Muere Carlos Fernández Santander, periodista e historiador coruñés

Isaac

Imagen de Carlos Fernández Santander

La cultura gallega amanece de luto: ha muerto Carlos Fernández Santander en A Coruña, en la madrugada del domingo, a los 80 años. Periodista, historiador y documentalista, fue una figura muy respetada cuyo trabajo atravesó medios, libros y pantallas.

Con una trayectoria extensa, dejó una obra decisiva sobre la Guerra Civil y el franquismo, al tiempo que mantuvo una presencia constante en la prensa gallega y en el cine documental. Su voz, siempre rigurosa y didáctica, marcó varias generaciones de lectores y espectadores.

Biografía y formación

Retrato de un historiador gallego

Nacido en A Coruña en 1944, perdió a su padre siendo niño y se trasladó a Madrid para estudiar durante ocho años en el Colegio de Huérfanos del Ejército. Aquella etapa moldeó su disciplina y curiosidad intelectual.

En los años sesenta regresó a su ciudad natal y cursó Náutica; obtuvo el título de capitán y afianzó un vínculo vital con el mar que más tarde afloraría en su obra periodística y audiovisual.

Una voz clave en el periodismo y la historiografía gallega

Obra y libros de un autor gallego

Compaginó su formación con el oficio periodístico y colaboró en diversos medios: El Ideal Gallego (1977-1981), La Voz de Galicia, Radio Voz y Antena 3, entre otros. En la prensa local y autonómica dejó columnas y reportajes de referencia.

Fue autor de más de cuarenta volúmenes. Entre sus títulos sobresale la biografía crítica El General Franco: Un dictador en un tiempo de infamia, publicada en 1983 y reeditada en 2005, fruto de décadas de investigación sobre el régimen.

Su trabajo historiográfico se centró en la contienda y la posguerra, con obras como El alzamiento de 1936 en Galicia, El franquismo y transición política en Galicia y El exilio gallego de la Guerra Civil. También dirigió la reedición comentada de Galicia Mártir, pieza clave para entender la represión en Galicia.

Cine documental y reconocimientos

Documental y legado cultural en Galicia

Además de su faceta en las letras, fue un prolífico documentalista con 54 obras. Entre ellas figuran El desastre del Urquiola y Auge y ocaso del III Reich, ejemplos de su mirada analítica sobre hechos históricos.

Su aportación al género fue reconocida el pasado año con un homenaje en la octava edición del Sellier Film Festival, donde se proyectaron varias de sus piezas y se subrayó su rigor narrativo y solvencia técnica.

A lo largo de su carrera acumuló distinciones como el Bosco de Oro, el Gran Premio Castelo d’Ouro, el Premio Ejército de Periodismo, el Wenceslao Fernández Flórez de la Diputación de A Coruña y el Julio Camba, entre otros reconocimientos asociados a su labor en prensa y televisión (TVG).

Deportivismo y arraigo coruñés

Apasionado del fútbol, dedicó varios títulos al Real Club Deportivo de La Coruña, como Un club centenario. Historia del RC Deportivo de La Coruña; también abordó la historia del club junto a Vicente Leirachá en trabajos posteriores.

Muchas de sus obras vieron la luz en Ediciones Arenas. Su responsable, Manuel Arenas, expresó en redes su pesar por la pérdida del autor, recordándolo como colaborador cercano y miembro del jurado del Premio Literario Fernando Arenas Quintela.

En su ciudad impulsó iniciativas para preservar la memoria y, durante un tiempo, promovió una asociación con su nombre destinada a custodiar su legado, aunque finalmente se disolvió.

La noticia de su muerte ha generado condolencias en el ámbito cultural y periodístico de A Coruña y de toda Galicia; su obra queda como referencia para comprender el siglo XX español desde una perspectiva gallega.

Con su fallecimiento, A Coruña pierde a un cronista esencial de su tiempo: un profesional que unió periodismo, historia y cine para explicar nuestro pasado reciente y proyectarlo hacia el futuro mediante libros, artículos y documentales que seguirán leyendo y viendo nuevas generaciones.


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On Falling: la alienación laboral tiene su película

Un almacén con la iluminación imprescindible y un piso impersonal de habitaciones alquiladas en el que duermen inquilinos de nacionalidades diversas son, prácticamente, los únicos dos escenarios en que se desarrolla la película On Falling, el primer largometraje (tras algunos cortos) de la joven cineasta de Oporto Laura Carreira. Ésos son también los espacios en los que transcurren casi todas las horas del día en la vida de Aurora, una inmigrante portuguesa en Escocia que trabaja como picker, preparadora de pedidos, junto a un enjambre de empleados de mil orígenes y circunstancias que comparten techo y luz menguante durante muchas horas, pero apenas se conocen de vista.
Las conversaciones entre unos y otros, las de Aurora y las de todos, serán breves, balbuceantes y repetitivas; jamás personales. Diseñadas para salir del paso, se centran en el tiempo, la comida, la última serie; como mucho en algún pequeño favor económico, porque sus jornadas entre estanterías reciben escasa remuneración. El sueño de una de sus compañeras no es una vida de placer: es trabajar sentada.
Si las charlas van más allá de esos detalles, banales y robóticos, pueden entrar en terrenos pedregosos: cuáles son tus aficiones, qué haces por la tarde. La respuesta será amarga a secas (lo normal, equivalente a nada) o humorística y también amarga (hacer la colada).
La ausencia de dramatismo, el hecho de que ni siquiera se tuerzan los gestos en secuencias como las que implican humillaciones de su empresa (chocolatinas a cambio de productividad, solicitud de donaciones para causas medioambientales a quienes no alcanzan un salario digno) o, sobre todo, el suicidio de un compañero sin nombre cuya hazaña en su tiempo libre era, justamente, poner la lavadora subrayan la crudeza de esta película: podemos suponer que un grito de angustia hubiera significado un desahogo, pero nadie aquí se lo concede. Por anestesia o por saberse derrotado, cuando hasta buscar otro empleo requiere de un tiempo que no tienen.
Casi ninguna de las escenas de On Falling es desoladora en sí misma, pero todas lo son por repetición: el drama está en el bucle y en la asepsia con la que es recibido. Cuando se asientan las acciones  que convierten a estos trabajadores en casi máquinas, de personalidad limitada, mantener una conversación fluida equivale a escalar una montaña y Carreira ha sabido retratar con mucho esmero esos ochomiles de la comunicación y el papel del móvil como agujero negro de los escasos huecos libres que las obligaciones dejan.
Todo en On Falling es rutina y anulación de la vida, y todas las ropas y los lugares son metafóricamente grises… hasta que alguien necesita ayuda y encuentra la bondad de los desconocidos, o hasta que la maquinaria, accidentalmente, se detiene.
Carreira emparenta la alienación y la soledad y encuentra en el contacto, en el regreso al bucle de las amistades, la vía de escape. Señala la puerta de salida, pero no afirma ni termina de negar que sea posible. Su primera obra resulta desoladora y preclara, arraigada del todo en nuestra época y en las experiencias de los trabajadores intercambiables. No es la primera vez que este asunto se aborda en el cine reciente (À plein temps, de Éric Gravel; Sorry We Missed You, de Ken Loach), pero sí una de las que más abunda en los efectos personales de la precariedad.

 
 

 
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Leire Bilbao, Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil por Klera

Isaac

Leire Bilbao, Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil

La autora vizcaína Leire Bilbao Barruetabeña ha sido distinguida con el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil por su obra Klera, publicada por Elkar. El reconocimiento, concedido por el Ministerio de Cultura, llega tras la deliberación del jurado reunido este jueves y supone uno de los hitos del año para la literatura destinada a lectores jóvenes.

El fallo pone el foco en una propuesta que combina palabra e imagen con notable sensibilidad y que acerca temas difíciles como la guerra, el conflicto y la muerte al público infantil mediante recursos artísticos diversos. Klera, concebido desde su origen como proyecto colectivo, invita a leer, mirar, escuchar y moverse al ritmo de la historia.

Por qué el jurado ha elegido Klera

Klera obra premiada de Leire Bilbao

El premio, con una dotación de 30.000 euros, destaca la apuesta de Bilbao por un lenguaje poético que dialoga con otras artes, especialmente la ilustración, y que sostiene un compromiso claro con la cultura, la convivencia y la paz. El jurado ha valorado que el libro logra hacer comprensibles para los niños realidades tan crudas sin caer en simplificaciones ni edulcorantes.

Según las bases, el galardón reconoce una obra escrita en cualquiera de las lenguas oficiales del Estado y publicada el año anterior. En este caso, Klera apareció en 2024 y fue editado únicamente en euskera, un hecho que refuerza la vocación plural y lingüísticamente inclusiva del premio y de la literatura vasca contemporánea.

Además de los motivos temáticos, la decisión subraya que la obra trasciende etiquetas genéricas: Klera encarna ese tipo de literatura que conversa con lectores de distintas edades desde una profunda carga lírica, sin perder claridad ni potencia expresiva.

La autora recibió la notificación del Ministerio durante la madrugada en Lima (Perú), donde participaba en un recital. Entre la sorpresa y la alegría, Bilbao reivindicó la capacidad de la literatura infantil y juvenil para abrir diálogos intergeneracionales, también entre adultos.

Klera, un proyecto que une palabra, imagen, música y danza

Proyecto Klera multidisciplinar

Klera es un álbum concebido como obra coral y transmedia. El texto es de Leire Bilbao y las ilustraciones corren a cargo de June San Sebastian. La música la firma Maite Larburu, mientras que la danza ha sido creada e interpretada por la compañía Kukai Dantza, dirigida por Jon Maya. Los audiovisuales de David Bernués completan el mosaico artístico.

El libro permite acceder a piezas de danza y música a través de códigos QR integrados en las ilustraciones, de modo que la lectura se expande a una experiencia visual y sonora. Este planteamiento multiplica las capas de sentido y favorece que niños y adultos entren en la historia desde diferentes puertas.

La obra se presentó en la Azoka de Durango con la intención de mostrar, desde el arte, el impacto de la guerra en la infancia. La propuesta se formula como una conversación íntima con la vida y la muerte, desde la mirada de un menor en medio del conflicto, siempre con economía verbal y muchos silencios elocuentes.

Detrás del proyecto hay una idea germinal de Jon Maya que Elkar abrazó como un trabajo interdisciplinar desde el primer minuto. La ambición era crear un objeto cultural que se pudiera leer, ver, escuchar y, en cierto modo, bailar; una obra breve pero intensa y sugerente.

La trayectoria de Leire Bilbao

Trayectoria de Leire Bilbao

Nacida en Ondarroa (Bizkaia) en 1978 y licenciada en Derecho Económico por la Universidad de Deusto, Leire Bilbao inició su andadura en la poesía y más tarde conjugó esa voz con la creación para la infancia y la juventud. Su obra ha sido traducida a varias lenguas y parte de sus textos han sido musicalizados.

Entre sus títulos de poesía para adultos figuran Ezkatak (2006), Scanner (2011), el poemario bilingüe Entre escamas (2018) y Etxeko urak (2020). En el ámbito infantil y juvenil, destacan Xomorropoemak (Premio Euskadi 2017), Bichopoemas y otras bestias (Premio Kirico 2019) y Etxeko urak (Premio Lauaxeta 2021), además de Barruko hotsak, con el que volvió a obtener el Premio Euskadi en 2022.

Su palmarés incluye también los premios Lizardi, Etxepare y Rosalía de Castro (2022). A lo largo de su carrera ha colaborado con músicos como Jabier Muguruza, tejiendo letras y poemas que han circulado entre escenarios y páginas con idéntica naturalidad.

Bilbao estuvo vinculada en su juventud al bertsolarismo, un elemento que aflora en su dicción poética y en la atención al ritmo y a la oralidad. Esa sensibilidad se percibe en Klera, donde cada palabra parece escogida para resonar más allá del papel.

El jurado, las bases y el contexto del galardón

Jurado y contexto del premio

El jurado de esta edición estuvo presidido por María José Gálvez Salvador, directora general del Libro, del Cómic y de la Lectura. Entre sus miembros figuraron, entre otros, Mónica Rodríguez (autora premiada en la convocatoria anterior), José Manuel Sánchez Ron (RAE), Xosefa Casalderrey (Real Academia Gallega), Fermín Erbiti (Euskaltzaindia), además de perfiles como Dari Escandell, Àngels Gregori, Cristina Vallés, Ángela Martínez, Emilio Andreu, Joan Manuel Gisbert, María José Camacho y Asunción Maestro, junto a Almudena Hernández de la Torre.

El premio distingue obras de autores españoles publicadas en España durante el año previo, en cualquier lengua oficial. Como ya sucediera en 2023 con Zerria, de Patxi Zubizarreta, Klera llega editado únicamente en euskera, reafirmando el alcance estatal y plural de este reconocimiento.

Con este fallo, Leire Bilbao se incorpora a una nómina de nombres destacados de la literatura infantil y juvenil: Mariasun Landa, Juan Kruz Igerabide, Raimon Portell i Rifà, Beatriz Giménez de Ory, Rafael Salmerón, Ledicia Costas o la propia Mónica Rodríguez, entre otros.

La resolución del jurado también subraya la vocación de la LIJ como territorio de exploración artística y reflexión ética. Klera se convierte así en un ejemplo de cómo la creación para la infancia puede abordar asuntos complejos sin renunciar a la belleza formal.

La distinción a Klera sitúa a Leire Bilbao en primera línea del panorama literario actual y confirma la vigencia de los proyectos que cruzan disciplinas para ensanchar la experiencia lectora. Desde la intimidad de un álbum breve y poético hasta la expansión audiovisual vía QR, la obra firma un recorrido que interpela a lectores de todas las edades y consolida una trayectoria ya ampliamente reconocida.


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NUESTROS LIBROS: El país donde florece el limonero. La historia de Italia y sus cítricos

Cuando Guy de Maupassant visitó Palermo la vio como una ciudad “rodeada por una extensión de campos de naranjos que se conoce como la Cuenca de Oro”.
Helena Attlee es experta en jardines, y en los jardines italianos, probablemente una de las especialidades más sugerentes que uno pueda escoger, y a ellos ha dedicado cuatro libros. Hace algo más de una década, sin embargo, decidió salir, sólo parcialmente, de sus límites para brindar otro ensayo – la denominación se queda corta- a frutas a través de las cuales sería posible hacer una aproximación válida a la historia de ese país, y en general del arco mediterráneo: los cítricos.
Nos atrevemos a decir que nos hizo un regalo: su libro proporciona un número indefinido de hallazgos que tienen que ver con el devenir intrincado de limones, naranjas, mandarinas, bergamotas y cidras, nacidas de sus múltiples cruces; con su consideración social, económica, medicinal y también artística a lo largo de los siglos; con las recetas que nutren y aromatizan; con la mafia, los perfumes y la codicia.
Un mapa de Italia al inicio de su libro, publicado por Acantilado, nos desvela su geografía como quizá no la habíamos pensado, en alternancia de montañas y cítricos, y a Sicilia como patria de sanguinas -hay quien dice que su color tiene que ver con la cercanía al Etna; evidentemente no es cierto, pero nada nos impide seguir imaginándolo así-.
Tras esos mapas nos espera un viaje geográfico desde el lago de Garda a la Conca d´Oro siciliana; uno histórico, desde la llegada a Europa del cidro desde Asia y de la naranja amarga, traída al sur de nuestro continente por los árabes; un viaje cultural, de las impresiones de Maupassant o Goethe hasta las fiestas populares; y otro gastronómico, porque en algunas ocasiones Attlee aporta recetas y consejos para llevarlas a término.
Los limones, antídoto contra el escorbuto y fruto del sol, la luz y la calidez mediterránea, se convierten en el libro en emblema de una cultura y una forma de entender, no sólo la cocina, sino la vida y el arte: una que permite aún incorporar un matiz entre el ácido y el dulce y que aprovecha incluso el albedo, esa parte blanca de estas frutas, más amarga que el resto si no se le añade azúcar, cuyo consumo ofrece beneficios múltiples y se demanda en la alta hostelería.
Esta autora británica escribe desde el entusiasmo y una evidente fascinación por Italia (que no extiende a sus países cercanos, nuestra fruta y nuestra historia compartida tienden a salir mal paradas) y sabe transmitir al lector el pequeño milagro que implica el crecimiento de un ejemplar maduro y la historia de la que deriva: por qué crece donde crece, cómo se regó y se riega, qué tipo de corte favorece su sabor y quién la ansió.
No lo logra sola, sino charlando con quien vive y trabaja en torno al cítrico: propietarios de viveros y granjas (sus grandes extensiones pertenecen, sobre todo ya, a familias de apellidos con raigambre que pueden asumir sus costes), dueños de restaurantes o profesionales de centros de arte, porque limones, naranjas y cidras también han sido pintados y esculpidos -en el primer caso, no sólo en bodegones- y ocupan su lugar en la historia del paisajismo.
El de Attlee es un libro apetitoso, en todos los sentidos.
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Angélica Liddell, Premio Nacional de Teatro

Isaac

Angélica Liddell premio nacional de teatro

La dramaturga, directora e intérprete Angélica Liddell ha sido distinguida con el Premio Nacional de Teatro, el reconocimiento más relevante que otorga el Ministerio de Cultura a las artes escénicas en España. El galardón está dotado con 30.000 euros y viene a subrayar una trayectoria que ha marcado la escena contemporánea dentro y fuera del país.

El jurado ha enfatizado la huella de su pieza Dämon. El funeral de Bergman, con la que se convirtió en la primera creadora española en abrir el Festival de Aviñón. Este trabajo, señalan, concentra una metodología crítica y sin concesiones que invita a la discusión y a la mirada ética sobre la escena.

El fallo del jurado y el alcance del premio

Premio Nacional de Teatro a Angélica Liddell

El reconocimiento lo concede anualmente el Ministerio de Cultura, a través del INAEM, para destacar la labor sobresaliente en el ámbito teatral puesta de manifiesto durante el año. En esta ocasión, el jurado ha ponderado su lenguaje escénico de gran riesgo y calidad, así como su triple faceta de dramaturga, directora e intérprete.

La mesa estuvo presidida por Paz Santa Cecilia, directora general del INAEM, y contó con Miriam Gómez Martínez como vicepresidenta. Participaron como vocales perfiles del periodismo, la gestión cultural y la escena que subrayaron su condición de referente en la creación contemporánea.

El palmarés reciente del premio recuerda la diversidad del teatro español: Andrés Lima (2019), Cuarta Pared (2020), Juan Diego Botto (2021), Petra Martínez y Juan Margallo (2022), Ana Zamora (2023) y Teatro del Barrio (2024) figuran entre los últimos distinguidos.

En el caso de Liddell, el acta incide en que su propuesta estética y política ha influido de manera decisiva en el ecosistema escénico europeo, apoyada en obras recientes como Vudú (3318) Blixen o Terebrante que consolidan su seña de identidad.

Una trayectoria singular y radical

Trayectoria de Angélica Liddell

Nacida en Figueres (Girona, 1966), Liddell se formó en Psicología y Arte Dramático y emergió en el teatro alternativo madrileño de finales de los 80 y 90. Desde el inicio se definió como artista total: escribe sus textos, los interpreta en solitario con frecuencia, dirige sus montajes y diseña la escena.

En 1993 fundó, junto a Gumersindo Puche, la compañía Atra Bilis Teatro, con la que ha girado por los principales escenarios y festivales europeos, de la Corte de Honor del Palacio de los Papas en Aviñón al Wiener Festwochen y el Odéon de París.

Su teatro, a menudo calificado como posdramático, se reconoce por monólogos afilados, imágenes contundentes y escenas llevadas al límite, en diálogo constante con la poesía y la performance. Muchos de sus textos se publican como poemarios y se leen más allá de los escenarios.

En el terreno editorial, la autora ha mantenido una relación estrecha con sellos que han cuidado su obra, y ha ampliado registros con libros como Cuentos atados a la pata de un lobo, una colección de relatos que reafirma la tensión literaria de su escritura.

Obras clave y hitos escénicos

Obras de Angélica Liddell

Entre sus títulos destacan El matrimonio Palavrakis (2001), El año de Ricardo (2005), Perro muerto en tintorería: los fuertes (2007) o La casa de la fuerza (2009), esta última una pieza-seña que abrió definitivamente las puertas de la escena internacional.

En la última década, Liddell ha firmado trabajos de gran formato como ¿Qué haré yo con esta espada? (2016), así como obras ligadas al duelo familiar: Una costilla sobre la mesa: madre y Una costilla sobre la mesa: padre (2019), de notable hondura emocional.

El ciclo más reciente se vertebra en torno a la muerte y el rito: Vudú (3318) Blixen (2023), Dämon. El funeral de Bergman y un tercer movimiento, Eón, que completa una trilogía de largo aliento. Son trabajos que, por duración, escala y escritura, exigen una atención poco frecuente en la cartelera.

Tras ser aclamada con Vudú (3318) Blixen, la autora ha seguido ampliando su repertorio con propuestas como Liebestod o Terebrante, y prepara nuevas experiencias escénicas que continúan indagando en la frontera entre arte y vida.

En el ámbito de los festivales, su presencia en Temporada Alta ha sido recurrente, con estrenos de gran formato y horarios insólitos, y su paso por Aviñón se ha convertido en un hilo conductor de su proyección europea.

Angélica Liddell en escena

Controversias y debates en torno a su obra

Debate sobre la obra de Angélica Liddell

El impacto de Liddell llega también por la vía de la controversia. En Aviñón, una escena de Dämon donde interpelaba a la crítica francesa desató un intenso debate y una denuncia por injurias presentada por un crítico de France Inter. El episodio reabrió la discusión sobre los límites de la provocación en el teatro.

No es la primera vez que su trabajo cuestiona sensibilidades: en tres décadas ha dirigido su invectiva a la burocracia cultural, la hipocresía social o el propio público, situando el cuerpo y la palabra en el centro del conflicto escénico.

Hubo un tiempo, además, en que Liddell se alejó de los escenarios nacionales. En 2014 anunció que no volvería a actuar en España por la falta de apoyo institucional; regresaría en 2018, de la mano de Àlex Rigola en Teatros del Canal, reanudando una relación hoy ya restablecida.

Su posición estética y ética ha alimentado un pulso constante con la actualidad: tanto su escritura como su puesta en escena abrazan la transgresión sin perder la densidad poética, algo que el jurado ha valorado de forma expresa.

Reconocimientos previos y traducciones

Premios y trayectoria de Angélica Liddell

Liddell suma a este premio una larga lista de distinciones: el Premio Nacional de Literatura Dramática (2012) por La casa de la fuerza, el León de Plata de la Bienal de Teatro de Venecia (2013) o la distinción de Chevalier de las Artes y las Letras (2017) en Francia.

Sus textos se han traducido a portugués, alemán y francés, entre otros idiomas, y han sido publicados y estudiados con amplitud, extendiendo su influencia a la poesía, el cine o el pensamiento crítico.

Con frecuencia se la cita como una de las voces más determinantes del teatro español reciente y, según subrayan distintas fuentes, es la primera creadora del llamado posdramático en recibir este galardón desde su instauración.

Junto a su éxito internacional, su presencia en grandes instituciones y festivales ha permitido que una estética nacida en el circuito alternativo alcance escenarios de gran formato sin perder el carácter experimental.

Con esta decisión, el Ministerio de Cultura reconoce una obra que combina riesgo, coherencia y proyección, y que ha abierto caminos formales para toda una generación. Liddell consolida así un lugar central en la escena europea, con piezas que, entre la poesía y la provocación, han renovado el imaginario del teatro contemporáneo.


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Del cielo a la canilla: la ruta del agua en el Chaco

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¿Dónde va el agua que cae del cielo? La respuesta, por fin, tiene rostro de esperanza en el Chaco paraguayo. Mediante el trabajo en equipo, la consulta previa con las comunidades y una red de alianzas estratégicas, hoy es realidad un sistema que garantiza acceso a agua potable durante todo el año.

 

*Por Noelia Díaz Esquivel

 

¿Qué pasa con el agua de lluvia? La pregunta suena a misterio, a plegaria y a milagro. En el Chaco paraguayo —ese territorio semiárido donde la vida se abre paso en condiciones extremas—, la respuesta durante décadas fue desoladora: el agua caía, corría, se evaporaba… las comunidades quedaban sedientas, no por castigo divino, sino por un histórico abandono estatal.

 

Millones de guaraníes de fondos públicos se gastaron en proyectos que nunca funcionaron. Promesas que se evaporaron como el agua misma. La sed y la sequía se repetían cada año por cinco o seis meses, como una condena. Entonces, entre la desesperanza, un grupo de soñadores se preguntó ¿y si el agua del cielo pudiera guardarse en la tierra para sostener la vida todo el año?

 

Luego de numerosas pruebas y aprendiendo de cada experiencia desarrollada tanto a nivel nacional como en otros países que atraviesan la misma problemática, nació la idea de desarrollar un sistema de macrocaptación de agua de lluvia, pensado desde la naturaleza y con la gente como protagonista.

 

Toma área de la comunidad Cucaani, en Carmelo Peralta, donde está ubicada una de la plantas del sistema de macrocaptación. Fotografía: gentiliza PCI:

 

De la idea al proyecto: cuando la naturaleza inspira

 

La chispa se encendió en 2019, cuando la organización Pro Comunidades Indígenas (PCI), con más de 30 años de trabajo en el Chaco, propuso al Servicio Nacional de Saneamiento Ambiental (SENASA) explorar una solución distinta. 

 

La propuesta comenzó en 2019, pero recién se efectivizó en abril de 2020, justo cuando arrancaba la pandemia. Igual nos movimos, casa por casa, para consultar a las comunidades. Dos problemas se repetían: la falta de agua en la sequía y que los sistemas instalados no daban abasto. Además, eran proyectos pensados sin la gente”, recuerda Carlos Giesbrecht, referente del proceso.

 

Carlos Giesbrecht, coordinador del proyecto. Fotografía: Leo De Blas.

 

Inspirados en reservorios usados en la producción ganadera, surgió otra pregunta: ¿por qué no aplicar lo mismo para el consumo humano? Parecía un sueño lejano, pero el tiempo y la terquedad lo acercaron a la realidad.

 

El sistema se diseñó de manera sencilla y ecológica: el agua de lluvia se capta, filtra con piedra, grava, arena y carbón, y luego se clora para garantizar seguridad microbiológica. Todo por gravedad, sin grandes dependencias tecnológicas. Un invento adaptado al Chaco y mucho más económico que los megaproyectos estatales que fracasaron.

 

En esta imagen se observan los filtros por los cuales pasa el agua captada en temporada de lluvias. Esta planta esta ubicada en la comunidad Emaus, Chaco paraguayo. Fotografía: Leo De Blas.

 

La captación, entonces, solucionaba el primer problema. Pero para el consumo humano es necesario pasar por otros procesos de filtrado y purificación. Nacía otro desafío ¿cómo desarrollar un sistema amigable, sostenible y asequible para las comunidades?

 

Ciencia práctica y manos comunitarias

 

Fulgencio Mendez, como ingeniero empírico, hizo la primera prueba en una simple damajuana, colocando capas de grava y arena. El agua se filtró. Y ahí comenzó la certeza de que funcionaría en grande.

 

Fulgencio Méndez, principal impulsor del proyecto sistema de agua basado en la naturaleza. Fotografía: Diego Salazar.

 

Las comunidades de Cucaani y Guida Ichái, en Carmelo Peralta, fueron las primeras en tener plantas piloto. No fue un proyecto impuesto, sino construido con la gente: hombres y mujeres participaron en la obra, aprendieron el manejo y se organizaron en consejos de agua para garantizar el mantenimiento.

 

Participo en el mantenimiento, ayudo a mi marido a limpiar. Ahora todo está mejor. Antes tomábamos agua cruda del río, ahora ya es agua filtrada y clorada. Eso es salud, sobre todo para los niños”, lo resume con sencillez Sonia Quena Dosapei, pobladora de Cucaani.

 

Sonia Quena Dosapei, pobladora de Cucaani. Fotografía: gentileza PCI.

 

La fuerza de las alianzas

 

La innovación generó resistencias. “Muchos pensaban que iba a ser un elefante blanco”, recuerda Giesbrecht. Pero la directora de SENASA en ese entonces entendió el valor de la propuesta. Aun así, costó convencer a los financiadores: estaban acostumbrados a presupuestos millonarios, no a soluciones baratas y efectivas.

 

Finalmente, el apoyo llegó de la mano de alianzas público-privadas: SENASA, PCI, empresas como COITEA, y más tarde el proyecto Voces para la Acción Climática Justa (VAC). El trabajo en conjunto permitió no solo instalar los sistemas, sino también formar capacidades locales y generar confianza en las comunidades.

 

Hoy hay cuatro plantas de macrocaptación operativas: dos en Laguna Negra, que abastecen a 15 comunidades (1517 personas), y dos en La Patria, que benefician a 18 comunidades (2329 personas). En total, casi 4000 latinos e indígenas tienen acceso a agua potable de lluvia durante todo el año.

 

Un cambio que se siente

 

Fulgencio Quencho Méndez, técnico del proyecto, explica:

 

Succionamos agua del río con bomba, pasa por un prefiltro y luego por filtros de piedra, arena y carbón. Todo funciona por gravedad, cae a un reservorio enterrado, y desde allí se eleva a un tanque con cloro para distribuir en cada canilla. Es un sistema sencillo, pero eficaz”.

 

En los lugares donde no existe un río cercano, el sistema de filtrado se adapta al territorio: el agua de lluvia se recoge en extensiones de tierra especialmente cercadas, con canales que concentran y conducen el líquido hasta caños. Luego el agua pasa a una pileta protegida con una malla especial para filtrar impurezas grandes, antes de ingresar al sistema de grava, arena y carbón. Así, lo que antes se perdía en el suelo árido, hoy se guarda y se transforma en agua segura que llega directamente a las casas.

 

Esta es la pileta a la cual llega el agua de lluvia que se recoge en extensiones de tierra especialmente cercadas, con canales que concentran y conducen el líquido hasta caños. Fotografía: Leo De Blas.

 

El secreto está en su diseño: tecnología apropiada, bajo costo, fácil de mantener y respetuosa con la naturaleza. Y lo más importante: es manejada por las propias comunidades.

 

Siempre quise que mi hijo tomara agua potable, y ahora eso me hace tan feliz. Cuando falta energía usamos generador, pero ya no necesitamos volver al río”, cuenta con emoción Elías Posoraja, presidente del consejo de agua de Guida Ichái. 

 

La diferencia en la vida cotidiana es enorme. Nelio Ramón Añasco, encargado de mantenimiento de la planta ubicada en la comunidad Emaus, asegura: “Controlamos todos los días que el sistema funcione. Gracias a Dios nunca falló. Y lo mejor es que nosotros mismos usamos esta agua. Tomamos con tranquilidad, sabiendo que está segura”.

 

Nelio Ramón Añasco, encargado de mantenimiento de la planta ubicada en la comunidad Emaus, Chaco paraguayo. Fotografía: Leo De Blas.

 

El agua dejó de ser un privilegio incierto para convertirse en un derecho tangible y el proyecto VAC fue clave para que la macrocaptación dejara de ser un experimento aislado. En ese sentido, apoyó la construcción de una planta demostrativa en Remansito, que permitió mostrar el sistema a técnicos, autoridades y financiadores sin necesidad de viajar hasta el Chaco profundo. Esa visibilización abrió puertas y sumó voluntades.

 

 

Además, VAC cooperó con fondos para hacer posible el intercambio de saberes y el enfoque de justicia climática: traslados para escuchar a las comunidades, respetar sus decisiones y poner en el centro la sostenibilidad ambiental.

 

Gotas de esperanza

 

En el Chaco, cada gota de agua es vida. Por eso este proyecto no es solo una obra técnica: es una historia de dignidad colectiva.

 

Agua segura y asequible durante todo el año. Fotografía: Leo De Blas.

 

El agua de lluvia, antes desperdiciada, ahora se convierte en símbolo de resistencia y futuro. Las comunidades ya no esperan milagros: construyen su propio camino con alianzas, ciencia práctica y compromiso.

 

La esperanza fluye en cada canilla abierta, en cada niño y niña que bebe sin miedo. Y aunque queda mucho por hacer para llegar a todas las comunidades chaqueñas, este es el comienzo de una transformación posible.

 

 

 

 

 

*Edición: Mónica Bareiro @monibareiro

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*𝘌𝘴𝘵𝘦 𝘮𝘢𝘵𝘦𝘳𝘪𝘢𝘭 𝘧𝘶𝘦 𝘱𝘳𝘰𝘥𝘶𝘤𝘪𝘥𝘰 𝘦𝘯 𝘦𝘭 𝘮𝘢𝘳𝘤𝘰 𝘥𝘦𝘭 𝘱𝘳𝘰𝘨𝘳𝘢𝘮𝘢 𝘝𝘰𝘤𝘦𝘴 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘭𝘢 𝘈𝘤𝘤𝘪ó𝘯 𝘊𝘭𝘪𝘮á𝘵𝘪𝘤𝘢 𝘑𝘶𝘴𝘵𝘢 (𝘝𝘈𝘊), 𝘪𝘮𝘱𝘭𝘦𝘮𝘦𝘯𝘵𝘢𝘥𝘰 𝘦𝘯 𝘗𝘢𝘳𝘢𝘨𝘶𝘢𝘺 𝘱𝘰𝘳 𝘞𝘞𝘍-𝘗𝘢𝘳𝘢𝘨𝘶𝘢𝘺 𝘺 𝘍𝘶𝘯𝘥𝘢𝘤𝘪ó𝘯 𝘈𝘷𝘪𝘯𝘢.⁣⁣⁣⁣⁣⁣⁣⁣⁣


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