Muere el escritor ourensano José María Pérez Álvarez, Chesi

Isaac

Escritor ourensano fallecido

El escritor ourensano José María Pérez Álvarez, conocido literariamente como Chesi, ha muerto en Ourense a los 73 años, dejando tras de sí una obra tan abundante como exigente que lo situó, sin hacer apenas ruido mediático, entre los narradores más singulares en lengua castellana de las últimas décadas.

Nacido en 1952 en O Barco de Valdeorras, Pérez Álvarez cultivó una trayectoria deliberadamente discreta, alejada de los focos, pero respaldada por la crítica, los premios y el respeto de colegas de primer orden. Para él, el verdadero centro de su vida fue siempre la escritura, un oficio al que se entregó con una mezcla de juego, obsesión y disciplina artesanal.

Una madrugada silenciosa para un autor que huía de los focos

La muerte de Chesi se produjo en la madrugada de este miércoles en la ciudad de Ourense, donde residía desde hacía años. Jubilado de su empleo como funcionario de Hacienda —trabajo con el que aseguraba que alimentaba el cuerpo—, llevaba un tiempo dedicado casi por completo a “enredar” con las palabras, como le gustaba decir, disfrutando del tiempo ganado para leer y escribir.

En más de una ocasión confesó que su relación con la literatura era una especie de superstición inevitable: nunca sería del todo feliz escribiendo, pero estaba convencido de que, si se dedicaba a otra cosa, lo sería todavía menos. Esa entrega sin concesiones explica en buena medida que se mantuviera al margen de campañas promocionales y modas editoriales, caminando por los márgenes del sistema literario.

En entrevistas y conversaciones públicas, Chesi insistía en que no escribía para gustar a todo el mundo. Aceptaba, incluso con un punto de ironía, que su obra fuese minoritaria: prefería, decía, “correr el riesgo de ser un peñazo” antes que simplificar sus textos para ampliar el público. Se declaraba “felizmente resignado” a tener pocos lectores, siempre que fueran fieles y exigentes.

Ese carácter reservado se trasladó también a su relación con los reconocimientos. Aunque acumuló galardones relevantes y elogios muy sonados, se mantuvo en una zona intermedia, a medio camino entre el autor de culto y el escritor secreto, más citado por críticos, escritores y lectores muy atentos que por el gran público.

Los primeros pasos: un novelista que nace con un premio bajo el brazo

Escritor gallego y su obra

La entrada de Pérez Álvarez en el panorama literario llegó en 1987, cuando obtuvo el Premio Constitución, convocado por la Junta de Extremadura, con su primera novela, Las estaciones de la muerte. Tenía entonces 35 años, y la prensa ourensana tituló aquella irrupción como el “nacimiento” de un novelista, subrayando el impacto de una ópera prima que abordaba la vejez en más de doscientas páginas.

Este debut ya lo colocó en el radar de críticos y jurados, y marcó varias de las constantes de su obra posterior: novelas extensas, de estructura cuidada y lenguaje muy trabajado, que exigían del lector una implicación activa. No eran libros concebidos para el consumo rápido, sino para la relectura, el subrayado y la reflexión pausada.

Unos años más tarde, en 1996, publicó En perigo de extinción, uno de los pocos títulos que escribió en gallego. Aunque la mayor parte de su producción literaria fue en castellano, esta novela supuso una excepción significativa y reforzó su presencia en el contexto literario gallego, ampliando a la vez la proyección de su nombre en el ámbito estatal.

Desde aquella primera etapa, Chesi se movió siempre con una mezcla de humildad y ambición literaria. “Con ser el mejor escritor de mi casa, me conformo”, había dicho en sus inicios, una frase que condensaba su sentido del humor y su desconfianza ante la vanidad que a veces rodea al oficio de escribir.

«Nembrot»: la novela que cambió su lugar en la literatura

Entre la docena larga de novelas que firmó, hubo una que se convirtió en punto de inflexión: Nembrot, publicada en 2003. Se trataba de un proyecto en el que trabajó durante años con meticulosidad extrema: cuatro años de escritura, dos más de reescritura y un periodo adicional de poda paciente para eliminar lo que consideraba superfluo.

La recompensa a esa labor silenciosa llegó de forma inesperada en la Feria del Libro de Madrid de ese mismo año. Preguntado por las mejores publicaciones del momento, Juan Goytisolo citó únicamente Nembrot. Aquel gesto fue el inicio de una amistad y de una relación literaria intensa: el autor ourensano empezó a ser invitado a entidades como el Instituto Cervantes de París y fue incluido en antologías coordinadas por el propio Goytisolo.

El reconocimiento no se quedó en el ámbito español. Desde publicaciones como Times Literary Supplement también se destacó la novela de Pérez Álvarez, reforzando la idea, compartida por críticos y colegas, de que estábamos ante una obra radical y muy personal, levantada desde los márgenes. Años más tarde, en 2016, Chesi decidió revisar y ampliar el libro, publicando una nueva edición de Nembrot con unas doscientas páginas adicionales y un prólogo firmado por Goytisolo.

El propio autor reconocía que tenía una relación especial con esta novela. No ocultaba que consideraba Nembrot su trabajo más logrado y, en alguna ocasión, llegó a decir que no esperaba escribir nada mejor. Entre lecturas, música y digresiones, fue sedimentando un texto que muchos lectores y escritores han situado entre lo más singular de la narrativa española reciente.

Una obra extensa, premios y una escritura de alto voltaje

Aunque Nembrot acaparó muchos de los focos que solían esquivarle, el conjunto de la obra de Pérez Álvarez es amplio y diverso. Junto a Las estaciones de la muerte o En perigo de extinción, destacan títulos como La soledad de las vocales —con la que obtuvo el Premio Bruguera de Novela en 2008—, Tela de araña, Predicciones catastróficas o Examen final, además de Cabo de Hornos, con la que se quedó a las puertas del Premio Nacional de Narrativa.

Su último libro, La última patria, publicado en 2023, reunía textos que orbitaban alrededor de Ourense, ciudad que convirtió en escenario sentimental y literario. Plazas, callejones y espacios como Canella Cega, la plaza de San Martiño o el parque Lonia pasaban del mapa urbano al territorio emocional gracias a su prosa, que mezclaba memoria, observación y una sensibilidad muy particular hacia los lugares.

Además de novelas, Chesi dejó cuentos, artículos, ensayos y colaboraciones en prensa. Sus textos aparecieron en revistas y medios como Jano, Galipress o Faro de Vigo. En 2014 reunió parte de su producción periodística en Dos por uno, una antología de artículos que reflejaba su mirada incisiva y su gusto por el detalle.

Su trayectoria fue reconocida con numerosos premios: Constitución de novela larga, Felipe Trigo y Ramón Sijé de novela corta, así como el Hucha de Plata, el Gabriel Miró, el Mor de Fuentes o El Golpe en el ámbito del cuento. Letras Libres lo consideró uno de los grandes autores contemporáneos en castellano, elogio que fue acompañado por el respaldo de voces tan influyentes como la del cineasta José Luis Cuerda, que se declaró abiertamente admirador de su literatura.

Uno de los episodios más singulares de su carrera fue el plagio cometido por el escritor peruano Alfredo Bryce Echenique, Premio Planeta, quien reprodujo como propio el artículo Las esquinas habitadas, que Chesi había publicado en Jano y Galipress. El texto apareció en un medio de Lima bajo el título La tierra prometida, un incidente que puso en evidencia hasta qué punto su escritura llamaba la atención incluso fuera de su entorno más inmediato.

Ourense como escenario vital y literario

Ourense fue mucho más que el lugar donde falleció; fue, en gran medida, el territorio simbólico de la obra de Pérez Álvarez. Sus calles, plazas y rincones conformaron un mapa íntimo que reaparece una y otra vez en sus libros, ya sea de forma explícita o como telón de fondo sugerido.

Los callejones de Canella Cega y el Olvido, las plazas de San Marcial y do Ferro, la calle Lamas Carvajal o el parque Lonia eran espacios que relacionaba con otras ciudades que amaba, como París. En su literatura, estos lugares se transformaban en escenarios cargados de memoria, donde la geografía se mezclaba con recuerdos, lecturas y sensaciones.

Durante años, combinó su trabajo en la Administración con columnas en Faro de Vigo. Compañeros del periódico recuerdan su obsesión por la precisión del lenguaje. El periodista y escritor Xosé Manuel del Caño, uno de sus grandes amigos en los medios, contaba que Chesi enviaba siempre los textos sin una sola errata, hasta el punto de que encontrar un pequeño fallo en una de sus novelas fue casi un alivio para quien se consideraba un autor “imperfecto”.

Otros periodistas y escritores ourensanos, como Paco Sarria, no han dudado en situarlo entre los mejores novelistas contemporáneos no solo de Ourense, sino de toda España. Con él compartían bromas, complicidades y una manera algo canalla de mirar el mundo, que también se filtraba en algunos de sus personajes.

Ese arraigo local no le impidió dialogar con tradiciones literarias muy amplias. Admiraba a autores como Stendhal, Flaubert, Borges, Onetti, Joyce, Beckett, Cortázar o Cunqueiro, y veneraba la buena música —en especial el jazz— y deportes de estética y carácter, como el tenis. Todo ello conformaba un universo cultural que alimentaba su escritura y su conversación.

El artesano de las palabras: su idea de la literatura

Si algo repetía Chesi era que cada palabra tiene su textura, su olor y su sabor. Esa concepción casi física del lenguaje explicaba su lentitud al escribir y reescribir, su tendencia a revisar una y otra vez los textos hasta que encajaran como un puzle perfecto, al que precisamente dedicó uno de sus libros y de sus proyectos más queridos, El arte del puzle.

En sus novelas, el estilo estaba siempre en primer plano. Cuidaba la forma con un nivel de exigencia poco habitual, convencido de que la literatura no puede renunciar a la complejidad sin perder algo esencial. Se veía a sí mismo como un arquitecto de la frase, alguien que levanta estructuras a base de ritmo, precisión y matices.

Su relación con el lector era, por ello, particular. Reconocía que podía ser “cruel” con quien se acercaba a sus libros, porque los obligaba a jugar, estar atentos y aceptar un cierto grado de dificultad. Frente a la tendencia a simplificar, apostaba por textos que suscitasen dudas, relecturas y reflexión profunda, lo que hoy, en tiempos de consumo cultural acelerado, resulta casi un acto de resistencia.

Definía la literatura como su “religión” personal. En ese imaginario íntimo, Cervantes ocupaba el lugar de dios o figura central, y los autores que más admiraba serían una suerte de apóstoles, aunque bromeaba con que le resultaba imposible reducirlos a solo doce nombres. Repetía también la idea, tomada de José Ángel Valente, de que cuando se apaga ese juego infinito con las palabras, algo esencial de nosotros se acaba.

Para Pérez Álvarez, escribir era, a la vez, un juego y una tarea muy seria. Decía que la literatura era su juego favorito, aunque exigiese una entrega absoluta. Esa mezcla de rigor y disfrute se percibe en unos libros densos, llenos de referencias, digresiones y capas de sentido, pero también atravesados por humor, ternura y una cierta melancolía.

Divulgador, articulista y maestro de muchas voces

Más allá de la ficción, Chesi desarrolló una intensa labor como divulgador y comentarista literario. Entre 1994 y 2004 dirigió en la Cadena SER el programa El libro de la semana, espacio desde el que recomendaba lecturas y conversaba sobre novedades y clásicos, siempre con la mirada exigente del escritor que no se conforma con lo superficial.

A través de su blog, también titulado El arte del puzle, trasladó a internet su forma de ver el mundo y la escritura. En este espacio, y en sus artículos para prensa, trataba temas muy variados, siempre con un estilo reconocible y una fina combinación de ironía, lucidez y sensibilidad. Parte de esos textos terminaron recogidos en volumen, como muestra de una faceta menos conocida, pero muy querida por sus lectores.

Su influencia en generaciones posteriores de escritores gallegos y españoles ha sido subrayada por autores como Juan Tallón o Manuel de Lorenzo. El primero destacaba que levantó desde los márgenes una obra radical, coherente y tozudamente exigente, más admirada fuera de su entorno inmediato que en su propia tierra, algo que consideraba casi una costumbre triste en el panorama cultural.

De Lorenzo, por su parte, apuntaba que, aunque Chesi afirmase que todo autor está al servicio de la literatura y no al revés, en su caso casi ocurría lo contrario: era la propia literatura la que parecía ponerse a su servicio, dada la intensidad y la personalidad de su voz narrativa.

El adiós a un intelectual cercano y heterodoxo

Quienes lo trataron de cerca lo describen como un intelectual de izquierdas, afable y con un gran sentido del humor. En las distancias cortas combinaba la conversación culta con la broma rápida, y esa mezcla se trasladaba también a sus textos, capaces de pasar de la reflexión profunda al guiño irónico en apenas unas líneas.

Su fallecimiento deja un hueco notable en el panorama literario gallego y español, pero también en su círculo familiar y de amistades. Sembró admiración a través de sus libros y afecto en su entorno más próximo. Su familia —su esposa Pilar, sus hijas Beatriz y Elena, su yerno Rubén y su nieta Nora, entre otros allegados— ha recibido numerosas muestras de cariño en estas horas.

El velatorio se celebra en el tanatorio de As Burgas, en Ourense, entre los días 24 y 25 de diciembre, hasta las 16:30 horas. A lo largo de la jornada se llevan a cabo distintos actos litúrgicos de despedida, en los que amigos, lectores y colegas se acercan a decirle adiós.

Chesi sentía una especial fascinación por algunos lugares significativos de la ciudad, como el cementerio de San Francisco en Ourense, al que consideraba un espacio de memoria y patrimonio cultural digno de ser visitado. Allí descansa, por ejemplo, el intelectual Ben-Cho-Shey, cuyo epitafio —crítico con las homenajes póstumos que llegan tarde— encajaba muy bien con la forma de estar en el mundo de Pérez Álvarez.

Al evocarlo, muchos recuerdan una frase suya que resume un modo de entender la vida y la pérdida: “se conoce qué es la felicidad cuando se termina”. Una idea que hoy resuena con especial fuerza para quienes han seguido de cerca su trayectoria y su manera de habitar la literatura.

Con la muerte de José María Pérez Álvarez, la literatura gallega y española pierde a uno de sus autores más singulares, un novelista que escribió siempre de espaldas a las modas, fiel a una pasión literaria austera y radical. Sus libros, sus artículos y su magisterio silencioso quedan como testimonio de una vida volcada en ese juego muy serio de las palabras, que convirtió a un funcionario de Hacienda en un referente imprescindible para quienes creen que la buena literatura sigue siendo uno de los mejores refugios frente al paso del tiempo.


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Los mundos de Oriol Maspons, en la Real Academia de San Fernando

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Maspons (Barcelona, 1928-2013) fue uno de los más activos e influyentes miembros de la Escuela de Barcelona. En 1951 ingresó en la Agrupación Fotográfica de Cataluña y dos años después inició su amistad con Catalá-Roca.
En 1953 fue enviado a París por una compañía de seguros y allí se adentró en los ambientes fotográficos y conoció a Robert Doisneau, Cartier-Bresson, Brassaï, Guy Bourdin y los miembros del Grupo Los 30 x 40. Cuando, en 1956, regresó a España, emprendió su carrera como fotógrafo profesional, dedicado a hacer reportajes, retratos y fotografías de moda y de publicidad. Desde entonces, y durante casi medio siglo, no dejó de trabajar para la prensa, las editoriales, los estudios de cine y las emergentes compañías publicitarias.
Oriol Maspons. La Mancha
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Gabriela Mistral: homenajes globales y nuevas lecturas a 80 años del Nobel

Isaac

Gabriela Mistral

Instituciones académicas, ministerios de cultura y centros culturales han puesto en marcha una programación masiva de homenajes, exposiciones y entregas de libros que buscan acercar su obra a públicos muy diversos. Desde Berlín hasta Santiago de Chile, pasando por espacios de referencia del mundo hispánico como Casa América o el Instituto Cervantes, se multiplican los actos que leen a Mistral con ojos nuevos y la conectan con lectores del siglo XXI.

Una vida entre Chile, España y Europa: la Gabriela Mistral más cosmopolita

Poeta Gabriela Mistral

Detrás del nombre artístico Gabriela Mistral se encuentra Lucila de María Godoy Alcayaga, nacida en 1889 en Vicuña, en el norte de Chile. Su seudónimo surge de la combinación de dos autores que admiraba profundamente, Gabriele D’Annunzio y Frédéric Mistral, una elección que ya anticipaba su vocación cosmopolita y su diálogo con la tradición literaria europea.

Su biografía temprana estuvo marcada por la ausencia del padre, que abandonó el hogar cuando ella tenía apenas tres años, y por el papel clave de su madre y de su media hermana, quienes la introdujeron en la lectura y la escritura. A los 16 años inició una intensa carrera como docente, una vocación que nunca abandonaría y que la llevaría a trabajar en distintos lugares de América Latina, impulsando la educación pública y la creación de bibliotecas populares.

En 1922 viajó a México para colaborar en una amplia reforma educativa y, en paralelo, vio aparecer en Nueva York su primer libro, Desolación, avalado por el crítico español Federico de Onís. El volumen la situó de inmediato en el mapa internacional y supuso el inicio de una trayectoria poética profundamente ligada al mundo hispano y a la diáspora latinoamericana.

Durante los años treinta, Mistral vivió en Madrid y tejió una red de amistades con intelectuales españoles como Juan Ramón Jiménez, Enrique Díez o la jurista Victoria Kent. Participó en tertulias del Lyceum Club Femenino, fundado por María de Maeztu, y se integró en los circuitos culturales que, desde España, pensaban el papel de la lengua y la literatura en un contexto de cambios políticos acelerados.

La Guerra Civil española supuso para ella un punto de inflexión. Desde su experiencia como cónsul y su red de contactos, se implicó en gestiones para ayudar a exiliarse a artistas e intelectuales en riesgo. Colaboró, por ejemplo, en la salida de la pintora surrealista Maruja Mallo hacia Argentina y trató de intervenir para facilitar el exilio del poeta Antonio Machado, una gestión que no pudo concretarse pero que muestra la dimensión ética de su compromiso.

Poeta, «india vasca» y americanista: una autora de múltiples identidades

Gabriela Mistral homenaje

La obra de Mistral se alimenta de dolores íntimos, exilios y duelos que atraviesan su biografía. Desolación, como su propio título sugiere, reúne poemas donde la distancia geográfica, la soledad espiritual y las pérdidas sentimentales se convierten en materia poética. La propia autora llegó a escribir al final del libro: «Dios me perdone este libro amargo y los hombres que sienten la vida como dulzura me lo perdonen también», una frase que condensa el tono sombrío de aquel volumen inicial.

En los años siguientes su trayectoria diplomática la llevó a desempeñarse como cónsul en distintos destinos de América y Europa, mientras seguía publicando. En 1938 vio la luz Tala, una de sus obras capitales, cuyos derechos cedió íntegramente a los niños vascos dispersos por el mundo a raíz de la Guerra Civil. En el prólogo se definió como «mestiza de vasco» y llegó a presentarse cariñosamente como una «india vasca», reivindicando su ascendencia guipuzcoana por la rama Alcayaga.

Ese gesto solidario con la infancia desplazada y la comunidad vasca no fue aislado. En Tala se despliega una mirada americanista que entrelaza mitologías indígenas, cristianismo y tragedias históricas del continente. La poeta reescribe América desde dentro, acudiendo a sus raíces ancestrales y a sus paisajes rurales, y anticipa debates que hoy se leen en clave decolonial.

La década de 1940 resultó particularmente dura en el plano personal. Mientras vivía en Brasil, Mistral recibió la noticia del suicidio de sus amigos Stefan Zweig y Lotte Altmann, y poco después afrontó la muerte de Juan Miguel Godoy Mendoza, conocido como Yin-Yin, su sobrino e hijo adoptivo. El joven, de solo 18 años, se quitó la vida y dejó una carta de despedida que revelaba su incapacidad para «vencer» en la existencia. Años más tarde, la albacea y pareja de Mistral, Doris Dana, sugeriría que Yin-Yin podría haber sido en realidad hijo biológico de la poeta, fruto de una relación fugaz con un italiano, un extremo nunca aclarado del todo.

En medio de ese torbellino emocional, en 1945 llegó el gran reconocimiento: el Premio Nobel de Literatura, que la convirtió en la primera persona latinoamericana en recibirlo en esa categoría y en la única escritora en lengua castellana distinguida con este galardón. En el discurso de entrega, el secretario de la Academia Sueca, Hjalmar Gullberg, la presentó como «la gran cantadora de la misericordia y la maternidad», subrayando la dimensión ética de su obra más allá del puro lirismo.

Tras el Nobel publicó Lagar en 1954, considerado por muchos como el punto culminante de su poesía. En esos años, ya consolidada como autora de referencia, se instaló en Nueva York, donde vivió junto a Doris Dana hasta su fallecimiento en 1957 por un cáncer de páncreas. El vínculo entre ambas, silenciado durante décadas, salió a la luz de forma más nítida en 2009 con la edición de Niña errante, una selección de cartas que muestran una relación sentimental intensa y compleja. Pasajes como «quiero morirme en tus brazos» han impulsado nuevas lecturas sobre la sexualidad de Mistral y su lugar en la historia de las disidencias afectivas en América Latina.

Un 80 aniversario con acento europeo: Berlín y el mundo hispano miran a Mistral

La conmemoración de los 80 años del Nobel ha tenido un eco especial en Europa, donde las instituciones culturales hispánicas y las embajadas latinoamericanas han situado a Mistral en el centro de sus agendas. En Berlín, la Embajada de Chile en Alemania y el Instituto Cervantes organizaron un acto que reunió a diplomáticos, académicos y lectores interesados en repensar el legado de la poeta.

El encuentro se abrió con unas palabras del director del Instituto Cervantes de Berlín, Ignacio Martínez Castignani, quien destacó la relevancia de celebrar a Mistral en una institución dedicada a la proyección global del español. A continuación, la embajadora de Suecia en Alemania, Veronika Wand-Danielsson, recordó el impacto histórico del Nobel de 1945 y su influencia en la visibilidad internacional de la literatura en lengua castellana.

Por parte de Chile intervino la embajadora María Magdalena Atria Barros, que subrayó las múltiples facetas de la autora: poeta, maestra y diplomática, además de su compromiso con la infancia y la educación. Esta mirada amplia encaja con la línea que están siguiendo también instituciones europeas y latinoamericanas que prefieren recordar a Mistral como figura integral, no solo como autora de manual.

El programa incluyó un componente artístico y emocional particularmente cuidado. Se proyectaron imágenes históricas de Gabriela Mistral y una niña chilena, Ignacia Fuenzalida Salvatierra, recitó el poema «Dame la mano y danzaremos», gesto que simbolizó el diálogo intergeneracional. La música corrió a cargo del guitarrista chileno Rodrigo Santa María y de la soprano alemana Marie Luise Bestehorn, quien estrenó una pieza basada en el poema «País de Ausencia», tendiendo puentes entre la lírica mistraliana y la creación musical contemporánea.

La parte académica del acto reunió a especialistas como Marília Jöhnk (Goethe-Universität Frankfurt) y el investigador Benjamin Loy, que analizaron la vigencia de Mistral como pensadora cosmopolita, feminista, decolonial y mística. Sus intervenciones se acompañaron de lecturas de poemas emblemáticos, insistiendo en la idea de que la autora sigue siendo una voz útil para pensar los desafíos del presente, desde la educación hasta los derechos humanos.

Exposiciones inmersivas y tecnología: Mistral en la Universidad de Chile

En paralelo a los homenajes europeos, en Santiago se ha inaugurado una de las muestras más ambiciosas dedicadas a Gabriela Mistral. Bajo el título «Gabriela Mistral: Maestra de América, voz en el mundo», la Plataforma Cultural del campus Juan Gómez Millas, de la Universidad de Chile, presenta una exposición que combina documentos patrimoniales, arte contemporáneo e innovación tecnológica.

La iniciativa reúne el trabajo del Museo de Arte Popular Latinoamericano Tomás Lago (MAPA), el Archivo Central Andrés Bello y el laboratorio de realidad virtual XR-Labs. La muestra, abierta hasta el 30 de junio de 2026, ofrece al público manuscritos, primeras ediciones, fotografías, material audiovisual, instalaciones sensoriales y obras artísticas que dialogan con los grandes ejes de la vida mistraliana: la escritura, la educación, la naturaleza, los viajes y el pensamiento político-social.

Durante la inauguración, la vicerrectora de Extensión y Comunicaciones, Pilar Barba, remarcó que este proyecto expresa la vocación de universidad pública compleja, plural y crítica, capaz de articular investigación, patrimonio y creación contemporánea. Subrayó además que el llamado «año mistraliano» estuvo atravesado por decenas de actividades que permitieron reconectar con la autora desde enfoques muy diversos.

La directora del MAPA, Paulina Faba, insistió en el vínculo histórico y afectivo entre Mistral y la Universidad de Chile, institución que la distinguió como Doctora Honoris Causa en 1954. Recordó la importancia que la poeta concedía al arte popular, a los oficios y a los saberes situados, cuestionando jerarquías culturales todavía muy presentes en los debates sobre educación y justicia social.

En la misma línea, la directora del Archivo Central Andrés Bello, Fernanda Vera, definió la muestra como uno de los hitos de la agenda institucional por el aniversario del Nobel y destacó la proyección de Mistral como embajadora cultural de Chile y América Latina. Su voz, señaló, sigue dialogando con sensibilidades contemporáneas que cuestionan el centralismo cultural y reivindican la pluralidad de experiencias latinoamericanas.

La apuesta por la realidad virtual y las nuevas tecnologías

Uno de los rasgos más llamativos de la exposición es el uso de tecnologías inmersivas basadas en inteligencia artificial para reconstruir momentos clave de la vida de la poeta. El director de XR-Labs, Víctor Fajnzylber, presentó una pieza audiovisual que recrea el discurso de Mistral cuando recibió el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Chile, en el Salón de Honor de la Casa Central, en 1954.

El equipo trabajó a partir de la única fotografía conocida de aquel acto y de diversas fuentes documentales para reconstruir el espacio y la atmósfera de la ceremonia. Según explicó Fajnzylber, fue necesario identificar el aspecto exacto del salón en esa época, recrear al público asistente uno a uno e incorporar, como anfitrión, al entonces rector Juan Gómez Millas.

La instalación, conocida como «Mistral XR», invita a los visitantes a experimentar lo que el equipo denomina «un momento histórico perdido», planteando preguntas sobre la memoria, el patrimonio y los límites éticos del uso de la inteligencia artificial en la recreación de acontecimientos pasados. Esta aproximación, que combina rigor documental y experimentación tecnológica, pretende atraer a nuevas generaciones que se acercan a la historia a través de lenguajes interactivos.

La muestra se complementa con piezas como el Árbol de la vida, una estructura de mimbre creada por Pablo García, Macarena González, Catalina Mateluna y Paola Santander, que rinde homenaje al pensamiento y la sensibilidad mistralianos vinculados a la naturaleza. Otra obra destacada es la Materioteca tintórea y pigmentaria, que reúne tierras, arcillas y especies vegetales relacionadas con el imaginario rural y los paisajes que habitaron la autora.

Los visitantes también pueden acceder a primeras ediciones de libros fundamentales como Desolación, Ternura, Tala y Lagar, presentadas en un formato interactivo que acerca los textos originales a un público acostumbrado a lo digital. La combinación de soportes tradicionales y herramientas tecnológicas refuerza la idea de que el legado de Mistral no pertenece solo al pasado.

Un «año mistraliano» con más de 250 actividades

La magnitud de la conmemoración no se limita a una sola institución. El Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio de Chile ha impulsado una agenda nacional e internacional de más de 250 actividades, coordinadas con el apoyo de una Comisión Asesora Ministerial en la que participan académicos y representantes de diversas universidades.

Entre quienes integran esta comisión se encuentra la Dra. Yenny Ariz, académica de la Facultad de Educación de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), designada por el Consejo de Rectores junto a otras autoridades universitarias. Su labor ha incluido la elaboración de materiales pedagógicos para centros escolares, la transcripción de manuscritos como los Sonetos de la muerte, la participación en coloquios internacionales, la organización de jornadas mistralianas y la preparación de exposiciones patrimoniales sobre los manuscritos de la autora.

Durante una sesión celebrada en el Salón O’Higgins del Palacio de La Moneda, presidida por la ministra de las Culturas, Carolina Arredondo, se dieron a conocer hitos inéditos de esta programación. Entre ellos, la tramitación de una ley para institucionalizar la celebración del natalicio de Gabriela Mistral, la proyección de la pregunta «¿Qué será de Chile en el cielo?» en edificios públicos, lecturas de su obra en Bibliolanchas, tarjetas de transporte conmemorativas en Coquimbo, sellos postales dedicados a la poeta y la reedición de su Obra reunida.

La propia ministra Arredondo ha enfatizado en varias ocasiones que el objetivo es ir más allá de un simple aniversario. Según ha señalado, no se trata solo de recordar un hito, sino de volver a escuchar una voz comprometida con la educación pública, la justicia social y la dignidad de los pueblos. La agenda de actividades, que se prolongará hasta enero de 2026, busca precisamente mantener esa conversación abierta en el tiempo.

Por su parte, la Dra. Ariz ha subrayado que participar en esta comisión ha supuesto un honor y una oportunidad para articular el trabajo académico con políticas culturales de alcance nacional. La continuidad de los proyectos, incluso después de que la comisión diera por concluido formalmente su mandato el 10 de diciembre, indica que el llamado «año mistraliano» se proyecta más allá de las efemérides oficiales.

La mayor entrega gratuita de libros de Gabriela Mistral

Uno de los proyectos más comentados en el marco de la conmemoración es la distribución gratuita de 100.000 ejemplares de un libro antológico de Gabriela Mistral, considerada por sus impulsores como la mayor entrega de libros sin coste en la historia de Chile. La iniciativa nace de una alianza entre el Ministerio de las Culturas, el Metro de Santiago y el Banco Itaú.

El libro, titulado La primera de TODAS, recoge una selección de textos de Mistral editada por el escritor Matías Rivas e ilustrada por niños, niñas y jóvenes ganadores del concurso de dibujo «Imaginando a Gabriela Mistral». La propuesta combina así promoción de la lectura, participación infantil y difusión del patrimonio literario en espacios cotidianos.

La entrega principal se ha programado en la Región Metropolitana, entre las 9:30 y las 10:30 horas de un miércoles de diciembre, con repartos en 23 estaciones del Metro de Santiago. Los ejemplares se distribuyen tanto en la línea 1 (paradas como San Pablo, Universidad de Chile, Baquedano o Los Dominicos), como en las líneas 3, 4 y 5, acercando la obra mistraliana a miles de usuarios del transporte público en sus trayectos diarios.

A partir de la semana siguiente, la campaña se extiende a todas las capitales regionales del país, además de la ciudad de Curicó, mediante entregas en plazas de armas y espacios públicos. De este modo, el proyecto busca evitar concentrarse solo en la capital y reforzar el carácter nacional de la celebración, con especial atención a regiones históricamente alejadas de los grandes circuitos culturales.

Como parte del mismo programa, se realizó un primer hito de distribución de tres mil ejemplares en la estación Universidad de Chile del Metro, que sirvió de anticipo a la entrega masiva. Paralelamente, módulos del programa Bibliometro, que cuenta con 22 puntos de préstamo gratuito de libros dentro de la red de transporte, también incorporan ejemplares de la antología, consolidándose como una de las bibliotecas públicas más grandes del país.

Cultura, banca y metro: una alianza para el fomento lector

La iniciativa de La primera de TODAS está acogida a la Ley de Donaciones Culturales a través de la Fundación Inversión Cultural (FINC) y se presenta como un ejemplo de colaboración público-privada en torno al fomento lector. La Gerente de Sustentabilidad y Asuntos Corporativos de Itaú Chile, Claudia Labbé, ha señalado que el proyecto simboliza el compromiso del banco con el desarrollo cultural y al mismo tiempo rinde homenaje a los lazos históricos entre Chile y Brasil, país donde Mistral recibió la noticia del Nobel en 1945.

Desde Metro de Santiago, Paulina del Campo, gerente de Comunicaciones y Sostenibilidad, ha destacado que esta acción se suma a otras iniciativas de largo recorrido como Bibliometro, reforzando el rol del transporte público como espacio de acceso democrático al libro. Las estaciones, habitualmente asociadas al tránsito apresurado, se convierten así en puntos de encuentro con la poesía y la memoria cultural.

Para el Ministerio de las Culturas, la entrega de libros posee un valor simbólico que va más allá de los números. La ministra Carolina Arredondo ha remarcado que, cuando se piensa en Gabriela Mistral, a menudo se reduce su figura a su faceta de poeta, pero su legado se extiende a la diplomacia, la educación, la reflexión sobre la naturaleza y las infancias. La antología busca precisamente mostrar esa diversidad de registros y acercarla a públicos que quizá nunca han leído un poema suyo completo.

El proyecto también refuerza el mensaje de que la literatura puede y debe circular fuera de los espacios convencionales, como librerías o universidades. Al situar la obra mistraliana en andénes, vagones y plazas, la campaña reivindica la poesía como un bien común, disponible sin coste económico y sin requisitos de pertenencia a élites culturales.

Esta lógica dialoga con el propio pensamiento de Mistral, que concibió la educación como un derecho y trabajó activamente en la bibliotecas populares. Que su obra circule ahora gratuitamente por todo Chile, a través de esta alianza, puede leerse como una actualización de esa apuesta pedagógica en clave contemporánea.

Nuevas lecturas y debates sobre la figura de Mistral

Más allá de los actos oficiales y las cifras de ejemplares repartidos, la conmemoración ha reactivado debates en torno a la manera de leer a Gabriela Mistral hoy. En los últimos años, su imagen ha transitado de la figura de «maestra dolorida» y madre simbólica de la nación a la de una autora adelantada a su tiempo, etiquetada en ocasiones como feminista, «loca» o lesbiana, términos que reflejan tanto admiración como resistencia.

Las cartas con Doris Dana, compiladas en Niña errante, y las cartas privadas a otras amistades han abierto preguntas sobre su vida afectiva y su relación con la disidencia sexual, en un contexto en el que la homosexualidad femenina estaba fuertemente silenciada. Aunque Mistral nunca se definió públicamente como lesbiana, muchas lectoras y lectores actuales encuentran en su biografía y en su obra claves para pensar la diversidad de deseos y afectos en la historia latinoamericana.

En paralelo, su trabajo como diplomática y su intervención en momentos políticos críticos, como la Guerra Civil española, han alimentado una lectura de Mistral como pensadora política y figura de referencia para los debates decoloniales. Su interés por las culturas indígenas, su defensa de la ruralidad y su preocupación por la infancia pobre se reinterpretan hoy en clave de justicia social y crítica al colonialismo.

Los paneles organizados por universidades y centros culturales, tanto en Chile como en Europa, se han detenido en estas dimensiones, analizando su obra desde perspectivas feministas, ecológicas, místicas y cosmopolitas. Esta pluralidad de enfoques ha contribuido a que nuevas generaciones de lectoras y lectores se acerquen a Mistral sin el peso de los tópicos escolares que durante décadas la encasillaron.

En este contexto, espacios como la sección «Mujeres hispanas» del Círculo de Orellana, difundida en programas de radio y actividades en Casa América, han dedicado sesiones específicas a la figura de la poeta. Voces como la de Leticia Espinosa de los Monteros, presidenta del Círculo, y del escritor y agregado cultural Diego del Pozo, han ayudado a subrayar los vínculos históricos entre Mistral y España, tanto en su estancia en Madrid en los años treinta como en la red de amistades intelectuales que mantuvo a lo largo de su vida.

Todo este entramado de homenajes, exposiciones, paneles académicos y entregas masivas de libros muestra hasta qué punto la figura de Gabriela Mistral sigue en plena conversación con nuestro tiempo. Desde los salones del Instituto Cervantes en Berlín hasta los andenes del Metro de Santiago, pasando por las salas de realidad virtual de la Universidad de Chile y las iniciativas de la Comisión Asesora Ministerial, se perfila a una autora que ya no se mira solo como reliquia, sino como una voz viva, compleja y en constante relectura, capaz de tender puentes entre Chile, Europa y el resto del mundo hispano.


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