Conversar no es inocente: poder, escucha y feminismo

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*Por Clemen Bareiro Gaona

Hay una pregunta que incomoda porque nos devuelve el espejo: ¿Cómo conversamos las feministas?

No como ejercicio de estilo ni como gesto de corrección política, sino como práctica profundamente política. Porque no alcanza con estar – ni con sumar voces- si los modos de decir, de escuchar y de disputar siguen organizados por la misma gramática del poder que decimos combatir.

Sabemos que el problema no es únicamente la exclusión de las mujeres, sino la persistencia de un sistema que ordena jerarquías, silencios y legitimidades: heteropatriarcal, capitalista, colonial. Un sistema que también se filtra en nuestros espacios, en nuestras formas de interrumpir, de validar, de traducir, de representar. Por eso, un feminismo que excluye -aunque lo haga en nombre de la justicia – corre el riesgo de reproducir aquello que denuncia.

Como plantea Sara Ahmed, el feminismo es una práctica cotidiana que exige trabajo sobre una misma y sobre los vínculos: “El feminismo es tarea” (Ahmed, 20221, p.21). No es solo una teoría que se enuncia hacia afuera, sino un ejercicio persistente de revisión. Esa tarea incluye preguntarnos: ¿a quién dejamos hablando sola en nuestras conversaciones? ¿Qué cuerpos y saberes quedan como “ruído” o como pie de página? En esa misma línea, Ahmed insiste: “Ser feminista es arruinar la felicidad” (Ahmed,2021, p.85), es decir, incomodar los consensos que se sostienen sobre exclusiones. Pero esa incomodidad no puede dirigirse únicamente hacia afuera: también debe atravesar nuestras propias prácticas.

Pero esa tarea, vivida, también pesa. A veces se repite como un mantra que se agota en sí mismo: trabajo, trabajo, trabajo. Trabajo de explicar, de traducir, de sostener vínculos que el sistema empuja al desgaste. Esa fatiga no es accidental: forma parte del modo en que el patriarcado y el capitalismo administran nuestras energías, llevándonos a optar – casi sin darnos cuenta – por el atajo del individualismo. Nombrar esto no es claudicar; es reconocer las condiciones materiales en las que intentamos conversar.

En esa misma línea, Rita Segato advierte que habitamos un mundo donde se aprende a desensibilizarse frente al otro: “Las pedagogías de la crueldad enseñan a transformar lo vivo y su vitalidad en cosas” (Segato, 2018, p. 13). Cuando nuestras conversaciones se vuelven campos de disputa donde importa más vencer que comprender, corremos el riesgo de reproducir esas pedagogías: jerarquizando quién habla mejor, quién tiene la cita más legítima, quién ocupa el centro de la escena. Allí donde el lenguaje se vuelve instrumento de dominio, la conversación deja de ser un espacio político para convertirse en reproducción de la violencia.

Conversar, entonces, no es un acto neutral. Es una forma de organización del mundo. Y ahí, como sugiere Daniela Losiggio, la política se juega en la aparición de nuevas voces: “La política comienza cuando aparece la voz de quienes no tenían parte en el reparto de lo sensible” (Losiggio, 2020,p. 45). La conversación feminista no puede limitarse a ampliar el coro si no revisa también como se distribuyen los lugares de enunciación, quién traduce a quién, quién legitima a quién.

Tal vez se trate de aprender a habitar la incomodidad sin convertirla en violencia. De sostener el desacuerdo sin cancelar la posibilidad de vínculo. De reconocer que no todas llegamos desde el mismo lulgar ni con las mismas palabras, pero que eso no puede ser excusa para la traducción forzada ni para el silenciamiento.

Un feminismo que conversa de otro modo no busca consenso permanente, pero tampoco celebra la fragmentación como destino. Ensaya, más bien, una ética de la escucha situada: una disposición a dejarse afectar, a revisar las propias certezas, a no ocupar todo el espacio.

Y aun así, hay algo que no termina de cerrar. ¿Por qué a veces, entre nosotras, tampoco nos entendemos? ¿Por qué la sensación de estar hablando de lo mismo no se traduce en encuentro? ¿Cómo evitamos repetirnos? ¿Cómo logramos escucharnos? La pregunta no es retórica: aparece en cada reunión que termina en cansancio, en cada hilo de mensajes que se enreda, en cada espacio donde una se descubre pensando “no sé comunicarme”. Quizás no se trate solo de cómo hablamos, sino de qué condiciones nos damos – de tiempo, de cuerpo presente, de confianza – para que la conversación deje de ser perfomance y vuelva a ser encuentro.

Hablar de cómo conversamos las feministas también implica asumir un posicionamiento ético y político frente a la no discriminación. Porque cuando decimos feminismo, no hablamos de una identidad cerrada ni de un espacio homogéneo, sino de una apuesta radical por la inclusión de las diferencias. Un feminismo que no puede permitirse excluir sin contradecirse, que no puede reproducir jerarquías sin debilitar su propia promesa.

En ese sentido, la conversación feminista no es solo una práctica discursiva: es también una práctica económica, social y política. Porque no habrá un nuevo mundo posible sin nosotras, pero tampoco lo habrá si no transformamos las relaciones que sostienen las múltiples opresiones. Las formas en que hablamos, escuchamos y nos vinculamos son parte de esas estructuras. Y por eso, también son parte de su transformación.

Quizás, entonces, la conversación feminista también pueda pensarse desde el ñe’ē de nuestras abuelas, no solo como palabra dicha, sino como palabra que germina, que tiene raiz y dirección. No toda palabra es semilla. Algunas repiten, ordenan, clausuran. Otras, en cambio, abren.

Hablar entre nosotras podría ser eso: no una acumulación de voces, sino un tejido donde la palabra no se impone, sino que se siembra. Donde escuchar no es esperar turno, sino dejarse afectar. Donde disentir no es expulsar, sino transformar.

Si el sistema que enfrentamos convierte la palabra en herramienta de dominio, tal vez el desafío sea volverla territorio de cuidado y de creación. Un espacio donde la voz no compita por existir, sino que encuentre condiciones para florecer.

Porque en cada conversación también se ensaya un mundo. Y en cada palabra, si logra ser semilla, hay una posibilidad de no repetirlo.

 

 

 

  • Ahmed, S. (2021). Vivir una vida feminista (trad. al español). Buenos Aires: Caja Negra.

•      Segato, R. L. (2018). Contra-pedagogías de la crueldad. Buenos Aires: Prometeo Libros.

•      Losiggio, D. (2020). La razón feminista: Políticas de la calle, pluralismo y articulación. Buenos Aires: Tinta Limón.

 

 

 


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El Arenal se transforma en el epicentro de las letras y la cultura

Isaac

Ambiente literario en el Paseo del Arenal

La capital vizcaína se prepara para oler a libro nuevo y disfrutar de ese trasiego tan especial que solo se vive cuando las casetas toman la calle. El icónico Paseo del Arenal se convierte en el lugar de paso obligado para quienes buscan perderse entre estanterías, ya que la cincuenta y seis edición de esta cita literaria arranca con una propuesta que mezcla grandes nombres de las letras con esas pequeñas joyas editoriales que a veces cuesta encontrar.

Este año, la organización corre a cargo de la Cámara del Libro de Euskadi, que junto al Ayuntamiento ha conseguido reunir un total de cincuenta y seis puestos que estarán abiertos al público durante diez días intensos. Aunque el grueso de la actividad en las casetas se concentra entre finales de mayo y la primera semana de junio, la ciudad ya calienta motores con una programación cultural que se extiende unos días antes y después para que nadie se quede con las ganas de conocer a sus escritores favoritos.

Encuentros literarios y firmas en Bidebarrieta

Uno de los platos fuertes de esta edición es el ciclo de presentaciones que acogerá el salón de actos de Bidebarrieta Kulturgunea. Por allí pasarán figuras de la talla de Santiago Valcárcel, que nos traslada al Bilbao de 1920 con su obra sobre pandemias y conflictos laborales, o Clara Sánchez con su esperada incursión en la intriga psicológica. Estos encuentros son una oportunidad de oro para charlar de tú a tú con los creadores, aunque conviene estar vivos y reservar la invitación con antelación en la web municipal, que luego vuelan.

La literatura lusa también tiene un hueco de honor gracias a Lídia Jorge, quien ha sido reconocida con el premio Atea. Su obra, que ahonda en la memoria y los desencantos de la guerra, es un ejemplo de cómo las ferias son espacios abiertos donde los pueblos se cuentan a sí mismos. Junto a ella, otros nombres como Lorenzo Silva o Daniel Innerarity aportarán su visión sobre la soledad contemporánea y los retos que afrontan nuestras democracias en un mundo cada vez más digitalizado y complejo.

Premios y el auge de la novela negra

Si hay un género que está pegando fuerte y que tiene un protagonismo especial este año, ese es el noir. Los amantes del suspense están de enhorabuena, ya que se van a entregar los prestigiosos galardones Pluma de Plata a autores como Mikel Santiago y Jon Arretxe. Además, el escritor griego Petros Márkaris recibirá el premio JJ Abasolo, confirmando que la conexión entre Bilbao y la novela negra internacional está más viva que nunca. Habrá incluso mesas redondas específicas para analizar cómo la ambientación local influye en esas tramas que nos mantienen en vilo hasta la última página.

Pero no todo son grandes superventas en el Arenal. Paseando por los puestos, el visitante puede toparse con casetas como la de la librería diocesana Jakinbide, que apuesta por dar visibilidad a textos de temática social y teológica que habitualmente no ocupan las portadas de los suplementos culturales. Es el sitio ideal para hacerse con testimonios vitales o reflexiones eclesiales que invitan a una lectura más reposada y profunda entre tanto ruido mediático.

Divulgación histórica y compromiso social

La historia de nuestro propio territorio también tiene su espacio en esta gran fiesta del papel. Julián Casanova y Carles Esquembre presentan una adaptación gráfica que busca acercar los episodios de la Guerra Civil a los más jóvenes, combinando el rigor del dato con la fuerza visual de la novela gráfica. Es una forma estupenda de entender de dónde venimos sin que resulte un ladrillo, situando el conflicto en ese contexto europeo tan convulso que marcó el siglo pasado.

Por otro lado, la psicología y el comportamiento humano se cuelan en la agenda gracias a las charlas sobre experimentos clásicos que nos ayudan a entender por qué actuamos como lo hacemos bajo presión. En definitiva, se trata de una oferta que toca todos los palos, desde la reflexión feminista en clave literaria hasta el análisis de la desinformación actual. Con este despliegue de actividades, la Villa se asegura unos días donde el intercambio de ideas y el placer de la lectura se convierten en los verdaderos protagonistas para todos los públicos.


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Actos conmemorativo: Cien años de Don Segundo Sombra

Presidencia

La Academia Argentina de Letras lo invita a participar del Acto conmemorativo por los cien años de la publicación de Don Segundo Sombra.
El encuentro rendirá homenaje a su autor, Ricardo Güiraldes, e incluirá una exposición de primeras ediciones y páginas del autor.
La apertura estará a cargo del presidente de la Academia, Rafael Felipe Oteriño, y contará con la participación de los siguientes académicos y escritores invitados: Ivonne Bordelois, Jorge Dubatti, María Minellono, Santiago Sylvester y Alicia Zorrilla.
La actividad se realizará el miércoles 10 de junio, a las 18, en el Salón Leopoldo Lugones de la Academia Argentina de Letras, Sánchez de Bustamante 2663, Ciudad de Buenos Aires.


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El Teatro Español redefine su propuesta escénica con el centenario de la Generación del 27

Isaac

Interior del Teatro Español de Madrid

La emblemática institución teatral madrileña ha dado a conocer los detalles de lo que será su próxima andadura sobre las tablas, una propuesta que busca trascender la mera exhibición de obras para convertirse en un diálogo abierto con la historia cultural de España. Bajo la batuta de Eduardo Vasco y con el respaldo del área de cultura del Ayuntamiento, el Teatro Español ha diseñado un ciclo que pone el foco en la riqueza literaria de la Generación del 27, aprovechando la efeméride de su centenario para revisitar textos fundamentales y descubrir joyas que el tiempo había dejado en un segundo plano.

Durante la presentación oficial, se ha destacado que este nuevo curso no pretende ser un ejercicio de nostalgia académica, sino una forma de traer al presente las inquietudes de un grupo de creadores que revolucionaron la lengua española. La programación, que arrancará oficialmente a mediados de septiembre, se desplegará de forma simultánea en la Sala Principal, la Sala Margarita Xirgu y el Salón de los Balcones, asegurando una actividad frenética que combinará la producción propia con colaboraciones de primer nivel nacional e internacional.

El universo de Lorca como epicentro creativo

Representación teatral de Yerma

Como no podía ser de otra manera, Federico García Lorca se erige como el gran protagonista de la temporada, con presencia en todos los rincones del edificio de la Plaza de Santa Ana. El plato fuerte será, sin duda, la nueva versión de Yerma dirigida por el propio Eduardo Vasco, que contará con Lara Grube para dar vida a la tragedia de la maternidad y las convenciones sociales. Es una oportunidad de oro para reencontrarse con la esencia del poeta granadino en el mismo escenario donde ya triunfó hace casi un siglo, ofreciendo una lectura cruda sobre la opresión y el deseo femenino.

Además del drama rural, el público podrá disfrutar de propuestas más experimentales y líricas basadas en su legado. El cante jondo: teoría y juego del duende llevará el flamenco y la palabra lorquiana a la sala grande, mientras que piezas como Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín mostrarán el lado más fársico y delicado del autor. Esta apuesta integral se completa con recitales poéticos y coloquios que pretenden profundizar en por qué Lorca sigue hablándonos de tú a tú a pesar del paso de las décadas.

La reparación histórica de las voces femeninas

Actrices de la Generación del 27

Uno de los pilares más valientes de este calendario es el espacio dedicado a las creadoras que formaron parte de la Edad de Plata y que, a menudo, quedaron a la sombra de sus compañeros varones. Bajo el paraguas del programa ‘Madrid en la Generación del 27’, se rescatarán textos de autoras como Luisa Carnés o Victorina Durán. Estas piezas exploran temas como el exilio y la identidad desde una perspectiva obrera y vanguardista que resulta sorprendentemente moderna, demostrando que el canon literario español tiene todavía muchas deudas que saldar con sus escritoras.

Nombres como los de María Zambrano, con su visión de Antígona, o Concha Méndez y Ernestina de Champourcin en formatos más íntimos, permitirán al espectador asomarse a una España de vanguardia que fue truncada por el conflicto bélico. La dirección artística del teatro ha subrayado la importancia de que un centro público asuma la tarea de desenterrar estas obras del olvido institucional, dándoles el empaque escénico que merecen y permitiendo que nuevas generaciones conozcan la diversidad real de aquel movimiento artístico tan influyente.

Estrellas de la escena y teatro contemporáneo

Blanca Portillo en el escenario

Más allá del centenario, la programación no descuida la dramaturgia actual y el gran reclamo de los intérpretes más queridos por el público. Blanca Portillo se pondrá al frente de 7 minutos, una obra de Stefano Massini que disecciona con maestría la precariedad laboral y la resistencia colectiva ante la pérdida de derechos. Por su parte, Carmen Machi asumirá el reto de protagonizar una revisión de La gaviota de Chéjov, bajo la mirada de Miguel del Arco, prometiendo una interpretación llena de matices y melancolía que cerrará el curso por todo lo alto en la Sala Principal.

El interés por el repertorio universal también se hará patente con el estreno en España de Me casé por alegría, de la italiana Natalia Ginzburg, una comedia que bajo su aparente ligereza esconde una crítica feroz a las instituciones tradicionales. Estos grandes montajes se alternarán con proyectos de autoría nacional reciente, consolidando al Teatro Español como un escaparate donde conviven los clásicos inmortales con las preocupaciones sociopolíticas que marcan la agenda europea de nuestros días.

El retorno de los éxitos que cautivaron a Madrid

Escenario vacío listo para el estreno

Debido a la excelente acogida que tuvieron en pasadas ediciones, la dirección ha decidido dar una nueva oportunidad a varias producciones que colgaron el cartel de no hay billetes. Personas, lugares y cosas volverá a abrir sus puertas en septiembre para que quienes se quedaron fuera puedan ver a Irene Escolar en uno de sus papeles más exigentes. Del mismo modo, Historia de una escalera de Buero Vallejo regresa al lugar de su nacimiento escénico, permitiendo que la mítica escalera del Español vuelva a ser testigo de las frustraciones y esperanzas de la clase media española.

Esta estrategia de mantener vivos los éxitos responde a una voluntad de servicio público y a la intención de maximizar el rendimiento de las producciones propias. En el Salón de los Balcones se recuperarán también pequeñas piezas de formato reducido que permiten una cercanía absoluta con el actor, convirtiendo cada función en una experiencia casi ritual. Las entradas para este ambicioso despliegue cultural ya están disponibles, augurando una afluencia masiva de ciudadanos deseosos de sumergirse en la mejor literatura dramática de nuestro país.

Detalle arquitectónico del Teatro Español

La próxima etapa del Teatro Español se presenta como un viaje necesario por la memoria colectiva, equilibrando el peso de los grandes mitos con la frescura de las nuevas interpretaciones. Con un calendario que se extiende hasta julio, la institución madrileña reafirma su compromiso con un teatro de raíz literaria y social, capaz de atraer tanto al espectador fiel como a quienes buscan en la escena una respuesta a los dilemas contemporáneos a través del espejo del pasado.


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Karim Noureldin y la superficie no superficial

La primera muestra en España del artista suizo Karim Noureldin acaba de abrir sus puertas en la galería Elba Benítez de Madrid. Trabajando con superficies bidimensionales y tridimensionales y con una interacción minuciosa del color, la línea y la forma, viene empeñándose en la disolución de fronteras entre diseño, artesanía y artes plásticas y en la creación de objetos autónomos y entornos inmersivos.
Su exposición se titula “Brea”, puede verse hasta julio y supone para Noureldin un nuevo capítulo en ese anhelo de recuperar la unidad de lo que un día fue conjunto: esas diferentes disciplinas. Veremos dibujos sobre papel, lámparas colgantes pintadas manualmente, textiles de suelo y una intervención site-specific; trabajos en los que ha aplicado con ligereza el color atendiendo a patrones geométricos y generando experiencias perceptivas a pequeña y a gran escala.
Compila este autor superficies pintadas, dibujadas, tejidas e iluminadas que se entrelazan: el tejido evoca el papel y el papel hace lo propio con el tejido; la pared evoca el cristal y el cristal, la pared. De este modo, reivindica que la superficie no es superficial: unas y otras convergen, dentro y entre las obras expuestas, para dar lugar a una espacialidad paradójica que no distingue entre exterior e interior.

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Jasper Johns, sentimental incluso en el gris

Night Driver es el título que Jasper Johns dio al primer dibujo que, según el mismo explicó, creó basándose en sus sentimientos personales, allá por 1960; también el nombre de la retrospectiva que, desde el 29 de mayo y bajo el comisariado de Enrique Juncosa, el Museo Guggenheim Bilbao brinda a este artista estadounidense, que hizo de la repetición y la destrucción el punto de partida de muchas reflexiones.
Han recalado en Bilbao cerca de centenar y medio de sus trabajos, entre pinturas, esculturas, dibujos, grabados, un libro de artista y una escenografía. Se ha optado por mostrarlos cronológicamente -aunque separando las pinturas y esculturas de sus composiciones sobre papel-, por una razón: Johns regresó una y otra vez a sus motivos, abordándolos paulatinamente desde una mayor complejidad tanto técnica como conceptual.
Nació en 1930 en Augusta, ciudad a la que se atribuyen buenas dosis de encanto sureño, pero apenas superada su veintena se estableció en Nueva York, donde no tardó en entablar amistad con quienes en esos años cincuenta renovaban el arte estadounidense desde la conjunción de la pintura y la escultura, desde el silencio o la danza: nos referimos a Robert Rauschenberg, John Cage o Merce Cunningham.
Tan pronto como en 1954-1955, decidió Johns destruir su producción temprana para trazar la primera bandera de su país; sería el arranque de un extenso conjunto de obras en las que continuamente representó elementos y signos planos: letras, números, dianas y mapas que una y otra vez hemos leído como antecedentes del arte pop, en cuanto que motivos cotidianos y por todos reconocibles. No tardó en alcanzar, con ese material tan aparentemente distante de la imaginación, el éxito: una exposición de estas piezas en la galería de Leo Castelli en 1958 le valió la fama y el MoMA adquirió tres.
En esos mismos años tuvo Johns la oportunidad de conocer a Marcel Duchamp, que sería una figura fundamental en su carrera, por partir de lo dado para construir lo inédito. De este periodo contemplaremos en el Guggenheim Bandera sobre campo naranja, Cajón, Comienzo falso, Diana, Mapa o En memoria de mis sentimientos – Frank O’Hara; esta última imagen, realizada en la primera mitad de los sesenta, supuso en su trayectoria el inicio de una transición desde los temas impersonales a una mayor emocionalidad. Sus grises de este momento no implican frialdad, sino melancolía.
Jasper Johns. Bandera sobre campo naranja, 1957. Museum Ludwig, Colonia. © Jasper Johns, VEGAP, Bilbao, 2026
Jasper Johns. Diana, 1961. The Art Institute of Chicago. Donación de la Edlis Neeson Collection © Jasper Johns, VEGAP, Bilbao, 2026
Jasper Johns. En memoria de mis sentimientos – Frank O’Hara, 1961. Museum of Contemporary Art Chicago. Donación parcial de Apollo Plastics Corporation. Cortesía Stefan T. Edlis y H. Gael Neeson © Jasper Johns, VEGAP, Bilbao, 2026
En paralelo a estas composiciones, entre 1958 y 1961 realizó el de Georgia sus primeras esculturas, elaboradas, como era de esperar, con objetos cotidianos, entre ellos linternas y bombillas que dejaban de proporcionarnos luz para convertirse en enseres a mirar.
Jasper Johns. Linterna III, 1958. Colección del artista.© Jasper Johns, VEGAP, Bilbao, 2026
Avanzando en los años sesenta, comienza a surgir en sus creaciones un camino de abstracción que consolidará más tarde: lo apreciaremos en Bilbao en Estudio (1964), Sin título (1964-1965) y Estudio II (1966), que no abandonan del todo la figuración -podemos reconocer puertas o ventanas, brochas y fregonas-, pero que sobre todo evocan la atmósfera del taller del artista en sus esencias.
Fueron años de proliferación de nuevos temas para Johns: introdujo en sus creaciones la figura humana, el autorretrato o paredes de losas. Veremos en Bilbao Souvenir (1964), un ejemplo de autorretrato que realizó tras un viaje a Japón junto al compositor Toru Takemitsu y para el que imprimió un retrato de fotomatón sobre un plato de cerámica que había comprado, justamente, en una tienda de recuerdos.
Tendrá, igualmente, carácter autobiográfico su serie de los ochenta centrada en las estaciones; para entonces Johns había decidido ya dejarse inspirar casi de forma constante por artistas populares como Munch, Picasso o Frida Kahlo. Entretanto, sus composiciones de los noventa serán un compendio de referentes e intereses anteriores: en Catenarias regresó al gris y a los juegos con el lenguaje, llegó a recrear los planos de la casa de sus abuelos y transformó en bronce los números del 0 al 9.
Jasper Johns. Verano, 1985. The Museum of Modern Art. Donación de Philip Johnson, 1998 © Jasper Johns, VEGAP, Bilbao, 2026
La exposición se cierra con trabajos sobre papel y monotipos. Los primeros no los planteaba Johns como dibujos preparatorios, más bien al contrario: ideaba versiones de sus pinturas previas para probarse técnicamente y dotarlos de nuevos significados.
Llegó a combinar lápiz, carboncillo, pastel, yeso, tinta, bolígrafo, acuarela, collage con papel, objetos o pigmentos metálicos e, incluso, a dibujar sobre plástico, explorando su transparencia y su grado de absorción. En cuanto a sus grabados, menos numerosos en su producción, que no menores, los utilizaba para alterar los colores de imágenes previas y reproducir detalles de obras o fragmentos dispuestos de otra forma.
Culmina el recorrido Foirades/Fizzles (1976), un libro de artista que llevó a cabo con Samuel Beckett en París y que incluye cinco textos del autor irlandés junto a una treintena de grabados de Johns, así como diversos testimonios de su amistad con otros artistas, como dibujos muy pequeños que regaló a Robert Rauschenberg, un dibujo que le ofreció a Richard Serra en intercambio por otro suyo, un peculiar retrato de su adorado Duchamp o, amistades al margen, calcos de Cézanne y De Kooning, dos de sus acicates para reflexionar sobre la imagen y la tradición artística. Fuese creando o destruyendo.
Jasper Johns. Sin título, 1992-1994. The Eli and Edythe L. Broad Collection. © Jasper Johns, VEGAP, Bilbao, 2026
 
 
“Jasper Johns: Night driver”
MUSEO GUGGENHEIM BILBAO
Avenida Abandoibarra, 2
Bilbao
Del 29 de mayo al 12 de octubre de 2026
 
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