Homenaje al 90 aniversario de Seis poemas galegos de Lorca en Santiago

Isaac

Aniversario Seis poemas galegos

El 90 aniversario de la impresión de «Seis poemas galegos«, la única obra que Federico García Lorca publicó en una lengua distinta al castellano, se ha convertido en el eje de un emotivo homenaje en Santiago de Compostela. La ciudad ha querido subrayar no solo la relevancia literaria del poemario, sino también su peso simbólico en la historia cultural y lingüística de Galicia.

En un acto promovido por el Ayuntamiento de Santiago y Alvarellos Editora, instituciones, mundo editorial y ciudadanía se reunieron para recordar la fecha en la que, según el colofón de la edición original, se dio por concluida la impresión del volumen: el 27 de diciembre de 1935. La conmemoración ha servido para rescatar el contexto en el que nació el libro y la colaboración entre Lorca y el editor gallego Ánxel Casal.

Un homenaje en el corazón histórico de Santiago

El acto central tuvo lugar en la rúa do Vilar, número 15, en pleno casco histórico de Santiago de Compostela, el mismo punto en el que se imprimió por primera vez «Seis poemas galegos». El espacio fue en su día sede de la Editorial Nós, fundada por Ánxel Casal, y reabrió de forma excepcional para albergar esta celebración, devolviendo durante unas horas al lugar su antigua función de foco cultural.

Según explicó Alvarellos Editora, la actual propietaria del local, sobrina de quien lo alquiló a Casal en 1933, cedió el inmueble de manera generosa para este aniversario, lo que permitió recrear de algún modo el ambiente en el que se gestó la primera impresión del libro. Para muchas de las personas asistentes, entrar en ese espacio supuso una especie de viaje en el tiempo a los años treinta gallegos.

La alcaldesa de Santiago, Goretti Sanmartín, participó en el acto junto al editor Henrique Alvarellos, responsable de una reedición de «Seis poemas galegos» publicada en 2018. Ambos intervinieron para poner en valor la significación literaria, histórica y política del poemario dentro de la trayectoria de Lorca y del proyecto cultural gallego de la época.

La conmemoración contó también con acompañamiento musical a cargo de Uxía Senlle y Pablo Novoa, que aportaron una dimensión más íntima a la cita. Las piezas escogidas contribuyeron a subrayar el vínculo afectivo entre la obra de Lorca y la sensibilidad gallega, reforzando la idea de diálogo entre culturas que atraviesa todo el proyecto de «Seis poemas galegos».

Lorca, Casal y la revitalización de la lengua gallega

En sus palabras, Sanmartín reivindicó el trabajo conjunto de Federico García Lorca y Ánxel Casal como una pieza clave en la revitalización de la lengua gallega durante los años previos a la Guerra Civil. Según la regidora, ambos formaban parte de un sector vanguardista de la sociedad, la generación del 27 que apostaba por dar más visibilidad a las lenguas propias del Estado y por ensanchar el espacio cultural más allá del castellano.

La alcaldesa recordó que Lorca viajó en cuatro ocasiones a Galicia, siendo la primera de ellas en 1916, cuando apenas tenía 18 años y todavía se dedicaba principalmente al piano. Aquella primera estancia, y las que vinieron después, le dejaron una profunda huella emocional y creativa, hasta el punto de que terminó escribiendo un libro completo en gallego, algo excepcional en su producción.

El poemario, según subrayó Sanmartín, refleja con claridad la influencia de Rosalía de Castro, figura esencial de la literatura gallega. La presencia de ecos rosalianos en la obra de Lorca se interpreta como muestra del respeto con el que el granadino se acercó a una tradición literaria ajena, que asumió desde el conocimiento y la admiración.

El hecho de que «Seis poemas galegos» constituya el único libro de Lorca escrito en una lengua distinta al castellano lo convierte en una pieza singular dentro de su legado. Para la alcaldesa, este gesto testimonia una clara apuesta por la permeabilidad entre idiomas y por la diversidad cultural dentro de España, en un momento histórico en el que estas cuestiones adquirían un fuerte contenido político y simbólico.

Un ejemplo de inmersión cultural y compromiso social

Durante el acto, Sanmartín definió el libro como un ejemplo especialmente valioso de «inmersión cultural». A su juicio, la obra demuestra la capacidad de un creador para adentrarse en una cultura inicialmente ajena y hacerla suya mediante la escritura, siempre desde el respeto, el estudio y el afecto por la lengua y la gente que la habla.

La alcaldesa quiso extender ese reconocimiento también a la figura de Ánxel Casal como editor, recordando que su objetivo era que cada vez hubiera más libros en gallego y mayor prestigio para el idioma. En ese contexto, cada nueva publicación se vivía como una pequeña conquista compartida, casi como una fiesta colectiva en favor de la lengua.

Sanmartín estableció además un paralelismo entre la actitud de Lorca y la de las Irmandades da Fala, especialmente en la defensa del teatro como género de transformación social. Recordó que el poeta y dramaturgo llevó a Santiago su compañía universitaria La Barraca en 1932, con una representación en la Praza da Quintana, donde acercó el teatro clásico a sectores populares que normalmente no tenían acceso a esas obras.

En palabras de la regidora, aquella experiencia escénica ejemplifica la convicción de Lorca de que la cultura debía llegar a todas las capas sociales como herramienta de progreso. Esa visión entronca con muchas ideas del galleguismo de la época, que veía en la educación, el libro y el teatro instrumentos fundamentales para modernizar el país.

Memoria, represión y legado en la ciudad

El recuerdo del 90 aniversario de «Seis poemas galegos» también dejó espacio para la memoria histórica y la reflexión sobre la represión. Sanmartín mencionó la muerte violenta tanto de Federico García Lorca como de Ánxel Casal tras el golpe de Estado de 1936, subrayando el impacto duradero que estos asesinatos tuvieron en la sociedad gallega y española.

La alcaldesa enmarcó estas muertes dentro de la represión derivada del levantamiento militar de 1936, que dejó una huella profunda durante la Guerra Civil y la posterior dictadura. A su juicio, recordar el poemario implica también reconocer a quienes arriesgaron y perdieron la vida por defender proyectos culturales y políticos abiertos, plurales y democráticos.

En la propia ciudad de Santiago, una estatua de Lorca en el paseo de la Alameda evoca la estrecha relación del poeta con Galicia. Junto a ese monumento, se celebra cada año un homenaje en su memoria, que se suma ahora a esta conmemoración específica del libro en gallego, reforzando la presencia de su figura en el imaginario colectivo compostelano.

Esta combinación de acto institucional, memoria literaria y recuerdo de la represión situó el aniversario más allá de una simple efeméride editorial. Para muchos asistentes, la cita sirvió también para repensar el papel que la literatura y la edición tuvieron —y siguen teniendo— en la construcción de una sociedad más abierta y respetuosa con sus diversas lenguas.

El 90 aniversario de «Seis poemas galegos» se ha convertido así, en Santiago de Compostela, en una ocasión para redescubrir la alianza entre Lorca y Galicia, poner en valor el trabajo de Ánxel Casal y de la Editorial Nós, y recordar cómo un libro en gallego nacido de la mano de un poeta andaluz puede simbolizar, todavía hoy, la fuerza de los intercambios culturales y la vigencia de la diversidad lingüística en España.


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Nacho Vergara

NOMBRE: Nacho
APELLIDOS: Vergara
LUGAR DE NACIMIENTO: Albacete
FECHA DE NACIMIENTO: 1990
PROFESIÓN: Artista
 
 
 
 
 
De Nacho Vergara, nuestro último fichado de este año, os hemos hablado en dos ocasiones recientes: ha sido uno de los finalistas del último Premio BMW de Pintura, y por esa razón su trabajo seleccionado se expone hasta el próximo febrero de 2026 en Conde Duque, y también forma parte de los jóvenes artistas realistas que, tras ser escogidos en un certamen del MUREC, muestran su obra hasta el 11 de enero en ese centro almeriense.
Vergara, licenciado en Bellas Artes por el CES Felipe II de la Universidad Complutense, nos ha enseñado su producción desde hace cerca de quince años en espacios como 6a galeria art (Palma de Mallorca), el Centro Cultural Villa de Móstoles, la Facultad de Bellas Artes de la UCM, la galería Jorge Alcolea (Madrid), la Sala Nonell (Barcelona), la galería Léucade (Murcia), el Palacio de Congresos de Castellón, la Shanghai Gallery of Art de esa ciudad china, el Yu Hsiu Museum de Taiwán, el Aotu Studio de Pekín, la Galleria360 de Pekín, el Ateneo Albacetense y el Ayuntamiento de esa ciudad o la Fundación Mascort de Torroella de Montgrí.
Ha obtenido primeros premios en el VIII Curso de Realismo y Figuración del Museo Ibáñez de Olula del Río, el Premio de Pintura de la Fundación Mainel o el Premio Internacional de Pintura Ciudad de Alcázar (en la modalidad correspondiente a la Diputación de Ciudad Real), un segundo en el Premio Antonio López de Pinto, y ha sido seleccionado, entre otros galardones, en los fondos de adquisición del LV Concurso-Exposición de Pintura y Dibujo Ciudad de Tomelloso, en el 77 Concurso de Pintura de Valdepeñas o el mencionado Premio BMW. Sus becas y residencias, además de en nuestro país, las ha desarrollado en China, Taiwán o México.
Nacho Vergara se incorpora a esta sección porque queremos conocer mejor las razones de su fidelidad a la pintura figurativa, las narrativas subyacentes en sus composiciones (vinculadas a las relaciones entre los objetos entre sí y entre éstos y el ser humano) y el origen del lado turbador que puede atisbarse en algunos de sus trabajos.
Nacho Vergara. El caballero de la Blanca Luna
Sobre sus inicios, nos explica Nacho que tuvieron que ver con el respaldo de premios y encargos, tras haber descartado la docencia: Terminé Bellas Artes y, como casi todo el mundo que termina una carrera, me encontré ante un vacío. ¿Qué hacer con mi vida? ¿Ahora qué? Después de veintitrés años siguiendo direcciones y acatando órdenes tanto de mis profesores como de mis padres, ahora se suponía que yo sabía qué hacer a continuación. Así, por ciencia infusa.
Terminé por hacer un pacto con mis padres: hacer el máster de profesorado en Cuenca, pero con la condición de instalarme en una casa donde pudiera también tener mi estudio. Cuando no estaba estudiando estaba pintando. Durante el máster una cosa me quedó clara: lo último que quería hacer era enseñar. Un autorretrato que pinté durante esos meses fue premiado con una adquisición en un premio de pintura y con ese dinero y algo que tenía ahorrado (no superaba los 2.000 euros) me fui a Madrid a probar suerte. Para sobrevivir, el primer año estuve dando clase en una academia de pintura, pero cuando me empezaron a llegar algunos encargos lo dejé. De aquello hace ya más de diez años.
Nacho Vergara. El que quiere dejar de hacerse preguntas que deje de buscar respuestas
El centro de sus intereses, nos explica, es la propia pintura y sus procesos y sus temas alientan el despliegue de sus obras desde un punto de vista matérico y formal: La plástica lo vertebra todo. La pintura en sí misma, entendiéndola como un músico entiende el sonido. Suculenta en algún sitio, seca en otros, cortante, suave, degradada, dura… todos estos adjetivos señalan las cadencias y requiebros que hilvanan la lectura abstracta de un cuadro.
Con ese punto de partida, me fijo en temas figurativos que potencian y son potenciados, a su vez, por este gusto por la pintura como materia. Ahora, por ejemplo, estoy pintando sobre algunos disfraces y trajes que se usan en diferentes partes del mundo, sobre todo el norte de España, el sur de México y algunas partes de Europa del Este. El tema, ya de por sí, me parece interesantísimo y de rabiosa actualidad, como se suele decir.
Dentro del ser humano siempre habrá un espacio libre para algún tipo de fe, con la que se relacionan. Si no es una, será otra. Ser consciente de ello me parece muy beneficioso para vivir profundamente y, sobre todo, para estar alerta a los dogmas que existen en todas las ramas (incluso en la científica) y elegir bien en qué creer. 
La plástica lo vertebra todo. La pintura en sí misma, entendiéndola como un músico entiende el sonido. Suculenta en algún sitio, seca en otros, cortante, suave, degradada, dura…
 
Nacho Vergara. Imperio
Nacho Vergara. Razones para quemar el mundo
Sus técnicas predilectas son aquella en la que, de forma más evidente, puede trabajar con la materia y otra en la que ésta apenas se deja notar. El uso del color le sirve para poner en cuestión las lecturas primeras de nuestra mirada: Al hilo de lo que comentaba antes, del interés por la plástica y la pintura: la imagen y la materia son inseparables, pero son disociables. Esto quiere decir que en nuestra cabeza podemos pensar en una aislándola de la otra.
Digo esto porque yo trabajo óleo y acuarela fundamentalmente. La parte del óleo me da la capacidad de expresar todo lo que hemos hablado antes: hacer una pintura casi háptica, que puedas sentir en los dedos sólo con la mirada. Ésta sería la parte matérica de la pintura, pero, a su vez, esta materia crea una imagen. En cambio, con la acuarela, ocurre lo contrario: la materia es casi inexistente, el pigmento se cuela por el papel y no hay una capa tridimensional perceptible.
Mi pregunta en ese caso es: si me quito la pata de las texturas, la pincelada expresiva, la huella, etc., ¿cómo hago para hacer una imagen que atraiga y que enganche? ¿es suficiente la imagen? ¿cuál es mi respuesta ante ello?
A lo que he recurrido en este caso es a la tensión del color. Pinto personas al sol del verano. Cada una recibe la luz a su manera, y sobre este tema empiezo a construir. Estiro los colores de la piel y las fronteras del dibujo, pero con la intención de que estas tensiones actúen en segundo plano, a soto voce. Creo que lo consigo porque la gente me suele decir al principio: “Hala, ¡parece una foto!”. Pero sólo hace falta preguntarles: ¿de verdad? ¿has mirado bien? Y entonces se acercan y ven que un labio está completamente difuminado con los dientes, o que hay colores imposibles en el rostro, o que una barba funciona como una nube. Y ahí empiezan a cuestionarse también por qué han pensado en la fotografía cuando no tiene mucho que ver.
Lo que en realidad me quieren decir con esa frase es que se les hace muy natural al ojo, que entienden la luz y la sensación de una persona bajo el sol del verano. 
Nacho Vergara. Chacha
Nacho Vergara. Ana
Entre sus referentes, cita Vergara a pintores de todas las generaciones, pero nos habla también de literatura y cine: Vengo de muchos lados y todo me lo llevo a la pintura de alguna u otra manera. Me pirra el flamenco, Alt-J, Extremo, Vetusta Morla, Sorrentino (sobre todo La Gran Belleza y The Young Pope), Miguel Noguera, hasta la temporada 6 de Rick&Morty…
Pero, si hablamos de pintura, pues la verdad es que de todo. Desde los clásicos como Velázquez, los contemporáneos como Euan Uglow o Antonio López hasta mis compañeros actuales, como Jacobo Alcalde o Ellen Akimoto. Todo me da ideas y todas las desarrollo a mi manera, siempre procurando mantener mis distancias y tratar de proponer alguna configuración nueva en mis obras. Sobre todo, miro a gente que sigue en activo y que admiro. 
Nacho Vergara. Tío
Nacho Vergara. Jacobo
Sus próximos pasos serán internacionales, y no sólo como artista: Hasta finales de enero ahora se puede ver la exposición del 40º Premio BMW en el Centro Conde Duque, donde fui seleccionado este año.
También estoy preparando una colectiva en el museo Yu Hsiu de Taiwan para el 2027 sobre la mejor pintura figurativa contemporánea española. Junto a Jacobo Alcalde estamos pensando en cómo se agruparían los pintores que nos interesan tanto, individualmente, hoy en día: qué tienen en común, cómo tocan la pintura, qué temas tratan, de qué escuelas vienen (si es que vienen de alguna)… Todo eso. La idea es itinerar la exposición por otras partes del mundo. 
Podemos seguir sus pasos aquí: www.nachovergara.es
Nacho Vergara. Rafa
Nacho Vergara. El tamiz
Nacho Vergara. The skin beyond the skin
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5 libros sobre la naturaleza y el lenguaje

Tes Nehuén

La relación con la naturaleza en la literatura Desde sus orígenes, la literatura ha servido para imaginar mundos que, a su vez, exploren los límites y las posibilidades de éste. Escritores y escritoras han indagado sobre el comportamiento humano a través del oficio, ofreciéndonos reflexiones y una observación determinada sobre los acontecimientos de la Historia. […]


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Libros que Importan en Zaragoza: el amigo invisible literario que llena de lecturas la plaza del Pilar

Isaac

Libros que Importan en Zaragoza

La plaza del Pilar vuelve a convertirse estos días en un punto de encuentro para quienes viven los libros con especial intensidad. “Libros que Importan” regresa a Zaragoza con una nueva edición de su intercambio literario, un amigo invisible hecho de lecturas, dedicatorias y regalos envueltos en papel que ya forma parte del paisaje navideño de la ciudad.

Durante varios días, lectores de todas las edades se acercan a la caseta instalada junto al Belén del mercado navideño para entregar un ejemplar significativo y recibir otro a cambio. La mecánica es sencilla, pero el componente emocional tiene mucho peso: cada libro viaja acompañado de unas líneas manuscritas en las primeras páginas, donde se explican los motivos por los que esa obra ha sido importante.

Qué es “Libros que Importan” y por qué se ha hecho hueco en la Navidad zaragozana

“Libros que Importan” es un proyecto de animación a la lectura impulsado por la asociación Atrapavientos, con el respaldo del Ayuntamiento de Zaragoza, las Bibliotecas Públicas Municipales y el Ministerio de Cultura. Nació en diciembre de 2016 y, desde entonces, se ha consolidado como uno de los actos culturales más reconocibles del mercado navideño de la plaza del Pilar.

La propuesta se articula como un gran intercambio de libros en formato amigo invisible literario. Cada participante aporta un título que para él o ella tiene un valor especial, escribe una dedicatoria dirigida a una persona desconocida y lo entrega envuelto en la caseta de la actividad. A cambio, recibe otro libro que alguien ha escogido y dedicado con el mismo cuidado.

Según los datos aportados por Atrapavientos, el proyecto ha registrado ya cerca de 16.000 intercambios de ejemplares desde su puesta en marcha. Solo en la capital aragonesa, la última edición contabilizó alrededor de 1.300 libros entregados y recogidos, con una participación que ronda el 70 % de mujeres y una presencia creciente de familias completas que se acercan con varias generaciones a la vez.

Esta iniciativa no se limita a Zaragoza: “Libros que Importan” se ha celebrado en más de veinte localidades de España y del extranjero, entre ellas Ciudad de México, Estocolmo, Utrecht, Bilbao, Pedrola, Huesca o Riofrío de Aliste. Aun así, la plaza del Pilar sigue siendo uno de sus escenarios más emblemáticos y el lugar donde el proyecto se ha convertido, en palabras de sus responsables, en un auténtico clásico navideño.

El impacto no se mide solo en cifras. Para la organización y para quienes participan año tras año, la clave está en ese momento en el que se abre un libro y se descubre la dedicatoria de alguien a quien no se conoce. Esa mezcla de curiosidad, sorpresa y cercanía es la que ha hecho que muchos lectores repitan edición tras edición.

Intercambio de libros en Zaragoza

Fechas, lugar y horarios de Libros que Importan en Zaragoza

La nueva edición de Libros que Importan en Zaragoza se celebra del 26 al 30 de diciembre en pleno centro de la ciudad. La caseta se sitúa en la plaza del Pilar, junto a la salida del Belén del mercado navideño, un punto de paso constante para vecinos y visitantes.

El funcionamiento se mantiene estable respecto a años anteriores. Durante varios días, la caseta abre en horario de mañana y tarde, habitualmente de 11:00 a 15:00 y de 16:30 a 21:00 horas, permitiendo que tanto quienes se acercan por la mañana como quienes pasean al caer la noche puedan participar sin prisas.

La inauguración suele coincidir con uno de los primeros días fuertes del mercado de Navidad. Desde la apertura de la caseta se forman pequeñas colas de personas con sus libros envueltos bajo el brazo, ansiosas por saber qué título les tocará este año. Hay participantes veteranos que repiten desde hace varias ediciones y otros que se asoman por primera vez, animados por amigos, familiares o por la curiosidad que genera ver a tanta gente intercambiando paquetes.

El Ayuntamiento de Zaragoza respalda la propuesta desde sus inicios y, a través del área de Cultura y de la red de bibliotecas municipales, aprovecha estos días para acercar la vida de las 27 bibliotecas de la ciudad al público que pasa por la plaza del Pilar. Además de fomentar la lectura, se busca que el público conozca otros recursos y actividades que se desarrollan a lo largo del año.

Responsables institucionales, gestores culturales y representantes del sector del libro suelen pasar por la caseta durante estos días. Figuras como la consejera de Cultura o el director general de Cultura de la DGA han participado llevando sus propios ejemplares, en ocasiones vinculados al patrimonio aragonés, como libros sobre el monasterio de Sigena o publicaciones relacionadas con barrios de la ciudad como San José.

Caseta de Libros que Importan

Cómo participar paso a paso en el amigo invisible literario

Tomar parte en Libros que Importan Zaragoza es sencillo, pero conviene seguir bien los pasos para que el intercambio funcione y todo el mundo pueda disfrutar de la experiencia sin contratiempos.

Lo primero es elegir el libro que se va a entregar. No se trata de deshacerse de cualquier ejemplar que sobre en casa, sino de pensar en una obra que haya significado algo: una novela que marcó una etapa, un ensayo que hizo cambiar de opinión, un álbum ilustrado que se ha leído en voz alta muchas veces o un poemario al que se vuelve con frecuencia. Puede ser un libro propio, uno nuevo o incluso uno de segunda mano, siempre que tenga un sentido real para quien lo regala.

El segundo paso es escribir una dedicatoria en una de las primeras páginas. En ese texto se cuenta a la persona desconocida que lo recibirá por qué se ha elegido ese título, qué ha supuesto en la vida de quien lo entrega o en qué momento lo leyó. Esas líneas, que en muchos casos acaban siendo pequeñas historias personales, son el corazón del proyecto.

A continuación, es necesario rellenar el formulario de inscripción online en la web de la iniciativa. Al completar el registro se genera un código que llega por correo electrónico y que se pedirá al entregar el libro en la caseta. Durante este proceso, la plataforma ofrece la opción de adjuntar una fotografía de la dedicatoria, lo que permite participar en el concurso de mejores textos.

Una vez inscrito, toca preparar el paquete. El libro debe ir envuelto como si fuera un regalo navideño, poniendo especial cuidado en la presentación. Con el ejemplar ya preparado, el código en el correo y la dedicatoria escrita, solo queda acercarse a la caseta de la plaza del Pilar en los días y horarios establecidos. Allí, el equipo de Atrapavientos recibe el libro, comprueba la inscripción y entrega al participante otro paquete al azar, elegido de entre los aportados por el resto de personas.

El resultado es una especie de amigo invisible colectivo: nadie sabe quién recibirá su libro ni de quién viene el que se lleva a casa, pero todos comparten la misma voluntad de regalar una lectura que ha sido importante en algún momento de sus vidas.

Participantes en Libros que Importan

La importancia de la dedicatoria y el premio Matildas y Bastianes

Si hay un elemento que distingue a Libros que Importan de otros intercambios de libros, es la dedicatoria obligatoria que debe acompañar a cada ejemplar. No vale con entregar el libro sin más: el sentido del proyecto está en contar por qué ese título importa y en dirigirse de forma directa a la persona que lo recibirá.

La organización insiste en que “los motivos importan”. Esas palabras escritas en las primeras páginas son las que crean un vínculo, aunque sea breve, entre quien regala y quien recibe. Pueden ser recuerdos de una lectura adolescente, una recomendación para un momento vital concreto o simplemente una confesión de por qué esa historia acompañó durante una etapa determinada.

Para poner en valor este componente, Atrapavientos convoca cada año el Premio Matildas y Bastianes a la mejor dedicatoria. Quienes quieran optar a este reconocimiento deben subir una fotografía del texto que han escrito durante el proceso de inscripción online. Así, la organización puede leer y valorar las propuestas sin desvelar la identidad de las personas que participan.

La dedicatoria seleccionada recibe una estatuilla diseñada por la artista malagueña Pepa Muñoz, además de un cheque regalo para utilizar en la librería que elija la persona ganadora. Este formato permite que el proyecto apoye también a las librerías de cercanía, derivando parte del impacto del evento hacia el comercio local del libro.

Este premio se ha convertido en un aliciente añadido para muchas personas que cuidan especialmente lo que escriben. Más allá del reconocimiento, el concurso fomenta la creatividad literaria y anima a reflexionar sobre la relación personal que se mantiene con los libros: no solo se intercambian objetos, también se comparten experiencias, emociones y recuerdos.

Premio Matildas y Bastianes

Datos, lecturas más repetidas y mapa literario de Zaragoza

Cada edición de Libros que Importan deja tras de sí un rastro de datos que la organización aprovecha para dibujar un auténtico mapa literario de la ciudad. A partir de la información que se introduce durante el registro, Atrapavientos puede analizar qué títulos se mueven más, qué autores se repiten o cuál es el perfil aproximado de las personas participantes.

En una de las últimas ediciones celebradas en Zaragoza, participaron 1.282 lectores, de los cuales alrededor del 72 % eran mujeres. La mayoría de los ejemplares entregados eran libros que ya se encontraban en las estanterías de casa, aunque también aparecieron obras compradas expresamente para la ocasión. El género dominante fue la narrativa, pero se observó un aumento en la presencia de poesía y álbum ilustrado.

Entre los nombres propios más frecuentes destacan Isabel Allende como autora más intercambiada, seguida de Arturo Pérez-Reverte, Eduardo Mendoza y Carlos Ruiz Zafón. En cuanto a títulos concretos, se repiten con fuerza novelas como “Los pilares de la Tierra”, “El ocho” y “El diario de Ana Frank”, que parecen mantener su capacidad de conectar con distintas generaciones.

La organización elabora con todo ello un informe que permite observar cómo se lee en Zaragoza y qué obras siguen circulando con más intensidad. Para Atrapavientos, estos datos funcionan casi como una radiografía de los gustos lectores de la ciudad durante las fiestas navideñas, con particularidades que cambian ligeramente cada año.

Este seguimiento también ayuda a calibrar la evolución del proyecto. En la presente edición, el coordinador del programa, Jorge Gonzalvo, ha señalado que el número de intercambios se sitúa entre los 1.300 y los 1.500 libros solo en Zaragoza, lo que consolida la propuesta como una cita ya arraigada en el calendario cultural local.

Libros y dedicatorias en Zaragoza

Historias, participantes y salto a otras ciudades

Más allá de las cifras, cada edición de Libros que Importan deja anécdotas y pequeñas historias personales que dan cuenta del ambiente que se vive en la plaza del Pilar durante estos días. Pese al frío o a la lluvia propios de la época, el entorno de la caseta suele mantenerse animado, con lectores que se saludan, familias que comentan qué han traído este año y curiosos que se acercan a preguntar cómo funciona.

En anteriores ediciones han participado lectores anónimos junto a autores, periodistas y figuras destacadas de la vida cultural aragonesa. Algunos han llevado cómics sobre barrios de la ciudad ya agotados, otros han escogido novelas históricas vinculadas al patrimonio aragonés, y no faltan quienes apuestan por libros que han descubierto de forma casi azarosa y que les han marcado precisamente por haber llegado sin buscarlos.

Desde la organización se insiste en que el proyecto no se limita a la caseta de la plaza del Pilar. Atrapavientos lo concibe como parte de un programa más amplio, que incluye talleres, mediación lectora y actividades en colaboración con bibliotecas y entidades culturales a lo largo del año. El reconocimiento del Ministerio de Cultura, que otorgó a la asociación el Premio Nacional de Fomento de la Lectura en 2022, avala esta trayectoria.

El crecimiento geográfico de la iniciativa también es significativo. Después de nacer en Zaragoza, Libros que Importan fue extendiéndose a otras ciudades españolas y, más tarde, dio el salto internacional a lugares como Ciudad de México, Estocolmo o Utrecht. En los últimos tiempos se ha celebrado de forma presencial en municipios como Bilbao, Riofrío de Aliste, Pedrola o Huesca, y la intención de la organización es seguir tejiendo una red que pueda llegar próximamente a Madrid o Barcelona, además de otras localidades como Teruel.

En todos esos destinos se mantiene la misma filosofía: intercambiar libros que realmente importan, acompañados de dedicatorias que explican sus motivos. El formato se adapta al contexto local, pero la esencia —la lectura compartida como excusa para encontrarse— permanece intacta.

Ambiente navideño en Libros que Importan

La propuesta de Libros que Importan en Zaragoza muestra cómo un gesto tan sencillo como regalar un libro con una dedicatoria puede convertirse en una cita fija del calendario cultural. La combinación de apoyo institucional, participación ciudadana, cuidado por las librerías de proximidad y expansión a otras ciudades dibuja un proyecto que ha sabido encontrar su lugar en las fiestas navideñas, manteniendo el foco en lo esencial: las personas que leen, los libros que las acompañan y las historias que se comparten cuando esos ejemplares cambian de manos en la plaza del Pilar.


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“Ariel”: Shakespeare se cuela en una isla de cine europeo

Isaac

Ariel los personajes de Shakespeare en busca de una pelicula

En un rincón perdido del Atlántico, los personajes de Shakespeare parecen haberse quedado atrapados en una especie de bucle escénico sin fin. Esa es la poderosa premisa de Ariel, el nuevo largometraje de ficción del cineasta gallego Lois Patiño, que convierte las islas Azores en un territorio donde la literatura, el teatro y el cine se cruzan sin pedir permiso.

Lejos de la típica adaptación académica, la película levanta un dispositivo muy libre inspirado en “La tempestad” y en otros textos del bardo inglés. Lo que arranca como el viaje de una actriz para participar en una obra se transforma pronto en una experiencia metanarrativa, fantasmagórica y juguetona, donde la propia idea de personaje, autor y espectador se pone en cuestión de manera constante.

De “La tempestad” a una isla poblada de fantasmas shakesperianos

La tempestad se ha considerado durante décadas una de las piezas más crípticas y enigmáticas de Shakespeare, y también una especie de despedida del autor a través de la figura de Próspero. Ese universo mágico y ambiguo es el que toma como punto de partida Lois Patiño, que ya había tanteado este territorio junto al argentino Matías Piñeiro en el cortometraje Sycorax (2021), centrado en la hechicera apenas visible en la obra original.

En Ariel, el foco se desplaza hacia el espíritu del aire que da título a la película. El cineasta gallego recoge el eco de Sycorax y de la propia isla de Próspero para construir un nuevo espacio escénico en Faial y el archipiélago de las Azores, donde la naturaleza deja de ser simple decorado para comportarse como un personaje animista más, lleno de presencias y voces.

El germen del proyecto nace del diálogo creativo con Piñeiro, conocido por su filmografía en torno a Shakespeare. Patiño reconoce que, sin esa alianza inicial, quizá habría preferido acercarse a otros territorios dramáticos, como los de Samuel Beckett o el teatro del absurdo. Sin embargo, la riqueza poética y la potencia de las frases del dramaturgo inglés acabaron imponiéndose como un campo de experimentación ideal.

A partir de ahí, la película se abre no solo a “La tempestad”, sino a todo un coro de obras shakesperianas. Romeo y Julieta, Hamlet, las brujas de Macbeth y otros personajes aparecen como ecos, citas y fragmentos dispersos en los diálogos, componiendo un mosaico de textos remezclados que desborda cualquier adaptación literal.

La idea de libertad —tan central en el Ariel teatral— se convierte en uno de los núcleos de la propuesta. El film se interroga sobre lo que significa alcanzar la libertad y sobre el miedo que genera, tanto en clave íntima como desde lecturas más políticas o colonialistas, muy presentes en los estudios sobre Shakespeare. Los habitantes de la isla, convertidos en figuras ficcionales, parecen debatirse entre la obediencia al texto y el deseo de emanciparse de su destino escrito.

Una actriz en viaje: de Galicia a las Azores, del ensayo a la ficción

La película sigue los pasos de Agustina, una actriz argentina con raíces gallegas que se prepara para interpretar a Ariel en una compañía de teatro que planea representar La tempestad en portugués en una isla de las Azores. Antes de embarcar, pasa unos días en un pequeño pueblo gallego en la frontera con Portugal, donde ensaya el texto en la casa donde su abuela vivió de niña.

Tras esa estancia inicial, el viaje continúa por mar hasta la isla en la que supuestamente tendrá lugar la representación. Al llegar, Agustina se topa con un vacío inquietante: no hay rastro de la compañía y nadie parece saber nada de una obra en preparación; las referencias al montaje desaparecen en cuanto pregunta.

Ese desconcierto da pie a un giro: la espera y la ausencia se convierten en motores narrativos. En lugar de seguir la lógica de un ensayo convencional, la película se decanta por diluir los contornos entre lo real y lo imaginado. Casi sin darse cuenta, la protagonista se ve envuelta en una trama en la que la isla se revela como escenario total, y sus habitantes, como figuras extraídas de un inmenso repertorio shakesperiano.

En ese contexto aparece Ariel, un personaje encarnado por Irene Escolar, que le revela a Agustina que la función ya ha comenzado y que no existe un teatro al uso ni un público sentado en butacas. La isla entera actúa como escenario, y sus vecinos y visitantes participan de la obra como si estuvieran inmersos en una representación sin principio ni fin.

A partir de ese momento, el filme articula un continuo juego entre ensayo, función y vida cotidiana. Los gestos y las frases que podrían pertenecer a una obra de teatro se escapan al paseo por el puerto, a una conversación en una gasolinera o a un encuentro en el supermercado, de manera que la palabra shakesperiana lo empapa todo, desde el paisaje hasta los movimientos más triviales.

Un Ariel con dos rostros: Agustina Muñoz e Irene Escolar

Uno de los elementos más singulares de Ariel es el desdoblamiento del personaje titular en dos actrices. Agustina Muñoz e Irene Escolar interpretan, a la vez, a personajes y a sí mismas. La primera representa una mirada más realista, la segunda encarna la faceta idealista, casi espectral, de ese espíritu del aire que se desliza por la isla.

Entre ambas se teje una relación de complicidad muy sutil, una especie de hiedra invisible que las recorre y las une como si fueran dos manifestaciones de una misma entidad. Agus, todavía anclada a su condición de persona, sigue a Ariel/Irene por caminos, acantilados y carreteras secundarias, tratando de entender qué tipo de ficción está habitando y hasta qué punto puede decidir sobre su propio destino.

Patiño cuenta que trabajar con dos intérpretes de este nivel le permitió centrar la dirección en matices, tonos emocionales y modulaciones gestuales, más que en correcciones técnicas. Al dominar a la perfección el texto, Muñoz y Escolar pudieron colaborar también en la pulcritud literaria de los diálogos, puliendo frases y dando espesor a los monólogos que ponen en crisis al propio autor.

La película llega incluso a jugar con la idea de que los buenos escritores escuchan a sus personajes. En algunos tramos, las figuras de la ficción verbalizan su sospecha de estar manejadas por una instancia superior que decide sus pasos. “Si solo podemos hacer lo que está escrito, ¿no habrá alguien ahí fuera escribiendo lo que debemos hacer?”, llega a sugerirse en uno de los diálogos, abriendo un agujero metafísico que la propia película finge cerrar con humor.

En el tramo final, Agustina elabora un monólogo propio que se superpone al mundo shakesperiano, citando, con un guiño, a distintos cineastas contemporáneos. El texto se recita mientras la cámara se fija en el rostro de Irene Escolar, ambas mirando hacia el océano. Las palabras de Shakespeare, las frases nuevas y la imagen del mar se funden como si todo perteneciera a un mismo tejido verbal y visual.

Metaficción, teatro del absurdo y personajes conscientes de serlo

Cuando Piñeiro abandona el proyecto de Ariel, Patiño aprovecha la coyuntura para abrir el relato a una reflexión más explícita sobre la frontera entre realidad y representación. En ese giro se asoman con fuerza referencias al teatro del absurdo, a Pirandello y a Unamuno, especialmente en la idea de personajes que se saben tales y tratan de rebelarse contra su condición escrita.

El cineasta reconoce la influencia de Seis personajes en busca de un autor y de obras como Niebla, donde los protagonistas interpelan al creador e incluso discuten la trama que les ha sido impuesta. Esa línea se traduce en Ariel en diálogos incongruentes, cambios de registro y situaciones donde algunos personajes únicamente pueden hablar con frases tomadas de Shakespeare, lo que genera tanto momentos de humor como rupturas narrativas deliberadas.

En la construcción de los textos se percibe un método basado en la selección y montaje de “átomos” poéticos y en la estructura de un soneto: Patiño toma fragmentos de diversas obras shakesperianas, extrae frases sueltas que le interesan por su alcance metafísico o emocional y las reubica en nuevas escenas. El resultado, en ocasiones, se acerca a una especie de poema en prosa o de haiku descontextualizado, que funciona tanto por choque como por resonancia.

Esa apuesta conlleva también un ritmo muy particular, que puede resultar tan fascinante como exigente para el espectador. Hay pasajes de gran potencia evocadora y otros donde el exceso de lirismo y solemnidad roza lo extenuante, hasta que un giro de humor absurdo o un gesto cotidiano rompe la solemnidad y devuelve la película a un terreno más terrenal.

Al mismo tiempo, la isla se imagina como un limbo teatral en el que todas las obras de Shakespeare parecen representarse de manera simultánea. Los personajes viven atrapados en un tiempo suspendido, repitiendo cada día los mismos destinos trágicos, conscientes de que alguien —un autor, un público, un director— ha decidido ya cómo deben morir, amar o traicionarse.

Entre vida y muerte: un cine espectral y circular

La dimensión espectral atraviesa buena parte de la filmografía de Lois Patiño, y Ariel no es una excepción. Después de Samsara, donde exploraba el tránsito de la reencarnación, aquí el umbral entre vida y muerte se traduce en una zona gris entre sueño y vigilia, entre realidad y ficción.

La estructura del film, con su repetición de motivos, sus bucles narrativos y su tiempo ambiguo, refuerza la sensación de que los personajes circulan por un espacio del que no pueden salir. Ni siquiera la muerte funciona como un final definitivo: más bien parece otro paso dentro de una representación interminable que se reinicia al amanecer, día tras día.

Uno de los momentos clave es la escena de un sueño colectivo a bordo de un barco, donde una especie de “tempestad” simbólica conduce a los personajes —y al propio espectador— a otro mundo. Esa secuencia actúa como bisagra entre dos niveles de realidad, marcando el instante en que las islas azorianas se convierten por completo en “islas literarias”, desligadas del tiempo histórico y sujetas a las leyes del texto.

Patiño vuelve a emplear recursos que ya había ensayado en trabajos anteriores, como El Sembrador de estrellas, seleccionando frases significativas y disponiéndolas en escenas que funcionan casi como pequeñas composiciones autónomas. En el tramo final, las voces en off guían un recorrido por diferentes desenlaces shakesperianos, donde la muerte de los personajes se cita y se reinterpreta desde esta nueva geografía atlántica.

El resultado es un tejido circular en el que el paseo de Agustina por la isla se impone como imagen recurrente. Sus movimientos por caminos inciertos, repetidos una y otra vez, se convierten en un gesto casi ritual, cargado de placer y de sospecha, como si estuviera siempre a punto de encontrar una salida que nunca llega a materializarse del todo.

La imagen, el mar y la luz violeta: el trabajo visual de Ion de Sosa

Si algo ha caracterizado la obra de Patiño desde Costa da Morte es su atención radical al paisaje y a la composición visual. En muchos de sus trabajos previos fue él mismo quien asumió la dirección de fotografía, pero en Ariel opta por invitar a Ion de Sosa para sumar otra mirada, también marcada por su experiencia como director.

De Sosa aporta un tratamiento de la luz y del color que oscila entre la delicadeza naturalista y un extrañamiento casi onírico. El mar y el rostro humano se funden mediante teleobjetivos y zooms que aplanan la profundidad de campo, generando imágenes donde las figuras parecen flotar ante paisajes comprimidos en un solo plano.

El uso del violeta en ciertas escenas establece un puente visual con otros trabajos afines, como “Isabella” de Matías Piñeiro, a la vez que refuerza el tono fantástico y espectral de la isla. El agua teñida de tonalidades poco realistas subraya la idea de que lo que estamos viendo no es un registro documental del lugar, sino un territorio alterado por la ficción.

El propio Patiño explica que buscaba incorporar también el humor visual de De Sosa al tratamiento de las secuencias más cercanas al teatro del absurdo. Esa mezcla de precisión pictórica, ironía y ligereza se nota en detalles aparentemente menores: la manera de encuadrar a los personajes en supermercados, gasolineras o cuevas fluviales, o la forma de acercarse a los habitantes de la isla desde lejos, sin perder cierta distancia respetuosa.

Las imágenes, trabajadas con fundidos encadenados y superposiciones, van adquiriendo una textura casi líquida. El mar, las montañas, los cuerpos y los rostros se mezclan hasta confundirse, como si la propia película fuese permeable y se disolviera en el entorno que filma.

Shakespeare desde Galicia y Portugal: coproducción y recorrido europeo

Ariel es también un proyecto que refleja las conexiones actuales entre los cines de España y Portugal. La película está producida por la gallega Filmika Galaika y la portuguesa Bando à Parte, y se rueda en un paisaje azoriano que se convierte en punto de encuentro entre culturas atlánticas.

En el reparto destacan Irene Escolar y Agustina Muñoz al frente de un elenco coral en el que figuran Hugo Torres, Diego Anido, José Díaz, Marta Pazos, Susana Salema, César Lima y Felipe Porteiro, entre otros. La mezcla de intérpretes españoles, portugueses y latinoamericanos refuerza esa idea de comunidad teatral en tránsito continuo entre idiomas y tradiciones.

El film inició su andadura internacional en la sección Harbour del Festival Internacional de Cine de Róterdam, uno de los escaparates europeos más receptivos al cine de autor y a las propuestas formales arriesgadas. Desde ahí, la película ha ido sumando paradas en diversos festivales.

En España, Ariel inauguró el Festival Internacional de Cine Curtocircuíto en Santiago de Compostela, reforzando el vínculo del proyecto con Galicia. Más tarde pasó por citas como el festival Lo Que Viene Tenerife, el Atlàntida Mallorca Film Fest, L’Alternativa de Barcelona y el Festival Internacional de Cine de Gijón, consolidando una presencia continuada en el circuito de cine independiente.

Para el público general, el estreno comercial en salas se ha fijado en una fecha cercana a la Navidad, de la mano de la distribuidora Atalante. La llegada a cines españoles busca conectar con espectadores curiosos, más allá de los habituales del cine de autor, ofreciendo una puerta de entrada lúdica pero exigente al universo shakesperiano.

En paralelo, la propia figura de Patiño se consolida en el panorama europeo y se le percibe como un autor que se mueve entre el documental, el cine experimental y la ficción. Tras trabajos como Costa da Morte, Lúa vermella y Samsara, Ariel confirma su interés en explorar los límites del lenguaje cinematográfico sin renunciar a un cierto componente narrativo.

La película funciona así como un puente entre la tradición clásica y las formas contemporáneas de hacer cine en Europa, recuperando los grandes textos teatrales no como monumentos intocables, sino como materiales vivos con los que seguir jugando, cuestionando y pensando.

En conjunto, Ariel propone una experiencia poco acomodaticia pero muy estimulante: un viaje por una isla que es al mismo tiempo escenario, limbo y laboratorio creativo, donde las palabras de Shakespeare se mezclan con el rumor del Atlántico y con las dudas existenciales de unos personajes que sospechan, quizás con razón, que su vida no es más que un papel escrito por alguien al otro lado de la pantalla.


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