, 1949. © Fernando Ramajo. © 2025 Robert Rauschenberg Foundation/Licenciado por VAGA en Artists Rights Society (ARS), Nueva York/VEGAP, Madrid
Seis secciones articulan el recorrido, comenzando por sus primeras incursiones con la cámara cuando se formaba en el Black Mountain College. Con Harry Callahan y Aaron Siskind como referentes, ideó un proyecto cercano a lo conceptual e irrealizable: fotografiar su país palmo a palmo, “inch by inch”. Ante la imposibilidad de llevarlo a término lo abandonó, pero la pretensión de acercarse con su fotografía a geografías diversas la mantendría en el tiempo.
Capturó instantáneas en Carolina del Norte, Nueva York, Italia, el norte de África y China, con algún impasse: a mediados de los sesenta le robaron su Rolleicord y durante unos años dejó de fotografiar; retomó esta actividad a fines de los setenta, con una Rolleiplex.
Definió la trayectoria de Rauschenberg su afán experimental y su nulo miedo a hacer uso de técnicas nuevas. Tan pronto como en 1949, y junto a Susan Weil, que fue su pareja, elaboró cianotipos colocando objetos o cuerpos sobre papel fotosensible; después llegarían sus Combines, piezas a medio camino entre la pintura y la escultura: collages tridimensionales a los que sumaba imágenes obtenidas de la prensa.
Robert Rauschenberg. Photem Series I #27, 1981. Cortesía Colección Meana Larrucea. © 2025 Robert Rauschenberg F oundation/Licenciado por VAGA en Artists Rights Society (ARS), Nueva York/VEGAP, Madrid
Le interesaron mucho los procedimientos de transferencia: los métodos para llevar al papel esas fotos publicadas, mediante presión y utilizando disolventes. Para poder reproducir más de una vez una misma imagen recurrió a la litografía y la serigrafía: con la primera técnica realizó su Autobiography, que puede verse en la planta baja de la March, de cinco metros de altura y ejecutada sirviéndose de una impresora; en la segunda su figura de inspiración fue Warhol. En las Pinturas serigrafiadas de los sesenta jugaría ampliamente con las escalas.
Robert Rauschenberg. Portrait of Ethel Scull, 1962. Cortesía Galerie Thaddeus Ropac, Londres, París, Salzburgo, Milán, Seúl. © 2025 Robert Rauschenberg Foundation/Licenciado por VAGA en Artists Rights Society (ARS), Nu eva York/VEGAP, Madrid
Otra de sus colaboraciones más fructíferas la desarrolló Rauschenberg con la bailarina y coreógrafa Trisha Brown. En un primer momento, en 1979, participó en la escenografía, el vestuario y la iluminación de la pieza Glacial Decoy (para entonces ya se había involucrado en propuestas ligadas a la danza de Merce Cunningham, Paul Taylor y el Judson Dance Theater). Sobre cuatro pantallas proyectó imágenes del lugar donde residía en Florida, Fort Myers.
Cuatro años después, para Set and Reset, serigrafió sus fotos sobre una tela fina con la que se confeccionó el vestuario. Los restos de pintura que, en el camino, quedaron impregnados en la tela gruesa dispuesta bajo la más delgada serían la base de su serie Salvage.
Robert Rauschenberg: el uso de las imágenes. Fundación March, Madrid
Decíamos que Rauschenberg utilizó la fotografía (y el arte) para acercarse a otras geografías y al otro. En 1984, poco antes de exponer en Madrid, presentó en la ONU Rauschenberg Overseas Cultural Interchange. ROCI, un trabajo con el que quiso establecer relaciones culturales con países sometidos a dictaduras y con aquellos con los que Estados Unidos no mantenía lazos diplomáticos. Él fue claro al definir sus fines: demostrar que el contacto artístico uno a uno con los pueblos y el mundo producirá paz = entendimiento.
Los países en los que desplegó esta serie -que implicó la realización de numerosísimas fotos-, y en los que aprendió de artistas y artesanos locales, fueron diez, y en cada uno de ellos Rauschenberg organizó una exposición, financiando él mismo la empresa (costosa). En la Fundación March veremos las composiciones correspondientes a Chile, Venezuela Cuba y… Estados Unidos, que cerró el conjunto.
Fuera y dentro del ámbito fotográfico, creyó firmemente Rauschenberg en la posibilidad de “confiar” en los materiales y “colaborar” con ellos, conociendo sus propiedades y remando a su favor: Los nuevos materiales llevan asociadas propiedades físicas y cualidades novedosas que incorporan la posibilidad de obligarte o de ayudarte a hacer otra cosa.
Así, en sus Japanese Recreational Clayworks utilizó como soporte paneles cerámicos prefabricados, con imágenes de obras fundamentales de la historia del arte, que intervenía con esmaltes o incorporando sus propias fotos, y en 1992, cuarenta años después de sus primeras transferencias, empezó a emplear impresoras de inyección de tinta con ese fin.
Adquirió un dispositivo Iris, que le liberó del trabajo duro de serigrafiar sobre lienzo y de encargar las pantallas serigráficas y, como apuntamos, posibilitó sus juegos con escalas y la impresión con tintas vegetales que podían transferirse con agua y no con disolventes químicos (fue uno de los primeros artistas en preocuparse por la cuestión medioambiental). Se desenvolvió igualmente con la cera al fuego, la transfusión de las imágenes sobre yeso, y con aquellos materiales y procesos que le permitían conectar con lo que le era desconocido, con el otro y lo otro, y abrazar el error como una virtud.
Rauschenberg fue seguramente un apóstol de la apertura de miras que se adelantó al gran mix visual que nutrió la cultura visual del siglo XX, y a nuestra actual creencia en la ausencia de jerarquías.
Robert Rauschenberg: el uso de las imágenes. Fundación March, Madrid
 
 
 
“Robert Rauschenberg: el uso de las imágenes”
FUNDACIÓN JUAN MARCH
C/ Castelló, 77
Madrid
Del 3 de octubre de 2025 al 18 de enero de 2026
 
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La fuerza del relevo generacional en el liderazgo de las mujeres chaqueñas

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El Gran Chaco vive un momento clave: las mujeres que durante décadas defendieron con coraje a sus comunidades hoy empiezan a pasar la posta a las nuevas generaciones. En el Encuentro Trinacional del Colectivo de Mujeres del Chaco, la voz de las jóvenes se alza con fuerza para asumir el liderazgo y enfrentar desafíos presentes y futuros. La experiencia de las lideresas adultas y la energía innovadora de las juventudes se entrelazan en una transición histórica que busca consolidar la articulación trinacional y llevar la voz de las mujeres chaqueñas hasta espacios globales.

 

El Gran Chaco americano atraviesa un momento decisivo. Los desafíos sociales, ambientales y culturales exigen hoy, más que nunca, la unión de fuerzas entre generaciones. Durante décadas, las lideresas adultas han sostenido con valentía la defensa de los derechos de sus comunidades, transmitiendo conocimientos, experiencias y valores. Hoy, ellas trabajan para entregar la posta a las nuevas generaciones de mujeres, quienes representan la continuidad y la renovación de esta lucha.

 

Durante la plenaria realizada durante el Encuentro Trinacional del Colectivo de Mujeres del Chaco 2025: “Nosotras movemos el territorio”. Fotografía: Diego Salazar.

 

La formación de jóvenes mujeres chaqueñas se vuelve fundamental para asegurar el futuro de los procesos organizativos. Ellas encarnan el recambio necesario: liderazgos, con energía, innovación y compromiso para enfrentar los retos actuales y venideros. Hay un camino recorrido de las líderes adultas que con valentía han sostenido la defensa de los derechos de sus comunidades y han transferido sus saberes, experiencias y valores ancestrales.

 

Rosalía Acevei, joven representante de la Organización de Pueblos Guaraníes (OPG) parte del Encuentro Trinacional del Colectivo de Mujeres del Chaco, aseguró que “los jóvenes tenemos que estar preparados para enfrentar los obstáculos por nuestra comunidad y por todos los pueblos indígenas. Principalmente para defender nuestro territorio. El problema del agua es lo más urgente: sin agua no hay futuro”. Su voz refleja la urgencia vital de empoderar a las juventudes y brindarles herramientas para asumir el liderazgo en la defensa del territorio, impulsar una búsqueda de soluciones para el acceso al agua y la construcción de un futuro digno para los pueblos indígenas del Chaco Americano que se extienda por Paraguay, Bolivia y Argentina.

 

Rosalía Acevei, representante de la Organización de Pueblos Guaraníes (OPG). Fotografía: Leo De Blas.

 

Desde Bolivia, Jacinta Rivera reafirmó esta necesidad al señalar que, muchas veces, la exclusión de las mujeres —y especialmente de las jóvenes— responde a la falta y ausencia de oportunidades formativas para fortalecer sus conocimientos: “Las jóvenes deben ser las cuidadoras del futuro. Con conocimiento, ellas podrán ocupar ese lugar y cuidarse, al mismo tiempo que cuidan a los demás”.

 

Jacinta Rivera, lideresa boliviana. Fotografía: Leo De Blas.

 

El Encuentro Trinacional del Colectivo de Mujeres del Chaco 2025: “Nosotras movemos el territorio”, que se celebra en Filadelfia, Paraguay. Durante dos días, reúne a mujeres guaraníes en un espacio de articulación regional busca consolidar la voz y el protagonismo de las mujeres como defensoras de la vida y del territorio. Este encuentro fortalece la coordinación trinacional y promueve una estrategia común de incidencia a nivel local, nacional y fronterizo.

 

Con el propósito de fortalecer la articulación trinacional, visibilizar sus aportes económicos y políticos, y construir una estrategia común de incidencia, las participantes proyectan sus demandas y propuestas hacia el Encuentro Mundial del Chaco Americano (EMCHA 2025) y el Encuentro Mundial de Partes (COP 30).

 

Para Mariana Franco, secretaria ejecutiva de la Red Chaco de Paraguay, el encuentro también es un puente rumbo a la COP 30 para posicionar y visibilizar al Gran Chaco Americano a través de la voz de las mujeres, quienes han estado trabajando y formándose para formular propuestas claras sobre cómo el cambio climático impacta sus vidas y cómo sus conocimientos y sus prácticas ancestrales pueden ser integrados a los proyectos de mitigación para asegurar la sostenibilidad de los procesos a corto, mediano y largo plazo.

 

Esta red de mujeres reivindica su rol fundamental en el buen vivir en el gran chaco americano. El futuro se teje hoy con hilos de lucha, memoria y esperanza, entrelazando la experiencia de las lideresas y la fuerza renovadora de las juventudes.

 

 

*𝘌𝘴𝘵𝘦 𝘮𝘢𝘵𝘦𝘳𝘪𝘢𝘭 𝘧𝘶𝘦 𝘱𝘳𝘰𝘥𝘶𝘤𝘪𝘥𝘰 𝘦𝘯 𝘦𝘭 𝘮𝘢𝘳𝘤𝘰 𝘥𝘦𝘭 𝘱𝘳𝘰𝘨𝘳𝘢𝘮𝘢 𝘝𝘰𝘤𝘦𝘴 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘭𝘢 𝘈𝘤𝘤𝘪ó𝘯 𝘊𝘭𝘪𝘮á𝘵𝘪𝘤𝘢 𝘑𝘶𝘴𝘵𝘢 (𝘝𝘈𝘊), 𝘪𝘮𝘱𝘭𝘦𝘮𝘦𝘯𝘵𝘢𝘥𝘰 𝘦𝘯 𝘗𝘢𝘳𝘢𝘨𝘶𝘢𝘺 𝘱𝘰𝘳 𝘞𝘞𝘍-𝘗𝘢𝘳𝘢𝘨𝘶𝘢𝘺 𝘺 𝘍𝘶𝘯𝘥𝘢𝘤𝘪ó𝘯 𝘈𝘷𝘪𝘯𝘢.⁣⁣⁣⁣⁣⁣⁣⁣⁣


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Acto de entrega de los Premios Teatro Real a Ermonela Jaho y María Agresta

Isaac

Acto de entrega de los Premios Teatro Real

El Teatro Real celebró el acto de entrega de sus galardones con una ceremonia sobria y cuidada en la que se reconoció la trayectoria de Ermonela Jaho y María Agresta. La cita, desarrollada en la Plaza de Oriente, reunió a artistas y equipo del coliseo madrileño en un ambiente de trabajo y admiración mutua.

En esta cuarta edición, las dos sopranos fueron protagonistas por partida doble: Agresta encarna a Desdémona en Otello de Verdi, actualmente en cartel, mientras que Jaho afronta la versión en concierto de Iris, con estreno previsto el 4 de octubre. La ceremonia subrayó el vínculo continuo de ambas con el escenario madrileño.

El acto y las protagonistas

Premios del Teatro Real a sopranos

El director artístico Joan Matabosch presidió la sesión, en la que el tenor Gregory Kunde entregó el premio a Ermonela Jaho y el maestro Daniele Callegari hizo lo propio con María Agresta. El formato, ágil y cercano, reforzó la idea de reconocimiento a una labor sostenida en el tiempo.

El Real informó previamente, en mayo, de los siete nombres distinguidos, y la institución optó por una entrega escalonada de los trofeos, conforme los artistas regresan a Madrid para sus compromisos. Esta fórmula permite encajar la agenda de producciones y conciertos, y a la vez subrayar el valor de cada homenaje.

Jaho llega al premio en pleno trabajo para Iris, de Pietro Mascagni, mientras Agresta sostiene el pulso de Otello, de Giuseppe Verdi. Las dos intérpretes, con personalidades vocales muy distintas, comparten una presencia continuada en el coliseo y un alto grado de compromiso artístico con el repertorio italiano.

La sintonía con el público del Real quedó patente en los aplausos y muestras de afecto, aunque el acto mantuvo un tono institucional, centrado en la excelencia lírica y en el trabajo conjunto de equipos artísticos y técnicos.

Trayectorias en el Teatro Real

Sopranos premiadas en el Teatro Real

Ambas cantantes inauguraron la pasada temporada con Adriana Lecouvreur en doble reparto, un proyecto que evidenció el alto nivel vocal y la adaptación dramática de cada una. Aquella apertura de curso fue un punto de apoyo para su continuidad en el Real.

En el caso de Ermonela Jaho, su huella en Madrid incluye títulos como La traviata, Madama Butterfly, La bohème, Thaïs y La voix humaine. Además, ha compartido su experiencia con jóvenes intérpretes en el programa Crescendo de la Fundación Amigos del Real, acercando técnica y sensibilidad interpretativa a nuevas generaciones.

María Agresta ha firmado destacadas intervenciones en Norma, Il trovatore, Don Carlo, Tosca y Médée. Su Desdémona actual consolida una relación artística de largo recorrido con el teatro, en la que ha alternado papeles belcantistas y repertorio verdiano con solvencia y estilo.

El perfil internacional de ambas sopranos y su convivencia con el público madrileño explican la coherencia del reconocimiento, ajustado a trayectorias sólidas y en plena vigencia escénica.

Otros galardonados y su vínculo con el Real

Junto a Jaho y Agresta, esta edición distingue a Malin Byström, Piotr Beczala, Ludovic Tézier, William Christie y Laurent Pelly, todos con trabajos especialmente significativos en el coliseo. El conjunto de nombres ofrece una panorámica diversa del panorama lírico actual.

El público del Real descubrió a Malin Byström con Capriccio (2019) y volvió a verla en una perturbadora Erwartung, ambas con la firma escénica de Christof Loy. En esos proyectos se apreció su versatilidad dramática y potencia vocal.

El tenor polaco Piotr Beczala debutó en Madrid con Faust en la imaginativa producción de La Fura dels Baus, y su paso por el Real ha coincidido con hitos como el homenaje a Alfredo Kraus (2014), la Messa da Requiem de Verdi en la Catedral de Burgos (2022), la reposición de Aida (2022) o la primera presentación en Madrid de Halka, una referencia de la tradición romántica polaca.

El barítono Ludovic Tézier ha intervenido en montajes como Un ballo in maschera (2008), Le nozze di Figaro (2009), I puritani (2016), Il trovatore (2019) o Rigoletto (2024), además de un concierto reciente donde mostró su dominio del gran repertorio de Verdi y Wagner.

Fundador en 1979 de Les Arts Florissants, William Christie es una referencia en el barroco: ha recuperado repertorios de los siglos XVII y XVIII, impulsa programas formativos como la Académie du Jardin des Voix y mantiene estrecha relación con el Real, donde ha dirigido L’Orfeo, Il ritorno d’Ulisse in patria, L’incoronazione di Poppea, Ariodante, Dido and Aeneas y Médée.

Por su parte, Laurent Pelly es uno de los directores escénicos más valorados por el público del teatro. Su nombre aparece ligado a Los maestros cantores de Núremberg —candidata a Mejor Nueva Producción en los International Opera Awards— y a trabajos muy celebrados como La hija del regimiento, Hansel y Gretel, El gallo de oro, Falstaff, Viva la mamma! e Il turco in Italia.

Proyección y próximos pasos

El calendario del Teatro Real prevé seguir entregando los Premios a los artistas restantes a medida que retornen al coliseo por motivos de agenda. Esta fórmula, habitual en la casa, permite reconocer de forma individual a cada galardonado y reforzar su conexión con el público.

Más allá de los nombres, los premios consolidan la proyección internacional del Real y su capacidad para atraer grandes voces, directores y creadores escénicos. La combinación de repertorio, nuevas producciones y actividades educativas refuerza un perfil institucional con identidad propia en el circuito operístico.

Con el foco puesto en la labor de Ermonela Jaho y María Agresta, la ceremonia dejó una imagen clara: el Teatro Real continúa tejiendo una red de colaboraciones artísticas que sostienen la vida del teatro día a día, a la vez que distingue a quienes han contribuido a su excelencia escénica.


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‘Las hijas de la criada’, la serie que adapta la novela de Sonsoles Ónega

Isaac

Imagen de la serie Las hijas de la criada

Atresmedia ha fijado la llegada de Las hijas de la criada a su plataforma: el primer episodio se verá en Atresplayer el domingo 30 de noviembre. La ficción desembarca con formato de temporada cerrada y un plan de estrenos progresivo en la OTT antes de su pase en abierto.

La serie traslada a la pantalla la novela de Sonsoles Ónega, ganadora del Premio Planeta, y se presenta tras enseñarse en foros como el FesTVal de Vitoria y el Iberseries Platino Industria, donde se mostró su primer avance y material promocional.

Fecha de estreno y cómo seguirá su emisión

Imagen promocional de la serie Las hijas de la criada

La plataforma de Atresmedia activará el lanzamiento el 30 de noviembre, con un estreno semanal cada domingo hasta completar la temporada. Siguiendo la estrategia habitual del grupo, tras su disponibilidad en la OTT, la producción dará el salto a Antena 3 en prime time en una fecha posterior.

El proyecto llega acompañado de tráiler y póster oficiales, y mantiene el foco en el público seriéfilo que sigue las grandes apuestas de ficción histórica del sello Atresmedia.

Trama y escenarios

Ambientación de época de Las hijas de la criada

Ambientada a comienzos del siglo XX, la historia se sitúa en el pazo de Espíritu Santo y en una Cuba de pasado colonial. En ese entorno nacen dos niñas: Clara, hija de la criada Renata, y Catalina, heredera de la poderosa familia Valdés. Un acto de venganza altera su destino para siempre, articulando un relato de identidades cruzadas y silencios que pesan.

El telón de fondo lo aportan la lucha de clases, los amores prohibidos, la ambición y los secretos, con especial atención al papel restringido de la mujer en la época. Inés Lazariego, gallega que ha vivido en Cuba y Nueva York, regresa para levantar un aserradero con su esposo Gustavo Valdés y terminará rompiendo moldes al convertirse en la primera patrona de una conservera, apoyada por Clara en su ascenso.

La narrativa combina realismo con pinceladas de elementos mágicos que ya definían el universo literario, y aprovecha localizaciones naturales para reforzar el choque entre tradición, modernidad e intereses familiares.

Reparto y personajes

Reparto principal de Las hijas de la criada

Verónica Sánchez encarna a Inés Lazariego y Alain Hernández a Gustavo Valdés, mientras que Carlota Baró da vida a Renata Comesaña, la criada cuyo vínculo clandestino con Gustavo origina el conflicto. Judith Fernández interpreta a Clara Alonso Comesaña y Martina Cariddi a Catalina Valdés, las dos jóvenes marcadas por un suceso oculto desde su nacimiento.

Completan el reparto Álex Villazán (Jaime Valdés Lazariego), Tomy Aguilera (Celso), Roque Ruiz (Braulio Barba), y un elenco coral con Álex Gadea, Xoel Fernández, Fede Pérez, Alicia Armenteros, Iolanda Muíños, Fran Nortes, Adrián Ríos, Carlos Villarino, Camila Bossa, Alba Loureiro y Alejandro Vergara, entre otros nombres conocidos de la ficción nacional.

Equipo creativo y producción

Equipo creativo de la serie Las hijas de la criada

Dirigida por Menna Fité y Alejo Flah, la serie es una producción de Buendía Estudios Canarias con la participación de Atresmedia. Consta de ocho episodios de 50 minutos y se ha rodado en Galicia, Madrid y Canarias, combinando interiores cuidadísimos y localizaciones naturales.

El guion corre a cargo de Irene Rodríguez, Alba Lucío y Tatiana Rodríguez, con Montse García al frente del área de Ficción de Atresmedia y Sonia Martínez como productora ejecutiva. La coproducción ejecutiva la firma Lucía Alonso-Allende y la dirección de producción, Sara Muñoz.

En el apartado técnico destacan Chechu Graf e Iván Caso (dirección de fotografía), Jorge Fernández de Soto (diseño de producción), Javier González (sonido), Nathareth Colomina (vestuario), Patricia Rodríguez (maquillaje) y Mauro Gastón (peluquería). La música original es obra de Iván Palomares y el casting lo dirige Conchi Iglesias.

Del fenómeno editorial a la pantalla

Adaptación del best seller Las hijas de la criada

El libro de Sonsoles Ónega supera el medio millón de ejemplares vendidos, acumula 20 ediciones y ha sido vendido para traducción en ocho países (Italia, Francia, Portugal, Rumanía, Bulgaria, Hungría, Mongolia y Rusia), lo que ha facilitado su salto audiovisual a través de Planeta Book & Film Rights.

La autora ha seguido de cerca el proceso de adaptación y ha compartido su satisfacción con el trabajo del equipo, hasta el punto de bromear con que el set parecía un “Hollywood gallego”. También ha adelantado que la versión televisiva introduce ajustes respecto a la novela y que el desenlace en pantalla no será calcado al del libro.

Con un reparto sólido, una producción de alto nivel y una materia prima literaria que ya ha conectado con miles de lectores, vocación de gran estreno de época, dispuesta a explorar los vínculos familiares, los secretos y las pasiones que atraviesan a los Valdés y a quienes orbitan a su alrededor.


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OBRA ADQUIRIDA

¿QUÉ ES OBRA ADQUIRIDA?
Un programa expositivo que, en este nuevo curso, comenzará a desarrollarse en el Palacio de Liria.
 
¿EN QUÉ CONSISTE?
La Fundación Casa de Alba mostrará en él los frutos de su labor de adquisición y recuperación de obras de arte que tienen relación con sus colecciones o han pertenecido a ellas en algún momento.
 
¿EN QUÉ ESPACIOS PODRÁN VERSE?
En las salas que albergan las exposiciones temporales.
 
¿QUÉ PIEZA ESTRENARÁ ESTE PROGRAMA?
Desde el pasado 19 de septiembre, el público puede contemplar el yeso original, conservado por Mariano Benlliure Gil en su estudio, del busto de la niña María del Rosario de Silva y Gurtubay (1900-1934), que sería duquesa de Alba, junto a una talla en mármol que forma parte del repertorio de bustos familiares de la colección de la Casa.
Benlliure lo esculpió en 1902 por encargo de los padres de la modelo: los duques de Aliaga, Alfonso Silva y Fernández de Córdoba y María del Rosario Gurtubay y González de Castejón.
Comprada por la Casa de Alba en noviembre de 2024, nos presenta a la niña desde una gran delicadeza compositiva, en correspondencia con la ternura ligada a la edad de la pequeña. Los tirabuzones enmarcan su rostro y tienen su contrapunto en el plegado de los volantes de puntilla del vestido, sobre los que aparece bordada la corona del ducado de Aliaga. Destaca, igualmente, su torso, que se funde en sinuosas formas orgánicas que enlazan esta composición con el modernismo.
La policromía que hoy aparece en el yeso es posterior: algunos bocetos y modelos conservados en el estudio del escultor se patinaron en tonalidades ocres o verdosas, imitando los acabados en otros materiales como el barro o el bronce.
 
 
PARA MÁS INFORMACIÓN:
www.palaciodeliria.com
 
 

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