Víctor Herrero de Miguel se alza con el prestigioso Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma

Isaac

Entrega del Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma

El Palacio Provincial de Segovia ha servido de escenario para el anuncio del ganador de una de las citas más relevantes de las letras en castellano. Tras una deliberación que se ha prolongado durante varias horas debido al altísimo nivel de los originales, el jurado ha fallado que el trigésimo sexta edición del Premio Internacional de Poesía Jaime Gil de Biedma recaiga en el escritor salmantino Víctor Herrero de Miguel.

La convocatoria de este año ha sido un auténtico éxito de convocatoria, superando con creces las expectativas de la organización al recibir más de mil poemarios. Miguel Ángel de Vicente, presidente de la Diputación de Segovia, ha querido poner en valor el prestigio consolidado de este galardón, que edición tras edición demuestra que la poesía sigue siendo un vehículo fundamental para dar voz a silencios que necesitan ser escuchados.

Un canto a la contemplación y al asombro cotidiano

Víctor Herrero de Miguel poeta

El poemario ganador, titulado ‘Los planos de un lugar’, ha sido definido por el tribunal como un libro de hondas raíces castellanas y un sólido poso cultural. Su autor, Víctor Herrero de Miguel, combina su faceta creativa con su labor como fraile franciscano y profesor de literatura bíblica, algo que impregna sus versos de una espiritualidad limpia y alejada de artificios innecesarios.

Los expertos han destacado que la obra de Herrero de Miguel se construye desde una poética de la atención contemplativa, fijando su mirada en los lugares pequeños donde surge la epifanía. Con un premio dotado con 12.000 euros y la edición en Visor, el autor se suma a una lista de ganadores ilustres, aportando una voz que bebe de influencias tan interesantes como las de Christian Bobin o Mary Oliver.

Cifras históricas para un premio internacional

No es moco de pavo que este año se hayan presentado 1.182 poemarios procedentes de 36 países, lo que sitúa al Gil de Biedma en la primera división de los certámenes literarios. Desde la organización se ha destacado la llegada de textos de lugares tan dispares como Corea, Ucrania, Rumanía o México, lo que deja claro que el interés por este reconocimiento no conoce fronteras.

Juan Manuel de Prada, coordinador del jurado, ha admitido con total sinceridad que elegir un vencedor ha sido un proceso «penoso», en el sentido de que la calidad de los dieciséis finalistas era tan elevada que cualquier descarte resultaba doloroso. Según de Prada, la apertura a todas las escuelas estéticas es precisamente lo que otorga al premio su naturaleza más íntima y su mejor legado para la posteridad.

Talento joven y renovación en las letras

Además del galardón principal, la jornada ha servido para reconocer el empuje de las nuevas voces con el Premio Joven, que ha recaído en María Martín Hernández. La zaragozana, que actualmente desarrolla su labor literaria en la Residencia de Estudiantes de Madrid, ha conquistado al jurado con su obra ‘Bajo la piel, la sombra’, un libro que indaga en la identidad y la herencia emocional.

Asunción Escribano, miembro del jurado, ha resaltado que la obra de Martín Hernández logra convertir vivencias íntimas en interrogantes universales, gracias a un estilo cuidado y de notable claridad. Este premio para autores menores de treinta años, dotado con 5.000 euros, confirma que hay cantera y que la poesía joven en España goza de una salud envidiable y una madurez sorprendente.

Este certamen cierra así un capítulo brillante en el que se ha primado la excelencia y la diversidad de estilos por encima de modas pasajeras. Con la futura publicación de los trabajos ganadores, los lectores podrán acercarse a una poesía de la gratitud y la memoria que ha logrado poner de acuerdo a un jurado de primer nivel. El éxito de esta edición, marcada por una participación récord, asegura que la llama literaria de Jaime Gil de Biedma seguirá iluminando el camino de los nuevos poetas durante muchos años más.


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Treinta y dos años de Belém do Pará: la violencia como falta del Estado

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Por Daniela Poblete Ibáñez

 

El 9 de junio de 1994, en la ciudad brasileña de Belém do Pará, la Organización de los Estados Americanos, adoptó la primera convención del mundo dedicada exclusivamente a la violencia contra las mujeres. La Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer hizo algo, que hasta entonces, ningún tratado vinculante había hecho: nombró la violencia de género como lo que es, una violación de derechos humanos. Lo revolucionario, no fue describir un fenómeno que las mujeres conocíamos en carne propia desde siempre, sino trasladarlo del terreno de lo privado, lo íntimo, lo que durante siglos se llamó “doméstico”, al terreno donde se juega la responsabilidad de los Estados.

 

Decir que la violencia contra las mujeres vulnera derechos humanos no es una figura retórica, ni un énfasis militante: es una categoría jurídica con consecuencias precisas. Significa que el Estado deja de ser un espectador neutral frente a lo que ocurre “entre particulares” y pasa a ser garante. La Convención, reconoce en su artículo 3 el derecho de toda mujer a una vida libre de violencia y en su artículo 7 obliga a los Estados a actuar con debida diligencia para prevenir, investigar, sancionar esa violencia y a adoptar la legislación interna necesaria para hacerlo. Es una protección especial y adicional: especial porque atiende a una desigualdad estructural —la de género— y adicional porque se suma a las obligaciones generales que ya pesan sobre cualquier Estado de derecho.

 

Esa protección reforzada no quedó en el papel. En 2009, en el caso “Campo Algodonero” (González y otras vs. México), la Corte Interamericana de Derechos Humanos lo dijo con todas sus letras: en los casos de violencia contra las mujeres los Estados tienen, además de sus obligaciones generales, una obligación reforzada que nace de Belém do Pará. La Corte responsabilizó a México, no sólo, por no investigar los femicidios de Ciudad Juárez, sino por no haberlos prevenido conociendo el contexto. Ahí está la clave jurídica de algo que solemos decir con el cuerpo y que conviene decir también con el derecho: no da lo mismo. Cada hecho de violencia que el Estado pudo prevenir y no previno, cada denuncia que no se investigó a tiempo, no es una desgracia privada ni una estadística inevitable: es una falla del Estado y muy concretamente, de los gobiernos que decidieron no destinar recursos a evitarlo. La igualdad sustantiva, la real, la que se mide en presupuestos, en casas de acogida, en duplas psicojurídicas o psicosociales, en sistemas de alerta temprana, no se puede relativizar.

 

Y conviene mirar las cifras, porque son oficiales y son demoledoras. Según el Observatorio de Igualdad de Género de la CEPAL, durante 2024 al menos 3.828 mujeres fueron víctimas de femicidio o muerte violenta por razón de género en veintiséis países de la región: once mujeres muertas cada día, más de 19.000 en el último quinquenio. Las tasas más altas se registraron en Honduras, Guatemala y República Dominicana. A esos asesinatos consumados, se suman 5.502 femicidios frustrados informados por catorce países en un solo año, y la mayoría de las muertes fueron cometidas por parejas o exparejas. No son accidentes ni arrebatos: son el extremo de un continuo de violencia que el Estado conoce, mide y demasiado a menudo, deja correr. En agosto de 2025, los gobiernos de la región firmaron el Compromiso de Tlatelolco, que proclama una “década de acción” hacia la igualdad sustantiva. Los compromisos se escriben fácil; lo difícil y lo que de verdad importa, es que tengan presupuesto detrás.

 

Hay una segunda dimensión donde el incumplimiento estatal se vuelve casi un reflejo cultural: la violencia sexual. Frente a ella, el primer movimiento de los sistemas de justicia y de buena parte de la conversación pública, sigue siendo poner en duda a las mujeres. Se nos exige una prueba, prueba que no se le pide a ninguna otra víctima de ningún otro delito. En todos los países, apenas, se discute una norma de igualdad aparece la preocupación urgente por las “denuncias falsas”, por proteger al acusado de un supuesto abuso del sistema. Es revelador dónde se concentra la energía legislativa de algunos, siempre encontramos sectores dispuestos a blindar al señalado y casi nunca para empujar la norma que protege a la mujer. Esa la empujamos nosotras, solas, una y otra vez. La presunción de inocencia es un principio irrenunciable del derecho penal; el problema es que con las mujeres se ha convertido, de hecho, en presunción de mentira.

 

Y todo esto se agrava cuando la víctima tiene menos voz. La violencia sexual es todavía más brutal y la ausencia del Estado todavía más evidente, cuando recae sobre niñas y niños, sobre mujeres y niñas migrantes, sobre quienes viven en condiciones de alta vulnerabilidad social. El MESECVI, el mecanismo que da seguimiento a Belém do Pará, lleva años documentando la violencia sexual contra niñas y las maternidades forzadas que de ella resultan; hace poco saludó las decisiones internacionales que condenaron a Ecuador y a Nicaragua por vulnerar los derechos de niñas víctimas de abuso obligadas a parir y esto lo vemos en cada uno de nuestros países. Donde se cruzan la edad, la pobreza, la condición migratoria o la discapacidad, no hay un Estado que falla a medias: hay un Estado ausente y una sociedad que mira para el costado.

 

Treinta y dos años después, el balance es ambivalente. Es cierto, y hay que decirlo, que Belém do Pará es el pilar sobre el que se levantaron casi todas las leyes nacionales de la región: las que tipifican el femicidio, las que ordenan políticas integrales contra la violencia, las que crean sistemas de protección. Esa arquitectura legal existe, importa, y hay que seguir trabajando desde ella, defendiéndola y exigiendo que se aplique. Pero ninguna ley, por buena que sea, desarma por sí sola el arraigo cultural de la violencia. Hay algo que está más allá del texto: la convicción tan extendida de que la vida de las mujeres vale un poco menos, de que su palabra pesa un poco menos, de que su muerte es un poco más tolerable. Eso no se deroga en el Diario Oficial.

 

Y, sin embargo, es justo eso lo que hoy algunas autoridades se permiten relativizar. Vemos a quienes, desde el poder, ponen en duda la necesidad misma de la igualdad entre hombres y mujeres y dicen hacerlo en nombre de la libertad. No es libertad: es la defensa de un privilegio que se resiste a ceder, disfrazada de principio. Erradicar la violencia contra las mujeres no es una opción ideológica que cada gobierno pueda tomar o descartar según su color. Es una obligación jurídica internacional que los Estados de la región asumieron 32 años y que sigue plenamente vigente, gobierne quien gobierne. La vida de las mujeres no se somete a votación ni se relativiza con cada elección. Esa es, todavía hoy, la promesa de Belém do Pará y la deuda que llevamos treinta y dos años cobrando.


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Santiago Díaz y la revolución del thriller con el carismático Jotadé Cortés

Isaac

Santiago Díaz autor de novela negra

La trayectoria de Santiago Díaz en el panorama literario nacional parece no tener techo, consolidándose como uno de los referentes indiscutibles del género negro actual en España. Tras el impacto de sus obras anteriores, el autor madrileño ha logrado crear un universo propio donde la agilidad narrativa y la crudeza se dan la mano para mantener al lector pegado a las páginas hasta bien entrada la madrugada.

Con la llegada de su última propuesta editorial, el escritor demuestra que no tiene miedo a experimentar con la estructura de la trama, alejándose de los cánones más clásicos para ofrecer algo fresco y directo. Su habilidad para construir personajes que respiran realidad le ha permitido ganarse el favor de una audiencia que crece con cada nueva publicación, llenando salas en ciudades como Burgos, Bilbao o Vitoria.

Jotadé Cortés: un protagonista que rompe moldes

Santiago Díaz autor de El amo

El subinspector Juan de Dios Cortés, más conocido por todos como Jotadé, se ha convertido en una figura central que aporta una humanidad desbordante a la comisaría. Ser el único policía gitano en un entorno predominantemente payo no es moco de pavo, y Díaz utiliza esta dualidad para explorar los conflictos de un hombre que a menudo se siente entre dos tierras, sin que nadie termine de fiarse de él por completo.

La elección del apellido Cortés para el protagonista no es una casualidad, ya que el autor ha querido rendir un sentido homenaje a su madre, asegurando que su herencia familiar permanezca imborrable en el papel. Este personaje, que según los allegados del escritor comparte varios rasgos de su propia personalidad y sentido del humor, destaca por utilizar chascarrillos y expresiones de barrio que ayudan a rebajar la dureza de los crímenes que investiga.

A pesar de que Jotadé a veces parece que lo hace todo al revés, su instinto y su buen fondo consiguen generar una empatía inmediata con quienes siguen sus peripecias literarias. No estamos ante el típico héroe de acción perfecto; tiene inseguridades notables, atraviesa crisis de pareja y se mete en charcos constantes, lo que lo hace tremendamente real y cercano para el público que acude en masa a sus firmas.

El amo: un thriller que subvierte las reglas del misterio

Libro El amo de Santiago Díaz

En esta nueva entrega publicada bajo el sello de Alfaguara, la trama arranca de forma brutal con el hallazgo de una joven fallecida en una marquesina de autobús, un inicio que deja al espectador sin aliento desde el primer minuto. Lo que parece un caso aislado pronto se revela como parte de una macabra cadena de sucesos relacionados con mujeres que han sido madres recientemente y cuyos bebés han desaparecido.

Lo que realmente descoloca en esta obra es que el autor decide revelar la identidad del culpable casi al comienzo, rompiendo esa regla no escrita de guardar el secreto hasta las últimas páginas. Esta arriesgada decisión permite que el foco se centre en la psicología del criminal y en la angustiosa cuenta atrás del equipo policial para evitar un nuevo asesinato, creando una tensión constante que no da tregua.

El antagonista de la historia representa una maldad retorcida, obsesionado con la descendencia y el dominio sobre personas más débiles, lo que obliga a los investigadores a sumergirse en una mente psicópata para anticipar sus movimientos. Díaz reconoce que dedica mucho tiempo a documentarse con estudios reales sobre psicopatía para que sus villanos tengan esa verosimilitud que tanto impacta a sus seguidores.

La novela no se corta ni un pelo a la hora de mostrar escenas impactantes, pero también deja un espacio necesario para la reflexión sobre los prejuicios sociales y la justicia. A través de dilemas morales que ponen a prueba los principios de Jotadé y sus compañeros, el escritor busca que el lector se haga preguntas incómodas que perduren mucho después de haber terminado la lectura.

Del guion de televisión a las listas de éxitos literarios

No se puede entender el éxito de estas obras sin tener en cuenta los más de veinticinco años de Santiago Díaz escribiendo guiones para televisión de gran calado popular. Series como Yo soy Bea o El secreto de Puente Viejo fueron una escuela de lujo para dominar el arte del diálogo y aprender a mantener la atención de la audiencia sin que nadie quiera cambiar de canal.

Esa herencia audiovisual se traduce en capítulos cortos que siempre terminan en alto, una técnica que busca evitar que el lector abandone la historia y siga leyendo un poco más. Díaz aplica con maestría el ritmo televisivo al papel, permitiéndose lujos narrativos que la pequeña pantalla a veces limita por cuestiones de presupuesto o por el miedo a ser tildado de extremo en ciertas escenas de acción.

Además de su faceta como novelista de género negro, el autor ha demostrado una versatilidad envidiable con premios en literatura juvenil y su incursión en la novela histórica con Los nueve reinos. Esta capacidad para saltar de un género a otro manteniendo la calidad es lo que le ha valido galardones de prestigio como el Premio Morella Negra o el Alicante Noir en los últimos años.

La posibilidad de que las aventuras del subinspector Cortés den el salto a la pantalla es un rumor que cada vez cobra más fuerza, existiendo ya conversaciones para una futura adaptación a serie. Aunque el proceso de producción audiovisual es a veces incierto, el potencial visual de sus tramas y el carisma de sus personajes parecen destinados a conquistar también el formato episódico muy pronto.

El éxito arrollador de estas últimas entregas pone de manifiesto que el talento del escritor para tejer tramas adictivas y reales sigue en plena forma y no tiene visos de agotarse. Con un pie en la investigación policial más pura y otro en la crítica social necesaria, Santiago Díaz ha logrado que sus historias no solo entretengan de una sentada, sino que permanezcan en la memoria del público, marcando un camino propio en la literatura española actual.


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Alcalá de Henares se convierte en el epicentro de la lírica con su primer Festival de Poesía Joven

Isaac

Festival de Poesía Joven de Alcalá de Henares

Alcalá de Henares se ha propuesto que estos días no se hable de otra cosa que no sean rimas y estrofas, demostrando que la ciudad de Cervantes tiene cuerda para rato en lo que a cultura se refiere. La puesta en marcha de esta primera edición del Festival de Poesía Joven supone un soplo de aire fresco para el calendario complutense, reuniendo a una cantidad de talento que ya quisieran para sí otros eventos con más solera. Se nota que la Concejalía de Cultura se ha liado la manta a la cabeza para ofrecer un programa que no se queda en la superficie, sino que busca de verdad conectar con las nuevas generaciones de lectores y creadores.

La ciudad ha amanecido con un ambiente especial, de ese que se respira cuando algo importante está a punto de suceder en sus plazas y edificios históricos. No es solo una cuestión de llenar la agenda, sino de reivindicar la palabra como un espacio de diálogo necesario en estos tiempos en los que todo va a una velocidad de vértigo. Desde el jueves y hasta el domingo, los versos se van a colar por los rincones más emblemáticos de la ciudad, permitiendo que tanto los vecinos de toda la vida como los visitantes ocasionales descubran que la poesía no es algo rancio, sino una herramienta de expresión más viva que nunca.

Un arranque con galardones y antologías de peso

Presentación literaria en el festival de Alcalá

El pistoletazo de salida no ha podido ser más potente, con una jornada inaugural en el Antiguo Hospital de Santa María la Rica que ha servido para entregar el I Premio de Poesía Joven Salustiano Masó. Este galardón, que nace con la vocación de perdurar, ha compartido protagonismo con la presentación de una revista literaria muy currada en la que han participado diversos centros educativos locales. Pero la cosa no quedó ahí, ya que en la Biblioteca Cardenal Cisneros se puso sobre la mesa un plato fuerte: la antología ‘Un estallido’, que repasa la lírica española de los últimos veinticinco años de la mano de Raúl Molina Gil y Darío Márquez.

Para los que piensan que la tradición y la modernidad se llevan mal, el festival ha programado una conferencia que ha levantado bastante expectación sobre la relación entre la inteligencia artificial y la poesía. Guillermo Marco Remón ha sido el encargado de desgranar cómo las nuevas tecnologías están metiendo baza en un terreno que antes parecía reservado exclusivamente al sentimiento humano. Es una de esas charlas que te dejan dándole vueltas a la cabeza y que demuestran que este certamen no tiene miedo a meterse en jardines complicados pero interesantes.

Rutas poéticas y el talento de los autores locales

Uno de los momentos más esperados ha sido la ruta organizada para recorrer el casco histórico desde una perspectiva diferente, uniendo el patrimonio con la palabra recitada. El punto de encuentro ha sido la Plaza de Cervantes, donde decenas de personas se han reunido junto a la estatua del autor del Quijote para iniciar un paseo literario que ha agotado todas las plazas disponibles. No es moco de pavo conseguir que la gente se movilice para escuchar versos mientras camina, lo que deja claro que el interés por estas propuestas es muy real y no una simple pose cultural.

El festival también ha querido barrer para casa dando visibilidad a los creadores de la zona. En las mesas redondas hemos podido ver a figuras como Ignacio Lorenzo, que a pesar de su juventud ya cuenta con el premio Óscar Ayala Flores, o a Rodrigo Buenaventura, un graduado en Filología que lleva años agitando la escena literaria desde su blog personal. Junto a ellos, Diana Sánchez Crespo ha aportado su visión tras alzarse con el primer premio del certamen Salustiano Masó, demostrando que en Alcalá hay cantera para rato y que el futuro de las letras locales está en buenas manos, similar a otras iniciativas como la escuela de jóvenes escritores y escritoras para impulsar el talento.

Nombres consagrados que marcan tendencia en España

Si hablamos de calidad, la presencia de autoras como Rosa Berbel es, sin duda, uno de los grandes atractivos de este fin de semana. La sevillana, que ya tiene en su estantería premios de la talla del Ojo Crítico de RNE, se ha convertido en una referencia absoluta para los jóvenes poetas actuales. En los debates celebrados en Santa María la Rica, ha compartido mesa con Antonio Díaz Mola y Nuria Ortega Riba, dos nombres que también están dando mucho que hablar en el panorama nacional gracias a su capacidad para renovar el lenguaje poético sin perder la conexión con la realidad más cotidiana.

La jornada de clausura del domingo promete no bajar el listón, con un taller exprés impartido por Enrique Gracia Trinidad para aquellos que quieran mancharse las manos con la creación literaria. El cierre definitivo vendrá de la mano de autores con una trayectoria ya consolidada, como Amalia Bautista, Verónica Aranda y Luis Felipe Comendador. Es un lujo poder escuchar a voces tan experimentadas en un evento que, aunque sea joven por definición, ha sabido rodearse de profesionales que saben muy bien de qué va este oficio de juntar palabras.

La acogida que ha tenido esta cita cultural pone de manifiesto que Alcalá de Henares sigue siendo un referente indispensable en el mapa de las letras españolas. La mezcla de actividades gratuitas, la calidad de los invitados y ese toque de frescura que aporta el talento joven han hecho que este primer festival sea un éxito rotundo. Queda claro que la apuesta por la cultura participativa ha calado hondo entre la ciudadanía, dejando un sabor de boca excelente y la sensación de que esto no es más que el principio de una tradición que dará mucho de qué hablar en los próximos años.


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El proyecto de cuentos del IES Berenguer d’Anoia celebra su trayectoria con una edición especial

Isaac

Libros infantiles ilustrados por estudiantes

El instituto IES Berenguer d’Anoia, situado en la localidad de Inca, ha logrado consolidar una propuesta pedagógica que une el talento de los jóvenes con el fomento de la lectura entre los más pequeños. Este proyecto, que ya sopla las velas de su vigésimo aniversario, ha recibido un impulso significativo por parte de la administración regional para dar visibilidad al trabajo de los alumnos de bachillerato artístico, transformando sus ejercicios de clase en libros reales.

La propuesta no solo busca premiar la destreza técnica en el dibujo o la capacidad narrativa, sino crear un puente entre diferentes etapas educativas. Gracias a la estrecha colaboración entre los departamentos de Catalán y Dibujo, los estudiantes de secundaria se convierten en autores e ilustradores de relatos pensados para niños de infantil y primaria, logrando que el aprendizaje salga de las aulas y llegue a toda la comunidad.

Un recorrido por la creatividad y los valores

Este curso ha sido especialmente relevante porque el Servei d’Innovació Educativa ha rescatado cinco de los mejores trabajos realizados en los últimos años. Con una inversión que ronda los 2.175 euros, financiada a través del Programa de Refuerzo de la Competencia Lectora, se han impreso un centenar de copias de cada obra. Estos ejemplares no se quedarán en una estantería, sino que recorrerán los colegios de Baleares para que otros niños disfruten de las historias creadas por chicos apenas unos años mayores que ellos.

Los relatos seleccionados destacan por tratar temas de hondo calado social y humano. Entre los títulos que ya están en manos de los centros educativos se encuentran obras como «Aquí i ara», de Aina Mateu Pons; «Na Noa i la flor», de Lila Castillo Esteve; o «Un nou món», de Paula Juan Mir. También forman parte de esta colección «La bondat, bondat ens torna», de Gabora Deyanova Nedelcheva, y «Colors perduts», de Neus Torrens Cebrero. En estas páginas se habla de la naturaleza, la memoria y la importancia de la bondad, siempre con un lenguaje visual atractivo para edades comprendidas entre los 3 y los 12 años.

Impacto en el aula y fomento de la lectura

La distribución de estos quinientos libros tiene un objetivo práctico muy claro: servir de base para actividades de escritura y reflexión. Al tratarse de cuentos realizados por estudiantes de la propia isla, los alumnos de primaria sienten una cercanía mayor con el autor, lo que puede motivarles a desarrollar sus propias capacidades artísticas. Es una forma de demostrar que la literatura y el arte son herramientas vivas para expresar miedos, alegrías y experiencias personales.

La directora general de Primera Infancia, Neus Riera, subrayó durante la presentación la importancia de estas iniciativas que enriquecen tanto a quienes crean el contenido como a quienes lo reciben. El hecho de que el proyecto haya cumplido dos décadas demuestra que existe un compromiso real por parte del profesorado del IES Berenguer d’Anoia para mantener viva una tradición que ya es un referente en la innovación educativa de la zona.

Esta edición especial supone un reconocimiento al esfuerzo de unos jóvenes que, a través de sus trazos y palabras, han conseguido conectar con los lectores del futuro. La iniciativa del centro de Inca se confirma como un motor de dinamización cultural que trasciende lo académico, logrando que el valor de la cooperación y la diversidad se transmita de forma natural a través de historias sencillas pero cargadas de significado que ahora habitan en las bibliotecas escolares de todo el archipiélago.


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Ni Una Menos: 0nce años sin rendirse

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Por Daniela Poblete Ibáñez

Hay frases que nacen del dolor más profundo y terminan cambiando la historia. “Ni una mujer menos, ni una muerta más” la escribió en 1995 la poeta mexicana Susana Chávez Castillo, mientras caminaba las calles de Ciudad Juárez denunciando el asesinato sistemático de mujeres que el Estado prefería llamar “encuentros desafortunados”. Susana, fue asesinada en 2011, violada y mutilada como tantas de las mujeres que ella misma defendió. No llegó a ver lo que su frase haría al mundo.

Cuatro años después de su femicidio, su consigna cruzó el continente.

 

 

El 10 de mayo de 2015, en Rufino, Santa Fe, Chiara Páez —14 años, embarazada de dos meses— fue asesinada a golpes por su novio y enterrada en el patio de la casa familiar. El pueblo entero la había buscado. Su padre dijo, con palabras que ninguna política pública debería olvidar: “Chiara fue la gota que rebalsaó el vaso. La violencia no empezó ese día. Viene de muchos años.”

 

El 3 de junio de 2015, 300.000 personas colmaron la Plaza de los Dos Congresos en en la Ciudad de Buenos Aires y otras ochenta ciudades argentinas, bajo una sola consigna. Fue una multitudinaria marcha contra la violencia de género y, en semanas, Ni Una Menos se escuchaba también en México, Chile, Perú, Uruguay, Bolivia, Colombia, Paraguay. América Latina, reconoció en esa consigna algo que ya sabía pero que nadie nombraba con tanta claridad: que nos matan por ser mujeres, que tiene nombre y se llama femicidio.

 

El movimiento logró algo concreto: poner el femicidio en la agenda del Estado. Ese mismo 2015, la Corte Suprema de Argentina creó el Registro Nacional de Femicidios. Por primera vez, el Estado contaba a las mujeres asesinadas por las manos de sus femicidas. En Chile, Colombia y el resto de la región, las organizaciones exigieron lo mismo: datos, tipificación legal, institucionalidad. Algunos Estados respondieron. La mayoría, a medias. Hoy, once años después, contamos. Y lo que vemos es inaceptable.

 

Según la CEPAL, al menos 4.855 mujeres fueron víctimas de feminicidio en Latinoamérica durante 2024, equivalente a 13 asesinatos por razones de género cada día, y el total acumulado en los últimos cinco años supera los 19.254 feminicidios en la región. Estas cifras provienen de los registros oficiales que los Estados informan al Observatorio de Igualdad de Género de la CEPAL, pero son complementadas —y frecuentemente superadas— por los datos de la sociedad civil organizada, que monitorea medios, documenta casos y llena los vacíos que el Estado no registra o no quiere ver.

 

Argentina cerró 2025 con 200 femicidios directos según el Registro de la Corte Suprema —una víctima cada 44 horas—, pero el Observatorio de la Defensoría Nacional contabilizó 247 al sumar travesticidios, femicidios vinculados y suicidios feminicidas. Son 247 crimines por razones de género, mientras el gobierno de Milei desmanteló el Ministerio de las Mujeres y recortó los programas de atención a víctimas.

 

Por otro lado, Chile registró 40 femicidios consumados en 2025 y 283 femicidios frustrados según datos oficiales del SernamEG, cometidos mayoritariamente por parejas y en el hogar: cifras muy similares a las del 2024 pero el estancamiento de las cifras no es reflejo de menos violencia, mas bien refleja la incapacidad del Estado de transformar las estructuras que la producen.

 

Colombia, atraviesa una crisis documentada por su propia sociedad civil: según el Observatorio de Feminicidios Colombia, entre enero y junio de 2025 se registraron 342 casos, un aumento del 6,5% respecto al mismo período del año anterior, y el 98% permanece sin sentencia.

 

Paraguay cerró 2025 con 37 feminicidios según la Fiscalía, dejando 69 niños y niñas huérfanos de madre; el 85% fue cometido por parejas o exparejas y en el mismo año se registraron 37.825 casos de violencia familiar, un promedio de 104 víctimas por día, cifras que la sociedad civil considera subregistradas por la debilidad del sistema de protección.

 

El panorama es el mismo desde hace once años: mientras los discursos institucionales se multiplican con declaraciones simbólicas, la acción concreta con presupuesto real y voluntad política sigue siendo insuficiente para la gran mayoría de nuestro continente.

 

 

Los gobiernos ultraconservadores que avanzan en América Latina y en el mundo no sólo NO protegen a las mujeres, al contrario, estos trabajan activamente por revertir los marcos institucionales de protección y derechos que tardamos décadas en construir. Ministerios de género disueltos, presupuestos recortados o programas de atención a víctimas paralizados. Junto a ello, una ofensiva discursiva que normaliza el odio: mujeres llamadas histéricas, el feminismo acusado de “ideología” y las diversidades y disidencias señaladas como amenaza a la nación. El disciplinamiento no es sólo simbólico, se expresa también en precariedad laboral, en exclusión del espacio público y en la criminalización del aborto como instrumento de control sobre nuestros cuerpos. El objetivo es relegarnos a la casa, a la sumisión, a la pobreza, al silencio. El patriarcado conservador sabe lo que hace, por eso odia tanto a las que nos declaramos feministas.

 

A veces, se nos acusa de repetir siempre lo mismo. De marchar cada año y volver a casa con los mismos números. Quienes dicen eso, no entienden o no han querido entender cómo funciona la violencia. Ni Una Menos, no prometió resolver el femicidio en un año. Prometió que no callaríamos, que cada vez que mataran a una mujer saldríamos a decir su nombre. Que la lucha de Susana Chávez en Ciudad Juárez, de las Madres de Plaza de Mayo, de las mujeres pobladoras que organizaron América Latina para la pandemia del COVID 19, no sería en vano. Pero la promesa, también exige más que la consigna. Exige que la indignación se convierta en organización y la organización en poder. Exige que cuando los gobiernos retrocedan, nosotras avancemos.

 

Once años después del primer grito, este sigue siendo necesario. No porque no hayamos avanzado —hemos avanzado—, sino porque el patriarcado tampoco se rinde. Y nosotras, tampoco.

 

Ni una menos. Vivas nos queremos. Todas.

 

Fuentes: CEPAL, Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe; Registro Nacional de Femicidios de la Justicia Argentina (CSJN); Observatorio de Femicidios de la Defensoría Nacional Argentina; SernamEG Chile; Observatorio de Feminicidios Colombia; Fiscalía General del Estado de Paraguay; Mapa Latinoamericano de Feminicidios (MundoSur).

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