Desde el 19 de marzo, en el Palacio de Justicia de Asunción, se encuentra dispuesta una muestra fotográfica permanente sobre Derechos Humanos y Justicia Intercultural, denominada “El camino de los Pueblos Indígenas”.
La inauguración de la exposición se realizó en el décimo piso de la torre norte del Palacio de Justicia, donde están exhibidas parte de las obras. Pero las fotos ya pueden apreciarse desde el tercer piso del edificio.
Según el presidente de la Federación por la Autodeterminación de los Pueblos Indígenas (FAPI), don Hipólito Acevei, esta exposición es histórica porque no se trata de una simple muestra fotográfica «sino que se busca la visibilidad, para crear conciencia hacia el ser humano y al ser indígena. Además para que las propias autoridades del poder judicial puedan ser el nexo de distribución de esta experiencia a toda la sociedad. Mostrar que hay un compromiso que ellos tienen con nosotros, cuál es la defensa, protección y conservación de nuestros territorios».
En total son 27 imágenes, de los fotógrafos nacionales René González, Luis Vera y María José Centurión, capturadas en comunidades indígenas de la región oriental y del Chaco. La exposición permanente aborda temas relacionados a territorios ancestrales, modos de vida, cultura y costumbres, de diferentes pueblos. Cada imagen lleva un código QR, donde se puede ingresar para profundizar sobre los pueblos indígenas de Paraguay.
«No queremos seguir participando, entre comillas, del mal llamado desarrollo sostenible, porque en realidad es un desarrollo que destruye la naturaleza. Para nosotros echar un árbol, con ley o sin ley, significa deforestación», señaló Acevei.
De la ceremonia de inauguración de la muestra participaron Acevei; el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Luis Benítez Riera; y la ministra de la Corte, María Carolina Llanes, además de representantes de diferentes organizaciones, autoridades, directores y funcionarios del poder judicial y otras dependencias del Estado.
La realización de la muestra permanente fue impulsada por la FAPI junto a la Dirección de Derechos Humanos de la Corte Suprema de Justicia, para visibilizar la importancia del respeto a los derechos fundamentales de los Pueblos Indígenas.
De los cinco testigos, dos detallaron hechos de persecución laboral contra mujeres que denunciaron acoso sexual y laboral y también contra aquellas que apoyaron las denuncias. Angie Prieto enfrenta una querella por presunta injuria contra el gerente del grupo mediático en Paraguay, Marcelo Fleitas.
Durante la tercera jornada del juicio contra Angie Prieto, comparecieron como testigos Sonia Lorena Insaurralde, Lorena Romero, Santiago Ortíz, Judit Colecza y Leila Giménez, éstas dos últimas trabajadoras dependientes del grupo mediático.
Persecución laboral, una forma de aleccionamiento
Santiago Ortíz, Secretario General del Sindicato de Periodistas del Paraguay, relató que el gremio tomó conocimiento de las denuncias en 2022 y, desde entonces, buscó establecer un diálogo con la empresa, pero ésta nunca respondió. Dijo que ante la falta de apertura de la empresa, recurrieron al Ministerio del Trabajo con denuncias concretas de trabajadoras para solicitar una Mesa Tripartita y la empresa tampoco se presentó.
Ortíz señaló que varias trabajadoras dieron testimonio al gremio sobre cambios de horario o de funciones, suspensiones, desvinculaciones injustificadas inmediatamente después de las denuncias y que, para el Sindicato estas prácticas configuran una clara persecución. También contó que ante la ausencia de la empresa se solicitó una fiscalización que se llevó a cabo posteriormente.
Lorena Romero, ex trabajadora de la multinacional de medios contó en primera persona que a ella, luego del escándalo de Granada, le cambiaron de horario y le pusieron a trabajar de madrugada; le cambiaron de un canal a otro, le suspendieron sin goce de sueldo, de forma arbitraria y la hostigaron, según dijo a través de la jefa del área de Recursos Humanos, Fátima Aquino, quien le mandaba mensajes llamándole la atención de forma constante.
Lo descrito por Ortiz y Romero, consta también en denuncias formales hechas por trabajadoras y ex trabajadoras ante el Ministerio del Trabajo, Empleo y Seguridad Social, en ese entonces a cargo de Carla Bacigalupo.
Yo te creo, el espacio de organización y el pecado
La querella mantuvo la línea principal de su estrategia de indagar qué decía Angie Prieto en el grupo de Whatsapp denominado «Yo te creo», un espacio que tenían las periodistas del grupo mediático para conversar sobre las denuncias que estaban apareciendo contra el entonces gerente de prensa Carlos Granda, ahora procesado por acoso y coacción sexual.
«¿Dijo Angie Prieto que Marcelo Fleitas encubría a Granada o los casos de acoso?» «¿Se quejó de Marcelo Fleitas o de la empresa?» (sobre cómo manejaron el caso) «¿Recuerda si Angie Prieto alguna vez manifestó que la administración del canal es injusta con ella o con ustedes?», fueron algunas de las preguntas expresadas por los abogados de Fleitas.
Hasta el final de la tercera audiencia testificaron doce personas, cinco por parte de la querella y siete por parte de la defensa y ninguna afirmó, recordó o dijo que le consta que Angie Prieto haya hecho alguna declaración que resultase injuriosa contra Fleitas.
Asimismo, ninguno afirmó o dijo que le consta que Angie haya escrito la nota enviada desde la Red de Mujeres Periodistas y Comunicadoras del Paraguay al principal accionista del grupo, Remigio Ángel González y otros altos cargos, para pedir que un auditor de su confianza venga a Paraguay a tomar medidas respecto a los despidos después de que saltaron las denuncias.
La nota fue enviada desde el correo de la Red y no fue firmada por Angie Prieto, sin embargo la querella insiste en atribuirle la elaboración y envío. Una de sus testigos manifestó que recordaba la nota, que Angie “estuvo en ese proceso”, pero que pudo precisar si ella u otra persona la escribió.
Lo que sí manifestaron varias testigos de ambas partes y que participaron del grupo, es que se trató de un espacio para brindarse apoyo, consuelo, hacer catarsis porque todas estaban muy incómodas por las denuncias, que consideraban que había injusticias porque además de Carlos Granada, los gerentes Andrés Cayo del Puerto y Daniel Gómez también fueron denunciados, pero según dijeron las medidas con ellos no fueron adecuadas o suficientes.
«El problema es que hay una amnesia generalizada»
Al finalizar las testificales la magistrada consultó a las partes si quieren seguir con las testificales o van a desistir de algunos de ellos. Ante esto, uno de los abogados de la querella se quejó de que «el problema es que hay una amnesia generalizada», en referencia a que ninguno de las o los testigos afirmó lo que ellos intentan probar. Dijo que en esa circunstancia no podía decidir.
La audiencia continuará después de semana santa, el 3 de abril a las 10 AM y, en caso de que no se pueda terminar ese día, proseguirá el 4 de abril a las 8:30 AM en el Palacio de Justicia de Asunción.
¡Las periodistas ya no se callan!
*Este material forma parte de la serie Las periodistas ya no se callan, impulsado por la Red de Mujeres Periodistas y Comunicadoras en alianza con Revista Emancipa Paraguay.
¡El pueblo unido, jamás será vencido! coreaban mujeres, hombres, jóvenes mientras marchaban desde el Seminario Metropolitano (Asunción, Paraguay) rumbo a la Plaza ubicada frente al Congreso Nacional.
La trigésima edición de la Marcha Campesina, Indígena y Popular inició a las 08:00 y fue encabezada por los pueblos indígenas y las mujeres nucleadas en la Federación Nacional Campesina (FNC). Este año el lema dice: Por tierra y producción, contra todas las injusticias.
La Federación Nacional Campesina nuclea a pobladores de 10 departamentos del país, entre ellos Concepción, San Pedro, Caaguazú y Caazapá. Sus reclamos históricos, como la falta de tierra para el campesinado y los pueblos indígenas, siguen sin ser atendidos.
Teodolina Villalba, lideresa campesina explicó que en esta ocasión son las y los indígenas quienes encabezan la movilización, seguidos por las mujeres que forman parte de FNC, porque «las y los indígenas son los más discriminados en nuestro país y en segundo lugar las compañeras, que día a día son criminalizadas, que sufren violencias en sus trabajos cuando son acosadas, que no tienen acceso a salud, educación, pero lo más grave son los feminicidios».
Columna de mujeres marchando en XXX Marcha Campesina, indígena y popular.
Villalba relató que sus principales reivindicaciones «para esta marcha número treinta es la tierra, la producción y contra todas las injusticias, porque nuestro pueblo cada vez pasa más injusticias. Y no solo campesinos e indígenas tienen problemas en nuestro país, sino además muchos trabajadores no tienen acceso a derechos. Por eso marchamos todos juntos».
Teodolina Villalba, lideresa campesina.
La columna de las juventudes de la FNC, entre colores y fuerza coreaban:
¡Mariscal López murió por la patria, Santiago peña traidor vende patria!
¡Che kuerai, ni trabajo nada topai! (estoy cansada/cansado ni un empleo puedo encontrar)
Reinalda Paniagua es sampedrana y tiene 17 años, dice que este año participa de las movilizaciones porque está cansada de las injusticias: «veo muchas injusticias y marcho para denunciar a este gobierno corrupto. Porque hoy en día hay muchísimas violencias que pasan mujeres, casos de niñas embarazadas. Falta acceso a salud y principalmente a educación, porque acá es ceroite, no hay educación».
Reinalda Paniagua.
Las mujeres indígenas también marcharon desde la avenida Kubitschek, pasando por la avenida Eusebio Ayala, luego General Aquino, Félix de Azara, General Díaz y Chile, hasta la Plaza Frente al Congreso Nacional, donde hicieron escuchar sus reivindicaciones.
Lisandra Romero (18), acompañó la movilización con su pequeño bebé en brazos. Ella es de la comunidad Yvy Morotí, ubicada en el departamento de Caaguazú, uno de los territorios con los índices de pobreza más altos del país.
Lisandra Romero.
«Yo marcho porque queremos mejor precio para la mandioca, no queremos pagar luz ni agua, porque no tenemos para pagar», dijo la joven.
No los detuvo ni el calor, ni la lluvia o el viento
En Asunción, capital de Paraguay, no llovía desde hace semanas, el calor superaba los 40° a diario, pero este miércoles los miles de campesinas, campesinos y toda la ciudad recibieron una copiosa y aliviadora lluvia. A pesar de ello siguieron marchando hasta la Plaza de Armas, donde se llevó a cabo el acto central. En el lugar denunciaron la falta de transparencia en la justicia, cuestionaron el significativamente corrupto gobierno que está plagado de prácticas autoritarias.
«Nosotros venimos a decir que el campesinado está en alerta, porque vamos a defender las libertades, la libertad de organización, el proceso democrático y la institucionalidad», señaló el dirigente campesino Marcial Gómez.
Emancipa galardonó el trabajo de cinco periodistas de cuatro medios de comunicación que elaboraron materiales sobre el trabajo doméstico no remunerado, en el marco del Concurso Nacional de Periodismo Cuidar a las que Cuidan. Las publicaciones periodísticas fueron especiales en la semana del Día Internacional de la Mujer Trabajadora que se celebra cada año el 8 de marzo.
Del evento de premiación participaron Angelina Stirling, Noelia Díaz Esquivel, Rocío Pereira Da Costa (Jurada), Romina Cáceres (Jurada), Flavia Borja, Mónica Bareiro, Emilia Yugovich y Juliana Quintana.
El jurado a cargo de evaluar los trabajos está compuesto por personas externas a nuestra organización, quienes generosamente han cedido su tiempo y conocimiento para leer, escuchar y ver los trabajos entregados. Las integrantes del Jurado fueron Rocío Galiano Marés, Representante Nacional del Fondo de Población de Naciones Unidas en Paraguay; Rocío Pereira Da Costa, periodista de Telefuturo y Romina Cáceres Morales, editora editorial en El Surti.
El primer puesto fue para la serie de publicaciones elaborada por Gladys Benítez Prieto para ABC Color, en formato prensa escrita y televisión. Fueron cuatro materiales en los cuales, a partir de su experiencia y la de otras mujeres, Gladys le pone rostro, voz, humanidad, a los datos de los estudios y al análisis de expertas sobre la contribución de las mujeres a la economía paraguaya, mediante el trabajo que hacen en sus casas y por el cual no reciben ninguna remuneración.
La experiencia propia contada en un coro de mujeres que son madres, cuidadoras, trabajadoras dentro y fuera de la casa, evidencian aquellos números que, a muchos resulta lejano, pero no son más que la evidencia técnica, dura de aquellas historias que cuentan nuestras amigas, madres, hermanas y otras mujeres que, sin saberlo, contribuyen a la economía cada vez que cocinan el almuerzo en sus casas.
El segundo puesto fue para un equipo compuesto por Arami Villalba y Jorge Usher, quienes produjeron para el Holding Paraná, el reportaje audiovisual “Veinticuatro Siete” en el que condensan las historias de mujeres que trabajan sin remuneración alguna cuidando a sus hijos, a sus madres, a sus maridos. Un relato sencillo y conmovedor donde cualquiera de las protagonistas podría ser una u otra, porque todas sienten lo mismo: el trabajo de la casa no termina nunca, no tiene límite de espacio, de tiempo y además no se reconoce.
El tercer puesto fue para el podcast “Cuidando a las cuidadoras: Cómo valorar un trabajo invisible, pero esencial” de Desiree Esquivel del medio El Otro País. En este material la pregunta obligada es ¿Quién cuida a los niños y niñas si mamá o mamá y papá deben salir a trabajar para tener ingresos suficientes y no hay otra persona que pueda hacer el trabajo no remunerado? Y entonces se puede notar la importancia de las políticas y programas promovidas desde el Estado para con las familias. Un material ameno, tierno e interpelante sobre cómo nos organizamos como sociedad a la hora de cuidar.
Equipo del medio digital “El Otro País”, ganadores del tercer puesto del concurso. Andrés Colmán Gutierrez, Graciela Galeano, Desireé Esquivel y Ylda Rodríguez.
También se incluyó una Mención de Honor para el reportaje “Mujeres que cuidan: La carga silenciosa del trabajo doméstico no remunerado” escrito por la periodista Irma Oviedo para el diario Última Hora. Probablemente la historia de la protagonista muestra claramente ese “pico en la curva” del cuidado que se da cuando las mujeres están cerca o han alcanzado la tercera edad, pero deben hacerse cargo de sus propias madres. Esta historia es el rostro de miles de familias en el Paraguay.
También formaron parte del concurso otros valiosos trabajos:
El artículo “Esas otras maternidades: Cuidar desde el amor y la resistencia” publicado en El Otro País por Lía Benítez Flecha y Patricia Gómez Peña, aborda una situación que no es nueva, pero de la cual se habla aún menos, cómo es cuidar, maternar y sostener la vida para madres lesbianas y bisexuales. Acercan historias de mujeres que desafían los mandatos, muchas veces en soledad, para vivir libres mientras también ejercen su derecho a ser madres.
El artículo “Ser abuelas sin protección social en Paraguay” publicado en Puente Comunicación Sin Fronteras, aborda el trabajo no remunerado desde la mirada de aquellas abuelas que, en muchos casos desde muy pequeñas, han cuidado a otros y lo siguen haciendo cuando son adultas mayores, pero, sin embargo, muchas veces no tienen recursos económicos tan siquiera para cubrir sus medicamentos. La periodista Sofía Masi, autora del material, acerca historias de vida que dan fe del enorme trabajo de las mujeres que, en muchos casos, terminan cuidando a sus familias y hasta a su comunidad.
La contribución social del trabajo no remunerado, realizado principalmente por mujeres, es enorme. Y sin ella no sería posible la vida. Es lo que nos deja el material producido por Pablo Gastón Ortíz para Visión Comunicaciones de Villarrica.
“Feministas en el Paraguay de los 80’s: Un pacto de cuidados como resistencia” se titula el artículo escrito por Alejandra Sosa Benítez y Belén Núñez para El Otro País. En este material se hace un rescate histórico, a través de la historia de tres mujeres luchadoras, sobre la lucha feminista en Paraguay y además, en un momento nada fácil como lo fue la década del 80’ cuando todavía existía dictadura militar en el país.
“Cuidados invisibles: transformando la narrativa de la distribución de responsabilidades”, escrito por Fabiola Méndez abarca todo lo trabajado a nivel de políticas en torno al trabajo no remunerado, a través de datos y también con historias de vida.
Hace más de diez años, unas diez mujeres indígenas comenzaron a reunirse cada tarde para hablar sobre lo que les pasa, sobre sus derechos, sobre lo que pueden hacer por sus hijos. Así nació el “Comité de Mujeres Kuña Guaraní Katupyry” en la comunidad indígena Santa Teresita del distrito de Mariscal Estigarribia, en el departamento de Boquerón. Ahora, se reúnen tres veces a la semana.
Las hermanas Teresa y María Dolores Atirillo forman parte de la vieja guardia. Las primeras. María Dolores es la que le pide a cada autoridad, cada visita, que escriba en el libro de actas lo que se habló en la reunión. «Acá recibimos a todos y les pedimos que escriban para qué vienen. Eso es nuestra memoria y también nos sirve para darnos cuenta cuánto avanzamos y cuánto retrocedemos», dice María Dolores. Ella tiene 72 años y mucha lucha por los derechos de las mujeres en su comunidad.
«Tenemos nuestro local. Que mandamos a construir y es un lugar donde venimos las mujeres para conversar, para escucharnos, aquí venimos a compartir nuestras penas y nuestras alegrías. Hacemos pan por las tardes. Tres veces a la semana hablamos de nuestras necesidades, de qué podemos hacer, de nuestro trabajo y de todo un poco», cuenta en guaraní María Dolores.
«Encontrarse con otras mujeres puede cambiar la vida. No solamente nos ayudamos en algunos casos de enfermedad. También en algunos momentos cedemos nuestro espacio para niños y adolescentes para aprender sobre computación. Si hay alguna necesidad, este es nuestro lugar», cuenta otra participante, Angela Fernández. «Un día me invitó mi hermana y yo decía ¿Qué es lo que van a hacer ahí?. Pero me gustó y nunca más dejé la organización», recuerda.
La casa es pequeña, pero acogedora. Tiene unas sillas y luz natural. Afuera una entrada de plantas conduce a la puerta. Las mujeres bromean y ríen en guaraní.
«Queremos ser independientes. Tener ingresos propios. A veces, cosemos sábanas, almohadas, aprendemos cosas entre nosotras. Nuestras compañeras nos enseñan lo que saben hacer. El año pasado hablamos con mi hermana, Rosalina Fernández, porque ella todavía sabe hacer tapetes de hilo de lana de oveja», cuenta Marciana Fernández, que antes también se dedicaba a lavar ropas de algunos trabajadores de las estancias. Hasta hace poco, el transporte utilizado por muchas personas para movilizarse de un lugar a otro era el caballo.
Trabajos realizados por las mujeres de “Comité de Mujeres Kuña Guaraní Katupyry”.
Santa Teresita es una comunidad ubicada en el distrito de Mariscal Estigarribia. Antes en esta zona sólo había un destacamento militar y algunas familias indígenas. El caballo también era un importante medio de transporte y Rosalina Fernández era quien hacía las “jergas”, un tapete de hilo de lana de oveja que sirve para proteger el lomo del caballo a la hora de colocar las monturas hechas de hierro y cuero.
Rescatando los saberes
«Es ya difícil y casi ya no hay artesanas en nuestra comunidad que trabajen con materiales extraídos de la naturaleza, porque la materia prima está en escasez porque en los últimos tiempos hay demasiado calor» cuenta Ninfa Valdez, quien participó de las clases de Rosalina Fernández. «Me parece interesante rescatar los saberes de las mujeres y aprender juntas. Esto es lo que intentamos hacer en el Comité de Mujeres Kuña Guaraní Katupyry, además de buscar un ingreso para nuestras familias», cuenta Ninfa.
Ninfa y Celsa Fernández también forman parte del comité.
Lucía Martínez tiene 54 años y cuenta que mediante las manualidades se busca no perder los diseños y aprender nuevas técnicas. A ella le gusta el crochet-
Celsa Fernandez, tiene 60 años y el espacio es un espacio para el encuentro, para la conversación entre vecinas. «Acá conversamos sobre cómo podría haber una ley para favorecer a las mujeres indígenas», dice.
En el 2023 intentaron sostener una huerta pero no prosperó. «Convivir con la falta de agua es una realidad que vivimos aquí. Aunque hemos logrado tener un sistema de agua potable también gracias a que las mujeres nos organizamos, alcanza para el consumo, pero no para la huerta», explica.
Ingresos comunes que permitieron repuntar la organización
Desde que trabajamos con la Organización de Mujeres Indígenas Guaraní (OMIG) donde participamos en un espacio más amplio, hicimos muchas cosas para intentar tener ingresos. «Gracias a que recibimos mediante el proyecto insumos como telas, hilos y otras cosas, logramos hacer un sistema de pequeño emprendimiento de la organización: hicimos sábanas, almohadas, fundas. La lógica era: hacer dos de cada creación, sean sábanas, ropas, fundas o cortinas y con cada cosa que se vendía, uno era para quien hacía y el segundo era para la organización. Entonces, lo que logramos es volver a tener electricidad en nuestro local. Ya que teníamos una deuda de casi 6 millones de guaraníes en electricidad en el local y logramos resolver esta problemática», cuenta María Dolores.
«Esos ingresos fueron muy importantes para nosotras, para nuestras familias. Pero ahora, necesitamos volver a tener los insumos, porque lo que ganamos, empleamos en pagar la electricidad y algunos arreglos y ayudar a alguna compañera enferma», explicó.
Intercambio con Mujeres de Bolivia
Desde la Guerra del Chaco(1932-1935), existen destacamentos militares en ambos países en esta zona de frontera. Sin embargo, las mujeres indígenas guaraníes, de Bolivia y de Paraguay, se visitan, se encuentran, se capacitan en medio ambiente, en derechos humanos y se intercambian experiencias.Las mujeres indígenas contribuyen a la paz y la hermandad de los pueblos.