Juguemos en el campo mientras los militares no están 

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*Por Miyuki Shimanaka De Bavay

El Poder Ejecutivo emitió recientemente el Decreto N.º 5.554/2026, que dispone el despliegue de elementos de combate de las Fuerzas Armadas en operaciones de defensa interna en la Región Oriental del país. Prácticamente al mismo tiempo, el presidente Santiago Peña se reunió en Miami con otros líderes de la derecha latinoamericana junto a Donald Trump, en pleno ataque de Estados Unidos e Israel a Irán. El encuentro tuvo como objetivo establecer un frente regional para hacerle frente al narcotráfico y la inmigración ilegal masiva, un branding más llamativo que imposición del poder imperialista estadounidense. 

Mientras los líderes se codeaban y sacaban selfies con hashtags como #vivalalibertadcarajo, asumían “acciones militares coordinadas”. Coincidentemente, en paralelo en Paraguay la Cámara de Senadores se encontraba a punto de estudiar el acuerdo SOFA entre Estados Unidos y Paraguay. Hoy, el proyecto ya fue aprobado por Diputados y se encuentra en camino al Poder Ejecutivo, que deseaba tenerlo en marcha para ayer. Este acuerdo establece principalmente:

  • Jurisdicción penal exclusiva de Estados Unidos: el personal militar y civil de Estados Unidos que se encuentre en Paraguay bajo este marco no será juzgado por tribunales paraguayos, sino por la justicia estadounidense. Esto limita la capacidad del Estado paraguayo de investigar o sancionar posibles delitos cometidos en su propio territorio.
  • Ingreso y operación de personal militar, contratistas y equipamiento con amplias facilidades: se habilita la entrada y circulación de tropas, aeronaves, buques, vehículos y suministros del Departamento de Defensa estadounidense con exenciones aduaneras, tributarias y logísticas, lo que facilita una presencia militar extranjera sin mecanismos claros de supervisión democrática o transparencia.
  • Otorgamiento de privilegios e inmunidades al personal estadounidense: quienes operen en el país bajo el acuerdo contarán con beneficios similares a los del personal diplomático, incluyendo inmunidades legales y facilidades operativas, lo que establece un régimen de excepción dentro del propio territorio paraguayo.

Peña parece ansioso por ofrecer una prueba física de su pleitesía a Trump: algo tangible, territorio, recursos y —como la historia ha demostrado que suele ocurrir en contextos militarizados— mujeres. Ninguna de estas noticias puede significar algo bueno para las mujeres, disidencias, juventudes y niñeces del país, que de por sí ya viven bajo amenazas constantes. En apenas tres meses de lo que va del año, el Ministerio Público ya registró 10 feminicidios y 8 tentativas, con las denuncias por violencias incrementándose cada día. Denuncias que en la mayoría de los casos el sistema no toma en serio. A esto se le suma la creciente cantidad de niñeces abusadas y adolescentes, especialmente indígenas, que desaparecen día a día.  

Es sabido que en Paraguay no existen garantías reales de protección de derechos ni condiciones básicas para el desarrollo integral de la vida de quienes habitan lejos de los centros del privilegio, y es peor aún fuera de Central -porque no todo sucede solo en la capital- en donde las instituciones no existen, no realmente más allá de figurar en un organigrama, porque hasta en las capitales de los departamentos las Secretarías de la Mujer, si es que las hay, son responsabilizadas a su vez con otras secretarías como CODENI, juventud, educación, discapacidad, o todas al mismo tiempo, sin presupuesto, sin equipo técnico, sin acompañamiento. En el interior profundo, donde las comisarías están compuestas por un escritorio de los 70, dos sillas de plástico y un par de policías que no saben ni que que existe una ley de protección integral a las mujeres, y tampoco tienen recursos ni capacitación para llevar adelante medidas de protección. En donde con mucha suerte se cuenta con una defensora pública especializada para todo el departamento. En donde no existe Ciudad Mujer, ni mesa PREVIM ni albergue -ni ninguno de los programas que Paraguay cita en sus informes a la CEDAW u otros organismos internacionales- pero sí o sí encontrás una seccional colorada. En donde las comunidades indígenas aún siendo amplias no tienen ningún poder sobre las tierras y luchan diariamente contra un sistema que actúa en función a su debilitamiento y extinción. 

Estas realidades se potencian en contextos de creciente militarización que nunca son neutros en términos de género, la experiencia histórica muestra que los riesgos para mujeres, adolescentes y niñeces aumentan: violaciones, explotación y trata de personas son algunas de las consecuencias ampliamente documentadas en distintos países donde la presencia militar se intensifica en territorios civiles. 

En Paraguay, además, existen antecedentes concretos que agravan esta preocupación. La Coordinadora de Derechos Humanos del Paraguay (CODEHUPY) y Servicio Paz y Justicia (SERPAJ) emitieron un comunicado en el que señalaron no solo que el involucramiento de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad interna es inconstitucional, sino que también recordaron que la experiencia acumulada durante la vigencia de este tipo de legislación ha dejado numerosas denuncias de violaciones de derechos humanos contra comunidades campesinas e indígenas, muchas de las cuales permanecen en la impunidad pese a haber sido presentadas ante las autoridades competentes. Otro antecedente importante, es la dictadura -siempre la dictadura- que configuró al paraguayo con una facilidad para acatar perfiles violentos y militarizados, somos un país fértil para que ideas imperialistas y fascistas germinen sin mucho esfuerzo, especialmente si se promueven desde el mismo Estado. A este país, con todas estas características ya de por sí alarmantes y con tantas carencias, encima están trayendo fuerzas militares estadounidenses para usarlo, como su parque de entrenamiento y diversión. 

Claramente el presidente parece más preocupado por asegurar su lugar en los close friends de Trump que por las implicancias sociales y políticas de las decisiones que está tomando para su propio país, alentado por sus compañeros de partido que nos regalan en el Congreso, invulnerables a los dolores de sus decisiones. Como casi siempre, Paraguay suscribe este tipo de acuerdos sin considerar seriamente las vidas que se verán afectadas: las comunidades campesinas que deberán lidiar con la presencia militar, las dinámicas sociales que se alterarán, los desequilibrios territoriales y los riesgos concretos a los que se expone a la población civil. 

Y en el proceso, perpetúa un modelo de poder basado en las aspiraciones individualistas de los hombres privilegiados de turno. Esto es el patriarcado y colonialismo en acción. El pacto entre varones que define presentes y futuros, alianzas militares construidas entre élites políticas y económicas masculinas, donde territorios, recursos y poblaciones se convierten en moneda de negociación en nombre de una seguridad abstracta que rara vez protege a quienes más lo necesitan. El deseo de pertenecer al club de los “machos alfa”, incluso cuando la membresía la pagan las mujeres, las comunidades empobrecidas y los territorios perpetuamente rezagados.

Frente a esto, se vuelve más urgente que nunca exigir el cumplimiento de las pocas protecciones institucionales con las que todavía contamos, como la Ley 5777/16, estar alerta y organizarnos en comunidad porque el Estado no solo está ausente, sino que nos sigue tirando obstáculos y amenazas. Seguir con cuidado cómo se implementarán estos acuerdos, documentar toda vulneración. Y, al mismo tiempo, empezar a mirar más allá de Asunción, reconociendo que cada decisión irresponsable tomada en la capital define con fuerza el destino de las localidades olvidadas, de aquellos territorios que muchos habitantes de Central conocen apenas por nombre y donde pareciera que nunca pasa nada -según la lógica centralista-, justamente allí abundarán los militares nacionales y estadounidenses, llevarán lejos lo que no quieren que se vea. 

En un año electoral como este, amerita visibilizar las afectaciones directas que las decisiones de los gobiernos municipales, departamentales y del propio Estado habilitan sobre nuestras vidas. No somos meros números ni estadísticas, no somos una transacción, somos mujeres intentando sobrevivir en este sistema. Establecer acuerdos como el SOFA o habilitar la actuación militar, y posicionarse con orgullo en la pandilla de la ultraderecha regional no solo compromete la soberanía que tanto proclaman proteger en otros contextos: también nos quita recursos, nos debilita derechos y, en última instancia, nos quita vida.


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Todo lo que dejó la primera Nit de les Lletres Catalanes

Isaac

Gala literaria Nit de les Lletres Catalanes

Bajo una lluvia persistente sobre Montjuïc, la Sala Oval del Museu Nacional d’Art de Catalunya se convirtió en el escenario de la primera Nit de les Lletres Catalanes, una nueva gran cita literaria que recoge el testigo de la histórica Nit de Santa Llúcia. El cambio de formato no es menor: más premios, más espectáculo y una clara voluntad de situar la literatura catalana en el centro del foco mediático.

Organizada conjuntamente por Òmnium Cultural y el Institut d’Estudis Catalans, y emitida en horario de máxima audiencia por 3Cat, la gala aspira a convertirse en algo así como los “Gaudí de la literatura”. Doce galardones, abundantes actuaciones musicales y un tono a medio camino entre la celebración y la reivindicación marcaron una noche en la que nombres como Carles Rebassa, Antònia Carré-Pons, Marc Artigau o Alejandro Palomas se llevaron los principales aplausos.

Una gala heredera de la Nit de Santa Llúcia, pero con nueva piel

La nueva ceremonia nace para reformular la tradicional Nit de Santa Llúcia, que el año pasado se dejó de celebrar justo cuando debía alcanzar su 75.ª edición. Desde Òmnium, su presidente, Xavier Antich, ha defendido que “tocaba hacer un cambio” para lograr más impacto en la audiencia y prestigiar todavía más las letras catalanas.

En esta primera edición de la Nit de les Lletres Catalanes se han otorgado doce premios literarios, nueve dedicados a obras inéditas y tres a libros ya publicados, con una dotación económica conjunta cercana a los 155.000 euros. La sensación general es la de un formato más ambicioso, con una puesta en escena que recuerda deliberadamente a grandes galas cinematográficas europeas como los Gaudí o los Goya, pero trasladada al universo del libro.

El acto estuvo conducido por Xavier Grasset, Alba Riera y Elisenda Pineda, que se repartieron la presentación, las entrevistas y los momentos de humor. Las intervenciones combinaron gags sobre la actualidad política y cultural -desde la crisis de Rodalies hasta los debates sobre el canon escolar- con la presentación de los diferentes premiados, lo que aportó un tono ligero, aunque por momentos se acusó el ritmo denso de tantos galardones y microentrevistas.

En el apartado artístico, la gala incorporó las actuaciones de Triquell, Gemma Humet, Ginestà y Sandra Monfort, así como piezas de danza a cargo de Ariadna Peya y versos de Josep Pedrals, que abrió la ceremonia recordando, con ironía, que si se quiere mantener viva la cadena del libro, hay que seguir leyendo. La Sala Oval, ya utilizada en otras ocasiones para grandes hitos literarios, reforzó la idea de evento de país alrededor de la cultura.

El Sant Jordi de novela para Carles Rebassa y el gran triunfo de «Prometeu de mil maneres»

Entre los doce galardones, el foco principal recayó en el Premi Sant Jordi de novel·la, el premio a obra inédita mejor dotado de la literatura catalana, que en esta nueva etapa asciende a 75.000 euros. El ganador fue el poeta y narrador mallorquín Carles Rebassa con la obra Prometeu de mil maneres, una novela coral ambientada en una Palma atravesada por la especulación económica y turística y por una tensión social de fondo.

La obra entrelaza deseo, desesperación, mentira, lucha de clases, marginalidad y necesidad de afecto en una ciudad que, según la sinopsis, parece incapaz de regenerarse sin destruirse a sí misma. El protagonista, Prometeu Dolors, trabaja como camarero en una cafetería del centro de Palma y ve cómo su vida da un vuelco cuando conoce a un joven llamado Carles. A partir de ese encuentro, el relato explora la fragilidad de la identidad, las relaciones desiguales y un amor vivido de forma temeraria y carnal, con una atmósfera opresiva que atrapa tanto a personajes como a lectores.

El jurado destacó de la novela un lenguaje vivo y directo, capaz de sostener una compleja red de relaciones marcadas por el poder y el deseo, con personajes de rasgos oscuros y atormentados que se ven arrastrados a un cierto fatalismo. La obra se publicará en Univers y se ha impuesto entre setenta y cinco originales presentados, confirmando a Rebassa como una de las voces más singulares de la narrativa catalana actual.

En su discurso, el autor aprovechó el escaparate del Sant Jordi para lanzar una reflexión política y lingüística. Subrayó que “sin lengua no hay país, ni libros, ni proyectos” y pidió una legislación que haga “imprescindible” el catalán para vivir en los territorios de habla catalana, reclamando una defensa activa de la lengua en los juzgados, en la escuela, en las instituciones y en la vida cotidiana. La literatura, afirmó, le permite “intentar equilibrar el mundo”, pero sin un marco lingüístico sólido ese esfuerzo se queda cojo.

Antònia Carré-Pons firma la mejor novela publicada con «La gran família»

El segundo gran momento de la noche llegó con el Premi Òmnium a la Millor Novel·la de l’Any, uno de los galardones de nueva incorporación a esta gala. La ganadora fue la filóloga y escritora terrassense Antònia Carré-Pons por La gran família (Club Editor), un libro que el jurado definió como un retrato preciso del paso a la edad adulta a través de dos hermanas nacidas en el seno de un linaje de carniceros.

La novela se adentra en un universo familiar donde trabajo y vida privada se confunden, y destaca la mirada de las dos hijas que narran una infancia y una adolescencia alejadas de idealizaciones. A través de sus puntos de vista se abordan temas como el peso del tiempo, la enfermedad y la muerte, con una aproximación sobria a la memoria familiar y al modo en que cada una se enfrenta a su propio destino.

El premio, dotado con 25.000 euros, se comunicó en directo durante la ceremonia sin que las finalistas supieran de antemano el veredicto. Carré-Pons aprovechó el escenario para poner el foco en la falta de paridad en las listas de finalistas y reclamó que, en próximas ediciones, se vigile que las voces femeninas no queden en clara minoría. Solo dos de las diez obras nominadas estaban firmadas por mujeres, un dato que la autora consideró revelador de un desequilibrio todavía por corregir.

En su intervención, también aludió a la dureza del contexto actual, marcado por injusticias, miedos y tensiones globales, y agradeció que la alegría efímera del premio le permita, por un momento, dejar en segundo plano esa sensación de imperfección del mundo. La combinación de reivindicación y agradecimiento conectó con parte del público, que venía de seguir otros discursos centrados en la lengua y en las políticas culturales.

El nuevo Premi Òmnium se consolida así como un reconocimiento de peso a la mejor novela publicada en catalán durante el año, distinguido de los premios a obra inédita y con la voluntad explícita de reforzar la visibilidad de títulos que ya han llegado a las librerías.

Relatos, poesía y teatro: Marc Artigau, Jaume Coll y Josep R. Cerdà

Máis allá de la novela, la Nit de les Lletres Catalanes repartió galardones en casi todos los géneros literarios. En narrativa breve, el Premi Mercè Rodoreda de contes i narracions recayó en Marc Artigau por Aquest serà el nostre pou, su primera colección de relatos, dotada con 6.000 euros. El volumen reúne doce historias que exploran cómo el mal se infiltra en situaciones cotidianas: una fiesta infantil que se vuelve inquietante, una residencia de ancianos poco acogedora, una pareja obsesionada con sus vecinos o un accidentado que espera una ambulancia que no llega nunca son algunos de los escenarios de este conjunto.

Artigau, conocido también por su trabajo dramático y sus colaboraciones en medios, recogió el premio de manos de Empar Moliner y Xavier Bosch y resumió su gratitud en una idea sencilla: poder escribir y ser leído es un privilegio. El jurado valoró la capacidad del libro para mostrar un mal cercano, disfrazado de rutina, que interpela al lector sin necesidad de grandes artificios argumentales.

En poesía, el histórico Premi Carles Riba, uno de los decanos del sistema literario catalán, distinguió a Jaume Coll Mariné por el poemario Com les fulles. El libro, según explicó el autor, nace de una conexión íntima con el paisaje y con la vida cotidiana, muy vinculada a su Muntanyola natal. El jurado destacó la claridad y aparente sencillez de la voz poética, que esconde un notable trabajo retórico y una asimilación matizada de la tradición.

Los poemas se mueven alrededor del paso del tiempo, los afectos cercanos y una cierta “pequeña estupefacción ante el mundo”, esa sensación de que una persona es poco más que una hoja movida por fuerzas que no controla. Con 5.000 euros de dotación, el Carles Riba mantiene su peso simbólico como reconocimiento clave en la poesía catalana contemporánea.

En el ámbito teatral, la noche sirvió para estrenar el Premi Àngel Guimerà de literatura dramàtica, dotado con 15.000 euros, que fue para Josep R. Cerdà por La segona línia. La obra se sitúa en unos no-lugares urbanísticos de la costa de Calvià, en Mallorca, marcados por el turismo de masas y la precariedad, y construye un drama de atmósfera opresiva en torno a dos hombres a la deriva y una misteriosa mujer que irrumpe en sus vidas.

Obligados a refugiarse en un Grand Hotel Vista Mar casi fantasmagórico, los personajes confrontan sus propias grietas personales y las consecuencias de un modelo turístico que expulsa a los perdedores del sistema. Cerdà defendió, al recoger el premio, que la literatura de género -incluida la cercana al negro o al terror- también puede ser profundamente política y servir para iluminar los márgenes del mercado laboral y social.

Nuevas voces y nuevos premios: Lo Somni, Vinyeta y la apuesta por el cómic

Entre las novedades de la noche destacó el Premi Lo Somni al nou talent literari, concebido para apoyar a autores y autoras que se estrenan en la narrativa. El galardón, impulsado por la editorial La Magrana y dotado con 10.000 euros, fue para la actriz, traductora y directora teatral Cristina Genebat por su primera novela, Sorra.

El jurado describió la obra como un mosaico de las muchas vidas que caben en una sola vida, donde las aventuras de verano de una niña resuenan en la existencia de una bailarina madura. El libro, que se publicará en septiembre, examina también de qué manera la mirada masculina condiciona a las mujeres a lo largo de las etapas vitales y se presenta como una oda a la libertad y a la imaginación, entendidas como dos caras de la misma moneda.

En su discurso, Genebat pidió claramente “apostar por la humanidad y la cultura” como antídoto frente a la violencia y la barbarie contemporáneas, y dedicó el premio, entre otros colectivos, a las mujeres y a la fuerza que despliegan cuando avanzan juntas. El reconocimiento a su debut se suma a la voluntad de la gala de mostrar que la literatura catalana incorpora nuevas voces procedentes de disciplinas como el teatro o la traducción.

Otra de las incorporaciones significativas fue el Premi Vinyeta FICOMIC, de nueva creación y dotado con 2.000 euros, que certifica que el cómic se considera plenamente parte del ecosistema literario de la Nit de les Lletres Catalanes. La primera ganadora fue Berta Cusó por La conca dels àngels (Pagès Editors), una obra que aborda la guerra desde la perspectiva de seis mujeres de orígenes, trabajos y realidades muy distintas, cuyas vidas convergen en Berlín.

El jurado destacó la personalidad gráfica y técnica del libro, así como la originalidad del enfoque y la diversidad de sus protagonistas, que permiten abordar un tema tan vigente como el conflicto armado desde una óptica femenina y universal. Cusó agradeció que el cómic se incorpore a una velada todavía dominada por la narrativa y la poesía, y defendió que esta presencia ayuda a ensanchar la idea de lo que puede ser la literatura hoy.

Infantil y juvenil: de «Animals que cauen del cel» a «Una veritat»

La literatura para niños y jóvenes tuvo un peso significativo en la gala, con premios ya consolidados dentro del panorama catalán. El Premi Josep Maria Folch i Torres de novela para chicos y chicas, con más de sesenta ediciones a sus espaldas y una dotación de 4.000 euros, fue para Víctor Borràs i Gasch por Animals que cauen del cel.

La historia sigue a Aina, una niña a la que un día le cae del cielo una pequeña figura de papel. Al día siguiente, otra; y así sucesivamente, sin saber de dónde vienen ni por qué. A partir de esta premisa sencilla, el libro explora la capacidad de la creatividad compartida para transformar el entorno. Borràs reivindicó precisamente ese vínculo creativo, que según él no es patrimonio exclusivo de artistas profesionales: cualquier persona puede “crear conjuntamente” y mejorar su entorno inmediato.

El momento de la entrega tuvo un punto especialmente emotivo, ya que las encargadas de anunciar el premio fueron las ilustradoras Pilarín Bayés y Roser Capdevila, muy queridas por varias generaciones de lectores y lectoras. Su presencia arrancó una gran ovación del público puesto en pie, y subrayó el peso simbólico de la ilustración y el álbum infantil en la cultura catalana.

En literatura juvenil, el Premi Joaquim Ruyra, dotado con 6.000 euros, recayó en Alejandro Palomas por Una veritat, una obra que retoma al protagonista de su anterior Un fill. El libro continúa la historia de Guillem y recupera personajes como Natzia y Angie, una chica que viaja a España para una operación médica y cuyo caso descubre una orientadora escolar que intuye que detrás de la apariencia hay un rompecabezas mucho más complejo.

Palomas, que ya había ganado este mismo premio años atrás, dedicó el galardón a maestros, profesores y orientadores, un colectivo que, según dijo, llega justo de fuerzas y motivación. Reivindicó el papel de los docentes como sostén emocional y cultural de la infancia y la adolescencia, alertó de las consecuencias de no cuidar su vocación y animó a las familias a priorizar los libros frente a pantallas como móviles o tabletas. En su discurso desplegó además un mensaje de “No a la guerra” en nombre de los niños y niñas del planeta.

La traducción y la proyección internacional: Ramon Monton y Paul Freedman

La Nit de les Lletres Catalanes reservó también espacio para reconocer el trabajo de traducción y la difusión de la cultura catalana en el exterior. El Premi PEN Català Montserrat Franquesa de traducció, creado hace una década y dotado con 4.000 euros, fue para el traductor Ramon Monton por su versión catalana de la tetralogía Josep i els seus germans, de Thomas Mann, publicada por Comanegra.

Se trata de un proyecto monumental de más de 2.000 páginas, con un texto lleno de erudición, frases largas y estructuras complejas. El jurado valoró especialmente la destreza con la que Monton traslada esa densidad al catalán sin perder claridad ni fluidez, de manera que la lectura no encuentra obstáculos pese a la exigencia del original. El propio Monton, en un discurso que mezcló ironía y crítica, relativizó el esfuerzo con un “creo que ha quedado bastante bien”, al tiempo que llamó a ir “a la raíz de los problemas” en un mundo marcado por guerras y conflictos.

El mismo jurado quiso mencionar, aunque sin premio, la traducción de Ferrocarrils de Mèxic, de Gian Marco Griffi, a cargo de Pau Vidal, subrayando su ingenio lingüístico y riqueza de recursos expresivos. El reconocimiento, aunque no formalizado en forma de galardón, refuerza la idea de que la traducción ocupa un lugar central en la vitalidad del sistema literario catalán.

En la vertiente internacional, el Premi Joan B. Cendrós distinguió al historiador norteamericano Paul Freedman, profesor en la Universidad de Yale, por su dilatada trayectoria dedicada al estudio de la Cataluña medieval. Su investigación ha abordado temas como la campesinado, la historia de la Iglesia y la historiografía, y ha contribuido a insertar la historia catalana en los grandes debates europeos sobre la Edad Media.

Freedman explicó que hace unos cincuenta años que empezó su vínculo con la historia y la cocina catalanas, y que reconocimientos como este refuerzan el sentido de su trabajo. Su último libro, centrado en cómo se estudió la Edad Media en la Cataluña de la Ilustración, está previsto que se publique en catalán en los próximos años. Además de su faceta académica, ha escrito extensamente sobre gastronomía y ha sido nombrado miembro honorario de la Acadèmia Catalana de Gastronomia i Nutrició, lo que muestra cómo la cultura catalana circula en espacios académicos y gastronómicos europeos y internacionales.

Comunicación y pódcast literarios: «La contracoberta» y «Club Tàndem»

La gala quiso destacar también el papel de los proyectos de comunicación que acercan la literatura al gran público. El Premi Muriel Casals de comunicació se concedió ex aequo a dos pódcast que han ganado un público fiel en el entorno catalán: La contracoberta, de Clàudia Rius, y Club Tàndem, presentado por Juliana Canet y Marina Porras en 3Cat.

La contracoberta, impulsado con el apoyo de Editorial Barcino, se plantea como un espacio de contexto y lectura en profundidad, en el que Rius conversa con especialistas y referentes del ámbito literario para añadir capas de interpretación a las obras. La intención es hacer circular el conocimiento literario con rigor, pero con una mirada abierta y accesible.

Por su parte, Club Tàndem se presenta como un programa multiplataforma en el que sus conductoras abordan temas universales a partir de obras maestras de la literatura catalana. Cada episodio conecta autores como Terenci Moix, Jacint Verdaguer, Maria Mercè Marçal, Santiago Rusiñol, Irene Polo, Ausiàs March, Àngel Guimerà o Blai Bonet con series, películas, música y experiencias vitales propias, contando además con las intervenciones de especialistas invitados.

Ambos proyectos certifican que la difusión de la literatura ya no pasa solo por suplementos culturales en papel, sino que incorpora formatos como el pódcast y la creación de contenido digital, fundamentales para llegar a públicos jóvenes y para reforzar la presencia del catalán en el entorno audiovisual.

El primer premio otorgado de la noche, precisamente, fue este Muriel Casals, que lleva el nombre de la que fuera presidenta de Òmnium Cultural. La entrega corrió a cargo de la bibliotecaria Antònia Capdevila y la escritora Carla Gràcia, subrayando el papel de bibliotecas y mediadores de lectura como piezas clave de la cadena del libro.

Orgullo, lectura y lengua: el mensaje de Òmnium y el IEC

Más allá del listado de galardonados, la primera Nit de les Lletres Catalanes quiso lanzar un mensaje claro sobre el lugar que ocupa la literatura en el país. Tanto Teresa Cabré, presidenta del Institut d’Estudis Catalans, como Xavier Antich, presidente de Òmnium Cultural, insistieron en la idea de que se trata de una fiesta que refuerza el orgullo y la autoestima de la literatura catalana.

Cabré subrayó que la gala ayuda a contrarrestar el constante flujo de noticias negativas sobre la lengua y la cultura, y la definió como un homenaje a todas las personas que hacen posible los libros: escritores, traductores, editores, librerías, bibliotecas y también los lectores. Antich, por su parte, recordó que se ha pasado de “300 patriotas escondidos en una librería” en la primera Nit de Santa Llúcia de 1951 a miles de personas siguiendo hoy una gala televisada en horario de máxima audiencia.

Ambos dirigentes insistieron en que en la batalla por la libertad y la cohesión social hacen falta más libros y más cultura, y que no se puede dar por hecho que el trabajo está hecho. La literatura, la lectura y la lengua se ven como ejes que pueden coser los diferentes territorios de habla catalana, reforzar el tejido editorial y mantener un espacio propio en el panorama cultural europeo.

En esta línea, los premios pusieron en valor no solo la cantidad y calidad de la producción literaria, sino también el papel de traducciones, librerías, bibliotecas públicas y clubes de lectura repartidos por todo el país. La atención se desplaza así, en esta etapa, de la defensa explícita de derechos civiles y políticos a la promoción activa de la cultura y la lengua catalana como herramientas de cohesión.

El director de la gala, Lluís Danés, y el equipo de presentadores encajaron referencias a figuras como Maria Mercè Marçal o Vicent Andrés Estellés y momentos de humor más o menos afortunados -incluido un gag sobre las pinturas de Sijena que no acabó de cuajar-, pero el poso final fue el de una reivindicación de la lectura en un contexto social agitado.

De la Nit de Santa Llúcia a un nuevo formato para las letras catalanas

La Nit de les Lletres Catalanes no nace de la nada. Detrás se encuentra la larga tradición de la Nit de Santa Llúcia, la noche literaria que arrancó en 1951 en la antigua librería Catalònia, a puerta cerrada y sin permiso del franquismo. Aquella primera edición solo otorgó un premio, el Joanot Martorell, que ganó Josep Pla, pero marcó un precedente de resistencia cultural y afirmación nacional que ha perdurado durante décadas.

Con el tiempo, la Nit de Santa Llúcia fue creciendo en premios, público y seguimiento, hasta convertirse en un referente anual previo a Sant Jordi. La decisión de detenerla en su 75.ª edición y de darle continuidad con este nuevo formato ha generado debates en el sector, incluidos recelos por la concentración del mercado editorial y por el peso de los grandes grupos que otorgan muchos de los premios a obras inéditas.

Pese a estas reticencias, la primera Nit de les Lletres Catalanes ha querido dejar claro que la voluntad es mantener viva la herencia de Santa Llúcia, pero adaptada a un ecosistema mediático distinto, con más presencia en televisión y redes. La elección del MNAC como sede, el dispositivo escénico y la colaboración estrecha entre Òmnium y el IEC apuntan hacia un modelo de gran gala cultural de referencia en el ámbito europeo, centrado en la literatura catalana.

La lista final de galardonados de esta primera edición incluye, entre otros, a Carles Rebassa (Premi Sant Jordi de novel·la por Prometeu de mil maneres), Antònia Carré-Pons (Premi Òmnium a la millor novel·la de l’any por La gran família), Josep R. Cerdà (Premi Àngel Guimerà por La segona línia), Marc Artigau (Premi Mercè Rodoreda por Aquest serà el nostre pou), Jaume Coll Mariné (Carles Riba de poesía con Com les fulles), Cristina Genebat (Lo Somni con Sorra), Víctor Borràs i Gasch (Folch i Torres por Animals que cauen del cel), Alejandro Palomas (Joaquim Ruyra por Una veritat), Ramon Monton (PEN Català Montserrat Franquesa por la traducción de Josep i els seus germans), Berta Cusó (Vinyeta FICOMIC con La conca dels àngels), junto con las distinciones a Paul Freedman y a los pódcast La contracoberta y Club Tàndem.

A la salida de la Sala Oval del MNAC, cuando el aguacero inicial ya había remitido, quedaba la impresión de que la primera Nit de les Lletres Catalanes ha querido ser algo más que una simple entrega de premios: un punto de encuentro entre autores consagrados y nuevos talentos, entre libros, pódcast y cómics, entre tradición y reformulación de un ritual colectivo alrededor de la lectura. Si la ambición era reforzar el orgullo por la literatura catalana y ganar nuevos lectores, la cita ha sentado unas bases sólidas para que esa noche se consolide en la agenda cultural de España y del conjunto de Europa como un escaparate singular de creación en catalán.


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Tener diecisiete años, aquí y ahora

Sus retratos están, y por todas partes en realidad: nunca hasta la fecha los jóvenes se habían representado tanto ni habían producido, en general, tantas imágenes de su propio mundo y de sus entornos. Tampoco esas estampas habían alcanzado, jamás hasta ahora, la difusión vertiginosa que Internet y las redes propician hoy. Pero aunque sus posibilidades de exponerse son casi ilimitadas, no lo son tanto las de expresarse y ser atendidos en espacios donde no necesariamente se les juzgue: ningún estudio señala que los habituales puntos de encuentro y socialización, las redes de relaciones no virtuales, vivan su mejor momento.
El Centre de Cultura Contemporània de Barcelona. CCCB, que habitualmente cede terreno a los adolescentes a la hora de participar en sus actividades, y también de programarlas, presenta hasta el próximo mayo la muestra “Tenemos diecisiete años. Un retrato colectivo”, a cargo de la asociación A Bao A Qu, que trabaja, desde hace más de dos décadas, impulsando la creación y la cultura en centros educativos públicos y entre menores migrantes sin familia, y de la investigadora y comisaria Érika Goyarrola.
Para este proyecto se invitó a trescientos jóvenes procedentes de Cataluña, Lituania y Rumanía a tratar de expresar quiénes creen que son, cómo se sienten y de qué modo interpretan el mundo a través de tres áreas artísticas: fotografía, cine y palabra. Siempre en primera persona.
Tenemos diecisiete años. Un retrato colectivo. CCCB, Barcelona
Tenemos diecisiete años. Un retrato colectivo. CCCB, Barcelona
Los frutos de ese retrato colectivo, en el que los protagonistas se han dejado acompañar por fotógrafos, artistas, cineastas y dramaturgos, los exhibe ahora el CCCB: se trata de instantáneas, grabaciones filmadas y textos en los que han podido volcar sus inquietudes sin atender a códigos preestablecidos y sin más limitaciones que las que les fuera inevitable esquivar. Las posibilidades de desmontar los prejuicios de algunos adultos serán, así, bastante altas.
Esta propuesta ha tenido un punto de partida inspirador: el libro Wij zijn 17 / Tenemos 17 años, una obra del cineasta y fotógrafo holandés Johan van der Keuken, quien en 1955, cuando él tenía esa edad, decidió retratar a su grupo de amistades. Las treinta imágenes que compusieron esa serie -y que ahora pueden verse en el CCCB, tejiendo complicidades con las de los jóvenes de hoy- tendrían mucho de gesto de autoafirmación: eran su modo de tomar, metafóricamente, la palabra en un tiempo en que la opinión no suele ser demandada.
Ese año, Van der Keuken cursaba su último curso en el Liceo Montessori de Ámsterdam y aquel fue, evidentemente, su primer libro. Para muchos de sus amigos, éstos pudieron ser, igualmente, sus primeros retratos: tenían entre catorce y diecinueve años. En esas obras no sólo comunican los rostros, sino también la manera de abordarlos: la franqueza y la madurez que mostraron el artista y sus modelos sorprendió en ese momento y también escandalizó a la prensa. Estos muchachos eran casi niños, pero no jugaban ni reían; los más mayores tampoco posaban trabajando, aprovechando su tiempo. No respondían a la percepción generalizada de la juventud, más bien parecían desafiantes: ni despreocupados ni hacendosos.
Hoy no tiene nada de frecuente que un joven que no alcanza la mayoría de edad consiga publicar un libro de fotografías, y que éste lo brinde a sus iguales; en los cincuenta la maniobra resultaba, aún en mayor medida, más rara y una declaración de principios. El hecho de que ese libro sea el germen de esta exhibición prueba que esa valentía no ha perdido vigencia.
Johan van der Keuken. Wij zijn 17, 1955. © Noshka van der Lely
Los institutos catalanes que decidieron involucrarse en esta idea fueron Bellvitge (L’Hospitalet de Llobregat), Doctor Puigvert (Barcelona), Les Aimerigues (Terrassa), Angeleta Ferrer (Barcelona), Infanta Isabel de Aragón (Barcelona), Maria Espinalt (Barcelona) y Miquel Tarradell (Barcelona), junto a esos otros grupos de estudiantes de Lituania y Rumanía, gracias al apoyo de las entidades Meno Avilys y Contrasens. Y se han dejado asesorar, como dijimos, por fotógrafas (Ingrid Ferrer, Tanit Plana, Mònica Roselló y Berta Vicente Salas) y cineastas, artistas y dramaturgos (Xavier Bobés, Jaume Claret Muxart, Raquel Cors, Pep Garrido, Mikel Gurrea, Martí Madaula, Sergi Portabella y Jaime Puertas Castillo).
El montaje se estructura en instalaciones artísticas realizadas en colaboración con los participantes: dos sonoras, asesoradas por Bobés y Coma; un proyecto audiovisual de Madaula; un mural de la ilustradora Núria Inés (Tintafina); y una película creada en el marco del proyecto Cinema en curs, de A Bao A Qu y Meritxell Colell. Pone el cierre una instalación audiovisual con composiciones musicales de varios jóvenes y de Xamfrà, y otra pieza audiovisual creada por estudiantes del Institut de Tècniques Audiovisuals i de l’Espectacle (ITAEB).
Las salas del CCCB han sido, esta vez, el espacio de encuentro para que los alumnos formulen qué implica tener diecisiete años hoy y para que los espectadores se acerquen a sus puntos de vista y, dada la escenografía de la exposición, adopten por un rato sus modos de relacionarse: se tumben, se muevan, lean o escriban mensajes de amistad.
El recorrido es, en todo caso, abierto, sin secciones conceptuales cerradas. Además, estrecha lazos entre las obras de estos jóvenes y las de Van der Keuken, que falleció hace un cuarto de siglo: unos y otros no dejan de tener en común muchas fragilidades y muchas fortalezas.
Hajar Ahannouk, Ikhlas Daoudi, Achraf El Idrissi, Ivet Lázaro, Miriam Reyes. Autorretrat al barri de Roc Blanc, Terrassa. © A Bao A Qu – Institut Les Aimerigues
 
Yasmina Fouia. Mireia, Àlex, Lucía i Lucía, Terrassa. © A Bao A Qu – Institut Les Aimerigues
Cristina Mardare. Ariana, Timișoara. © A Bao A Qu – Contrasens
Monchi García. Adrià i Monchi, Pals. © A Bao A Qu – Institut Bellvitge
 
 
“Tenemos diecisiete años. Un retrato colectivo”
CENTRE DE CULTURA CONTEMPORÀNIA DE BARCELONA. CCCB
C/ Montalegre, 5
Barcelona
Del 6 de marzo al 17 de mayo de 2026
 
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