Exposición Ars Scribendi en el Antiquarium de Complutum

Isaac

Exposición sobre historia de la escritura en Complutum

La ciudad de Alcalá de Henares refuerza su vínculo con la escritura y sus orígenes y la memoria histórica con la inauguración de la exposición Ars Scribendi, un proyecto que convierte al Antiquarium de Complutum en un espacio donde pasado y presente se dan la mano a través de las letras. La propuesta se plantea como una invitación a mirar con otros ojos un gesto que hacemos cada día: escribir.

La muestra se integra en la programación especial organizada por el Ayuntamiento con motivo del XXVII aniversario de la declaración de Alcalá de Henares como Ciudad Patrimonio de la Humanidad. En este contexto, Ars Scribendi se presenta como una pieza clave dentro de las actividades culturales que ponen el foco en el papel de la escritura en la construcción y transmisión de la historia.

Un viaje por la historia de la escritura en el Antiquarium de Complutum

Recorrido histórico por la escritura en el Antiquarium

Ars Scribendi se ha instalado en el Antiquarium de Complutum, el espacio museístico del yacimiento romano que abrió sus puertas hace poco tiempo y que se ha consolidado como lugar de referencia para entender el pasado de la ciudad. No es una elección aleatoria: el edificio alberga piezas arqueológicas que permiten reconstruir la vida cotidiana en la antigua Complutum.

Entre esos materiales destacan epígrafes, inscripciones y grafitos que recogen nombres, fórmulas oficiales, creencias y huellas personales de quienes habitaron la ciudad romana. La nueva exposición dialoga de forma directa con ese patrimonio epigráfico, conectando los soportes antiguos con la mirada contemporánea de la caligrafía artística.

El concejal de Patrimonio Histórico, Vicente Pérez, ha sido el encargado de presentar públicamente la muestra. Durante su intervención subrayó que la exposición permite recorrer el desarrollo de la escritura «desde los signos cuneiformes grabados en arcilla hasta la suavidad del papel moderno», pasando por materiales como la piedra, el papiro y el pergamino, que se convierten en capítulos de una misma narración.

Esta propuesta se plantea, por tanto, como un recorrido tanto artístico como científico por la evolución de los sistemas de escritura. El visitante puede apreciar cómo cada soporte condiciona la forma de escribir, la manera de presentar los textos y la propia relación entre quien escribe y quien lee.

Además, la exposición permanecerá abierta en el Antiquarium de Complutum hasta el 25 de febrero, lo que ofrece un margen amplio para que vecinos, centros educativos y público general se acerquen al yacimiento con una mirada renovada sobre la escritura y sus orígenes.

Una colaboración entre instituciones para poner en valor el patrimonio escrito

Ars Scribendi es fruto de una línea de trabajo conjunta entre el Ayuntamiento de Alcalá de Henares, el Parque Arqueológico de Complutum y la Universidad de Alcalá. Estas entidades mantienen desde hace años acuerdos y convenios que facilitan el desarrollo de proyectos culturales y de investigación vinculados al patrimonio local.

En este caso, esa colaboración se traduce en una exposición que enlaza el estudio académico de la epigrafía —la disciplina que analiza inscripciones antiguas— con la práctica viva de la caligrafía como arte contemporáneo. El resultado es un marco en el que el rigor científico y la creación artística funcionan como dos caras de la misma moneda.

La propia ubicación en el Antiquarium enfatiza este enfoque: en el mismo lugar donde se conservan algunos de los testimonios materiales más significativos de la Complutum romana, el público puede reflexionar sobre cómo la necesidad de dejar constancia por escrito ha atravesado siglos y civilizaciones.

Para la administración local, la muestra también sirve para reafirmar el compromiso con la conservación y difusión del patrimonio cultural. Al conectar la historia de la escritura con el aniversario como Ciudad Patrimonio de la Humanidad, el Ayuntamiento coloca la cultura escrita en el centro del relato sobre la identidad alcalaína.

Al mismo tiempo, la exposición aspira a convertirse en un recurso educativo y divulgativo, aprovechando la presencia de la Universidad de Alcalá y su comunidad académica, así como de docentes y estudiantes de diferentes niveles que encuentran en Complutum un laboratorio a cielo abierto.

La mirada caligráfica de Ricardo Vicente Placed

El recorrido de Ars Scribendi está guiado por la obra y la mirada de Ricardo Vicente Placed, calígrafo de amplia trayectoria. Nacido en Nájera en 1965 y residente en Binéfar, es considerado uno de los nombres más destacados de la caligrafía en España, tanto por su trabajo artístico como por su faceta de investigador y docente.

Arabista de formación, se especializó en caligrafía árabe en El Cairo, lo que le ha permitido profundizar en una de las tradiciones escriturarias más influyentes y complejas del mundo. Esa base se suma a su interés por escrituras antiguas como la cuneiforme, la romana o la medieval, así como por la inscripción en piedra.

A lo largo de su carrera ha desarrollado proyectos en museos, archivos y centros culturales, donde combina el trabajo de taller con la divulgación. Sus intervenciones muestran cómo la caligrafía no es solo una cuestión estética, sino también un vehículo para comprender mejor la historia de la escritura y su dimensión simbólica.

En Ars Scribendi, Placed propone un diálogo entre las formas antiguas de escribir y las técnicas contemporáneas de la caligrafía artística. El visitante se encuentra con un puente visual y conceptual que le permite relacionar las inscripciones arqueológicas con las composiciones actuales, percibiendo continuidades y rupturas.

Esa combinación de precisión técnica, curiosidad intelectual y sensibilidad artística convierte la exposición en un espacio donde se pone a prueba, de forma muy tangible, la capacidad de la escritura para adaptarse a nuevos contextos sin perder su función de transmisión de memoria.

Escribir: un gesto cotidiano con un trasfondo extraordinario

Uno de los mensajes que más se repite en la presentación institucional es la invitación a «detenerse, observar y redescubrir el valor de un acto tan cotidiano como extraordinario: escribir». La muestra insiste en que, aunque hoy estemos rodeados de pantallas y teclados, la necesidad de fijar ideas y recuerdos por escrito sigue siendo tan fuerte como en la Antigüedad.

A través del recorrido, se plantea que cada soporte —arcilla, piedra, papiro, pergamino o papel— funciona como un capítulo de un relato universal: el de la voluntad humana de dejar huella, comunicarse, recordar y compartir conocimiento. La exposición subraya que, detrás de cada trazo, hay una persona, una intención y un contexto histórico concreto.

El Antiquarium se convierte así en un escenario donde el visitante puede tomar conciencia de que las inscripciones y textos antiguos no son piezas estáticas, sino testimonios vivos de prácticas de escritura que, en cierto modo, continúan en nuestro día a día, aunque hayan cambiado las herramientas.

La propuesta tiene también una dimensión muy ligada a la experiencia del público: más allá de la contemplación de piezas o paneles, busca que quien recorra la muestra se plantee cómo escribe hoy, para qué y para quién, y qué quedará de sus propias palabras dentro de unos años.

Con esta exposición, Alcalá de Henares aprovecha la efeméride como Ciudad Patrimonio de la Humanidad para reforzar la relación entre su pasado romano, su tradición cultural y su presente académico y ciudadano. Ars Scribendi se configura como un buen ejemplo de cómo un yacimiento arqueológico puede dialogar con la creación actual y con las preguntas que nos seguimos haciendo sobre la memoria y la comunicación escrita.


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EMOCIONES A TRAVÉS DEL ARTE

¿QUÉ ES EMOCIONES A TRAVÉS DEL ARTE?
Un proyecto que, el pasado 2024, el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza llevó a cabo en colaboración con la Universidad Rey Juan Carlos y Quironsalud.
Se planteaba estudiar qué sienten los visitantes ante las obras de arte de la colección del Thyssen, qué sensaciones suscitan composiciones, colores y miradas y si esas reacciones pueden ser medidas y analizadas de forma objetiva y cuantitativa.
Hablamos ahora de esta iniciativa porque acaba de recibir el premio Lovie de plata en la categoría de Mejor uso de la visualización de datos.
 
¿EN QUÉ HA CONSISTIDO?
Mediante técnicas de análisis biométrico, neuromarketing y comportamiento, y con la ayuda de la inteligencia artificial, este estudio ha identificado las emociones que de forma predominante despiertan 125 obras de las colecciones Thyssen-Bornemisza.
Han participado 127 personas en la toma de 12.700 datos.
 
¿EN QUÉ CONDICIONES SE HA LLEVADO A CABO ESTE ESTUDIO?
El experimento se realizó durante dos meses en un entorno de laboratorio controlado. De los 127 participantes, un 67 % eran mujeres, todos ellos eran adultos y el 60 % poseía títulos de máster o doctorado, mientras que el 28 % tenía un título universitario. El 66 % fueron empleados, el 15 % autónomos y el 8 % desempleados.
 
¿DE QUÉ MODO SE SELECCIONARON LAS OBRAS?
A los participantes se les mostraron 125 pinturas pertenecientes a las colecciones del Thyssen, escogidas mediante un proceso a un tiempo aleatorio y controlado, en representación de una amplia variedad de estilos y épocas artísticas.
Las piezas se ordenaron en cinco flujos distintos, cada uno formado por veinticinco pinturas. La asignación de éstas a cada flujo se efectuó al azar, y cada participante fue expuesto a uno de ellos, también presentado en un orden aleatorio.
 
¿QUÉ HERRAMIENTAS SE UTILIZARON?
Para medir las emociones de los participantes en el estudio, se emplearon procedimientos biométricos: el registro de la respuesta galvánica de la piel, el reconocimiento facial y el eye tracking.
Además, completaron un autoinforme diseñado para clasificar sus pálpitos frente a cada pintura. Su punto de partida teórico fue el modelo de las emociones de Plutchik, que las articula en un espacio circular atendiendo a su intensidad y polaridad.
Según Plutchick, las inquietudes primarias -como la alegría, el miedo, la ira y la sorpresa- son universales y están muy arraigadas en la biología humana. Tomando como base este modelo, los participantes de la muestra pudieron clasificar las sensaciones que creían haber experimentado al observar cada una de las pinturas seleccionadas y su estructura sistemática posibilitó analizar cómo las básicas, como la alegría y la sorpresa, interactúan para dar lugar a estados emocionales más complejos, ofreciendo una visión detallada de las experiencias estéticas alcanzadas.
 
¿QUÉ CONCLUSIONES SE HAN ALCANZADO?
Partiendo de los datos obtenidos en el estudio, se ha elaborado una experiencia visual interactiva en la que explorar qué emociones despiertan las obras concretas.
Mediante barras de colores se representan las emociones identificadas por los participantes, conteniendo cada barra una de las siete impresiones analizadas: alegría, aversión, desprecio, ira, miedo, sorpresa y tristeza. Puede filtrarse la búsqueda por cada una de ellas y visualizar cuánto de cada emoción hay en las composiciones del museo.
Según la combinación de los datos objetivos (mediciones biométricas) y los subjetivos (autoinformes), la alegría es la emoción más sentida -seguida de la tristeza- y los tonos cálidos y las composiciones equilibradas suelen generar impactos positivos. Pero la principal conclusión obtenida fue que las emociones evocadas por el arte pueden medirse y clasificarse, y los datos derivados podrían aprovecharse en la práctica para favorecer la salud y el bienestar, en ámbitos como la educación, la terapia emocional y el diseño de experiencias culturales.
 
 
PARA MÁS INFORMACIÓN:
www.museothyssen.org 

 

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Filsa: actividades, seminarios y grandes hitos de la feria del libro de Santiago

Isaac

Filsa feria del libro en Santiago

La Feria Internacional del Libro de Santiago vive una nueva edición en el Centro Cultural Estación Mapocho, consolidándose como uno de los encuentros literarios más relevantes del Cono Sur. La cita, conocida popularmente como Filsa, reúne durante varios días a lectores, editoriales, autores, instituciones culturales y universidades en torno al libro y la lectura.

Con una programación que supera las doscientas actividades, la feria combina presentaciones de libros, seminarios profesionales, talleres para todas las edades, números artísticos y espacios de reflexión sobre educación, inclusión social y políticas públicas. Todo ello en un formato que alterna jornadas de entrada liberada con días de pago, para favorecer la asistencia de público diverso, especialmente de centros educativos.

Un encuentro literario masivo en Estación Mapocho

Panorama cultural de Filsa

La feria se desarrolla en el Centro Cultural Estación Mapocho, sede histórica de Filsa, con un horario continuado aproximado de 11:00 a 20:30 horas. Durante varios de sus días, la entrada es gratuita para todo público, lo que incentiva la visita de colegios, familias y lectores que buscan acceder a novedades editoriales y actividades culturales sin coste.

En las primeras jornadas se ha notado una fuerte presencia de estudiantes de enseñanza básica y media, que recorren los distintos stands y espacios de la feria. Docentes y acompañantes señalan que el entorno de Filsa permite acercar a los jóvenes a la lectura desde sus propios intereses, con un abanico de géneros que van desde la fantasía hasta el manga.

Entre los títulos y estilos más demandados por el público escolar destacan los libros de acción, romance, terror, fantasía y cómic; también tienen gran presencia las historietas, novelas gráficas y colecciones de manga, formatos que llevan años consolidándose como puerta de entrada a la lectura para adolescentes.

En paralelo a las visitas guiadas, la organización mantiene un régimen mixto de acceso: días de entrada liberada hasta cierto momento de la semana y jornadas posteriores con cobro de ticket, aunque los niños y niñas de hasta 12 años pueden ingresar sin pagar en cualquiera de las fechas. Esta combinación busca equilibrar masividad y sostenibilidad económica del evento.

La Región de Los Lagos como Invitada de Honor

Uno de los sellos distintivos de la edición es la participación de la Región de Los Lagos como Invitada de Honor. Este protagonismo se concreta en un pabellón propio, una agenda de actividades literarias y artísticas, y una nutrida presencia de autoridades regionales, universidades y colectivos culturales.

El pabellón regional es una estructura de más de cien metros cuadrados, construida principalmente en madera y diseñada por estudiantes de Arquitectura de la Universidad San Sebastián, sede Patagonia Puerto Montt. Este espacio sirve de vitrina para editoriales locales, proyectos culturales y propuestas artísticas vinculadas al sur de Chile.

En la ceremonia inaugural, el encuentro contó con la asistencia del Presidente de la República, quien recorrió la feria, visitó el pabellón de Los Lagos y dialogó con escritores, músicos y gestores culturales de la zona. La instancia marcó un apoyo institucional visible a la articulación entre libro, territorio y políticas culturales descentralizadas.

El acto de apertura incluyó la presentación de la poeta Rosabetty Muñoz y la interpretación de la cantata «Gabriela, madre, valle y semilla», a cargo de la Camerata y el Coro de la Universidad de Los Lagos, con más de un centenar de músicos en escena. La presencia de autoridades regionales —como el gobernador de Los Lagos— y de responsables de cultura y municipios reforzó la idea de una región que se muestra como referente patrimonial y creativo.

Desde la Cámara Chilena del Libro se ha subrayado que la invitación a Los Lagos responde al interés de visibilizar la diversidad cultural del país, con énfasis en la creación contemporánea y el vínculo entre tradición, territorio e innovación artística. La región, además, desarrolla más de ochenta actividades propias dentro del programa general de Filsa.

Programación cultural: música, homenajes y talleres

El calendario de la feria suma conciertos, lecturas, presentaciones artísticas y encuentros con autores a lo largo de todos sus días. Una parte importante de estas actividades está pensada para un público familiar, con una mezcla de música en vivo, cuentacuentos y experiencias participativas.

Entre los hitos programados figuran presentaciones de creadores vinculados al sur de Chile. Destaca la actuación de la cantautora y rapera «Cata Efusiva», también saxofonista y docente oriunda de Puerto Montt, cuya propuesta cruza lenguajes urbanos con una fuerte impronta personal. En la misma línea, se incluye la presentación del libro «Nunca se supo» del cantautor Chinoy, figura relevante de la canción de autor chilena de las últimas décadas.

La cartelera musical reserva un espacio para agrupaciones que conectan tradición y experimentación. Una de ellas es la banda Anklaje, proveniente de la Isla de Chiloé, que trabaja una fusión creativa entre sonoridades indígenas y estilos contemporáneos, construyendo un puente entre memoria local y lenguajes actuales.

A lo largo del programa se suman también exhibiciones especiales, como una muestra de esgrima medieval en la Sala de las Artes, demostraciones de danza Rapanui con el grupo de baile «Marama» y un concierto de piano a cargo de Karina Glasinovic, pianista, compositora y académica chilena vinculada a las Semanas Musicales de Frutillar.

En el plano de los homenajes, una de las jornadas incluyó un recital poético dedicado a Víctor Jara, preparado por académicos de la Universidad de Los Lagos. Acompañados por guitarra, los autores buscaron acercar su figura desde la intersección entre poesía y música, subrayando la vigencia de su legado en la memoria cultural chilena.

Filsa como espacio para el mundo bibliotecario

Más allá de la venta de libros y de las actividades de animación lectora, Filsa se ha consolidado como un punto de encuentro del sector bibliotecario y educativo. En esta edición se celebró el Seminario del Mundo Bibliotecario bajo el título «Bibliotecas y bibliotecarios como mediadores de cultura, educación y desarrollo social inclusivo».

El seminario, organizado con la participación del Colegio de Bibliotecarios de Chile y otras entidades, tuvo como objetivo profundizar en la función de las bibliotecas como espacios de cohesión social, diversidad y acceso equitativo a la cultura. Se abordaron experiencias de mediación lectora en contextos muy distintos, desde escuelas hasta centros penitenciarios.

La Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC) presentó el proyecto «Biblioteca Dejando Huellas» desarrollado en la comunidad terapéutica del Centro de Cumplimiento Penitenciario Biobío. La iniciativa, expuesta en el panel sobre buenas prácticas, muestra cómo la lectura, la creatividad y el acceso a recursos culturales pueden incorporarse a procesos de rehabilitación de personas privadas de libertad con consumo problemático de alcohol y drogas.

Durante la intervención se enfatizó que la lectura puede operar como herramienta terapéutica, no solo por el contenido de los libros, sino también por el vínculo humano que se forma alrededor de actividades de mediación: clubes de lectura, talleres de escritura, espacios de conversación y acompañamiento personal.

El papel de las bibliotecas universitarias apareció como un hilo conductor del debate. La participación de la UCSC en Filsa fue valorada como un gesto de compromiso con la inclusión y la reinserción social, y como un recordatorio de que la misión universitaria va más allá de la docencia tradicional, enlazando educación superior, cultura y comunidad.

Universidades públicas y debate sobre educación superior

Filsa ha servido también como escenario para visibilizar debates sobre la educación pública y las universidades estatales. En uno de los actos con mayor asistencia se presentó el libro «Perspectivas y desafíos de las universidades públicas en Chile: marco institucional y resiliencia de las universidades estatales», firmado por el rector de la Universidad de Los Lagos, Óscar Garrido, junto a otros autores.

El lanzamiento, realizado en el Escenario Plaza Feria de Estación Mapocho, contó con los comentarios de Marisol Durán, rectora de la Universidad Tecnológica Metropolitana (UTEM), y de Alejandra Contreras, directora ejecutiva del Consorcio de Universidades del Estado de Chile (CUECH). La moderación estuvo a cargo de representantes de la sede Santiago de la Universidad de Los Lagos.

Durante la presentación se resaltó que la obra recoge miradas diversas de rectores y rectoras de la red estatal, con el propósito de analizar la universidad pública como objeto de estudio, un enfoque que, según subrayó el propio rector Garrido, sigue siendo poco frecuente incluso en el ámbito académico. El volumen se plantea como un intento de democratizar la discusión sobre el papel de estas instituciones en un contexto de transformación social y tecnológica.

Los comentarios de las participantes pusieron el acento en cuestiones como la igualdad de género, la equidad territorial, la financiación basal y la necesidad de fortalecer el trabajo en red entre universidades estatales. Se insistió en que la defensa de la universidad pública no se reduce a su titularidad estatal, sino a su compromiso con los derechos humanos, la sostenibilidad, la democracia y la participación ciudadana.

Autoridades de la región de Los Lagos y representantes del área de educación y trabajo valoraron que este tipo de libros se presente precisamente en Filsa, remarcando que la feria es un espacio donde cultura, política pública y reflexión ciudadana se cruzan, y donde la conversación sobre la educación superior alcanza a un público más amplio que el estrictamente especializado.

Visitas escolares, acceso y vocación formativa

Uno de los rasgos que mejor definen a Filsa es su fuerte orientación hacia la comunidad educativa. Las visitas programadas de colegios de todo el país se han convertido en un clásico de la feria y son vistas por docentes y bibliotecarios como una herramienta pedagógica complementaria.

En la cuarta jornada, por ejemplo, las instalaciones de Estación Mapocho estuvieron copadas por grupos de estudiantes que se desplazaban entre stands editoriales, escenarios y espacios de talleres. Profesores de distintas asignaturas utilizan la visita para trabajar motivación lectora, comprensión crítica de los medios y acercamiento al patrimonio cultural.

La entrada liberada durante varios días facilita que centros públicos y subvencionados puedan organizar desplazamientos sin que el coste de acceso sea una barrera. En los días de pago, el valor del ticket se mantiene moderado y se garantiza gratuidad total para niños y niñas menores de cierta edad, reforzando la idea de la feria como espacio abierto a la infancia.

Los responsables de la organización han señalado que la aspiración es que Filsa sea una experiencia integral de lectura, no solo un recorrido de compra de libros. Por ello se cuida especialmente la oferta de actividades específicas para estudiantes, desde sesiones de cuentacuentos hasta diálogos con autores y demostraciones artísticas pensadas para público joven.

Este enfoque concuerda con la visión compartida por bibliotecarios y académicos que participan en los seminarios de la feria: la idea de que el acceso al libro y a la cultura es un componente clave de la inclusión social, y que los grandes eventos literarios pueden funcionar como una extensión de la política pública de fomento lector.

Con todo este despliegue, Filsa se reafirma como un espacio de encuentro entre lectura, territorio y debate ciudadano, donde conviven la fiesta literaria, los proyectos educativos, las iniciativas de rehabilitación y las discusiones sobre el futuro de la universidad pública. La combinación de programación artística, seminarios especializados y facilidades de acceso permite que el público se acerque al libro desde múltiples ángulos, tejiendo una red entre cultura, educación y comunidad que trasciende los días de feria.


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Toti Martínez de Lezea presenta «Voces», quince relatos que viajan por la historia y el presente

Isaac

Retrato de escritora

La escritora alavesa Toti Martínez de Lezea vuelve a las librerías con un nuevo título que se aleja de sus habituales novelas largas para adentrarse de lleno en el relato breve. En su nuevo libro, Voces, la autora recupera la esencia de los cuentos, un formato que, como reconoce ella misma, le entusiasma, aunque no sea el terreno en el que más se ha prodigado a lo largo de su trayectoria.

Esta vez, la también muy leída narradora histórica ha optado por reunir quince historias independientes que recorren distintas épocas, escenarios y sensibilidades. Amor, humor, soledad, ambición, memoria familiar y conflictos sociales se entremezclan en una obra donde cada texto está concebido como una pequeña pieza autónoma, pero con la ambición y complejidad de una posible novela condensada.

Un libro de relatos que podría albergar quince novelas

Portada libro de relatos

En Voces, que llega a las librerías también en euskera con el título Ahotsak, Toti Martínez de Lezea reúne quince cuentos de extensión breve pero de tramas muy desarrolladas. La autora insiste en que cada uno de ellos «podría convertirse en una novela», ya que las historias están planteadas con profundidad argumental, personajes complejos y contextos muy definidos.

La obra aparece una vez más de la mano de la editorial vasca Erein, sello con el que la escritora lleva colaborando en exclusiva desde hace alrededor de dos décadas. Una de las razones de esa fidelidad, explica, es la posibilidad de publicar de manera simultánea en castellano y euskera, algo que considera poco habitual en el panorama editorial y que valora especialmente por su vínculo con la cultura vasca.

El punto de partida del libro fue un periodo en el que la autora atravesaba un momento personal complicado y no se veía con ánimos de embarcarse en otra novela extensa. Aprovechó que tenía ya dos relatos escritos, guardados en un cajón a la espera de ver la luz, y decidió seguir por ese camino, completando las trece historias restantes hasta conformar el volumen actual.

Martínez de Lezea reconoce que disfruta más escribiendo relatos cortos que novelas largas, aunque el mercado, según ella, no siempre acompañe. Aun así, percibe un creciente interés por este tipo de lecturas, quizá porque muchas personas prefieren historias intensas que puedan leerse en menos tiempo, adaptadas al ritmo de vida acelerado de hoy en día.

En su opinión, el relato exige una escritura especialmente depurada: hay que condensar lo mismo que en una novela con menos palabras, sin renunciar a la ambientación ni a la profundidad de los personajes. De ahí que considere el libro como un desafío profesional, casi una prueba de oficio para comprobar hasta dónde puede llegar con este formato.

Líneas temporales que van del siglo X al siglo XXII

Las historias de Voces se despliegan a lo largo de un amplio arco temporal, desde el siglo X hasta un hipotético siglo XXII. Esa variedad de épocas permite a la escritora moverse con soltura por territorios que conoce bien, como la Edad Media o la Guerra Civil, pero también explorar escenarios más contemporáneos y futuros.

Entre los relatos de ambientación histórica aparece “Kamila”, el texto que abre el libro, situado en la época de Sancho de Navarra. En él se cuenta la historia de una mujer musulmana acusada de haberse acostado con cristianos, judíos y correligionarios, cuando en realidad ha sido víctima de abusos por parte de todos ellos. El cuento señala la doble moral y la desigualdad religiosa y de género, ya que la juzgada es ella, pese a haber sido la persona agredida.

Otro de los relatos históricos se centra en un machete conservado en la iglesia de San Miguel de Vitoria-Gasteiz, objeto que da nombre a la conocida plaza de la capital alavesa. Ante ese arma juraban los procuradores que respetarían las leyes, lo que sirve de punto de partida para abordar las tensiones políticas y sociales de la época, en plena crisis causada por la peste negra.

La autora incluye también una recreación literaria del bombardeo de Durango, el que considera un episodio injustamente relegado frente al mucho más conocido ataque a Gernika. Relata cómo la aviación nazi arrasó la localidad vizcaína durante la Guerra Civil, semanas antes del bombardeo que Picasso inmortalizó en su célebre cuadro. Martínez de Lezea subraya así una herida de la memoria vasca que, a su juicio, ha quedado en un segundo plano en el imaginario colectivo.

Junto a estos paisajes históricos, el libro da cabida a tramas más próximas al presente e incluso al mañana. En textos como “El programador”, por ejemplo, la escritora aborda la obsesión contemporánea con la tecnología y las pantallas, mostrando cómo la dependencia digital puede colonizar la vida cotidiana hasta extremos casi delirantes. Hay también historias que miran hacia un futuro siglo XXII, donde la autora especula con las transformaciones sociales y personales que podría traer el progreso.

Mujeres, memoria familiar y feminismo en «Voces»

Buena parte de los relatos están protagonizados por personajes femeninos de muy distinto perfil, algo que la escritora justifica de forma sencilla: conoce mejor lo que supone ser mujer y, por lo tanto, se siente más cómoda dando voz a esas experiencias. Eso no significa que los hombres queden relegados, pero la presencia de mujeres fuertes, contradictorias o vulnerables es especialmente notable.

Uno de los textos con mayor carga personal está dedicado a la madre de la autora, Julia García Martínez de Albéniz, primera mujer en ganar el Campeonato de España de 100 metros libres femeninos en 1945. Este relato, titulado “La nadadora”, se sitúa en los años de la guerra y la posguerra y reconstruye la trayectoria de una deportista que nadó, entrenó y viajó con hombres en un momento en que la sociedad veía con muy malos ojos ese tipo de comportamientos.

La escritora relata cómo su madre llevaba trajes de baño sin falda que se pegaban al cuerpo al salir del agua, algo que chocaba frente a las normas imperantes, que imponían faldas hasta la rodilla y horarios de piscina separados por sexos. En Vitoria-Gasteiz, recuerda, las críticas hacia ella fueron feroces, lo que no impidió que siguiera compitiendo y defendiendo su derecho a practicar el deporte que amaba.

Aunque Toti Martínez de Lezea reconoce que evita escribir sobre su propia familia para no implicarse en exceso, en esta ocasión ha hecho una excepción. Considera a su madre una de las mujeres que más ha admirado en su vida y ve en su historia un ejemplo claro de lo que hoy llamaríamos feminismo: luchar por disfrutar de las mismas oportunidades que los hombres y por poder desarrollar una vocación sin renunciar a la propia identidad.

Más allá del ámbito familiar, el libro recoge otras vidas de mujeres que pelean por abrirse paso en contextos hostiles: jóvenes que se enfrentan a la rigidez de la moral religiosa, mujeres marcadas por la caza de brujas y la paranoia inquisitorial, personajes que abandonan casi todo por el éxito y descubren la soledad al otro lado del triunfo, o figuras anónimas que sostienen la vida cotidiana en silencio. Todas ellas contribuyen a un retrato coral de la experiencia femenina a lo largo de los siglos.

Relatos actuales: tecnología, poder y deseo de ascenso social

En el terreno más contemporáneo, Voces se adentra en cuestiones que resuenan especialmente en la sociedad española y europea de hoy. En el relato “El programador”, por ejemplo, la autora refleja la vida de alguien absorbido por el mundo digital, incapaz de desconectar de dispositivos y pantallas. A través de este personaje, plantea una crítica a la llamada “ceguera tecnológica”, esa dependencia que, en ocasiones, impide mirar más allá de lo inmediato.

Otros cuentos se detienen en tensiones por el poder, el dinero y la fama. Hay historias de parejas enfrentadas por el control y el reconocimiento público, relatos de jóvenes cuya relación termina de forma trágica, tramas sobre la lucha por un ascenso social a cualquier precio y episodios en los que la avaricia desdibuja la frontera entre la ambición razonable y la obsesión.

La escritora no renuncia al humor, pero lo utiliza con cuidado para no frivolizar. Muchos pasajes están impregnados de ironía y guiños cómicos que alivian la tensión narrativa, sin perder de vista la gravedad de los temas de fondo. El resultado son relatos que pueden leerse de manera ágil, pero dejan un poso de reflexión sobre el comportamiento humano, las relaciones de poder y las contradicciones de la vida moderna.

En el volumen también hay espacio para personajes que emigran, como el indiano que vive aventuras lejos de casa, símbolo de tantas personas que dejaron sus pueblos europeos en busca de un futuro mejor. Sus experiencias sirven para explorar la nostalgia, los choques culturales y las expectativas, cuestiones que siguen muy presentes en una Europa marcada por las migraciones.

La vida cotidiana, especialmente la de muchas mujeres que sostienen familias y trabajos sin apenas reconocimiento, aparece como un hilo continuo. A través de estas historias, Martínez de Lezea pone el foco en realidades aparentemente pequeñas pero muy frecuentes, que a menudo quedan fuera de los grandes relatos históricos y políticos.

Mitos, Biblia y relecturas desde la perspectiva de género

El último relato del libro propone una especie de fábula sobre el origen de la primera mujer, en la que la autora dialoga con los textos bíblicos y las tradiciones místicas. Parte de la idea de que, en el idioma original de la Biblia, no se habla de la creación «del hombre» sino del «ser humano», y desde ahí se adentra en las interpretaciones de la Cábala judía.

En esta tradición se menciona a Lilith como la primera mujer creada junto a Adán, una figura que se rebela ante la sumisión y termina desterrada, convertida simbólicamente en la “madre de todas las brujas”. La autora rescata ese mito para plantear una reflexión sobre la independencia femenina, la marginación de quienes no aceptan los roles establecidos y la construcción cultural de la desobediencia.

El relato traslada a la Eva del Génesis a la actualidad, jugando con los contrastes entre la narrativa religiosa clásica y las preocupaciones del presente. De este modo, el libro enlaza el imaginario bíblico con debates muy vivos en Europa, como la igualdad de género, el peso de la tradición religiosa en la vida cotidiana y la reinterpretación de los mitos desde perspectivas más inclusivas.

Martínez de Lezea aclara que escribe principalmente sobre mujeres «porque es lo que conoce» y sobre vascos «porque es lo que es», asumiendo una mirada localizada pero con resonancia universal. A través de sus personajes, revisita símbolos, leyendas y pasajes históricos que han marcado la cultura occidental, proponiendo lecturas alternativas y más abiertas.

Esta combinación de elementos religiosos, históricos y cotidianos aporta al conjunto una dimensión simbólica que complementa la trama de los relatos, sin convertir el libro en un ensayo. Todo se articula desde la ficción, lo que permite al lector acercarse a estas cuestiones sin necesidad de conocimientos previos especializados.

Oficio, imaginación y la apuesta por el relato breve

A lo largo de la presentación de Voces, la autora insiste en una idea: la escritura es un oficio. Cambiar de época, de personajes y de escenarios en cada relato requiere, según cuenta, una mezcla de disciplina e imaginación. Ese salto constante de contexto forma parte de su manera de entender el trabajo literario, más allá de la inspiración puntual.

El editor J.A. Iturri, de Erein, subraya en este sentido la capacidad de Martínez de Lezea para sorprender con nuevas historias y su talento al recuperar el espíritu clásico del cuento. En su opinión, los textos de Voces son como «quince mininovelas» donde la autora despliega la misma fuerza narrativa que en sus obras de mayor extensión, pero adaptada a otra escala.

La escritora reconoce que el relato puede ser juzgado con más dureza que la novela, precisamente por esa concentración de elementos en pocas páginas. En una novela, apunta, hay espacio para detenerse en descripciones detalladas de paisajes y situaciones; en un cuento, en cambio, hay que ir al grano sin renunciar a la atmósfera, lo que exige un cuidado extremo en la elección de cada frase.

Pese a que durante años el público ha mostrado cierta preferencia por las novelas, Martínez de Lezea percibe un cambio de tendencia entre los lectores, que agradecen encontrar historias intensas que se puedan leer en intervalos más cortos. En ese contexto, su apuesta por el relato no es solo personal, sino también una respuesta a nuevas formas de lectura que se consolidan en España y en otros países europeos.

Con Voces y su versión en euskera Ahotsak, Toti Martínez de Lezea suma un nuevo capítulo a una trayectoria marcada por la narrativa histórica y la atención a la memoria de su entorno. El libro reúne quince relatos que se mueven entre el pasado y el futuro, con un hilo conductor claro: la exploración de las vidas de personas corrientes y extraordinarias, especialmente mujeres, que se enfrentan a su tiempo con humor, coraje y contradicciones muy humanas.


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Sáez Castán, Escrig y Adela Moreno: de oscenses y modos de habitar

Desde 2002, la Diputación de Huesca organiza su convocatoria de creación artística Ramón Acín, destinada a proyectos de cualquier disciplina que establezcan claras líneas de investigación en relación con la trayectoria de sus autores.
Dotada con hasta 12.000 euros, ha recaído hasta ahora en artistas como José Noguero, Javier Codesal, Alicia Framis, Antonio Fernández Alvira, Sara Álvarez, Gema Rupérez, Enrique Radigales o Esther Pizarro e incorpora la posibilidad de ofrecer un proyecto expositivo.
En 2023 y 2024 los seleccionados han sido Javier Sáez Castán y Adela Moreno, creadores ambos oscenses que, hasta el próximo febrero, exhiben sus trabajos en la Diputación: “Oscensario” y “Allí donde se vuelve”, respectivamente.
El primero, autor de un buen número de libros ilustrados y Premio Nacional de Ilustración en 2016, despliega una colección de dibujos sobre 150 personajes de la provincia y de todas las épocas que, tras resultar galardonados en 2023, evolucionaron a la modalidad de libro al año siguiente.
Javier Sáez Castán. Oscensario. Sala de Exposiciones de la Diputación de Huesca
Concebido como monumento documental y novelesco a estos personajes, Oscensario se nutre de los textos del profesor universitario José Antonio Escrig y supone, asimismo, un intento de recuperación de tradiciones como las de los retablos o los martirologios… sin su solemnidad. Sus trazos se han efectuado a plumilla y en un estilo sintético, con un aire entre antiguo y popular que remite a grabados muy difundidos y a los retratos funerarios de El Fayum. Esta propuesta la enlaza, además, Sáez Castán con la concepción de la sociedad según Edmund Burke: Un contrato entre los que han muerto, los que están vivos y los que están por nacer.
En su diversidad, los retratados tienen algunas notas en común, además de sus lazos con Huesca: comparten fama, anonimato o leyenda; el hecho de estar muertos; la precisión de la línea a plumilla; primeros planos y mirada perdida en la misma dirección; asepsia en la expresión; y trato respetuoso o devoto. Los conocidos se alternan con los raros, y los reyes con los artesanos, logrando un efecto general variopinto.
Aúna por tanto este Oscensario, según sus creadores, vocación integradora (la de meter en el mismo saco todo lo necesario), inclinación a lo múltiple y horror vacui, conforme a la economía del espacio habitual en las artes populares. Entre unas y otras figuras podemos encontrar, además, vínculos inesperados o casi secretos.
Javier Sáez Castán. Oscensario. Sala de Exposiciones de la Diputación de Huesca
Javier Sáez Castán. Oscensario. Sala de Exposiciones de la Diputación de Huesca
En cuanto a “Allá donde se vuelve”, la propuesta de Adela Moreno, se trata de una reflexión sobre el acto de habitar más allá de su dimensión física: en lo que concierne a los nexos entre el individuo y su entorno. El punto de partida de esta joven artista han sido ciertas tesis del filósofo alemán Martin Heidegger, quien ya advertía de que habitar equivale a existir y de que la existencia no sólo tiene que ver con las arquitecturas.
Además de refugio, nuestra casa es un espacio para la memoria, el pensamiento, la identidad o la experiencia: un escenario donde sentirnos potencialmente protegidos o solos. El hogar sólo es tal cuando a la construcción se le otorga sentido; cuando en ella se reside, pero también se piensa y se es.
Esta muestra consta de instalaciones, performances, vídeos y fotografías en los que confluyen lo doméstico, lo corporal y lo afectivo, y esos tres conceptos estructuran otras tantas secciones de la exposición: Habitar la casa, Habitar la memoria y Habitar el cuerpo.
Adela Moreno. Allí donde se vuelve. Sala de Exposiciones de la Diputación de Huesca
En la primera veremos A casa mía, una investigación sobre la arquitectura popular de los pueblos oscenses desde sus construcciones exteriores (a partir de un vasto collage mural) y desde la acción cotidiana e íntima de mirar por la ventana, situándose en el cruce entre lo privado y lo público; Para reformar, que nos lleva ahora a los interiores y la actualidad, con una recopilación de imágenes de viviendas en Idealista bajo ese epígrafe, con mucho de casas mentales u oníricas, y una escultura que ensambla estancias ficticias entre lo familiar y lo extraño; o Casas vitales, obra elaborada a partir de la extracción de capas de papel pintado pertenecientes a las paredes de una vivienda en un entorno rural. Sin negar su valor como testimonio del paso del tiempo y los vínculos entre pared y piel, con ellas se generan nuevas composiciones visuales.
Habitar la memoria se abre con Ajuar, una selección de diferentes textiles pertenecientes a una herencia familiar, de elaboración meticulosa y función escasa frente a sus ricas lecturas afectivas; para continuar con Las mecedoras de mi abuela,  intervención con cabello y uñas sobre un mueble ajado por el tiempo e igualmente ligado a la memoria familiar; Un día quedó vacío, la apertura al público de un armario heredado que contiene diente y pelo, a medio camino entre lo bello y lo desagradable; o Adela, el bordado del nombre tomando como referencia las distintas formas en que ha sido escrito por otras personas: familiares, amigos, conocidos o contactos breves. Hace alusión a la construcción o deconstrucción de un nombre y una identidad entre la permanencia y la transformación.
Por último, el eje de Habitar el cuerpo es Primera casa, que invita a pensar en nuestra piel como vivienda primigenia desde la que ensayar las diversas formas de habitar a través del traje. En el conjunto de estos proyectos, Moreno propone el trabajo con lo real y con los gestos más básicos de la vida diaria como materia artística y como vía para interrogarnos sobre la existencia.
Adela Moreno. Allí donde se vuelve. Sala de Exposiciones de la Diputación de Huesca
Adela Moreno. Allí donde se vuelve. Sala de Exposiciones de la Diputación de Huesca
 
 
 
Adela Moreno. “Allí donde se vuelve”
 Javier Sáez Castán/ José Antonio Escrig. “Oscensario”
SALA DE EXPOSICIONES DE LA DIPUTACIÓN DE HUESCA
C/ Porches de Galicia, 4
Huesca
Del 28 de noviembre 2025 al 22 de febrero 2026
 
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